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Full text of "Razones por qué debemos apoyar la candidatura de Theodore Roosevelt;"

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RAZONES 



POR OUE DEBEMOS APOYAR LA CANDIDATURA 



DE 



THEODORE Roosevelt 



RAZONES 

POR QUÉ DEBEMOS APOYAR LA CANDIDATURA 



DE 



THEODORE ROOSEVELT 



Traducidas, recopiladas y publicadas por el 
LATIN-AMERICAN "ROOSEVELT" REPUBLICAN CLUB 



Campaña del Partido Republicano 
I904 



NUEVA YORK 

Louis Weiss & Co., Impresores 

116 Fulton Street. 

1904 



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Copyrighted, 1904, 
By T. D. Sariol. 



Introducción 

A LOS LATINO-^ MERIC AÜ^OS: 

Esta publicación contiene el discurso pronunciado el 26 de 
Julio de 1904 por el Presidente Teodoro Roosevelt ante la Comi- 
sión nombrada por la Convención de Chicago para que le noti- 
ficara su candidatura para la Presidencia de la República. 

Contiene además extractos y tronos de discursos pronuncia- 
dos en el Senado y en la Cámara de Representantes de los Esta- 
dos Unidos y fielmente traducidos al castellano. 

Se recomienda su lectura á todos los ciudadanos norte- 
americanos de la ra^a latina, así como también á todos aquellos 
que se propongan declarar su intención, por ser de sumo interés 
conocer los principios en que se funda la política del partido 
republicano. También es de sumo interés para los Hispano- 
Americanos agruparse y tener una asociación política al igual 
de las que tienen todos los europeos que han adquirido la ciu- 
dadanía norte- americana. 

No vemos por qué hemos de ser menos que ellos los latinos 
que residimos en este país, si á todos da sombra la misma 
bandera, protegen las mismas leyes é impulsan los mismos estí- 
mulos. 

Con tan patriótico objeto se ha organizado el li Latin Amer- 
ican %oosevelt T^epublican Club,"' en el número nueve, Oeste, 
de la calle 14. 

^Recomendamos al lector que lea con atención las repetidas 
pruebas que en esta obra se citan relativas á la actual prosperi- 
dad del país, y le invitamos á que compare las cifras fabulosas 
que ha alcanzado nuestro movimiento comercial con las que 
pusieron en evidencia el lamentable fracaso financiero durante 

el desastroso régimen democrático. 

T. T>. SARIOL. 

Washington, D. C, Septiembre de 1904. 



Obra que contiene el discurso del Presidente 
T^oosevelt aceptando la Candidatura, y Ex- 
tractos de los discursos pronunciados por emi- 
nentes legisladores en ambas Cámaras del 
Congreso. 






ItKDICE 



Paginas. 

Discurso del Presidente Roosevelt al aceptar la candida- 
tura republicana para Presidente de los Estados 
Unidos 17 

La sabiduría del proteccionismo en los Estados Unidos. . 25 

Proféticas palabras de Blaine. — En medio de sus sufri- 
mientos sabrán cuál es el único camino de la prospe- 
ridad 26 

Proteccionismo. — Lo que es y en qué principios está fun- 
dado 29 

Una era de progreso bajo un sistema completamente ame- 
ricano 30 

Opiniones de los Presidentes. — Lo que esos grandes hom- 
bres pensaban acerca del proteccionismo 31 

Hon. Thos. B. Reed. — Debéis asegurar al pueblo ameri- 
cano mercados americanos 34 

Las tarifas proteccionistas no han interrumpido nuestro 

comercio de exportación ; éste ha aumentado con ellas 35 

Importancia del mercado interior. — Nuestro mercado inte- 
rior iguala á todo el comercio internacional del mundo 37 

La Gran Bretaña se prepara para adoptar las tarifas pro- 
teccionistas republicanas 39 

Los países que han adoptado el sistema proteccionista han 
progresado en mayor escala y más rápidamente que 
nosotros. — Discurso de J. Chamberlain en Liverpool. 42 

En el Reino Unido el comercio ha estado prácticamente 
estancado durante más de treinta años. — Varias ver- 
dades profundas del Hon. Joseph Chamberlain acerca 
de las tarifas proteccionistas 44 

Irlanda bebe hasta las heces la copa del libre-cambio 47 

El Club Cobden. — Una organización que presagia la 

muerte de las industrias irlandesas 48 

El libre-cambio es una completa farsa. — Campaña protec- 
cionista de Mr. Balfour 48 

Los Estados Unidos han progresado á pasos agigantados. 50 

Los beneficios del proteccionismo alcanzan ante todo á 
los hombres que ganan el pan con el sudor de sus 
frentes 53 

Los tipos de derecho de la Gran Bretaña son sumamente 

más altos que los de los Estados Unidos 55 



Paginas. 

La independencia política no puede llegar á ser entera- 
mente segura sin la independencia industrial 58 

El partido republicano se mantiene al lado de la antigua 

doctrina primitiva de los antepasados 61 

Debemos no tocar la tarifa. — Debemos defenderla contra 

todo lo que se presente para el bien de la nación 63 

La cuestión no es entre el libre-cambio y la tarifa. La cues- 
tión es si la tarifa deberá ser impuesta para producir 
únicamente rentas ó para también estimular y proteger 
las industrias americanas 65 

Hon. Benjamín Harrison. — Creo que el sistema proteccio- 
nista es un poderoso instrumento para el desarrollo de 
nuestra riqueza nacional y un poderoso agente para 
la protección de los hogares de nuestros obreros 67 

Grover Cleveland fué elegido. — La bancarota se hizo epi- 
démica 68 

El comercio libre americano resultaría en provecho de los 
Trusts y en perjuicio del trabajador americano. — La 
suspensión de la tarifa no es el remedio contra los 
Trusts 69 

Reciprocidad republicana , 72 

¿ Es la tarifa un robo ? 74 

Variedad de industrias necesarias para la defensa nacional 77 

Creciente importancia de la mecánica como un factor en 

la guerra 79 

Nuestras leyes no deberán conceder ventajas en ningún 

caso en nuestro mercado á las industrias extranjeras. 80 

Podemos llenar los mercados del mundo con nuestros pro- 
ductos conservando el precio de nuestros salarios 83 

¿ Estará dispuesto el partido republicano á abrir la mano, 
sabiendo que una vez abierta, toda esperanza está per- 
dida ? 85 

Los obreros americanos deben ser protegidos á todo trance 86 

Los Trusts. — Revisión de las tarifas. — El Presidente en 

Minneápolis 88 

La ley Dingley. — Todo lo que en su nombre se ofreció se 

ha cumplido 90 

Por qué no se puede confiar en las promesas democráticas 91 

La reciprocidad republicana mantiene siempre presente la 
conservación del mercado doméstico y el bienestar de 

los asalariados 92 

¿ Quién arriaría la bandera ? 95 

La gloria y triunfo del proteccionismo 97 

Hon. William McKinley. — Una sabia ciencia de goberna- 
ción nos ordena que no perturbemos el bienestar 100 



Paginas. 

Los productores extranjeros deben pagar todos ó casi to- 
dos los impuestos sobre las mercancías que mandan 
aquí 102 

Las naciones bien gobernadas no adquieren mercados con 
. perjuicio de sus pueblos 103 

Reciprocidad republicana para abrir nuestros mercados en 
términos favorables para todo aquello que nosotros 
no producimos 104 

La ley Sherman contra los Trusts. — El medio más positivo 

para suprimir los Trusts ilegales y perjudiciales 106 

El Presidente ha vigorizado con más eficacia la ley contra 

los Trusts que ningún otro de sus predecesores 108 

El problema de las Filipinas 1 09 

Todo embarcado para allí bajo el Bill de la tarifa Dingley 112 

Los filipinos jamás pueden tener una comunidad libre á 
menos que no permanezcamos allí y los preparemos 
para ello 114 

El pueblo americano necesita una marina mercante ameri- 
cana para nuestro transporte extranjero 116 

La importancia del trabajo con respecto á la navegación. 
Defensa para la protección de la marina americana de 
alto bordo, para que se les dé empleo á 30,000 traba- 
jadores en los astilleros americanos 118 

La mayor calamidad para la raza humana 120 

Un hombre es libre-cambista ó proteccionista. No hay tér- 
mino medio 122 

La política democrática es libre-cambio y nada menos que 

eso 122 

La tarifa construye las fábricas y establece la maquinaria. 123 

La protección. — La que desarrollará nuestros recursos na- 
turales. La que proporcionará trabajo á nuestros hom- 
bres 124 

Únicamente por medio de una tarifa protectora es que se 

pueden conservar los mercados domésticos 125 

La verdadera esencia para la defensa de nuestro comercio 

es la marina 126 

Hon. Justin S. Morril, de Vermont. — Remiendo de la ta- 
rifa por el partido democrático 128 

La América ha tenido un aumento en sus ventas á nos- 
' otros de cerca de 45 por ciento, y ha dejado de com- 
prarnos por más de 40 por ciento 130 

La Gran Bretaña teme grandemente á nuestros Trusts. ... 131 

Una exposición sobre el trabajo, de Teodoro Roosevelt.. 133 

Nuestro deber en las Filipinas. — Sostengámonos en las 

islas y asumamos la responsabilidad de su futuro 136 



Paginas. 

No casas de moneda abiertas, pero sí molinos 139 

Las mujeres americanas hechas independientes. — En esta 
diversidad de empleos, resultado de la tarifa protec- 
cionista, las mujeres americanas han sido elevadas y 

hechas mucho más independientes 142 

Nuestras futuras miras para el desarrollo de nuestro comer- 
cio en el Pacífico 144 

Las terribles experiencias del comercio libre 146 

¿ Qué es una tarifa proteccionista ? 149 

La protección nos salva nuestro mercado 149 

Para utilizar todo el trabajo que hay en los hombres. . 150 

Estos son los resultados de la legislación republicana 150 

Nuestra política es mantener nuestro mercado 152 

Prosperidad republicana. — La prosperidad es general; dis- 
tribuida por todo el país ; común á todas las clases. . . 154 

Los tiempos buenos y los tiempos malos 156 

Refutación de las profecías de Mr. Bryan 157 

El republicano es un partido de hechos 159 

Estoy cansado de votar contra la prosperidad 160 

El partido democrático va siempre acompañado de cala- 
midades 161 

Grover Cleveland fué elegido. — La bancarota se hizo epi- 
démica 1 63 

Veamos lo que hizo el partido democrático. — Paralizó el 

comercio 164 

La ley Wilson-Gorman produjo un estancamiento de todas 

las industrias del país 166 

El pánico de 1893 empezó el día siguiente de la elección 

de 1892 167 

Los precios han bajado. Los salarios han subido 168 

Mutuos intereses entre el capital y el trabajo 169 

Legislación en interés de la humanidad 172 

El sistema de los sudaderos. — Opinión del gobernador 

Roosevelt sobre este asunto 173 

Jornales pagados en los Estados Unidos comparados con 

los pagados en la Gran Bretaña 175 

La actual escala de jornales era desconocida durante la 

administración democrática 176 

Trabajo y capital. Supremacía de la ley 178 

Un funcionario cuyo interés en el bienestar del pueblo 

nunca se ha desmentido 179 

Con la ley Wilson los agricultores americanos ganaron no- 
vecientos millones de pesos menos que con la ley 

McKinley 181 

El tabaco es ampliamente protegido 183 



Paginas. 

El azúcar de Cuba no puede competir con el azúcar de 

remolacha 184 

Lo que ha hecho el partido republicano por los intereses 

de los productores de azúcar del país 186 

Nuestros remolacheros no tienen nada que temer 188 

El tratado con Cuba 189 

El canal á través del istmo. — El sueño de la humanidad. . 191 
Tarifas y balances comerciales. — Exceso de importaciones 
bajo tarifas bajas. Exceso de exportaciones bajo tari- 
fas protectoras 193 

Nuestra condición bajo la protección. — Nuestra condición 

ocho meses más tarde 194 

Nuestro gobierno nacional es el más económicamente ad- 
ministrado de cualquiera de los del mundo civilizado. 197 
Las casas de sopas han desaparecido y el mercado las ha 

substituido 199 

Aumento de las exportaciones de los Estados Unidos. . . 200 
Las clases trabajadoras de este país más prósperas durante 

el año 1903 que jamás lo fueron 202 

Depósitos en las cajas de ahorros 203 

El libre-cambio nos colocaría en condiciones de no poder 

hacer frente á una guerra 204 

Por qué soy proteccionista 207 

Cosas que deben recordarse 209 

La llamada reforma de la tarifa no ha resultado satisfac- 
toria 211 

Los formuladores de la constitución consideraron la pro- 
tección como la inspiración de nuestras libres institu- 
ciones 213 

La tarifa significa el máximum de seguridad para el capital 

y el máximum de incentivo 215 

Panamá.- Otro glorioso capítulo en la historia de la Re- 
pública 217 

Solemne contrato para la seguridad del istmo 219 

Panamá. — Las acusaciones de complicidad carecen de fun- 
damento 220 

Tratado de reciprocidad comercial entre los Estados Uni- 
dos y Cuba 224 

El tratado asegura á los Estados Unidos ventajas tan gran- 
des como las que concede á Cuba 226 

La reciprocidad con Cuba es un proyecto de ley que cons- 
tituye un deber nacional 229 

Tendremos todo el mercado cubano 230 

Nuestras futuras relaciones con Cuba 232 



Paginas. 

El tratado de reciprocidad entre los Estados Unidos y 

Cuba 233 

La reciprocidad con Cuba. — El tratado nos favorece al 

mismo tiempo que favorece á Cuba 235 

Los Estados Unidos tendrán más ventajas que ningún otro 

país del mundo 236 

La industria naranjera 238 

Resultados de la guerra con España 240 

La expansión y las Filipinas 241 

Cuba, Puerto Rico y las Filipinas elogian la política del 

partido republicano 243 

Sagrada misión que los Estados Unidos están llamados á 

cumplir 245 

Proyecto de ley de derechos para las Filipinas 246 

Comercio libre. Plata libre. Barcos libres. — La trinidad de 

la ignorancia democrática 247 

Debemos sostener y desarrollar nuestras fuerzas navales. . . 249 

Creemos en la paz preparados para la guerra 251 

El porvenir de la doctrina de Monroe está bajo la custo- 
dia de nuestra marina de guerra 253 

No hay mejor póliza de seguro que una marina de guerra. 254 

Teodoro Roosevelt 256 

Hiciste bien, tú, fiel servidor de la civilización 258 

Un gran hombre en la Casa Blanca 259 

El genio, el valor, la habilidad y el patriotismo de Teodoro 

Roosevelt 261 

Las profecías de los libre-cambistas se han vuelto arriba 
abajo. — Gran Bretaña ha perdido el balance del co- 
mercio en las manufacturas .' 262 

Diferencia en precios bajo la tarifa Walker y la actual po- 
lítica protectora 265 

Del discurso de Bryan en Chicago. — El partido democrá- 
tico combatido por los mares de la destrucción 267 

El partido democrático sostiene el libre-cambio 269 

Mr. Cleveland fué electo. El país no lo esperaba. — Inme- 
diatamente buscó ponerse al abrigo y se preparó para 

la tormenta 272 

Los Estados Unidos bajo la administración democrática 

irremediablemente insolventes 275 

Las tarifas de los Estados Unidos entorpecen la colocación 

de órdenes en la Gran Bretaña 278 

El trabajador americano debe ser protegido en el tipo de 

su salario 281 

Discurso de Mr. Cockran. — Lo que sostiene Bryan. Para- 
lizar las industrias, la prosperidad, la justicia 284 



Paginas. 

El mercado doméstico es igual á todo el comercio inter- 
nacional del mundo 287 

Espectros políticos democráticos 289 

Exceso de las exportaciones sobre las importaciones. — Un 

tema desgraciado para el partido democrático 291 

Las tarifas protectoras siempre desarrollan el comercio 

extranjero 293 

Los países protegidos prosperan y los libre-cambistas de- 
caen. — Por qué debemos cambiar 296 

W. Bourke Cockran. — El hombre del "greenback," del 

dinero sano. El hombre de la plata libre 299 

Algunos números que no son satisfactorios para los libre- 
cambistas. — La competencia de los Estados Unidos 
es tan peligrosa porque está basada en la protección. 301 

Una infinidad de nuevas fábricas. — Los salarios aumenta- 
dos grandemente . . . 304 

Reciprocidad republicana. — Un cambio de artículos de no 

competencia 306 

El consumidor británico no está por ningún concepto tan 

bien como el americano 308 

La diferencia entre el libre-cambio y la contribución pro- 
teccionista. — Cifras instructivas 311 

Los Estados Unidos á la cabeza de las naciones exporta- 
doras 312 

La idea americana. — La protección significa absoluta 
prueba contra el pánico. — El acrecentamiento del 
mercado doméstico es posible 315 

El progreso de treinta años 316 



i7 



Discurso del Presidente Roosevelt 
al aceptar la candidatura repu- 
blicana para Presidente de 
los Estados Unidos. 



Oyster Bay, N. Y., Julio 26 de 1904. 
Señor Presidente y señores del Comité de notificación : 

Me siento profundamente emocionado por el alto honor 
que me han dispensado los representantes del partido repu- 
blicano reunidos en convención, y acepto la candidatura para 
la Presidencia con absoluto convencimiento de los deberes 
que contraigo. Apruebo sinceramente la declaración de 
principios que la Convención Nacional Republicana ha adop- 
tado, y á su debido tiempo os comunicaré, señor Presidente, 
una aceptación formal por ecrito, más extensa y detallada, 
de la candidatura. 

La política de McKinley mantenida. 

Hace tres años vine á la Presidencia por causa de la muerte 
de mi llorado predecesor. Entonces declaré que era mi 
propósito llevar adelante sus principios y su política por el 
honor y el interés del país. He cumplido esa promesa lo 
mejor que me ha sido posible. Si en el próximo Noviembre 
mis compatriotas ratifican en las urnas el acto de la con- 
vención que representáis, continuaré, con el auxilio de la 
Providencia, la obra sin otra mira que el bienestar de todo 
nuestro pueblo. 

Las promesas se han cumplido. 

El único mérito de un partido consiste en favorecer los in- 
tereses nacionales, y la mejor manera en que un funcionario, 
alto ó bajo, puede servir á su partido, es sirviendo al pueblo 
en todo lo que sea capaz. La eficacia de un gobierno pro- 
viene únicamente de la leal cooperación de muchas personas 
distintas. Los miembros de una mayoría legislativa, los fun- 
cionarios de los diversos departamentos de la administración, 
y los poderes legislativo y ejecutivo por sus relaciones re- 



cíprocas, deben trabajar unidos, subordinando el propio in- 
terés al fin común de un gobierno próspero. Nosotros, á 
quienes se ha confiado el poder como servidores del pueblo 
durante los últimos siete años de administración y legisla- 
ción, venimos ahora ante el pueblo satisfechos de que se nos 
juzgue de acuerdo con nuestras obras. En los años trans- 
curridos hemos hecho que las obras estuviesen de acuerdo 
con las palabras, y si continuamos en el poder seguiremos 
invariablemente las grandes lineas de la política nacional 
que el partido republicano se ha trazado; política nacional 
á la que estamos prestando un apoyo unánime, y por con- 
siguiente, eficaz. 

Los Republicanos no eluden consecuencias. 

En todo esto somos más afortunados que nuestros adver- 
sarios, que ahora hacen un llamamiento á la confianza del 
país y exponen como base, que unos expresan y otros pro- 
curan dar á entender, que si triunfan se podrá esperar que 
conculquen todos aquellos principios que durante los últimos 
ocho años han sostenido como esencialísimos, y que dejen 
intactos aquellos mismos actos de nuestra administración pol- 
los cuales piden que esta administración sea arrojada del 
poder. Comparando su actitud de ahora con la de antes, no 
parece sino que unos pecaban de ignorantes y otros de poco 
sinceros. Nosotros hacemos nuestro llamamiento inspirados 
en un sentimiento muy distinto. Nada nos obliga á guardar 
silencio en ninguna cuestión esencial, porque ninguna cues- 
tión esencial nos divide; nuestra política es continua y la 
misma para todas las secciones y localidades. No hay nada 
de experimental en el gobierno cuyo sostenimiento pedimos 
al pueblo, porque nuestros hechos pasados, nuestra probada 
eficacia gubernamental, son una garantía de nuestras pro- 
mesas para el porvenir. Nuestros adversarios, pública ó se- 
cretamente, según la variedad de sus temperamentos, piden 
ahora al pueblo que confíe en sus promesas actuales en con- 
sideración al hecho de que intentan reconocer como nulas 
las que hicieron anteriormente. Nosotros tenemos concien- 
cia de nuestras opiniones por haberlas sustentado el tiempo 
necesario para dar á nuestra política coherencia y formali- 
dad. En materia tan fundamental como la aplicación de las 
leyes, no tenemos que depender de promesas, sino pedir que 
se tomen nuestros antecedentes como prueba de lo que con- 
tinuaremos haciendo. Al proceder con las grandes organiza- 



*9 

dones llamadas trusts no tenemos necesidad de explicar por 
qué las. leyes no se han cumplido, sino hacer notar que ac- 
tualmente se cumplen, y eme se ha legislado para facilitar 
más su cumplimiento. No estamos obligados á proponer la 
cesantía de ningún pillo, porque hemos demostrado palmaria- 
mente que tan pronto como por diligente investigación se ha 
sabido que un funcionario no cumplía con su deber, se ha 
hecho caer sobre él todo el peso de la ley, sin tener en cuenta 
para nada si fué nombrado por un gobierno republicano ó 
democrático. Ese es el mejor procedimiento, y también el 
más sincero, para purificar la administración. Además, los 
abusos de los trusts en los últimos siete años han sido in- 
significantes en número si se comparan con la magnitud del 
servicio público. Jamás la administración pública ha llegado 
á más alto y puro nivel, ni la nación se ha visto más eficaz 
y honradamente servida. 

El Patrón Oro deberá mantenerse. 

No hay nada más imprudente que cambiar una política 
que tan buenos resultados ha dado y continúa dando. Se ha 
sostenido el honor y los intereses de la nación en el exterior. 
Hemos consolidado la hacienda de la nación sobre la base 
del patrón oro. A esto han cooperado con nosotros muchos 
que antes nos combatieron, pero que al fin no quisieron 
apoyar con la acción ni autorizar con el silencio la herejía 
de un sistema económico insostenible. Sabemos lo que sig- 
nifica un sistema monetario estable y honrado. 

Esto lo hemos sostenido de año en año. No necesitamos 
evadir compromisos en la cuestión más importante de las 
presentadas ante el pueblo en estos últimos tiempos, y que 
está expuesta á serlo de nuevo en cualquier tiempo y acaso 
muy pronto. No sucede entre nosotros que, tratándose de 
esta, una mitad se encuentre en conflicto con la otra mitad. 
Mientras el partido republicano esté en el poder regirá el 
patrón oro, no como asunto de conveniencia política, ni por- 
que en ciertos centros mineros varíen las condiciones en la 
producción del metal amarillo, sino porque lo estimamos 
punto fundamental de moralidad y sabiduría nacionales. 

Lia Hacienda en condiciones satisfactorias. 

Bajo la legislación financiera que hemos establecido existe 
hoy amplia circulación monetaria para todas las necesidades 
del negocio y cada peso en circulación vale un peso en oro; 



hemos disminuido la deuda que devenga interés, y en mayor 
medida el interés de esa deuda. Se han suprimido todos los 
impuestos de guerra que se hicieron necesarios durante el 
conflicto con España, á fin de aliviar las cargas del pueblo 
y de evitar la acumulación de un sobrante innecesario. Como 
resultado de esto, rara vez se han visto tan equilibrados los 
gastos y los ingresos del erario. En el año fiscal que acaba 
de terminar hubo un sobrante de nueve millones de pesos. 
En esto no se tiene en cuenta el gasto de cincuenta millones 
de pesos del sobrante acumulado para la compra del canal 
de Panamá. Prueba de la extraordinaria solidez económica 
es, que en vez de seguir la costumbre en tales casos y echar 
la carga en hombros de la posteridad . emitiendo bonos, 
hemos podido efectuar el pago al contado y dejar todavía en 
caja un sobrante de ciento sesenta y un millones de pesos. 
A pesar de eso hemos podido desembolsar los cincuenta 
millones de pesos sin causar la menor perturbación en los 
negocios. 

JLas Tarifas Proteccionistas deben ser mantenidas. 

Hemos dado al país una ley arancelaría, bajo la cual ha 
alcanzado un bienestar material sin precedente. Los jor- 
nales son más elevados que nunca. Pudiera ocurrir la ne- 
cesidad, y ello no tendría nada de extraordinario, de refor- 
mar en parte nuestros aranceles ; pero esos cambios sólo 
podrán encomendarse á personas cuya devoción á los prin- 
cipios proteccionistas esté fuera de duda ; pues de otra suerte 
el cambio podría convertirse en derogación. Los cambios 
deben hacerse para mantener el principio, no para destruirlo. 
Esto es vital para el labrador, para el comerciante y para el 
industrial; pero acaso no lo es para nadie tanto como para 
el jornalero, ni hay otro tan interesado como él en el man- 
tenimiento del actual sistema económico y arancelario. Nues- 
tra clase obrera lleva un sistema de vida más elevado que 
ningún otro obrero del mundo, y sólo podrá continuar lle- 
vándolo al amparo de un arancel cuya norma sea siempre un 
tipo mínimo de tarifa equivalente á la diferencia de lo que 
el trabajo cuesta en este país y lo que cuesta en el extranjero. 
Los que, como nuestros adversarios, "denuncian el protec- 
cionismo como un robo" se adhieren con ello explícitamente 
á la proposición de que si hubiesen de registrar el arancel 
pasarían por alto la necesidad de atender á la diferencia 
que existe entre el sistema de vida de nuestra clase obrera 



y la de otros países, y por lo tanto, su antagonismo á nuestra 
posición sobre este punto es fundamental. Por eso pedimos 
que nuestras promesas y las suyas sean juzgadas por los 
resultados que han dado anteriormente. Pedimos á las per- 
sonas sensatas que comparen los resultados del arancel ac- 
tual con los que produjo la ley arancelaria de 1893. 

L<a Reciprocidad de McKinley aprobada. 

Somos partidarios de la reciprocidad con países extranje- 
ros en las condiciones indicadas por el Presidente McKinley 
en su último discurso, en sentido de ensanchar nuestros mer- 
cados extranjeros por medio de convenios recíprocos siempre 
que puedan hacerse sin daño de la industria ni de la clase 
obrera de este país. Es un hecho singular que el único gran 
convenio de reciprocidad recientemente adoptado — el tratado 
con Cuba — apenas tuvo más oposición que la de aquellos que 
ahora se han convertido en defensores de la reciprocidad. 
Y aquí pedimos nuevamente que se juzgue del valor de nues- 
tras palabras comparando sus actos con los nuestros. Sobre 
ese tratado de Cuba existían al principio graves diferencias 
en nuestro partido, y esto no obstante, se le negoció, ratificó 
y puso en vigor, cosa notable, sin sacrificio del principio y 
con reconciliación de todas las divergencias. No hubo rup- 
tura de un gran partido, sino excelente resultado práctico, 
fruto de la armoniosa cooperación de dos Presidentes y dos 
Congresos sucesivos. Esto demuestra la capacidad guberna- 
tiva que nos hace dignos de la^ confianza del pueblo, no sólo 
en nuestros propósitos sino en nuestra capacidad en llevarlos 
á vías de hecho. Juzgando por la historia de los últimos doce 
años, hasta el mes en que estamos, ¿hay razones para creer 
que en igualdad de circunstancias y empezando con iguales 
diferencias de opinión, hubieran nuestros adversarios obteni- 
do ningún resultado práctico? 

Hemos demostrado ya con hechos que nuestra política es 
de igualdad para todos los hombres, ricos ó pobres ; cual- 
quiera que sea su raza, su credo ó el lugar de su nacimiento. 
Reconocemos la organización del capital y la organización 
del trabajo como consecuencias naturales de nuestro sistema 
industrial. Cada clase de organización será protegida mien- 
tras proceda inspirada en la justicia y el respeto por los 
derechos de los demás. Cada una podrá. contar con el am- 
paro de la ley, y al mismo tiempo está obligada á obedecer 
esa misma ley, pues nadie está ni debe estar por encima ni 



22 

por debajo de la ley. Tan escrupulosamente se defenderán 
los derechos del más humilde individuo, como los de la más 
poderosa corporación, pues á todos se hará justicia, ni más 
ni menos. Muchos son los problemas que hay que resolver 
en nuestra vida social é industrial, pero es imprescindible 
tratarlos sencillamente con un espíritu de honradez, resolu- 
ción y buen sentido. 

Regadío. 

Al inaugurar grandes trabajos de regadío en el Oeste, el 
Congreso ha puesto al gobierno en condiciones de dar uno 
de los pasos más agigantados que jamás se dieron para la 
utilización de nuestro vasto territorio nacional en beneficio 
del colono, el verdadero fundador de los hogares. 

El Canal de Panamá. 

Desde el descubrimiento de este continente, se reconoció 
la necesidad de un canal que uniera el Pacífico con el Atlán- 
tico, y desde el nacimiento de nuestra nación se proyectó 
semejante canal. El sueño al fin se convirtió en realidad. 
El canal se está construyendo por el Gobierno de los Esta- 
dos Unidos. Hemos conducido la negociaciones para su 
construcción usando los más exquisitos escrúpulos de honor 
y la más generosa largueza con aquellos por cuyo territorio 
había de atravesar. Nada que la malignidad, el espíritu de 
partido y el egoísmo pudieran sugerir, dejó de ponerse en 
juego para desbaratar el tratado con Panamá é impedir la 
consumación de la obra. La construcción es ahora un hecho 
asegurado ; pero á nadie puede ocultarse la imprudencia de 
encomendar la ejecución de tan portentosa obra á los mismos 
que tanto se esforzaron por frustrarla. 

Política Exterior. 

Hemos hecho una política exterior que, sin sacrificar nin- 
gún justo derecho por nuestra parte, nos pone en relaciones 
de perfecta cordialidad con todas las demás naciones; no 
se vislumbra una nube en todo el horizonte. La última 
causa de irritación entre nosotros y otros país, desapareció 
con el arreglo de los límites de Alaska. 

En el mar de las Antillas hemos cumplido nuestra promesa 
de independencia á Cuba probando con hechos que no fué 
nuestra misión en la isla de adquisición territorial, sino de 
justicia, y con esto, así como con nuestra conducta en Vene- 



23 

zuela y en Panamá, hemos demostrado que la doctrina de 
Monroe es una realidad viviente, no instituida en daño de 
otras naciones, sino en beneficio de la civilización en el con- 
tinente Occidental y de la paz del mundo. Nuestro con- 
tinuo crecimiento en poderío ha sido acompañado de una 
disposición no menos creciente á usarlo con el mayor mira- 
miento hacia los derechos ágenos y en pro de la causa de la 
justicia y concordia universales. 

Aspiramos con vehemencia á la amistad de todas las na- 
ciones del nuevo y viejo mundo, y nos esforzamos en que 
nuestras relaciones con ellas se funden en bases de ventajas 
recíprocas y no de hostilidad. Sostenemos que la prosperi- 
dad de cada nación debe ser estímulo y no remora para las 
demás. Deseamos la paz internacional por las mismas ra- 
zones que deseamos nuestra paz interior; y buscamos esa 
concordia entre todos, no por temor ni falta de preparación, 
sino por creer que la paz es tan justa como bienhechora. 

Los intereses americanos en el Pacífico han tomado rápido 
incremento. El espíritu de empresa americano ha tendido 
un cable en este, el mayor de los océanos. Hemos dado 
pruebas fehacientes de buena voluntad hacia el imperio chino, 
y de que deseamos su integridad é independencia. 

Filipinas. 

Nuestra presencia en las Filipinas robustece en gran ma- 
nera nuestra posición de competidores por el comercio del 
Oriente; pero al mismo tiempo gobernamos aquellas islas 
en interés de su propio pueblo. Ya hemos dado á los filipi- 
nos considerable participación en su gobierno, siendo nuestro 
propósito el de aumentarla tan rápidamente como ellos vayan 
mostrándose capaces de ejercerla. La gran mayoría de los 
funcionarios en las islas, lo mismo de nombramiento oficial 
que por elección, es ya de hijos del país. Estamos dando 
pasos para dotarlos de una asamblea legislativa, debiendo ser 
este el primer paso en la nueva política. Sería la mayor de 
las imprudencias decir de antemano cuál será la próxima re- 
forma que se adopte sin que se hayan evidenciado los resul- 
tados de la primera. Ir más precipitadamente de lo que 
hemos ido en darles participación cada vez mayor en su go- 
bernación propia, sería desastroso. Darles independencia 
política en esos momentos, daría por resultado la inmediata 
pérdida de derechos civiles, libertades personales y orden 
público, de que ya disfrutan ; porque los inmensos beneficios 



24 

que aquellos isleños nos deben sólo pueden mantenerse bajo 
la más extricta vigilancia por nuestra parte. Retirar nues- 
tro gobierno de las islas Filipinas y perder sus habitantes 
la libertad civil que justamente acaban de alcanzar, sería 
todo uno. Hemos establecido en Filipinas un Gobierno de 
americanos auxiliado por filipinos, y nuestro constante es- 
fuerzo es transformarlo es un Gobierno propio de filipinos 
auxiliado por americanos. 

Al pueblo toca decidir. 

Los principios que sustentamos deben ser apoyados por 
nuestros compatriotas de todo el país, y muy especialmente 
por aquellos hombres y mujeres herederos espirituales de 
aquellos que sostuvieron el brazo de Abraham Lincoln ; por- 
que nuestro esfuerzo se encamina á llenar nuestro cometido 
inspirados en el mismo sentimiento con que Lincoln llenó el 
suyo. En los siete años que acaban de pasar, no hemos es- 
quivado ningún deber de política interna ó externa; no nos 
ha arredrado el temor de acometer una empresa que se haya 
creído necesaria, ni hemos dejado labor sin desempeño ra- 
zonablemente eficaz. Jamás hemos alegado impotencia. 
Xunca hemos buscado refugio en la crítica y la queja en vez 
de buscarlo en la acción. Hacemos frente al porvenir con la 
garantía de nuestro pasado y nuestro presente, como cum- 
plidores de nuestras promesas, y estamos satisfechos con 
afrontar los resultados de nuestra gestión por lo que hemos 
realizado y lo que estamos realizando. 



2 5 



La Sabiduría del Proteccionismo en los 
Estados Unidos. 

Extracto de la réplica del Hon. James G. Blaine, de Maine, al Hon. 
Wm. E. Gladstone, publicada en la "North American Review" 
de Enero de 1890, y que vio la luz en el Diario de Sesiones del 
Congreso de Junio 8 de 1896. 

Partiendo de 1812, cuando se adoptó una tarifa proteccio- 
nista con objeto de fortalecer y dar estabilidad al Gobierno 
en vísperas de la guerra con la Gran Bretaña, á 1861, en que 
se adoptó una tarifa proteccionista á fin de fortalecer y dar 
estabilidad al Gobierno ante la inminente revolución de los 
Estados del Sur, tenemos cincuenta años de elocuente expe- 
riencia en la historia de la República. Durante ese largo 
período las tarifas libre-cambistas fueron tres veces seguidas 
por un estancamiento industrial, por embarazos financieros, 
por una verdadera miseria entre las clases cuya subsistencia 
depende del propio trabajo. Tres veces se evitó ese mal con 
la adopción de una tarifa protectora. Tres veces las tarifas 
protectoras dieron impulso á la actividad industrial, al 
bienestar ñnanciero, á la prosperidad entre todas las clases 
populares. Y esa feliz situación subsistió en cada caso, sin 
que disminuyera su benéfica influencia, hasta que bastardas 
combinaciones politicas, que tenían su origen en egoístas am- 
biciones personales, precipitaron otra era libre-cambista. 
Cualquier hombre perfectamente imparcial, que estudie la 
cuestión sin prejuicios de ningún género, podría contestar 
cómo es cierto que en medio siglo de experiencia, en que se 
han probado los dos sistemas, ha quedado ampliamente de- 
mostrada la sabiduría del proteccionismo en los Estados Uni- 
dos. Como argumento contra el hecho de que las tarifas 
libre-cambistas han producido siempre pánicos y largos pe- 
ríodos de crisis financieras, los defensores del libre-cambio 
recuerdan el tremendo pánico financiero que se extendió poi 
todo el país en 1873, cuando estaban en vigor las tarifas pro- 
teccionistas de 1861, y que por consiguiente los pánicos y las 
crisis financieras existen igualmente en períodos proteccio- 
nistas que en períodos libre-cambistas. El pánico de 1873 
fué completamente distinto en su origen á los que he men- 
cionado. La guerra civil, que terminó en 1865, sacrificó en 
ambos bandos un número considerable de propiedades. Me- 
dio millón de hombres pereció. Más de un millón quedó 



26 

inútil. La deuda pública que se creó llegó á cerca de tres 
mil millones. El país vivía sobre la base del papel moneda, 
y todo pago en oro representaba una pesada carga para el 
deudor. La situación no tenía paralelo. Y á pesar de las 
tristes profecías que se hacían por ambas partes, el pánico 
no sobrevino sino ocho años y medio después de haberse 
disparado el último tiro de la guerra civil. Y sobrevino in- 
mediatamente después de dos grandes calamidades que oca- 
sionaron un gasto de más de doscientos millones de pesos, 
sustraídos á la ordinaria corriente de los negocios. La rá- 
pida y casi completa reconstrucción de Chicago y Boston, 
después de los desastrosos incendios de 1871 y 1872, tuvo 
más influencia en el pánico de 1873 que lo que comúnmente 
se cree. Por otra parte, los seis años de depresión econó- 
mica, desde 1873 hasta 1879, produjeron un malestar indi- 
vidual más bien que una crisis general. El país, en conjunto, 
no prosperó nunca tanto ni tan rápidamente como en aquel 
período. La práctica ha corroborado la creencia de que la 
guerra por la unión no hubiera podido sostenerse con un 
sistema libre-cambista, y que el pánico de 1873 sólo demostró 
la fuerza de defensa que el proteccionismo desplegó en bien 
de un pueblo rodeado de tan múltiples conflictos como era el 
pueblo de los Estados Unidos durante los años que siguieron 
inmediatamente á la guerra civil. Y más fuerte desde todos 
los puntos de vista, la crisis económica cesó y renació la pros- 
peridad con el proteccionismo, en tanto que los ruinosos 
efectos de los pánicos ocurridos bajo el régimen libre-cam- 
bista nunca desaparecieron sino por la influencia del protec- 
cionismo. 

Proféticas Palabras de Blaine. 

" En medio de sus sufrimientos sabrán cuál es el único 
camino de la prosperidad." 

Extracto de las observaciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, Mayo 19 de 
1894- 

Uno de los estadistas más hábiles y sagaces que ha pro- 
ducido América fué el difunto James G. Blaine. Así se 
expresaba hablando de un cambio que preveía : 

"Amo á mi país y á mis conciudadanos ; soy americano, y 
cada día me siento más feliz de serlo. Me regocija la pros- 
peridad general de mi país, y sé que los obreros americanos 



2 7 

son los mejor pagados, los mejor alimentados, y los mejor 
vestidos que existen sobre la faz de la tierra. Muchos de 
ellos tienen casa propia. Están rodeados de toda clase de 
comodidades, y muchos viven hasta con lujo. Me estre- 
mezco, sin embargo, al pensar en que llegará un día en que 
todo eso cambiará, en que la prosperidad general del país 
será destruida, en que la gran masa de obreros de esta 
tierra, que hoy viven en la abundancia, oirán á sus mujeres y 
á sus hijos clamar por pan ; en que llegará el día, en fin, en 
que las grandes fábricas y manufacturas de este país se c< 
rrarán, y que donde hoy todo es vida y actividad, sólo reinará 
el silencio de las tumbas. Y la razón de que tales cosas 
ocurrirán es ésta : La gran fracción del partido democrá- 
tico en el Sur está decidida á establecer el sistema libre-cam- 
bista en los Estados Unidos. Serán apoyados por sus co- 
rreligionarios del Norte. Existe un gran número de visio- 
narios, pero hombres ilustrados á la vez, que pasan los días 
escribiendo razones y argumentos en pro de esta doctrina, 
que luego ven la luz en muchos periódicos del país. La 
gran mayoría de nuestro pueblo no ha experimentado jamás 
el malestar que resulta del abandono de los principios pro- 
teccionistas. Inficionado por los falsos argumentos de esos 
escritores y por las excitaciones demagógicas de los oradores 
democráticos, el pueblo verá bien pronto esas fuerzas que hoy 
trabajan, adquirir poder bastante para derrotar en las urnas 
al partido que defiende el sistema proteccionista. Como 
consecuencia de ello surgirá la duda y la incertidumbre en 
todas las cosas. Los hombres de negocios, temerosos de la 
ruina del sistema proteccionista, abandonarán sus empresas ; 
se cerrarán muchas fábricas, y multitud de obreros se que- 
darán sin trabajo, El pueblo verá lo que antes no había visto ; 
que no puede trabajar ni prosperar bajo el sistema libre- 
cambista; y en medio de sus desgracias reconocerá que el 
único camino de la prosperidad consiste en votar por el par- 
tido que ha desarrollado las industrias en las cuales gana su 
subsistencia; porque verán entonces claramente que cuando 
las fábricas están cerradas no hay demanda de la única cosa 
que ellos pueden vender ; es decir, su trabajo." 

A la luz de los sucesos ocurridos desde Noviembre de 
1892, hemos visto cómo todas las profecías contenidas en ese 
notable escrito se han ido cumpliendo al pie de la letra, y 
muchos creerán que Mr. Blaine estaba inspirado al prever 
tan acertadamente todo lo que después ha ocurrido ; pero no 



28 

hubo tal inspiración. Sencillamente recordó un principio 
que la historia de nuestra patria durante más de un siglo 
ha demostrado que es tan invariable como las leyes de la 
gravitación, y tan inexorable como ellas. Ese principio ha 
sido ya comprobado ; pero conviene repetirlo : Cada vez que 
ha prevalecido el libre-cambio ó solamente los impuestos inte- 
riores, ó hemos estado amenazados de ambas cosas con pro- 
babilidades de que la amenaza pudiera cumplirse, hemos ex- 
perimentado una gran depresión en los negocios, falta de 
conñanza, falta de crédito, paralización de las transacciones 
comerciales, carencia de empleos, quiebras, desorden y ruina, 
con todo su séquito de terribles consecuencias. Esta no es 
una simple opinión, ni un simple argumento ; es un hecho his- 
tórico incontrovertible. En otra ocasión dijo el mismo Mr. 
Blaine : "El beneficio de la protección va, al fin y al cabo, á 
los hombres que ganan el pan con el sudor de sus frentes. El 
prodigioso resultado del sistema es que jamás en la historia 
del mundo se ha gozado de más comodidades, se ha adquirido 
mayor educación, ni ha estado tan asegurada la independen- 
cia de un pueblo como en los Estados Unidos de América." 

Mr. Gladstone, el eminente jefe de los libre-cambistas de 
Inglaterra, reconoce el portentoso desarrollo de la riqueza 
adquirido por los Estados Unidos bajo las tarifas proteccio- 
nistas, pero insiste en que los resultados hubieran sido mucho 
mayores con el libre-cambio. No cita hechos en apoyo de 
su opinión, lo que prueba que no es más que la expresión de 
una idea sencillamente. 

Pero los hechos indiscutibles son infinitamente más fuer- 
tes y más decisivos que las opiniones y los argumentos, cual- 
quiera que sea el talento de sus autores. 

Mr. Blaine cita los siguientes hechos que tienen una fuerza 
incontrastable : 

lí En 1860 la población de los Estados Unidos era, en 
números redondos, de 31,000,000 de habitantes. En la mis- 
ma fecha la población del Reino Unido era, en números re- 
dondos, de 29,000,000. La riqueza pública de los Estados 
Unidos era de 14,000,000,000 de pesos ; la del Reino Unido de 
29,000 millones. El Reino Unido tenía, por consiguiente, casi 
la misma población; pero más del doble de la riqueza de los 
Estados Unidos, con maquinaria para manufacturas cuatro 
veces mayor que los Estados Unidos. Veinte años después 
(1880) aparece que los Estados Unidos han aumentado en 
cerca de 30,000,000,000 de pesos su riqueza pública, mientras 



2 9 

que el Reino Unido sólo ha aumentado 15,000,000,000, ó 
séase la mitad. 

Proteccionismo. 

Lo que es y en qué principios está fundado. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine, 
en la Cámara de Representantes, Mayo 19 de 1888. (Diario de 
Sesiones del Congreso, Vol. 19, página 4442.) 

El mejor argumento, quizás, que puedo ofrecer en pro del 
proteccionismo, es explicar lo que es y en qué principios está 
fundado. El hombre adquiere su mayor poder por medio 
de la asociación con los otros hombres, por la unión con sus 
semejantes. Cualquiera que considere el ser humano como 
una criatura sola, por sí misma, aislada y separada, y trate 
de explicarse el género humano como una reunión de átomos, 
estará en condiciones de comprender la raza humana y su 
tremenda misión. Sesenta millones de criaturas sin asocia- 
ción no serían otra cosa que bestias llamadas á perecer. Pero 
sesenta millones de hombres unidos entre sí por una frater- 
nidad nacional, ayudándose mutuamente, sosteniéndose, 
pueden llegar á conquistar todo ese inmenso poder de la 
naturaleza que constituye únicamente la riqueza de este 
mundo. El gran disparate del profesor de economía política 
Herr es que considera al género humano como si cada hom- 
bre no fuese más que una fracción de un caballo de fuerza. 
Olvida que el hombre tiene un alma y una conciencia. Pen- 
sad un momento en el principio fundamental que envuelve 
esta pregunta : ¿ De dónde procede la riqueza ? Procede del 
poder que posee el hombre para guiar esas fuerzas elemen- 
tales, cuya energía es infinita. Procede del poder que tiene 
el hombre para obligar á la tierra á darle sus productos, de 
recoger en la hinchada vela la brisa que pasa, de enfrenar 
la catarata que se desploma, de represar los grandes ríos, 
de convertir en fuerza motriz los zig-zag del relámpago. 
Nada de eso haría jamás la fracción de un caballo de fuerza. 
Para poseer todas las fuerzas de la naturaleza, para recoger 
todas las riquezas del mundo, debemos utilizar todo el poder 
del hombre, no solamente los músculos y el cerebro, sino 
también aquellas cualidades intangibles que llamamos ener- 
gía, vigor, ambición, confianza y valor. ¿Habéis notado al- 
guna vez la maravillosa diferencia que existe entre un tran- 
quilo pueblecillo de campo, dormido perezosamente al pie 



3° 

de una improductiva cascada, donde más de la mitad de la 
"energía del pueblo se pierde por no tener en qué emplearse, 
y ese mismo pueblecillo cuando las aceras están bordeadas 
de tiendas, cuando el aire está lleno de] ruido de las máquinas 
y cada hombre está tan afanoso en su trabajo que tal parece 
que el. día no tiene horas bastantes para extraer de las en- 
trañas de ia naturaleza sus ocultas, infinitas riquezas? Si 
lo habéis notado habréis visto también el contraste inmenso 
que existe entre el hombre abandonado á sí mismo, conver- 
tido en una fracción de un caballo de fuerza, y el hombre 
incitado por la esperanza, empujado por la ambición é ilu- 
minado en su camino por la confianza y el éxito. Para que 
una nación saque de sí misma y de la tierra todas las riquezas 
que encierra no es necesario comprar barato y vender caro. 
Eso compete sólo á los individuos. Lo que concierne á la 
nación es utilizar todo el trabajo que hay en los hombres, 
en sus músculos y en sus cerebros, en sus cuerpos y en sus 
almas, para la magna empresa de poner en movimiento las 
siempre generosas fuerzas de la naturaleza. ¿Cómo utilizar 
todas las energías de un pueblo? Hé aquí precisamente la 
diferencia. La escuela contraria deja al hombre individual- 
mente entregado á sus propias iniciativas. La escuela pro- 
teccionista estimula al hombre á unir y combinar sus esfuer- 
zos en bien de la colectividad. 

Una Era de Progreso bajo un Sistema 
Completamente Americano. 

Extracto de las declaraciones del Hon. William McKinley, de 
Ohio, en la Cámara de Representantes, y publicadas en el Diario 
de Sesiones del Congreso, Mayo 7 de 1890. 

Hemos gozado ya de veinte y nueve años continuos de 
leyes protectoras — el período más largo en que, sin interrup- 
ción, ha prevalecido esa política desde la formación del Go- 
bierno Federal — y nos encontramos al final de ese período 
en condiciones tales de independencia y prosperidad como 
jamás se vieron iguales en otro periodo de la historia de nues- 
tro país y como nunca se vieron parecidas en la historia de 
ningún otro pueblo de la tierra. 

En todo lo que hace á una nación grande, fuerte é inde- 
pendiente, hemos dado pasos gigantescos. En artes, en cien- 
cia, en literatura, en manufacturas, en inventos, en principios 
científicos aplicados á las manufacturas y á la agricultura, 



3* 

en riqueza y crédito y en honor nacional, estamos muy al 
frente, al lado de los mejores y detrás de ninguno. 

En 1860, después de catorce años de una tarifa exclusiva- 
mente interior, precisamente la misma que defienden hoy 
nuestros adversarios políticos, los negocios en el país estaban 
postrados, la agricultura deplorablemente decaída y la po- 
breza del Gobierno mismo era proverbial en los centros 
financieros del mundo. 

No teníamos ni dinero, ni crédito. Ambos son esenciales. 
Una nación debe progresar si tiene abundantes ingresos ; 
pero si no los tiene, al menos debe tener crédito. No tenía- 
mos nada, como legado de la ley de tarifas del partido 
democrático. Hoy tenemos ambas cosas. Tenemos un 'ex- 
ceso en los ingresos y un crédito sin límites. No necesito 
demostrar, porque está muy fresco en vuestro pensamiento y 
tan reciente en nuestra historia, que lo saben todos los que 
me oyen, que desde la inauguración de las leyes proteccio- 
nistas de 1 861, la vieja tarifa Morrill — que tanto honor hizo 
á aquel veterano estadista y que será su mejor timbre de 
gloria — la situación cambió por completo. Se restauró la 
confianza, se inspiró valor á los hombres de negocios y el 
Gobierno entró en una nueva era de progreso bajo un sistema 
completamente americano. 

Con una gran guerra entre manos, con un ejército que 
organizar y preparar para el servicio, teniendo que gastar 
incalculables millones, las tarifas proteccionistas nos salva- 
ron, y mientras el dinero acudía al Tesoro para salvar al 
Gobierno, las industrias florecían en todo el país, constitu- 
yendo la piedra angular de nuestra prosperidad y de nuestra 
gloria. 

Opiniones de los Presidentes. 

Lo que esos grandes hombres pensaban acerca del 
proteccionismo. 

Extractos de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, de 
Mayo de 1894. 

No carece de interés ni de oportunidad saber lo que esos 
grandes hombres pensaron acerca del proteccionismo. 

George Washington, en su primer mensaje anual, hablando 
de nuestro pueblo, dice : "Su seguridad é interés requieren 
que funden tantas manufacturas como sean necesarias para 



3 2 

hacerlos independientes de los demás, especialmente en ar- 
tículos militares." En su octavo y último mensaje dice 
Washington: "El Congreso ha dedicado su atención repe- 
tidamente y no sin éxito á estimular las manufacturas. El 
objeto es harto importante para que no se persevere en esos 
esfuerzos por todos los medios posibles." 

John Adams, nuestro segundo Presidente, en su último 
mensaje anual, felicita al país por la gran prosperidad que 
en él existía, y añade : "Observo con mucha satisfacción 
que el producto de los impuestos durante el presente año ha 
sido mucho mayor que en ningún otro período. Este re- 
sultado comprueba evidentemente los grandes recursos con 
que* cuenta el país, y la sabiduría y eficacia de las medidas 
adoptadas por el Congreso para la protección del Comercio 
y la preservación del crédito público." 

Thomas Jefferson, nuestro tercer Presidente, citado con 
frecuencia como el fundador del partido democrático, en su 
segundo mensaje anual, al enumerar los derroteros por donde 
debíamos marchar, menciona como uno de los principales : 
"Proteger las manufacturas ajustadas á nuestras circuns- 
tancias." En otra ocasión escribió : "La pregunta general 
ahora es : ¿ Podremos fabricar nuestros artículos de consumo, 
ó tendremos que someternos á la voluntad de los países ex- 
tranjeros? La experiencia me ha demostrado que las in- 
dustrias manufactureras son hoy tan necesarias para nuestra 
independencia como para nuestra comodidad." 

James Madison, nuestro cuarto Presidente, reconocido 
como "el Padre de la Constitución," en un mensaje especial al 
Congreso, Mayo 23 de 1809, dice: "Sería oportuno y conve- 
niente que el Congreso hiciese tales alteraciones en las leyes 
que protegieran más especialmente ciertas ramas de manu- 
facturas recientemente creadas ó desarrolladas por el lauda- 
ble esfuerzo de nuestros compatriotas." 

James Monroe, nuestro quinto Presidente, en su mensaje 
inaugural dice : "Nuestras manufacturas requieren una 
constante y eficaz atención por parte del Gobierno. Tenien- 
do como tenemos toda clase de materias primas, fruto de 
nuestro propio suelo y de nuestra industria, no debemos 
depender, en el grado en que hoy dependemos, de las indus- 
trias de los demás países. Igualmente importante es crear 
en casa un mercado para nuestras materias primas y pro- 
teger á los cultivadores contra las fluctuaciones de los mer- 
cados extranjeros." 



33 

El Presidente John Quincy Adams, que sucedió á Mr. 
Monroe, fué también un ardiente partidario del proteccio- 
nismo, y en su cuarto mensaje anual estudia con alguna ex- 
tensión nuestros intereses agrícolas, comerciales y manufac- 
tureros, y declara que "todos esos intereses deben estar pro- 
tegidos por el Gobierno y por las autoridades legislativas," 
y termina haciendo explícitas declaraciones en defensa de los 
principios proteccionistas. 

El Presidente Andrew Jackson dijo en su mensaje anual 
de Diciembre de 1832, refiriéndose á los resultados beneficio- 
sos de los ocho años de proteccionismo bajo las tarifas de 
1824 y 1828: "Nuestro pueblo presenta por todas partes 
señales de felicidad y bienandanza, no igualadas acaso en 
ninguna otra parte del mundo." 

El Presidente William H. Harrison, un liberal y entusiasta 
proteccionista, sucedió á Mr. Van Burén, pero vivió sólo un 
mes después de su inauguración, por lo que no tuvo ocasión 
de emitir sus opiniones sobre el caso. 

El Presidente Zacarías Taylor sucedió á Mr. Polk, y en su 
primer mensaje anual dijo: "Confío en el derecho y en el 
deber del Congreso de alentar las industrias domésticas. 
Espero de la discreción y patriotismo del Congreso 1 que 
adopte un sistema que coloque nuestras industrias en una 
situación segura y permanente y con el debido estímulo de 
las manufacturas dé nuevo y mayor incremento á la agricul- 
tura y aliente el desarrollo de nuestros vastos recursos y el 
desenvolvimiento de nuestro comercio." 

El Presidente Fillmore, en su mensaje anual de Diciembre 
de 1851, dijo: "La política que decretó bajas tarifas adua- 
neras á las mercancías extranjeras, así lo creyeron los que 
la establecieron, tendía á beneficiar á la población agrícola, 
aumentando la demanda y elevando el precio de nuestros 
productos agrícolas en los mercados extranjeros. Los he- 
chos, sin embargo, parecen indicar de una manera incontes- 
table que semejante resultado no siguió á la adopción de esa 
política." 

James Buchanan, el último Presidente demócrata antes de 
1861, en su mensaje anual dijo respecto de aquel desdichado 
período de libre-cambio : "Con extraordinaria abundancia 
en todos nuestros productos y en todos los elementos de 
riqueza natural, nuestras manufacturas han paralizado sus 
trabajos; nuestras obras públicas están retardadas; nuestras 
empresas privadas están abandonadas ; y millares de labo- 



34 

riosos obreros son expulsados de sus empleos y reducidos á 
la indigencia. Poseemos todos los elementos de riqueza 
material en gran abundancia, y á pesar de todas esas ventajas 
nuestro país se encuentra en una deplorable situación eco- 
nómica." 

Todos los Presidentes desde Washington hasta Buchanan, 
excepto Polk, y tal vez Van Burén y Pierce, estuvieron por 
la protección de las industrias locales, y sus declaraciones 
han sido citadas en prueba de ello. Como el proteccionismo 
ha sido siempre una doctrina cardinal en los manifiestos re- 
publicanos y en la política del partido, así todos los Presi- 
dentes republicanos han sido enérgicos defensores del pro- 
teccionismo. 

Hon. Thos. B. Reed. 

M Debéis asegurar al pueblo americano mercados 
americanos." 

Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, página 4668. 

El argumento de la reforma de los impuestos interiores, ó 
es un falso pretexto, ó es un verdadero programa político. 
El proteccionismo es en su esencia un beneficio ó un castigo. 
Jamás podréis convertir una maldición en una bendición. 
El veneno en agua no hace menos daño que el veneno puro. 
El proteccionismo incidental es un engaño. Las tarifas para 
los impuestos internos solamente caen ante los mismos argu- 
mentos que se emplean contra el proteccionismo. Si el pro- 
teccionismo fuese un sistema sólo favorable á los manufac- 
tureros, el mismo resultado darían las tarifas de los impues- 
tos interiores. El proteccionismo incidental es, por otra 
parte, inexcusable. Es un accidente que debe compararse á 
un desastre ferrocarrilero. Si tomáis un peso del ciudadano 
para el Tesoro, y cuatro para el manufacturero, ¿es acaso 
menos robo que lo que llamáis tarifa de los impuestos interio- 
res? — Página 4667-8. 

Hoy sobre la faz de la tierra no hay más que dos clases 
de gentes que creen en el libre-cambio, ya puro y simple, ya 
disfrazado con la máscara de impuestos interiores, y esos dos 
son la falsa mayoría del Comité de Medios y Arbitrios y sus 
defensores, y el Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda, 
con excepción de Irlanda. 

Rusia, el granero de Europa, suprimió el libre-cambio, 



35 

con el sorprendente resultado de que, mientras en 1876, antes 
de la subida de los derechos compró ocho millones de quin- 
tales de metales ingleses, pagando por ellos treinta millones 
de pesos (ocho por treinta), adquirió la misma cantidad en 
el año 1884, pagando solamente diez y siete millones por 
ellos (ocho por diez y siete). Tres pesos setenta y cinco 
centavos por quintal antes de las tarifas y dos pesos dos y 
medio centavos después. Austria, Alemania, Italia, Méjico 
y el Dominio del Canadá, ese hijo de la Gran Bretaña, se han 
decidido por el proteccionismo. Es el instinto de humanidad 
contra las pretensiones de los teóricos. Es la sabiduría de 
la raza contra la sabiduría de los menos. — Página 4Ó6g. 

No hay más que un medio para conseguir el mejor trabajo 
de los hombres, y es el de dar á cada uno el trabajo que 
mejor sepa hacer. Esto no lo podréis conseguir sino diver- 
sificando las industrias. Para poner al pueblo americano en 
condiciones de suplir á todas sus necesidades debéis dar y 
asegurar al pueblo americano los mercados americanos. 
¿Qué significa esto en la vida práctica? Significa que noso- 
tros, la nación, decimos al capital : "Dedícate á la manufac- 
tura de tal ó cual artículo, y tendrás un mercado tan grande 
como el pueblo americano." 

Entonces el capital le dice al trabajo: "Ven conmigo á 
este nuevo campo, si quieres trabajar, y repartiremos las utili- 
dades." Así principia una nueva industria. Multiplicad 
esto por cien, y tendréis una comunidad en la que cada hom- 
bre de buena voluntad obtendrá lo que mejor le plazca, y la 
nación obtendrá el mayor producto de las fuerzas siempre 
generosas de la naturaleza. 

Las Tarifas Proteccionistas no han Interrum- 
pido nuestro Comercio de Exportación. 

Este ha aumentado con ellas. 

Extracto de las declaraciones del Hon. William McKinley, de 
Ohio, en la Cámara de Representantes, publicadas en el Diario 
de Sesiones del Congreso, Mayo 7 de 1890. 

Las tarifas proteccionistas no han interrumpido nuestro 
comercio de exportación, antes bien este ha aumentado con 
ellas. En el año 1843, primer año transcurrido desde la im- 
plantación de las tarifas proteccionistas de 1842, nuestras 
exportaciones excedieron á las importaciones en 40,392,229 
pesos, y el año siguiente excedieron á las importaciones en 



36 

3,i4 I > 22 6 pesos; en los dos años siguientes el exceso de las 
importaciones sobre las exportaciones fué de 15,475,000 
pesos. El último año de regir estas tarifas el exceso de ex- 
portaciones sobre importaciones fué de 34,317,249 pesos. 
Asi pues, durante los cinco años en que rigieron las tarifas 
de 1842, el exceso de importaciones sobre exportaciones fué 
de 62,375,000 pesos. Bajo la ley de tarifas de 1846 ocurrió 
lo contrario, y con la sola excepción del año 1848, las impor- 
taciones excedieron á las exportaciones (durante un período 
de 14 años) en $465,553,625. Durante la guerra y después 
hasta 1875, las importaciones, con dos excepciones, exce- 
dieron á las exportaciones. Desde 1876 hasta 1889 inclu- 
sives (durante un período de 14 años) hubo solamente dos 
años en que nuestras importaciones excedieron á las expor- 
taciones, y el exceso total de las exportaciones sobre las im- 
portaciones fué de 1,581,906,861 pesos de productos de nues- 
tro pueblo más de lo que importamos en los Estados Unidos. 
El balance comercial ha sido casi constantemente en nuestro 
favor durante el período de tarifas proteccionistas de nuestra 
historia, y en contra nuestra, con raras excepciones, durante 
los períodos de los impuestos interiores. Esto parecería indi- 
car una buena situación económica con el resto del mundo, 
resultante del sistema económico republicano, y una deplora- 
ble situación, toda vez que tuvimos que enviar dinero fuera 
del país para cubrir los balances efectuados bajo el sistema 
democrático. El principal cargo contra este proyecto de ley 
viene de los importadores y consignatarios de aquí por un 
lado, y de los remitentes extranjeros por otro. ¿Por qué 
se quejan ? Sin duda porque de algún modo este proyecto de 
ley dificulta sus negocios aquí y facilita los negocios de nues- 
tros manufactureros y productores, y porque disminuye la 
importación de artículos similares extranjeros y aumenta el 
consumo de los manufacturados en el país. Esta podría ser 
una buena razón para que los extranjeros se opusieran á su 
aprobación ; pero de ninguna manera lo sería para que los 
americanos lo combatieran. 

Si el proyecto de ley perjudica la importación de artículos 
similares á los nuestros, en cambio aumentará nuestra pro- 
ducción, y por consiguiente aumentará también la demanda 
de trabajo en nuestras fábricas. Esta podrá ser una buena 
razón para que el pequeño jornal de otros países se muestre 
contrario al proyecto de ley ; pero ofrece las mejores razones 
para que los obreros americanos lo apoyen, como lo hacen. 



37 

No tratamos de ocultar el objeto del proyecto de ley; quere- 
mos, por lo contrario, que lo conozcan nuestros compatrio- 
tas y todo el género humano. Su objeto no es otro que au- 
mentar nuestra producción, diversificar nuestras industrias 
productivas, desarrollar la agricultura y acrecentar la de- 
manda de obreros americanos. 

¿Qué pueden oponer los americanos á estos laudables y 
patrióticos fines? Los no americanos tendrían razón al ha- 
cerlo. Este proyecto de ley es exclusivamente americano. 
Se hace para el pueblo americano y para los intereses ameri- 
canos. 

Importancia del Mercado Interior. 

Nuestro mercado interior iguala á todo el comercio 
internacional del mundo. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero i 
de 1904. 

Sr. Presidente: pido autorización para incluir en el Acta 
un meditado é imparcial estudio sobre nuestro comercio ex- 
terior é interior, hecho por el Hon. O. P. Austin, de la Ofi- 
cina de Estadística del Departamento de Comercio. 

( Informe presentado ante la Cámara de Comercio de Roch- 
ester (N. Y.) por O. P. Austin, jefe de la Oficina de Esta- 
dísticas del Departamento de Comercio, Jueves, Enero 7.) 

Antes de estudiar las cuestiones que se refieren á los mer- 
cados de otras partes del mundo, permitidme llamaros la 
atención sobre, la importancia de nuestro mercado interior. 
Antes de establecer las cifras del valor de nuestro comercio 
interior, quiero daros un cálculo estimativo, un resumen 
completo de su importancia y de su desarrollo. El comercio 
internacional del mundo, todo el comercio extranjero de 
todas las naciones y colonias de la tierra, hasta donde es 
posible apreciarlo, llegó en el año 1900 á cerca de 20,000 
millones de pesos. Ese es el total de las importaciones y 
exportaciones combinadas de todos los Estados y colonias de 
bastante importancia para que se tenga en cuenta su movi- 
miento comercial. 

Hace un tercio de siglo, el año 1870, el comercio inter- 
nacional del mundo fué de 1 1,000 millones de pesos; pero el 
desarrollo y empleo del vapor, del acero y de la electricidad 
en los transportes comerciales, por mar y por tierra, durante 



38 

el maravilloso período en que ha vivido esta generación, hizo 
subir aquella cifra á 22,000 millones en el año 1903. 

El comercio interior de los Estados Unidos fué, en 1870, 
de 7,000 millones de pesos, y en 1900 subió á 20,000 millones. 
Partiendo de esta base de 20,000 millones en 1900, y teniendo 
en cuenta el rápido desarrollo que se ha notado en todos los 
ramos del comercio y de la industria durante aquel período 
de tiempo, podemos calcular con toda seguridad que el co- 
mercio interior de los Estados Unidos en 1903 será de 22,000 
millones de pesos, suma que iguala actualmente á todo el 
comercio internacional del mundo en el citado año. 

Pensad en ello, hombres de Rochester ; y vosotros, produc- 
tores, manufactureros, comerciantes y banqueros. Pensad 
en ello. El comercio interior de nuestra patria, nuestro 
comercio doméstico, en el que transportáis vuestras mercan- 
cías desde la puerta de la fábrica hasta la puerta del con- 
sumidor, sin emplear más tiempo que el estrictamente nece- 
sario, es igual á todo el comercio internacional del mundo. 

Y no solamente es cierto que nuestro comercio interior 
iguala al comercio internacional de todo el mundo, sino que 
aumenta con mucha más rapidez que éste, porque, como ya 
he dicho, el comercio interior de los Estados Unidos ha subi- 
do de 7,000 millones de pesos en 1870, á 22,000 en 1903, en 
tanto que el comercio internacional na subido de 11,000 
millones en 1870, á 22,000 millones en 1903, ó en otras pala- 
bras, mientras el comercio internacional del mundo es ahora 
dos veces mayor que en 1870, el comercio interior de los 
Estados Unidos es hoy tres veces mayor que en ese mismo 
año. 

Ahora veamos las consecuencias : En 1870 nuestra pro- 
ducción de trigo fué de 235,000,000 de fanegas ; en 1903 fué 
de 637,000,000. Cerca de tres veces mayor, en tanto que la 
población solamente ha aumentado un poco más del doble. 
De maíz, nuestra producción en 1870 fué de 1,000,000,000 
de fanegas; en 1903 subió á 2,250,000,000. En 1870 nues- 
tra producción de algodón fué de unas 3,000,000 de balas; 
en 1903 subió á 10,000,000 de balas. 

En 1870 nuestra producción de acero no llegó á 100,000 
toneladas; en 1903 pasó de 15,000,000 de toneladas. Nues- 
tra producción de hierro y acero es hoy mayor que la de 
Inglaterra y Alemania juntas, y representa cerca de una 
tercera parte de la de todo el mundo. En 1870 nuestra pro- 
ducción de cobre no pasó de 13,000 toneladas; en 1903 llegó 



39 

á 280,000 toneladas, y hoy producimos la mitad del cobre 
del mundo. 

Veamos los resultados financieros por lo que respecta á 
nuestro país. El comercio interior, como ya he dicho, ha 
aumentado de 7,000 millones de pesos á 22,000 millones ; el 
comercio exterior ha aumentado á su vez de 828 millones á 
2,445 millones, y las exportaciones solas, de 392 millones á 
1,420 millones. Con ese aumento de producción y comercio 
ha coincidido un aumento de riqueza y de acumulación mone- 
taria. El total del dinero en circulación en 1870 era de 675 
millones de pesos: en 1903 era de 2,466 millones, ó sea cua- 
tro veces mayor. El dinero en circulación en 1903 represen- 
taba unos 30 pesos por cabeza, mientras que en 1870 sólo 
representaba unos 17.50 por cabeza. 

La riqueza total del país, según el censo de 1870, era de 
30,000 millones de pesos; en 1900 se calculó en 94,000 millo- 
nes, y hoy puede asegurarse que pasa de 100,000 millones 
de pesos. 

La riqueza media por cabeza, según las anteriores cifras, 
era en 1870 de $780, y en 1903 $1,250, ó sea un aumento de 
60 por ciento. Él total de los depósitos en todos los bancos 
del país era en 1875, y en números redondos, de $2,000,000,- 
000. En 1902 alcanzó la enorme cifra de 9,000 millones, 
habiéndose cuadruplicado en el espacio de veinte y siete años. 

Pero la cifra más elocuente que encontramos en esta esta- 
dística bancaria, porque evidencia la excelente situación eco- 
nómica del pueblo americano, es la que nos ofrecen los bancos 
y cajas de ahorro, instituciones que guardan las economías 
de los obreros, de las viudas y de los huérfanos del país. 
Esa cifra ha aumentado de $550,000,000 en 1870 á 2,935 
millones en el año de 1902. 

¿ Qué pensáis, hombres de negocios, del porvenir de un país 
cuyos obreros y obreras y niños tienen cerca de TRES MIL 
MILLONES DE PESOS ahorrados para "un caso de apu- 
ro?" 

La Gran Bretaña se Prepara para Adoptar 
las Tarifas Proteccionistas Republicanas. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick. de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de 
1004. 

Sr. Presidente: en el debate habido en esta Cámara du- 
rante los últimos días, en el cual se han tratado múltiples 



4-0 

asuntos, hemos tenido ocasión de oír á algunos representan- 
tes del propio partido demócrata afirmar que la tarifa pro- 
teccionista es la madre de los trusts, que el consumidor paga 
el impuesto de la tarifa y que el pueblo viene siendo robado 
en muchos millones con injustos impuestos para acumular 
un enorme sobrante que el Secretario del Tesoro manipula 
en beneficio de los bancos y de los políticos. 

Sabemos que no hay razón para semejantes cargos. El 
pueblo americano ha encontrado injustas esas acusaciones y 
las ha despreciado. En 1896 combatieron la ley de tarifas 
Wilson y en 1900 propusieron las tarifas Dingley. A pesar 
de eso, el partido demócrata no aprendió nada de la experien- 
cia. Las lecciones del pasado han sido inútiles para ellos. 
Olvidan las "soup houses" de 1893 á. 1896, las chimeneas sin 
humo, las factorías cerradas, los obreros sin trabajo, los 
sufrimientos y las necesidades que marcaron aquel período 
de depresión, resultantes de la última revisión de las tarifas 
democráticas. Es más evidente cada día que las tarifas se 
imponen para 1904. 

El debate que hemos presenciado aquí esta semana no es 
otra cosa que la primera escaramuza de la campaña presiden- 
cial. Aunque el partido demócrata marcha bajo la bandera de 
los impuestos interiores solamente, ó bajo la nueva bandera 
de la reforma de las tarifas, la campaña se hará contra la polí- 
tica proteccionista del partido republicano. Los asaltos del 
enemigo se dirigirán contra el grandioso edificio industrial 
levantado por el sistema de tarifas republicano. Celosos de 
la gran prosperidad de los manufactureros americanos que 
los coloca en condición de invadir los mercados del mundo 
y competir con éxito con los manufactureros del extranjero 
en su propio país, los demócratas se proponen ya reducir 
esas tarifas proteccionistas que han producido el maravi- 
lloso desarrollo de nuestro comercio interior y exterior. 

Las últimas cifras oficiales demuestran que no ha habido 
disminución en esa gran cantidad de productos alimenticios 
y artículos manufacturados que salen de nuestros puertos 
para ir á abastecer los mercados extranjeros. El informe 
de la Tesorería en Octubre de 1903 demuestra que los Esta- 
dos Unidos exportaron en ese mes mercancías por la enorme 
suma de $160,370,059, cantidad que sólo ha sido sobrepasada 
una vez en nuestra historia. El mejor año para nuestro 
comercio de exportación fué el de 1900, y en aquel mes de 
Octubre las exportaciones excedieron á las del de este año en 



4i 

unos $16,000,000. Mientras nuestras exportaciones aumen- 
taron el mes pasado, las importaciones disminuyeron, dán- 
donos un balance comercial en nuestro favor de $78,493,094, 
ó sea un exceso respecto del balance del mismo mes en el 
último año de $21,535,696. Las exportaciones de Noviembre 
escasamente excedieron á las de Octubre, mientras que las 
importaciones bajaron, resultando un balance en nuestro 
favor de $83,000,000, ó séase $5,000,000 de más que en las 
entradas de Octubre. El ventajoso balance comercial de los 
Estados Unidos durante los diez primeros meses del co- 
rriente año es próximamente de $309,000,000 contra el ba- 
lance del mismo período del año 1902, que ascendió á $298,- 
000,000. 

Estas alentadoras cifras demuestran cuan resbaladizo es el 
terreno para los que censuran la actual situación de nuestro 
comercio. Mientras los acaudalados de Wall Street han 
andado á través de un período de depresión industrial, el 
país, entregado á sus propias fuerzas, continúa su creciente 
progreso en la paz de la prosperidad y el desarrollo de los 
negocios. 

Mientras que la reforma de las tarifas es patrocinada en 
este país por el partido demócrata, uno de los grandes par- 
tidos políticos de la Gran Bretaña aboga también por la re- 
forma de las tarifas y hace propaganda entre los electores 
para un llamamiento al país en ese sentido. Pero la reforma 
de las tarifas en la Gran Bretaña significa exactamente lo 
contrario de lo que significa en los Estados Unidos. En 
este país la reforma de las tarifas significa la rebaja de los 
derechos de aduanas. En la Gran Bretaña, bajo la jefatura 
de algunos de sus más grandes estadistas, la reforma de las 
tarifas significa la implantación de derechos de aduanas en 
sustitución del libre-cambio. Los libre-cambistas de los Es- 
tados Unidos y los defensores de los impuestos interiores 
únicamente han citado siempre con cierto orgullo á la Gran 
Bretaña como una defensora de las bellezas del sistema libre- 
cambista. Los jefes del partido conservador atacan actual- 
mente ese sistema y hacen constar que retrasará al país en 
vez de ayudarlo en la gran contienda que actualmente sostie- 
nen las naciones por la supremacía comercial. 



42 



Los Países que han Adoptado el Sistema 
Proteccionista. 

Han progresado en mayor escala y más rápidamente 
que nosotros. 

Extracto de un discurso del Hon. Joseph Chamberlain pronunciado 
en Liverpool, publicado en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Enero 5 de 1904. 

(Del hondón Daily Telegraph.) 
Discurso de Joseph Chamberlain en Liverpool. 

Mr. Chamberlain, á quien se hizo una entusiasta recepción, 
dijo : 

"Deseo expresaros las más sinceras gracias de Mrs. Cham- 
berlain y las mías propias por la cordial bienvenida que se 
nos ha hecho en Liverpool (Atención! Atención!) y deciros 
que al venir aquí con sumo gusto á hablaros acerca de lo que 
considero el asunto más importante del dia, me congratulo 
al creer que vengo á ruegos de una gran asociación de obre- 
ros. (Aplausos.) 

Ante todo os diré que deseo presentar ante vosotros un 
cuadro completo de la situación á que hemos llegado. ¿ Qué 
actitud es la mía? ¿Con qué argumentos la sostengo? 
¿Cuáles son las objeciones de mis adversarios? Pues bien; mi 
opinión es que el comercio de este país calculado (y creo que 
fácilmente se le puede calcular) por las exportaciones á los 
países extranjeros y á las colonias Británicas, ha permane- 
cido estacionario durante los últimos veinte ó treinta años; 
que nuestro comercio de exportación con todos aquellos 
países que han establecido tarifas contra nosotros, ha au- 
mentado de una manera enorme. 

También conviene hacer notar que aquellos países extran- 
jeros que han adoptado el proteccionismo, han progresado 
en mayor escala y más rápidamente que nosotros mismos; 
y asimismo afirmaré que esta tendencia, que se ha hecho 
más manifiesta en estos últimos años, es considerada por los 
hombres habituados á los negocios como llamada á mani- 
festarse más marcadamente á medida que pase el tiempo. 

Cualesquiera que sean hoy nuestras pérdidas comerciales, 
puedo aseguraros que serán mucho mayores algún día si con- 
tinuamos con nuestro actual sistema. (Aplausos.) Y la 



43 

razón es obvia. No sólo subsisten las viejas causas, sino 
que otras nuevas han venido á actuar. 

Hay un proceso cuyo nombre hemos tomado de los Estados 
Unidos y que vosotros conocéis por "dumping." ¿Qué es 
"dumping?" "Dumping" es la colocación del exceso de cual- 
quier manufactura en cualquier país que está en condiciones 
de tomarlo. El "dumping" se realiza cuando el país que lo 
adopta tiene una producción mayor que su propia demanda. 
No estando en condiciones de disponer de ese exceso en casa 
lo envía á cualquier otra parte. (Risas.) 

Ahora bien; Inglaterra, el Reino Unido, es el único país 
donde ese procedimiento puede emplearse con éxito, porque 
es el único país que tiene puertos francos. 

Los demás países — es decir, los grandes países — donde 
se efectúa el "dumping," adoptan una tarifa, grande ó pe- 
queña, para impedir la entrada de esos artículos. 

Hay artículos sobrantes que se echan fuera á bajo precio 
y que podéis encontrar en las realizaciones de los grandes 
almacenes, cuyo efecto es ruinoso para los pequeños comer- 
ciantes de la vecindad; así los artículos sobrantes de todos 
los países productores del mundo pueden muy bien arruinar 
el comercio de este país. (Aplausos.) 

Es de notarse que el "dumping" se efectúa especialmente 
cuando el país que lo emplea se halla en estado de postra- 
ción. Siempre que un país está en condiciones de adquirir 
todos sus productos para su propio uso, así lo hace. Pero 
cuando el comercio decae, bien sea en Alemania, en los Es- 
tados Unidos, ó en cualquiera otro país que estuviese sujeto 
á nuestro sistema actual, no haría lo que nosotros en igual- 
dad de circunstancias ; no cerrarían sus tiendas, ni apagarían 
sus calderas, ni clausurarían sus fábricas. No; producirían 
mucho al más bajo precio posible y venderían el sobrante á 
cualquier precio en Inglaterra. (Aplausos.) 

¿ Qué propongo yo para evitar este estado de cosas ? En 
primer lugar, hacer la guerra con armas iguales. (Aplau- 
sos.) Tratarlos como ellos nos tratan, hasta que nos traten 
mejor. (Aplausos.) Y propongo tratar á nuestras colonias 
mejor de lo que lo hemos hecho hasta ahora. Y como con- 
secuencia de esto espero algo más grande en mi concepto que 
el engrandecimiento del comercio ; aun más grande que la 
prosperidad material. Espero dejar firme y profundo el 
cimiento de ese futuro imperialismo que ensancha mi corazón 
cuando miro hacia adelante en la historia del mundo. 



44 

¿Cuál es el problema que más afecta á las clases obreras 
de este país? Está contenido todo en esta sola palabra: 
Trabajo. (Aplausos.) Alimentos baratos, vida más cómo- 
da, salarios más elevados, pues todas estas cosas, de suyo 
tan importantes, están contenidas en la palabra trabajo. 
(Aplausos.) Si esta política os proporciona más trabajo, 
todas las demás serían inútiles para vosotros. Si perdéis 
vuestra ocupación todas las demás no os compensarían de esa 
pérdida. (Aplausos.) 

Hay algo también muy interesante, y que me parece se ha 
escapado á la atención de muchos de mis adversarios, y es 
que cuando el libre-cambio fué establecido, las clases traba- 
jadoras no estuvieron representadas, ni fueron consultadas. 
(Aplausos.) No aseguro que esto hizo bueno ó malo el 
libre-cambio; pero es un hecho que fué un movimiento de 
los manufactureros y de la clase inedia. (Aplausos.) 

Los jefes del movimiento, ó algunos de ellos confesaron 
que creían posible que los salarios llegarían á lo que ellos 
llamaban un nivel razonable. Creyeron que el precio de los 
alimentos bajaría, y que teniendo el alimento más barato, el 
obrero trabajaría por menos salario. 

Y es curioso recordar que mucho después de establecido 
el libre-cambio, es decir, mucho después de 1888, Mr. Bright, 
escribiendo á un amigo de América, y protestando contra la 
doctrina proteccionista, le indicaba que si los americanos 
hacían esa política subirían mucho los salarios de las clases 
obreras. (Aplausos.) Muchos salarios y pocas horas de 
trabajo. 

No creo que esto fuera una desventaja en ningún caso; 
lo que necesito explicar es que, con razón ó sin ella, los 
jefes del movimiento libre-cambista creían que el pan grande 
significa jornal pequeño. 

En el Reino Unido el Comercio ha Estado 

Prácticamente Estancado Durante 

más de Treinta Años. 

Varias verdades profundas del H011. Joseph Chamberí ain 

acerca de las tarifas proteccionistas. 

Extracto del discurso del Hon. Joseph Chamberlain en Glasgow, 
publicado en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de 1904. 

(Del London Daily Telegraph.) 

Al empezar su discurso Mr. Chamberlain fué saludado con 
grandes aplausos. La concurrencia se puso de pie agitando 



45 

los pañuelos y los sombreros. Restablecido el silencio dijo 
el orador: 

"Sir Matthew Arthur, señoras y señores : mi primer deber 
es dar las gracias á esta respetable concurrencia por haberme 
ofrecido la oportunidad de explicar por primera vez y de- 
talladamente mis ideas sobre nuestra política fiscal. (Aplau- 
sos.) No desearía mejor programa que éste. (Aplausos.) 

Señoras y señores : no siento ningún tremor al venir aquí, 
la patria de Adam Sniith, para combatir el libre-cambio. No 
os diré que vaticino una catástrofe grande y rápida para el 
comercio británico ; pero sí os digo que ya veo los signos de 
la decadencia. (Aplausos.) Que ya veo grietas y hende- 
duras en las paredes del gran edificio ; que los cimientos en 
que descansa no son bastante anchos, ni bastante profundos 
para sostenerlo. (Aplausos.) 

¿Cuáles son los hechos? El año 1900 fué el mejor para el 
comercio británico. Las exportaciones fueron las mayores 
que jamás hemos visto. El año 1902 — último año — fué casi 
tan bueno, y si comparáis el comercio en 1872, hace treinta 
años, con el comercio de 1902 — el comercio de exportación — 
encontraréis que ha habido un pequeño aumento de veinte 
millones. 

El citado aumento de veinte millones fué con nuestro libre- 
cambio. En el mismo espacio de tiempo el aumento en los 
JEstados Unidos de América fué de ciento diez millones, y 
' el aumento en Alemania fué de cincuenta y cinco millones. 

En el Reino Unido el comercio ha estado prácticamente 
estancado durante más de treinta años. Vino abajo en ese 
intervalo. Mientras tanto los países protegidos, como ya lo 
habéis oído, han progresado en una proporción infinitamente 
mayor que el nuestro. 

Pero no es esto todo. El montante de nuestro comercio 
ha permanecido estancado; pero en cambio el carácter de 
nuestro comercio ha variado por completo. Cuando Mr. 
Cobden predicaba sus doctrinas creía, y entonces tenía 
muchas razones para suponerlo, que mientras los países ex- 
tranjeros nos suministraran nuestros comestibles y nuestras 
materias primas, seguiríamos siendo el mercado del mundo, 
al que enviaríamos en cambio nuestras manufacturas. 

Pero eso es precisamente lo que no hemos hecho. Por 
lo contrario ; en el período á que me he referido les hemos 
enviado menos y menos artículos manufacturados, y ellos nos 
han enviado más y más artículos manufacturados. (Aplau- 



4 6 

sos.) Ahora bien; yo sé muy bien lo difícil que es para un 
auditorio como este el prestar oído á cifras. Os daré el 
menor número posible de ellas, pero debo daros algunas para 
fijar las bases de mi argumentación. (Aplausos.) 

Tengo en mi poder un cuadro comparativo, y en él basaré 
todo mi razonamiento. Entresacaré algunas cifras. Así 
llegaréis á conocer nuestro comercio. Nuestra existencia 
como nación depende de nuestra capacidad y producción 
manufactureras. No somos un pueblo agrícola. La agri- 
cultura no será jamás la fuente principal de nuestra pros- 
peridad. Somos un gran pueblo manufacturero. Ahora 
bien; en 1872 enviamos á los países proteccionistas de Eu- 
ropa y á los Estados Unidos de América £116,000,000 de 
artículos manufacturados. En 1882, diez años después, ba- 
jaron á ¿88,000,000. En 1892, diez años después, bajaron á 
¿75,000,000. 

En 1902, aunque las exportaciones aumentaron en general, 
las de artículos manufacturados bajaron aún á ¿73,500,000; 
y el resultado total de esto es que desde hace treinta años 
estamos enviando ¿42,500,000 de manufacturas menos á los 
países proteccionistas. 

Durante ese período de treinta años en que nuestras ex- 
portaciones de productos manufacturados bajaron ¿42,500,- 
000, ¿qué ha ocurrido con sus exportaciones para Inglaterra? 
Han subido de 63 millones en 1872, á 149 millones en 1902. 
Han aumentado en 86 millones. 

No diré por ahora si eso es bueno ó malo ; pero cuando 
alguien dice que debemos tener idéntica opinión sobre cosas 
que hicieron nuestros mayores, mi réplica es que eso estaría 
bueno si las circunstancias continuaran siendo las mismas. 
(Aplausos.) 

Ahora bien ; si he logrado presentar con claridad aquellas 
cifras, me queda algo que decir, y es que en la hora presente 
nuestro comercio nacional nos es absolutamente necesario 
para nuestra prosperidad. (Aplausos.) 

Si ese comercio declina, ó si no aumenta en proporción á 
nuestra población, entonces pasaremos á la categoría de 
nación de quinto orden. (Aplausos.) Nuestro destino será 
el destino de los imperios y reinos del pasado. 



47 



Irlanda Bebe hasta las Heces la Copa del 
Libre- Cambio. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. P. Frye, de Mame, 
página 651 del Diario de Sesiones del Congreso, primera sesión. 

Irlanda en un tiempo soportaba con razonable comodidad 
8,000,000 de habitantes. Sus manufacturas de hilo, seda, 
lana y algodón, protegidas por tarifas y estimuladas por sub- 
sidios, absorbían su capital, empleaban sus obreros, vigori- 
zaban una multitud de industrias y aseguraban la prosperi- 
dad del país. 

Inglaterra, su amiga próxima, la aconsejó, la acarició, la 
aduló y la hizo creer que podía cultivar materias primas en 
sus fértiles campos, vendérselas á ella, comprarle los produc- 
tos manufacturados más baratos de lo que ella podía hacerlos, 
y que el libre-cambio sería para ella una bendición nacional. 

Engañada por Inglaterra, Irlanda consintió, su tarifa fué 
gradualmente limitada, paulatinamente destruida; sus sub- 
sidios suprimidos. Desde entonces ha estado sembrando 
materia prima, vendiéndosela á Inglaterra, comprándole los 
artículos manufacturados á precios determinados por Ingla- 
terra misma, y hoy, con 5,000,000 de habitantes, es el país 
más pobre, más perturbado y más devastado de la tierra. 

Irlanda bebe hasta las heces la copa del libre-cambio que 
Inglaterra le ha puesto en los labios. Thomas Francis Mea- 
gher, el patriota irlandés, en un discurso pronunciado en 
Dublin en 1847, resumió así los resultados que dio á su 
desgraciado país la amistad de Inglaterra : 

"La manufactura de algodón de Dublin, que empleaba 
14,000 obreros, ha sido destruida ; los tres mil telares de seda 
de Liberty han sido destruidos ; las manufacturas de estofa y 
sarga que empleaban 1,491 operarios, han sido destruidas ; 
los telares de calicó de Balbriggan han sido destruidos; la 
manufactura.de franela de Rotterdam ha sido destruida; la 
manufactura de mantas de Kilkenny ha sido destruida; el 
comercio de camelote de Bandon, que producía £100,000 al 
año, ha sido destruido; las manufacturas de estambre de 
Waterford han sido destruidas ; las manufacturas de paños 
de Carrick-on-Suir han sido destruidas; sólo un negocio 
sobrevive, medra, florece y no está expuesto á quiebras : el de 
los fabricantes de ataúdes. " 

Y todavía Inglaterra espera, y el partido demócrata confía 



4 8 

en que los irlandeses ciudadanos americanos de esta Repú- 
blica voten, en las próximas elecciones Presidenciales, por el 
libre-cambio. 



" El Club Cobden." 

jUna organización que presagia la muerte de las 
industrias irlandesas. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. Woodburn, de Nevada ; 
página 4002 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso. 

Estoy ansioso por saber si los ciudadanos adoptivos de na- 
cimiento irlandés, y sus descendientes, seguirán perpetuando 
en el poder un partido cuyos principales miembros encabezan 
la lista de una organización que presagia la muerte no sólo 
de las industrias americanas, sino también de las irlandesas. 
Cobden creía que la independencia parlamentaria de Irlanda 
carecía de valor en absoluto. ¿ Tendrán valor para apoyar en 
las urnas, para el alto cargo de Presidente de los Estados 
Unidos, al jefe de ese partido, cuando saben por los telegra- 
mas de Londres que los fondos sobrantes del Club Cobden 
se destinaran á ayudar á Cleveland en sus esfuerzos por en- 
tregar el control de los mercados americanos á los comer- 
ciantes ingleses? 



El Libre- Cambio es una Completa Farsa. 

Campaña proteccionista de Mr. Balíbur. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de 
1904. 

El primer ministro Balfour pronunció un discurso en Shef- 
field, en defensa de las tarifas proteccionistas. Ese discurso 
ha sido calificado como uno de los más importantes en la 
historia de Inglaterra. Se refiere al hecho de que durante 
mucho tiempo ha existido gran ansiedad en todos los parti- 
dos de Inglaterra sobre la situación del comercio Británico 
en relación con el comercio del mundo. 

Desde hace sesenta años, dijo, se vienen refutando las pro- 
fecías de Cobden y de los reformadores de las tarifas, asocia- 
dos á él en el movimiento de 1846. Si bien es cierto que las 
reformas llevadas á cabo en ese año fueron necesarias en 



49 

aquel tiempo, cada año de los últimos treinta ha echado por 
tierra sus profecías. Cobden, añadió, fué un gran hombre; 
pero no previo los acontecimientos de los últimos cincuenta 
años que convirtieron el libre-cambio en una completa farsa. 

Nuestras propias colonias, nuestra propia sangre, el verda- 
dero nervio de nuestro creciente imperio, están creando vas- 
tos intereses á la sombra de otros sistemas de protección, que 
cuando lleguen á su lógica conclusión, las hará tan ricas y 
prósperas como los Estados Unidos y otros países protec- 
cionistas. 

Y mientras tanto nada hemos hecho en Inglaterra para 
poner término á un estado de cosas tan inconsistente como el 
libre-cambio tal como lo entendía Cobden. Confieso que 
cuando oigo criticar la política de los Estados Unidos y de 
Alemania, que ha creado aquellas grandes naciones indus- 
triales, ayudando su maravillosa expansión comercial por me- 
dio de tarifas proteccionistas, se me figura que ofrecen un 
argumento contra el cual no tengo ninguna réplica. 

Esos países, aunque proteccionistas, han establecido un 
permanente libre-cambio dentro de los límites de su propio 
territorio, donde, además, se ha suprimido todo aquello que 
pudiera perjudicar el desenvolvimiento de la riqueza. Y se 
preguntarán si nosotros, en el imperio Británico, podemos 
presentar un cuadro semejante, y si nuestro decantado libre- 
cambio incluye aquellas grandes colonias autónomas que tan 
orgullosamente consideramos como los grandes puntales que 
sostendrán nuestro Imperio en el porvenir. 

El libre-cambio, repito, es una verdadera farsa; porque es 
un hecho que las naciones extranjeras están haciendo todo lo 
posible para anular nuestras industrias, excluir nuestras ma- 
nufacturas y limitar nuestro comercio internacional. Creo en 
los remedios, no en los paliativos. El mal ha ido ya dema- 
siado lejos. No conseguiréis que las grandes naciones comer- 
ciales del mundo abandonen el proteccionismo. Tampoco de- 
searéis, supongo, que las grandes colonias autónomas re- 
trocedan en el camino que nosotros, sin cortapisas, les hemos 
permitido seguir. 

Cobden confiaba y creía en un libre-cambio universal. Y 
lo que, en suma, hemos logrado hasta ahora es un mundo en 
que las relaciones mercantiles internacionales están entera- 
mente regidas por medio de tratados. 

Es una insensatez pretender que nosotros, la nación más 
comercial del mundo, nos adelantemos á decir : "Queremos 



5° 

concertar tratados con vosotras; pero no tenemos nada que 
daros, ni nada que recibir de vosotras. Nos ponemos á mer- 
ced de vosotras. Recordad cuánto bien hemos hecho á vues- 
tro comercio, como hemos ayudado á su desarrollo y cuánto 
podemos seguir haciendo en vuestro obsequio, y servios no 
olvidarnos cuando celebréis vuestro próximo tratado de co- 
mercio." (Risas.) 

¿ Son acaso diferentes los convenios que celebran las na- 
ciones con objeto de establecer derechos sobre los productos 
manufacturados, y los tratados que celebran con cualesquiera 
otros fines? 

Nuestros antepasados lucharon para que llegáramos á la 
situación actual. Yo pido hoy á la nación que siga su ejemplo 
y no se deje seducir por engañosos é inútiles debates. De- 
bemos mitigar en todo lo posible el daño que nos causa el 
libre-cambio. 

Ningún libre-cambista puede negar que Inglaterra ha su- 
frido mucho en su comercio extranjero, y que su comercio y 
su industria han caído en una lamentable postración. Cobden 
no soñó jamás en una situación en que Inglaterra sola tuviese 
libre-cambio y las demás naciones estuviesen al amparo de un 
sistema proteccionista, lo que ha causado un daño inmenso 
al capital y al trabajo inglés. 

Los Estados Unidos han Progresado á Pasos 
Agigantados. 

Extracto de las declaraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Penn- 
sylvania, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 
20 de 1904. 

La Comisión Industrial de Monseley, presidida por Mr. 
Alfred Monseley, conocido capitalista y manufacturero 
inglés, interesado en la prosperidad de las industrias y de los 
obreros de su país, estaba formada por los secretarios de las 
uniones mercantiles que representan los grandes centros ma- 
nufactureros del Reino Unido. 

Visitaron los grandes centros industriales de los Estados 
Unidos, estudiaron durante los meses de Octubre, Noviem- 
bre y Diciembre de 1902 las varias clases de industrias en 
que, como hombres prácticos, podían encontrar algo útil, y, 
de regreso en Inglaterra, presentaron un minucioso informe, 
ó mejor dicho, una serie de informes. 



5 1 

El mismo Mr. Monseley dice lo siguiente en la primera 
página del informe : 

"En mis viajes alrededor del mundo, y muy particular- 
mente por los Estados Unidos, he llegado á convencerme de 
que, como país manufacturero, los Estados Unidos marchan 
á un paso nunca igualado ni por los capitalistas, ni por los 
obreros ingleses. Por consiguiente, he llegado á la conclu- 
sión de que sería muy necesario á los mismos obreros el in- 
teresarse personalmente en ese desarrollo extraordinario,, y 
he decidido invitar á los secretarios de las asociaciones que 
representan las principales industrias del Reino Unido á que 
me acompañen en un viaje de estudio de la situación indus- 
trial al otro lado del Atlántico. 

En mis anteriores viajes á los Estados Unidos quedé fa- 
vorablemente impresionado por los excelentes métodos de 
protección que allí existen, no sólo en lo que respecta al 
desenvolvimiento de los negocios, sino también al buen orden 
y conveniente dirección de las fábricas. Allí los manufactu- 
reros no vacilan en introducir las mejores máquinas á cual- 
quier costo, y de vez en cuando sacrificar grandes sumas en 
modificar los antiguos aparatos y procedimientos. 

La maquinaria es usada en rodas partes, y su empleo es 
bien acogido por los obreros; porque la experiencia les ha 
demostrado que la máquina es su mejor amigo. Ella libra 
al obrero de muchas miserias, hace subir los salarios, tiende 
al mejoramiento de la vida, y más bien crea nuevos medios 
de subsistencia que reduce el número de los traba-j adores. 

En los Estados Unidos los manufactureros prefieren más 
bien pagar crecidos salarios á pocos obreros que reducidos 
jornales á muchos, fundándose en la razón de que cada hom- 
bre ocupa mucho lugar en la fábrica, que esto representa 
mucho capital empleado, y que, por otra parte, cuanto mejor 
pagado está el obrero, más produce, y cuanto más produce, 
más utilidad deja su trabajo. 

Los Estados Unidos han progresado á pasos agigantados. 
Ello es el resultado de los beneficiosos efectos de la educación 
de las masas, y del enorme territorio que les proporciona to- 
dos los recursos necesarios para su desarrollo moral y mate- 
rial. Actualmente el mercado interior de los Estados Unidos 
está tan completamente ocupado en su propio desarrollo, que 
el comercio de exportación ha sido hasta ahora comparativa- 
mente pequeño. Pero pasará el tiempo, y las numerosas 
fábricas que hoy se están levantando empezarán á funcionar, 



y entonces los Estados Unidos llegarán á ser el más formi- 
dable concurrente en los mercados del mundo. 

¿Cómo es que los manufactureros americanos pueden pa- 
gar salarios elevados y al mismo tiempo competir victoriosa- 
mente en los mercados extranjeros? La respuesta pudiera 
encontrarse en esas pequeñas economías que se escapan á una 
vista poco práctica. Que el obrero americano gana mayor 
salario que el europeo es cosa que está fuera de duda. Como 
consecuencia de ello la mayoría de los hombres casados son 
dueños de la casa en que viven, lo que no solamente les hace 
propietarios en su patria, sino que les ahorra el pago de al- 
quileres, poniéndolos en condición de aumentar sus econo- 
mías, ó de proporcionarse mayores comodidades. 

Los artículos alimenticios son tan baratos (si no más bara- 
tos) en los Estados Unidos como en Inglaterra, en tanto que 
las necesidades pueden ponerse, según creo, al mismo nivel. 
Generalmente se admite que el obrero americano, como con- 
secuencia de la frecuente aplicación de las máquinas y la ex- 
celente organización de las fábricas, no necesita emplear un 
exceso de trabajo, como sucede aquí. Está infinitamente 
mejor pagado, por consiguiente, mejor alojado, alimentado 
y vestido, y es, en fin, en su inmensa mayoría, mucho más 
sobrio. En semejantes condiciones es natural que sea más 
saludable. 

El combustible y la materia prima tienen casi el mismo 
precio en los Estados Unidos que en Europa, y en esto no nos 
llevan mucho ventaja. Pero los medios de transporte, tanto 
por tierra como agua, son seguramente mejores y más bara- 
tos. 

En los Estados Unidos se oye con frecuencia hablar contra 
los trusts; pero personalmente me inclino más bien á recono- 
cer las ventajas de esas empresas ; porque las grandes organi- 
zaciones comerciales que emplean mucho capital están en me- 
jores condiciones para competir en toda clase de manufac- 
turas, pueden sin riesgo subir los jornales, están en posición 
de combatir contra cualquier competencia, pueden emplear 
excelente y abundante maquinaria, pueden construir fábricas 
amplias y bien ventiladas, y velar mejor por la comodidad y 
bienestar de los obreros que las pequeñas manufacturas indi- 
viduales que luchan con máquinas viejas y con pequeño 
capital. 

Creo que en la organización del capital por una parte, y 
en una completa organización del trabajo por otra, es en 



53 

donde únicamente puede encontrarse la solución de los gran- 
des problemas económicos que actualmente ocupan la aten- 
ción de los hombres de Estado. 



Los Beneficios del Proteccionismo Alcanzan 

Ante Todo a los Hombres que Ganan 

el Pan con el Sudor de 

sus Frentes. 

Extracto de la réplica del Hon. James G. Blaine, de Maine, al 
Hon. William E. Gladstone, publicada en la "North American 
Review" de Enero de 1890 y reproducida en el Diario de Sesiones 
del Congreso, Junio 10 de 1896. 

Mr. Gladstone da como cierto que si las manufacturas pro- 
tegidas en los Estados Unidos florecen y prosperan, lo hacen 
á expensas del agricultor, que de todas maneras, y según 
opinión de los libre-cambistas, es la víctima propiciatora del 
proteccionismo. Tanto Mr. Gladstone como los libre-cam- 
bistas de los Estados Unidos están en el deber de explicar 
por qué los Estados agrícolas del Oeste han aumentado en 
riqueza, durante el largo período de proteccionismo, más 
rápidamente que los Estados manufactureros del Este. La 
afirmación de los libre-cambistas puede contestarse conclu- 
yentcmente con sólo citar el censo de los Estados Unidos del 
año 1860 y también el del año 1880. 

En 1860 ocho Estados manufactureros del Este (los seis 
de Nueva Inglaterra, juntos con los de Nueva York y Penn- 
sylvania) acusaban una riqueza de $5,123,000,000. Veinte 
años más tarde, según el censo de 1880 (con el proteccionis- 
mo en todo su vigor), esos mismos Estados acusaban una ri- 
queza de $16,228,000,000. El aumento, por consiguiente, 
en esos veinte años, fué poco más de un 216 por ciento. 

Veamos cómo adelantaron los Estados agrícolas durante 
ese período. Según el censo de 1860. ocho Estados agrícolas 
del Oeste (Illinois, Indiana, Iowa, Kansas, Michigan, Min- 
nesota, Nebraska y Wisconsin) acusaron una riqueza de 
$2,271,000,000. Veinte años más tarde, según el censo de 
i88o(con el proteccionismo en todo su vigor), esos mismos 
Estados acusaron una riqueza de $11,268,000,000. El au- 
mento en esos veinte años fué de un 396 por ciento, ó séase 
un 180 por ciento mayor que el aumento de los ocho Estados 
manufactureros del Este. 



54 

El caso se repite si observamos los quince Estados del Sur 
en que existía la esclavitud en 1860. Según el censo de 
aquel año, su riqueza era de $6,792,000,000. Pero $2,000,- 
000,000 representaba el valor de los esclavos. Deducidos 
estos, el valor de la propiedad subía á $4,792,000,000. La ri- 
queza, según el censo de 1880, era de $8,633,000,000. El au- 
mento en esos veinte años fué de un 80 por ciento. Hay que 
tener en cuenta que durante ese período siete Estados del Sur 
se empobrecieron por consecuencia de la guerra civil, en un 
grado mayor que lo fué ningún otro país en las guerras de la 
Europa moderna. Hay que considerar también que el sis- 
tema de trabajo por medio del cual se habían adquirido aque- 
llas riquezas, sufrió una completa transformación. Y, sin 
embargo, al final de esos veinte años, los Estados del Sur 
habían reparado todas sus enormes pérdidas y tenían cerca 
del doble de la riqueza que antes poseían. ¿ No demuestran 
esas cifras incontestablemente que la parte agrícola del país, 
Oeste y Sur, prosperó tanto ó más que la parte manufactu- 
rera Este y Norte? Pues ese no se debe á otra cosa que al 
proteccionismo. 

Como Mr. Gladstone considera inmoral el proteccionismo, 
califica su acción como "robo," y por consecuencia, á nues- 
tros manufactureros como "señores ladrones." La intención 
de la frase no es otra cosa que fomentar odios populares con- 
tra los manufactureros americanos que, según ellos, se enri- 
quecen á expensas del pueblo. Esa acusación se repite con 
tanta persistencia que sin duda sus autores la miran como de 
suma importancia para su causa. 

No dejará de sorprender á Mr. Gladstone el saber que 
entre las cincuenta mayores fortunas de los Estados Unidos 
— las que más han llamado la atención en estos últimos diez 
años — con seguridad que una sola procede de manufacturas 
protegidas; y esa fué hecha por un caballero de la misma 
sangre escocesa que Mr. Gladstone.- Las otras cuarenta y 
nueve fueron adquiridas en empresas ferrocarrileras y tele- 
gráficas, en inversiones urbanas, exportando y vendiendo 
mercancías extranjeras, en empresas bancarias, en especula- 
ciones de bolsa, en explotaciones de minas, en invenciones y 
más de una en medicinas patentadas. 

Casi puede asegurarse que de cien grandes fortunas hechas 
en estos últimos diez años, ni aun cinco han sido hechas con 
los productos de manufacturas protegidas. Su verdadero 
origen hay que buscarlo en el campo ó en las especulaciones 



55 

arriba citadas. Además, el temor al mal que ocasionan las 
grandes fortunas es exagerado. Las fortunas cambian con 
rapidez. Entre nosotros rara vez pasan de dos generaciones. 
No hay más que una familia en los Estados Unidos que posee 
una fortuna anterior á cuatro generaciones. 

Cuando Mr. Jefferson dio el golpe que echó abajo el de- 
recho de primogenitura y destruyó el privilegio del vínculo, 
varió la única base en que se fundaba la riqueza para per- 
manecer en poder de una sola familia por mucho espacio de 
tiempo. El aumento del número de herederos en sucesivas 
generaciones, la legítima afirmación Je igualdad entre hijos 
de los mismos padres, y, sobre todo, la incertidumbre y los 
accidentes de los negocios, lanzaron las fortunas al aire, so- 
metiéndolas á la suerte que en este mundo tienen todas las 
cosas humanas. 

Los beneficios del proteccionismo alcanzan, ante todo, á los 
hombres que ganan el pan con el sudor de sus frentes. El 
feliz y maravilloso resultado es que jamás en la historia del 
mundo se ha gozado de tanta comodidad, se ha adquirido 
tanta instrucción ni se ha tenido tanta independencia como en 
los Estados Unidos de América. 



Los Tipos de Derecho de la Gran Bretaña 

son Sumamente más Altos que los 

de los Estados Unidos. 

Extracto de las observaciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de 
Sesiones del Congreso, en Junio 20 de 1904. 

Desde 1846 la Gran Bretaña ha recaudado sus derechos de 
importación bajo la política defendida por el partido demo- 
crático. Veamos cómo esa política se ha administrado allí y 
cuáles son sus resultados : 

Para el conocimiento de los que quizás no tenga acceso 
conveniente para ojear el Libro Anual del Estadista, someto 
la siguiente tabla demostrando los orígenes de las con- 
tribuciones del Gobierno de la Gran Bretaña para objetos 
nacionales correspondiendo al año fiscal que terminó en 
Marzo 31 de 1903, siendo los últimos datos que han podido 
obtenerse. (En el Libro Anual los montantes están expre- 
sados en libras esterlinas. Una libra esterlina vale unos 
centavos menos de $5.00. Por conveniencia de computación 



56 

lo aprecio exactamente $5.00 al reducir la moneda inglesa á 
la americana, para los designios de esta tabla.) 

Derechos de exportación : 

Carbón $9>958,835 

Derechos de importación : 

Tabaco 62,257,365 

Té .••••. 29,877,410 

Azúcar, glucosa, etc 22,393,535 

Granos, etc 1 1,733,980 

Ron 11,149,365 

Vino 7,619,280 

Brandy 6,405,575 

Otros espiritus 6,143,965 

Pasas 1,024,555 

Café 893,140 

Cacao 774,605 

Pasas de Corinto 577,620 

Otros artículos 1,495,120 

Total de rentas aduaneras $172,304,350 

Impuestos : 

Espiritus $90,821,795 

Cerveza 66,319,450 

Otros arbitrios 3.598,115 



Total de rentas por impuestos. . . $160,739,360 

Derechos del estado, etc. : 

Derechos de propiedades $48,501,810 

Derechos por legados 15,008,965 

Derechos de sucesión 4,828,365 

Derechos de corporación 219,235 

Total de rentas del estado $68,558,375 



57 
Sellos (excluyendo los sellos de 
honorarios, etc.) : 

Escrituras $19,499,915 

Recibos . . .' 7,642,315 

Letras de Cambio 3,498,545 

Derechos sobre capital de las com- 
pañías 3> I2 3>795 

Medicinas de patente 1,666,855 

Compañías de seguros 1,437,745 

Bonos al portador 1,051,145 

Licencias, etc 858,685 

Otros arbitrios 2,319,015 

Total de impuestos $41,093,015 

Impuestos sobre tierra $3,808,770 

Derechos sobre casas 9,168,855 

Contribución interna 193,229,230 

Total de impuestos $648,966,455 

Considerando solamente la contribución nacional (omi- 
tiendo los pagos directos al Gobierno por servicios directos, 
tales como las rentas postales y otros semejantes), los im- 
puestos totales de la Gran Bretaña montaron el último año 
á la cifra redonda de $648,000,000, ó sea casi $16 por cabeza, 
mientras que en los Estados Unidos montaron á $284,479,582 
por derechos de Aduana, $230,810.124 por contribuciones, 
y casi á $3,000,000 de otros arbitrios, haciendo un total alre- 
dedor de $518,000,000, ó menos de $6.50 por cabeza. Es 
decir, que con dos veces más población hemos recaudado para 
las atenciones de la nación $130,000,000 menos que la Gran 
Bretaña. En otras palabras, nuestros impuestos para las 
atenciones de la nación son considerablemente menos de la 
mitad onerosos, en proporción á la población, que los del 
libre-cambio en Inglaterra. 

En estos hechos indisputables hay muy poco consuelo para 
los que tienen cierta vaga noción de que el libre-cambio, co- 
mo queda demostrado en la Gran Bretaña, significaría en 
cierto modo la libertad del impuesto para designios naciona- 



5» 

les. Como es natural, la investigación demuestra que el costo 
por cabeza para el sostenimiento de nuestro Gobierno Na- 
cional es más pequeño que el de otras naciones civilizadas 
del mundo. 

En segundo lugar, los derechos de Aduana en la Gran 
Bretaña, incluyendo el derecho de exportación sobre carbón 
colectado, montan á alrededor de $4.39 por cabeza, mientras 
que en este país el montante total de los derechos de Aduana 
monta solamente á alrededor de $3.50 por cabeza. 

En tercer lugar, la tabla arriba relacionada revela cuan 
poco son los artículos que entran en la Gran Bretaña sobre 
los cuales se recaudan los derechos de la tarifa ; es decir, cuan 
poco son los artículos cuyos similares no se producen en la 
Gran Bretaña, y por consiguiente el enorme montante que 
debe producirse sobre cada uno de esos pocos renglones. 
Como resultado el tipo de derecho es mucho más alto que el 
de los Estados Unidos. 

En cuarto lugar, muchos de esos artículos sobre los cuales 
se imponen esos derechos, enormemente altos, son los que 
pueden considerarse tan necesarios para la mesa del pobre — 
como son té, azúcar, café, cacao, etc., de modo que es evidente 
que el pobre siente cada día, como un gran peso, la política 
Británica de "una tarifa solamente para los impuestos." 

Por supuesto, nuestro pueblo no toleraría simplemente, en 
tiempo de paz, tal impuesto opresivo sobre las cosas nece- 
sarias á la vida. 



La Independencia Política no Pnede Llegar 

á ser Enteramente Segura sin la 

Independencia Industrial. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary, 
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el 
Diario de Sesiones del Congreso, el 20 de Junio de 1904. 

Un error fundamental del libre-cambio es su insuficien- 
cia para comprender la verdad de que la independencia polí- 
tica no puede llegar á ser enteramente segura sin la indepen- 
dencia industrial. 

Para mantener nuestra independencia política se hace nece- 
sario que en todo tiempo nos defendamos contra ejércitos y 
armadas que nos sean hostiles. Somos ahora tan poderosos 
y estamos tan retirados de otras grandes naciones que pare- 



59 

cería haber poco peligro de que nos envolviésemos en una 
guerra. Pero nadie nos puede garantizar una paz duradera. 
¿ Quién se hubiera atrevido á predecir en 1898 ó 1897 que en 
el transcurso de un año ó dos, estaríamos comprometidos en 
una guerra extranjera? Sin embargo aconteció en 1898, 
como la detonación de un trueno en un cielo sin nubes. 

¿Cómo debemos prepararnos para una posibilidad? ¿De- 
beremos continuar indiferentes á lo que pueda sobrevenir? 
¿Deberemos confiar en comprar de paises extranjeros, en la 
hora del conflicto, nuestras municiones de guerra? ¿Y si el 
país del que esperamos comprarlas resultase ser nuestro an- 
tagonista? ¿Deberemos comprar con anticipación y alma- 
cenar las cosas que podamos necesitar? Sí fuese necesario, 
¿ por valor de cuánto tendríamos que comprar, y cuánto tiem- 
po pasaría sin que nuestras compras no se convirtiesen en 
ce sas fuera de uso ? ¿O sería más prudente desarrollar 
nuestros propios recursos é instruir nuestro pueblo en la 
fabricación de lo que necesitemos ? Siendo así, ¿ por qué no 
desarrollar esos recursos y adiestrar esas facultades en tiem- 
po de paz ? 

El "libre-cambio" hubiera sido bastante para adquirir el 
artículo ; la protección exige que adquiramos el arte. 

Como era natural, el año 1898 nos encontró pobremente 
preparados para la guerra; pero con nuestros grandes re- 
cursos materiales y nuestros hábiles mecánicos nos encon- 
tramos pronto listos. No necesitamos un gran ejército per- 
manente, mientras mantengamos un alto modelo entre nues- 
tros trabajadores. Ellos y su habilidad "para hacer las 
cosas" constituyen nuestras mejores "reservas." 

Esto sugiere otro error fundamental del "libre-cambio," 
tanto como una teoría cuanto como una política. Es decir, 
que realza el valor de las cosas y deprime el valor de los 
hombres. Solicita el artículo pero desprecia al artista. La 
protección, al contrario, se cuida, primero de todo, del artista, 
comprendiendo que con él conseguirá* tanto el arte en su 
forma más elevada, cuanto el artículo en los términos más 
favorables. 

En las elocuentes palabras del senador Jones, y en el dis- 
curso á que nos referimos antes, se hallan estas frases : 

"El libre-cambio desterraría esos establecimientos y nos 
daría en cambio de hábiles mecánicos cuchillería barata y 
productos de ínfimo valor. Sería rehusar el conocimiento de 
las artes útiles para economizar de momento algunos centa- 



6o 

vos, algunas yardas de tela de lana ó algunos centavos en una 
libra de hoja de lata. La protección asegura las artes y pro- 
tege á los artistas. Transforma la ignorancia en saber, la in- 
diferencia en celo, la inercia en actividad y la impotencia en 
fuerza. 

"En ninguno de estos trabajos nos ayudaría y estimularía 
el libre-cambio, todo lo contrario, su divisa es comprar donde 
quiera que pueda conseguirlo hoy barato, sin consideración al 
futuro ó al país en el que compra. Está claramente fundado 
en el egoísmo individual. Únicamente se fija en las ventajas 
temporales del individuo, y se preocupa poco del futuro ó de 
la comunidad. La política proteccionista está fundada en la 
más alta manifestación del egoísmo, el egoísmo de la nación, 
que es sólo otro nombre para el patriotismo." 

"El libre-cambio trae el reloj, el proteccionismo al relo- 
jero; el libre-cambio trae la máquina, el proteccionismo trae 
al maquinista; el libre-cambio trae la máquina de vapor, el 
proteccionismo el ingeniero que ia dirija. Désenos los hom- 
bres y no nos faltarán las máquinas. Teniendo las artes no 
necesitaremos el artículo. Poseyendo el productor no ten- 
dremos necesidad del producto. Entre ambos ¿quién vaci- 
lará con respecto á cuál es el más valioso para el país ? Los 
hombres fundan comunidades, las máquinas no ; los hombres 
constituyen una sociedad, las máquinas no." 

La actitud instintiva del libre-cambista desdora su teoría 
como habiendo tenido su origen en un estado de la sociedad, 
cuando los productores eran considerados inferiores y no 
dignos de atención. 

La teoría tuvo su origen en un estado de la sociedad fun- 
dado sobre la distinción de clases, donde algunos nacieron 
para gobernar y otros para trabajar; donde el fin industrial 
se fijaba en lo que eran géneros baratos para los que gober- 
naban — los "consumidores" — y con este fin salarios bajos 
para el trabajador, ó nada absolutamente. ¿ Qué más natural 
entonces que los libre-cambistas estuviesen más dispuestos 
para que nuestros "productores" tuviesen que hacer frente en 
la "libre competencia," en términos absolutamente iguales, á 
los trabajadores de corto salario en el mundo? 



6i 



El Partido Republicano se Mantiene al Lado 

de la Antigua Doctrina Primitiva 

de los Antepasados. 

Extracto de las observaciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de 
Sesiones del Congreso de Junio 20 de 1904. 

Las dos opiniones sobre la Tariía. 

Nuestra última gran contienda nacional sobre la cuestión 
de la tarifa fué en la elección presidencial de 1892. En sus 
plataformas de ese año expusieron sus opiniones con admi- 
rable claridad. Desnudo de toda materia extraña, el punto 
capital de la posición, democrática fué francamente manifes- 
tado en el siguiente párrafo de la sección 3 de la plataforma 
nacional democrática: 

"Declaramos que el principio fundamental del partido de- 
mocrático, es que el Gobierno Federal no tiene ningún poder 
constitucional para imponer y recaudar derechos de Aduana, 
excepto para contribuciones." 

Esta fué una clara y valerosa manifestación de la fe demo- 
crática. Declaró lo que, desde 1832, ha sido la verdadera 
posición de la gran mayoría del partido democrático, aunque 
siempre no ha tenido la franqueza de fijar su posición con 
claridad y sin doble mira. 

Con igual candor y valor el partido republicano hizo su de- 
claración en el siguiente lenguaje : 

"Creemos que todos los artículos que no se pueden produ- 
cir en los Estados Unidos, exceptuando los de lujo, deben ser 
admitidos libre de derechos, y que sobre todos los que se 
importan para hacer la competencia á los productos del tra- 
bajo americano, debe imponérseles derechos iguales á la di- 
ferencia entre los salarios extranjeros y los nuestros." 

En otros palabras, Mr. Chairman, ambos partidos admiten 
que este es un gran país, vasto en área, en población y ri- 
queza. Ambos partidos admiten que, por tanto, aun con el 
debido y razonable cuidado y prudencia en el manejo de los 
gastos de la nación — y en proporción á la población el nues- 
tro es el gobierno menos dispendioso del mundo — las rentas 
del gobierno general deben elevarse necesariamente á cien- 
tos de millones de pesos cada año. Además de eso, ambos 
partidos admiten que, cualquiera que sea el partido que esté 



62 

en el poder, cerca de una mitad de la contribución necesitada 
debe, según nuestro sistema de gobierno, levantarse por me- 
dio de derechos impuestos á los géneros de países extran- 
jeros, 

Y hasta 1832 todos los partidos convinieron que al impo- 
ner estos derechos,, la política debía ser, al mismo tiempo que 
se levantaban las necesarias contribuciones para el sosteni- 
miento del gobierno, dar "estimulo y protección" á las indus- 
trias americanas. En 1832, por la primera vez en nuestra 
historia, se declaró la doctrina de que el gobierno debía im- 
poner derechos "por contribuciones solamente" y no debía, 
aun incidentalmente, prestar "estímulo y protección"' á los 
productos de nuestras tierras y de nuestras fábricas. Cómo 
esta nueva doctrina vino á ponerse en práctica, lo diremos en 
su oportunidad. 

El partido republicano se mantiene al lado de la antigua 
doctrina primitiva de los antepasados, la doctrina de los que 
formularon la Constitución y la pusieron en vigor, guiando 
la nación sabiamente y sin peligro á través de los peligrosos 
días de su temprana carrera, la doctrina abogada por todos 
los presidentes desde Washington hasta Jackson, es decir, 
por George Washington, por John Adams, por Tnomas Jeí- 
ferson, por James Madison, por James Monroe, por John 
Quincy Adams, y por Andrew Jackson. 

Durante aquellos primitivos días, el medio por el cual la 
protección podía mejor darse, acudiendo á los derechos de 
importación, no fué tan bien comprendido como hoy en día, 
después de un siglo de experiencia ; pero el objeto de los ante- 
pasados fué claramente definido y repetidamente declarado. 

El partido republicano siempre se ha mantenido por una 
protección adecuada á los intereses de todo el país, se man- 
tiene al lado de una política que es nacional, no seccional, 
en su alcance y en su acción. 

El partido republicano nació para presentar una oposición 
organizada en contra de la extensión de la esclavitud hu- 
mana; así pues, como debía esperarse, no se mencionó la 
tarifa en su primera plataforma nacional, que fué en 1856. 
Pero en la plataforma nacional republicana de 1860, la plata- 
forma que por primera vez eligió presidente á Abraham Lin- 
coln, se encontraba la siguiente manifestación : 

"Resolvemos: Que mientras estipulamos contribuciones 
para el sostenimiento del gobierno general por medio de dere- 
chos de importación, una sana política requiere la fijación de 



63 

estos impuestos de modo á estimular el desenvolvimiento de 
los intereses industriales de toda la nación ; y recomendamos 
aquella política de cambios nacionales que asegura al traba- 
jador salarios liberales, á los agricultores precios remunera- 
tivos, á los mecánicos y manufactureros una recompensa en 
relación á su habilidad, trabajo é iniciativa, y á la nación 
prosperidad comercial é independencia." 

De esta manera se verá que la primera y la última plata- 
forma republicana están enteramente conformes sobre esta 
materia, y el examen demostrará que todas las plataformas 
nacionales republicanas, que han mediado entre las dos, son 
semejantes. 

Debemos no Tocar la Tarifa. 

Debemos defenderla contra todo lo que se presente para 
el bien de la Nación. Thomas B. Keed. 

Sobre la revisión de la Tarifa. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary, 
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el 
Diario de Sesiones del Congreso el 20 de Junio de 1904. 

Uno de los más grandes hombres á quien me tocó el honor 
de conocer personalmente, fué al que ya no existe, Thomas 
B. Reed, de Maine, quien fué por espacio de veinte años 
miembro de esta Cámara, y en tres Congresos presidió sus 
sesiones. Falleció en Diciembre de 1902. Casi al mismo día 
de su muerte apareció en el North American Reviezv, de 
Diciembre de 1902, el último artículo de los que alguna vez 
escribió sobre cuestiones políticas. 

Se nos presenta como el consejo de un hombre de superior 
inteligencia y absoluta honradez ; como el maduro juicio de 
uno que estaba completamente ai corriente de la historia fiscal 
de este y otros países. 

Como un tesoro de sabiduría acumulado en tres veintenas 
de años, como viniendo de uno que se había retirado volun- 
tariamente de la vida pública, cuando estaba ocupando la 
alta posición de presidente de esta cámara, posición en nues- 
tro país hábilmente descrita por él como "habiendo única- 
mente otra superior y sin igual," posición á la cual estaba 
convencido hubiera sido unánimemente reelegido. 

Se nos presenta ese artículo como el sabio consejo de uno 
cuya sola mira y propósito eran contribuir al bienestar de su 
patria. 



6 4 

Considero un alto honor agregar el artículo íntegro á es- 
tas observaciones. 

"¿ Qué dirían Uds. que fué el ideal de la condición indus- 
trial de una nación? Todo el mundo al trabajo; precisa- 
mente tenemos ahora á todo el mundo trabajando, y no obs- 
tante creemos que necesitamos algo más. Si continuamos 
pretenciosos, lo conseguiremos. Con el mundo entero, ex- 
cepto Inglaterra, incluyendo sus colonias, que opinen como 
nosotros, con la palabra 'éxito,' tejida en nuestra bandera, 
estamos llamados á renunciar nuestras miras y ceder el pues- 
to á un mundo vencido. 

"¿Por qué? Simplemente por esa inquietud humana que 
es parte de la historia de la raza. Siendo también nosotros 
de limitados conocimientos, estamos muy propensos á ser 
seducidos por puerilidades. Hé aquí una de ellas. ¿Es la 
tarifa Dingley el fin de la sabiduría? Si no lo es, entonces, 
puede ser mejorada. La ley de la tarifa podía ser preparada 
de forma á estar libre de todos los errores de ese celebrado 
bilí, y conservar todas sus virtudes. ¿Dónde pondría Ud. en 
vigor ese bilí? En vuestra propia imaginación, naturalmente. 
Desgraciadamente un bilí puesto en ejecución en vuestra 
imaginación no tendría vigor fuera del territorio. Un bilí 
dictado por el Congreso, como el progreso del mundo, es el 
resultado de un fiero conflicto de los humanos intereses en 
oposición, y tiene que ser así. Cuando los hombres hablan 
con indiferencia sobre la revisión de la tarifa, hablan de una 
tarifa jamás todavía establecida y de una que jamás puede 
serlo. Sueñan en una tarifa que les conviene individualmente, 
mientras que una ley sobre una tarifa efectiva es una que en 
todos conceptos satisfaga al país en general." 

Tenemos una tarifa cuidadosamente redactada, que nos 
ha sido de utilidad. Esa tarifa tiene únicamente cinco años 
de promulgada. Nos ha conducido á la cima de la prosperi- 
dad. No tiene conexión alguna con las grandes corpora- 
ciones, excepción de las que tiene con las pequeñas y con los 
individuos. Ningún ataque para repudiar la tarifa Dingley 
puede causar daño á uno sin causarlo á todos. Cualquiera 
perturbación de esta clase desorganizaría el comercio en los 
medios que nos son á todos muy familiares. 

Una ley de tarifa no puede ser en cualquier tiempo, y no 
lo es, la creación de una imaginación. Significa el resultado 
de una contienda de todos los intereses y de todas las opinio- 
nes. De aquí que, cuando cualquier individuo piensa en una 



65 

tarifa que él haría, siempre piensa en una tarifa que jamás 
sería puesta en vigor. 

Hubo una vez en los Estados Unidos un presidente de 
gran poder y mucha influencia, que por cuatro años no tenía 
tras de él ningún Congreso, y soñó en una ley para la refor- 
ma de la tarifa que fuese de su agrado. No tardó en tener un 
Congreso de su propio partido, y dio principio á formular 
una ley tal que agradase tanto á los dioses como á los hom- 
bres. Hay algunos que recuerdan las tristes miradas de los 
miembros de la Cámara cuando se doblegaron al Senado, y 
las desviadas miradas del presidente mientras permitía el 
bilí que pasase, sin ser firmado y sin adeptos. Aquellos hom- 
bres quedaron convencidos, como quedaría todo el mundo, 
de que la tarifa puesta en vigor es siempre diferente á como 
obra la imaginación. 

Lo mejor que haríamos sería recordar dónde estamos y 
cuáles son nuestros peligros. Las empresas de negocios no 
surgen atropelladamente, sino que son el resultado del cál- 
culo. Una de las primeras indagaciones del promovedor ó 
emprendedor es ¿ cuántas de las actuales condiciones queda- 
rán vigentes? Si el futuro se presenta inseguro, no se 
atreverá á obrar. ¿Qué puede imaginarse que sería suscep- 
tible de desalentar un hombre de negocios más que el verse 
llamado á adivinar cuál sería la nueva tarifa que se promul- 
garía ? El instinto profetice en la criatura humana está más 
allá de sus límites. 

Debemos no tocar la tarifa, debemos defenderla contra 
todo lo que se presente, para el bien de la nación. Continua- 
mos más que bien, y no tenemos necesidad de ir en busca del 
desastre. Eso vendrá á su debido tiempo. 

La Cuestión no es Entre el Libre -Cambio 

y la Tarifa. 

La cuestión es, si la Tarifa deberá ser impuesta para 
producir únicamente rentas, ó para también " 
estimular y proteger las industrias 
americanas. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. T. McCleary, 
de Minnesota, en la Cámara Representativa, é impresas en el 
Diario de Sesiones del Congreso el 20 de Junio de 1904. 

No hace mucho tiempo que recibí una carta de un inteli- 
gente constituyente mío, preguntando cuánto del dinero pa- 
gado por el pueblo de su condado al tesorero del condado, se 



66 

dedica al sostenimiento de los Estados Unidos. Manifiesta que 
ha habido justamente una disputa en su vecindad con respecto 
al caso. Naturalmente la respuesta á tal pregunta es que ni un 
centavo pagado al tesorero del condado, ciudad ó pueblo, ó 
á quien pueda ser el recaudador de rentas locales, entra en el 
tesoro de los Estados Unidos. Que todo ingresa para el Es- 
tado y las instituciones conducidas bajo la autoridad del Es- 
tado. Va á sostener las escuelas locales, á edificar los cami- 
nos de las localidades, á construir los puentes de la localidad, 
á ayudar á los pobres de las mismas, á hacer frente á los 
gastos de las escuelas del distrito, ciudad, villa, condado y 
Estado. 

Ni un céntimo de dicho dinero ingresa en las arcas de los 
Estados Unidos. 

Según nuestra Constitución, es el Estado, y no la Nación, 
el que proteje sus habitantes en sus personas y en sus propie- 
dades; y de ese modo es el Estado y no la Nación el que 
tiene el derecho moral y constitucional de imponer contribu- 
ciones á sus personas y propiedades. Por el contrario, es la 
Nación, y nó el Estado, el que provee para la común defensa 
y levanta y mantiene ejércitos y marina. Es la Nación y no 
el Estado la que regida el comercio internacional. ¿ Qué más 
natural, pues, que la Nación derive sus rentas para su sosteni- 
miento principalmente del campo en el que trabaja, y de ese 
modo surge su derecho moral para imponer á todos contribu- 
ciones ? Es decir, teniendo por su campo de servicio la regu- 
lación y protección de todo nuestro comercio internacional, el 
Gobierno General naturalmente deriva sus impuestos de las 
contribuciones aplicadas al comercio extranjero. Mas 
nuestra Constitución prohibe aplicar derechos de exporta- 
ción, no pudiendo, pues, imponerlos sino á las importaciones. 

Por esta causa es que los Estados Unidos siempre han de- 
rivado, derivan hoy y siempre derivarán, sus principales 
rentas de las contribuciones impuestas á los géneros importa- 
dos en el país. En la plataforma nacional del partido demo- 
crático se encuentran estas frases : "Desde la fundación de 
este gobierno las contribuciones recaudadas en las aduanas 
han sido la principal fuente de las rentas de la Federación. 
Del mismo modo tendrán que continuar." De lo que acabo 
de decir se desprende que la cuestión tarifa no existe. ¿ Debe 
haber ó no debe haber una tarifa para los artículos importa- 
dos? Cuando se fundó el gobierno esta cuestión- fué arre- 
glada para siempre, y arreglada de una manera afirmativa. 



6 7 

Para proveer á la común defensa y hacer todas las otras 
cosas incidentales que nuestra Constitución autoriza y re- 
quiere, el Gobierno General, para hacerlo, necesita gastar 
cientos de millones de pesos anualmente. Como lo he de- 
mostrado, ese dinero tiene que levantarse en su mayor parte 
de los derechos de importación, no importa qué partido se 
encuentre en el poder. 

La cuestión tarifa, pues, no es entre el libre-cambio pro- 
piamente dicho y la imposición de la tarifa. Es entre dos 
métodos de imposición de la misma. La cuestión no es 
"¿Deberá haber una tarifa sobre los géneros importados?" 
sino "¿Cómo deberá imponerse esa tarifa?" La cuestión es, 
"¿Se deberá imponer esa tarifa para producir rentas sola- 
mente, ó se deberá imponer de modo que á la vez que pro- 
duzca rentas, las necesarias, estimule y proteja las industrias 
americanas?" Esa es la cuestión de las tarifas; todas las 
otras son incidentales y secundarias. 

Hon. Benjamín Harrison. 

" Creo que el Sistema Proteccionista es un poderoso 

instrumento para el desarrollo de nuestra riqueza 

nacional, y un poderoso agente para la 

protección de los hogares de 

nuestros obreros." 

Extracto del mensaje al Congreso por el Presidente Harrison, en 
Diciembre 6 de 1892, é impreso en el Diario de Sesiones del 
Congreso. 

Creo que el sistema proteccionista, que hace algo más de 
treinta años que prevalece en nuestra legislación, ha sido un 
poderoso instrumento para el desarrollo de nuestra riqueza 
nacional, y el más poderoso agente para la protección de los 
hogares de nuestros obreros contra la invasión de la necesi- 
dad. 

El resultado de la reciente elección debe aceptarse como 
la introducción de una nueva política. Debemos suponer 
que la actual tarifa, formada sobre las bases de protección, 
debe ser rechazada, y que hay que sustituirla con una ley 
de tarifa formada expresamente con referencia á las rentas ; 
que ningún derecho debe ser más elevado, porque el aumento 
mantendrá abierto un molino americano, ó mantendrá alto el 
salario del obrero americano, pero- que en todo caso, tal tipo 
de derechos debe imponerse pues proporcionará al Tesoro 



68 

de los Estados Unidos los mayores resultados en las rentas. 
Es de sentirse que este trabajo tenga que dilatarse por lo 
menos tres meses, porque la amenaza de grandes cambios 
en la tarifa introduce mucha incertidumbre, que resultará 
en una inacción en los negocios y una disminución en la 
producción, que no es fácil de estimarse á cuánto montará. 
Aquellos que han abogado por una política proteccionista 
pueden bien considerar sus desastrosas predicciones de un 
cambio de política, como frustradas. Si un sistema de dere- 
chos de Aduana puede formularse para poner en movimiento 
las ruedas y los telares inactivos de Europa, y llenar nuestros 
almacenes con géneros extranjeros, y al mismo tiempo man- 
tenerse nuestros molinos ocupados, esto nos daría un aumen- 
to de participación en los "mercados del mundo" de mayor 
valor que nuestro mercado doméstico que abandonamos ; que 
daría aumento de trabajo á los obreros extranjeros sobre 
productos para ser consumidos por nuestro pueblo sin dis- 
minuir el montante de trabajo aquí. . ., los autores y promo- 
vedores de ese sistema tendrían derecho á las más altas 
alabanzas. Tenemos en nuestra historia diversas experien- 
cias de los efectos opuestos de una contribución y de una 
tarifa proteccionista, pero esta generación no los ha sentido, 
y las experiencias de una generación no son altamente ins- 
tructivas para la siguiente. Los amigos del sistema pro- 
teccionista, con la firme confianza en los principios que han 
sostenido, deberán esperar los resultados del nuevo experi- 
mento. 

Grover Cleveland fué Elegido. 

La bancarota se hizo epidémica. 

Extracto de las observaciones del Hon. Charles B. Landis, de 
Indiana, en el Diario de Sesiones del Congreso de Enero 27 de 
1904. 

En 1892 fué electo Grover Cleveland. Fué el mayor dis- 
parate que cometió el partido democrático. Encontraron el 
país gozando de una prosperidad doméstica sin igual. Se 
comprometieron á acrecentarla. Los salarios se mantenían 
altos ; y ellos prometieron elevarlos más. ¡ Trabajo ! No 
había un solo hombre desocupado en los Estados Unidos 
de América, á menos que no lo estuviese por su gusto, y 
ya Uds. saben cuál fué el resultado. Apenas pasaron tres 
meses cuando el hombre desocupado comenzó á vagar por 



6 9 

el país. La Bancarota se convirtió en epidemia. La hol- 
ganza se convirtió en profesión y los festivales de duros 
tiempos llegaron á ser funciones populares de sociedad. 
Ustedes hicieron eso, Señores. Ustedes ocasionaron esa 
condición en los asuntos. Ustedes, los profetas, los pro- 
metedores, los que todo lo ofrecían. Ustedes amontonaron 
en los desvíos de los ferrocarriles de este país los carros 
vacíos. Colocaron Ustedes tan bajo el precio del maíz, que 
se utilizaba como combustible. El labrador alimentaba los 
puercos con trigo que valía 30 centavos ; no valía la pena con- 
servarlos durante el invierno, y las ovejas temblaban y mo- 
rían en el campo, porque no valía la pena darles abrigo, y 
hasta cientos de hombres se encontraban vagando por el 
país en busca de trabajo. 

A la terminación de cuatro anos todo el mundo en los 
Estados Unidos confesaba que todo marchaba mal, y que era 
simplemente cuestión de adoptar una mejor política para 
traer de nuevo al país donde estaba cuando Benjamín Harri- 
son era Presidente de los Estados Unidos. 



El Comercio Libre Americano Resultaría en 

Provecho de los " Trusts " j en Perjuicio 

del Trabajador Americano. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. E. L. Hamilton, 
de Michigan, del Archivo Diario del Congreso, Abril 14 de 1904. 

La suspensión de la Tarifa no es el remedio contra los 
" Trusts." 

Pero los Señores insisten en que los trusts se nutren de la 
política proteccionista, y que el medio de hacerlos desapare- 
cer es suspendiendo la tarifa. 

No es cierto que los trusts se nutren de la protección, 
excepto en el sentido de que la protección origine buenos 
tiempos, y cuando los tiempos son buenos, son en provecho 
de todos. Si es verdad que cuando los tiempos son buenos 
son buenos para todos, lo contrario debe ser verdad tam- 
bién, es decir, que cuando son malos, deben ser malos para 
todo el mundo, y si para disciplinar los trusts es necesario 
preparar malos tiempos para todo el mundo, no tiene nada 
de improbable que., los que se encuentren en condiciones de 
menos poderlos soportar, sufrirían más. 



7° 

Prescindiendo del hecho de que los trusts están organi- 
zados bajo la protección del comercio libre inglés, del mismo 
modo que la protección americana, alemana y austríaca 
es susceptible de absoluta demostración que la protección 
americana resultaría en provecho de los trusts y en perjuicio 
del trabajador americano. 

Según el duodécimo Censo, aparece que de los productos 
manufacturados en los Estados Unidos, únicamente 12.8 poi 
ciento del total está hecho por los trusts; que solamente 8.13 
por ciento de los artículos de alimentación está en manos 
de los trusts y que 7.5 por ciento del trabajo que exigen las 
fábricas está en ejercicio para los trusts, siendo la palabra 
trusts como se emplea aquí — para significar todas las cor- 
poraciones organizadas en los últimos años. 

Desde que se formó el último Censo, aparece, sin embargo, 
que la capitalización de combinaciones que predominaron en 
el año 1 90 1 está decayendo rápidamente. 

Si es verdad, pues, que únicamente el 12.8 por ciento del 
producto manufacturado en los Estados Unidos es debido 
al trusts, resulta que el 87.2 por ciento ha sido el resultado de 
industrias rivales independientes. 

Y si fuese verdad que solamente 7.5 por ciento del trabajo 
empleado en las industrias manufactureras es utilizado por 
los trusts, entonces el 92.5 por ciento restante de trabajo 
empleado en manufacturas corresponde á las industrias in- 
dependientes. (Aplausos en los bancos republicanos.) 

Por tanto, si se libra de derechos al 12.8 por ciento de los 
productos fabricados por los trusts, se libra asimismo de 
ellos al 87.2 por ciento de los correspondientes á las indus- 
trias rivales independientes, que emplean 92.5 por ciento de 
los brazos que se consagran á las industrias fabriles de los 
Estados Unidos ; y puesto que el de menos recursos probable- 
mente será el que primeramente se arruinará, entonces los 
trusts, que se verán beneficiados con la importación libre de 
la materia prima, continuarán, y no solamente dictarán con- 
diciones al trabajador que se encontraría entonces buscando 
empleo en un mercado donde el trabajo abundaba, sino que 
dictarían condiciones al consumidor, siempre que aun ellos 
mismos pudiesen sobrevivir á la competencia que les harían 
los trusts europeos. 

Esto sería al menos una solución momentánea, entre el 
capital y el trabajo, pero vendría á ser lo mismo que cons- 
tituir un desierto y en el que reinaba la paz. 



7i 

La protección, lógicamente considerada, sería limitar la 
acción de los trusts. 

Detrás de ello, los productores independientes, con capi- 
tales acumulados sobre una base sana, compitiendo con las 
fuertes combinaciones con un capital superabundante, de- 
bieran tener su participación, en el natural orden de las 
cosas, del mercado doméstico que consume 90 por ciento de 
nuestro producto, el cual está constantemente aumentando 
por la prosperidad del trabajo americano. 

¿ Por qué, pues, cederlo ? 

Al considerarse la cuestión tarifa, no debe echarse en 
olvido que las naciones de Europa, con excepción de la Gran 
Bretaña, que está hoy considerando la conveniencia de aban- 
donar el comercio libre, protegen sus propios mercados de la 
invasión extranjera. 

No solamente esto, sino que cuanto más avanzan comer- 
cialmente las naciones de Europa, más sus industrias se coali- 
gan, y en Alemania y en Austria las Cortes sancionan y los 
Gobiernos apoyan los trusts. 

No solamente esto, sino que las naciones de Europa se 
coaligan entre ellas para resistir la invasión comercial ameri- 
cana, mientras que en Inglaterra, Mr. Balfour y Mr. Cham- 
berlain, aunque difiriendo con respecto á la conveniencia de 
la protección en Inglaterra, convienen en abogar por la 
unión del comercio colonial. 

Detrás de la protección podemos regularizar los trusts 
americanos á medida que el tiempo adelanta — y hemos dado 
un gran paso en este sentido por la decisión en el caso de las 
Compañías de Seguridad del Norte — pero no podemos regu- 
larizar los trusts internacionales con sus oficinas principales 
al otro lado de los mares. Ayudados por el libre tráfico, 
ellos serían los que nos dictarían leyes. 

Retiremos la protección, é inmediatamente empezaríamos 
á dividir nuestro mercado doméstico con los productores 
extranjeros, pagando más bajos salarios que los que pagamos 
hoy aquí, y por cuyo motivo nuestros salarios forzosamente 
descenderían, y el estímulo ó iniciativa del pueblo americano 
se debilitaría. 



7 2 



Reciprocidad Republicana. 

Extracto de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 9 de Abril de 1904. 

"¡Germina reciprocidad!" ¿Qué es eso? Yo les diré lo 
que nosotros, los de este lado, llamamos genuina reciproci- 
dad. Se lo diré á Ustedes en mi propio lenguaje, y lo diré 
en' el lenguaje de William McKinley, el gran campeón del 
proteccionismo en este país. La reciprocidad republicana 
es el arreglo de las escalas de la tarifa con relación á los 
productos de nuestro país y los países con los cuales hacemos 
tratados, de modo que los productos de países extranjeros, 
aquellos que no producimos, entran en este país á un bajo 
tipo de la tarifa, si se les ha impuesto derecho, para de este 
modo compensar al país extranjero que nos da ventajas 
especiales en su legislación aduanera para los productos de 
nuestro país. Esa es la reciprocidad republicana, y basada 
sobre una substancial adherencia á estos principios, que es 
hasta donde yo estoy dispuesto á ir. 

Mr. Clark: ¿Y dónde Mr. McKinley alguna vez usó ese 
lenguaje? 

Mr. Grosvenor : Lo usó en su discurso que pronunció en 
la Exposición de Búffalo. Ningún hombre ha sido jamás 
más mal conceptuado. Después de haber atacado la posición 
de Mr. McKinley sobre la cuestión de la tarifa, mientras él 
vivió, el partido democrático en su marcha usual, se ampara- 
ron de él y torturaron su lenguaje y mutilaron su discurso, 
para demostrar que estaba á favor de la reducción de los 
derechos en el bilí de Dingley. Envió un mensaje sobre la 
tarifa al Congreso. ¿ Dijo él alguna vez algo, ó pensó algu- 
na vez en tal semejante cosa? Al contrario, permaneció 
siempre fijo sobre la proposición de que nunca, nunca con- 
sentiría en la reducción de la tarifa sobre artículos de nuestra 
producción, que pudiera hacer peligrar el mercado doméstico 
con la introducción de artículos de un país extranjero, y es 
donde justamente el partido republicano se mantiene hoy. 

El Presidente McKinley dijo en su discurso de Búffalo tan 
á menudo citado : 

"El aislamiento no es posible por más tiempo, ó deseable." 

Esa es la pura verdad, y ciertamente no estamos por más 
tiempo aislados como lo demuestran los tremendos progresos 



73 

que estamos haciendo en el comercio universal. Además 
volvió á decir : 

"Lo que producimos más allá de nuestro consumo domés- 
tico debe tener salida al exterior. El exceso debe ser aliviado 
por medio de una salida al extranjero, y debemos vender 
en todas partes que podamos, y comprar en cualquier parte 
en que la compra acreciente nuestras ventas y producción, 
y por ese medio causar mayor demanda para el trabajo 
doméstico." 

Esa es la prueba verdadera, en comprar donde la compra 
y legislar donde la legislación no reduzca el valor de nuestro 
trabajo doméstico y la solicitud para ese mismo trabajo por 
injusta competencia del exterior. En seguida dijo : 

"El período del exclusivismo ha pasado." 

Fijémonos en nuestro comercio exterior y veamos si él no 
tenía razón. 

"La expansión de nuestro comercio es el problema ur- 
gente." 

Esa es la verdad, tanto mejor para nosotros cuanto más 
expansión le demos. 

"Las guerras comerciales no son provechosas. Una po- 
lítica de buena voluntad y relaciones de amistad comerciales, 
evitarán las represalias. Los tratados de reciprocidad están 
en armonía con el espíritu de los tiempos; las medidas de 
represalias no lo están." 

Ahora viene el lenguaje sobre el cual nuestros amigos 
demócratas han tropezado y caído tan á menudo : 

"Si por casualidad algunas de nuestras tarifas no se 
necesitan por más tiempo para contribuciones, ó para es- 
timular y proteger nuestras industrias ¿por qué no deberían 
emplearse para extender y promover nuestros mercados en 
el exterior?" 

Hé aquí todo el punto. "Si algunas de nuestras tarifas 
no se necesitan para contribuciones ó estimular y proteger 
nuestras industrias domésticas," entonces ¿por qué no de- 
berían usarse como materia de reciprocidad? Así dijo Wil- 
liam McKinley. Así digo yo. Así dicen todos los repu- 
blicanos que yo conozco. 

Después dijo que nosotros tenemos un servicio de vapores 
insuficiente, y habló fuertemente en favor de una legislación 
para fomentar la marina mercante. Se expresó así: 

"Debemos fomentar nuestra marina mercante. Debemos 
tener más buques. Debe flotar sobre ellos la bandera ameri- 



74 

cana. Deben ser construidos y tripulados por americanos 
y ser propiedad de los mismos. Esto no solamente será de 
utilidad en el sentido comercial, sino que serán mensajeros 
de paz y amistad donde quiera que vayan." 

Y sin embargo, desde la apertura de este Congreso ninguna 
oportunidad dejaron pasar que no fuese aprovechada por 
algún demócrata para denunciar toda medida posible, todo 
plan posible, tendiendo en el más mínimo grado á la cons- 
trucción de la marina mercante americana. Hé aquí una 
breve cita, que es todo el espíritu, á la luz de una recta in- 
terpretación, del discurso de Mr. McKinley en BúfTalo : 

"Debemos tomar de nuestros parroquianos aquellos de 
sus artículos que podamos usar sin causar daño á nuestras 
industrias y á nuestro trabajo." 

Así decimos todos nosotros. Cuando estemos preparados 
para la revisión de la tarifa ó reducción de los derechos, 
no enviaremos por el caballero de Missouri, sino que se- 
guiremos adelante y la haremos nosotros mismos, sin ninguna 
indicación de él ó de cualquiera otro opuesto á nuestras 
opiniones sobre la tarifa y que favorece el libre-cambio ó la 
tarifa de contribuciones. 



¿ Es la Tarifa un Robo ? 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. P. Jones, de 
Nevada, en el Senado de los Estados Unidos, en Septiembre de 
1890, y publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso. 

Los libre-cambistas y los reformadores de las rentas 
aseguran que la tarifa es un "robo." ¿ Puede ser un robo el 
asegurar al pueblo de este país la oportunidad de proveer á 
sus necesidades nacionales por medio de las manos de nues- 
tros, mismos compatriotas? Esto es todo lo que la tarifa 
más alta que pueda concebirse puede lograr. 

En épocas de un conflicto armado se les exige á nuestros 
ciudadanos abandonar sus hogares y familias para tomar las 
armas, y con riesgo de su vida defender el país contra una 
invasión armada. ¿Por qué no debe el país en tiempos de 
paz proteger el trabajo de esos hombres de una invasión 
industrial no menos destructiva? 

Si la tarifa fuese un robo debe tomarse en cuenta, lo 
primero, que todas las clases del pueblo, el robado como el 
que roba, están mejor alimentados, mejor vestidos y abriga- 
dos en mejor techo que el pueblo de cualquier otro país del 



75 

mundo. Esta es la prueba decisiva de las economías polí- 
ticas. 

Es innegable que la más perfecta conveniencia de las ocu- 
paciones para las varias aptitudes de todos los miembros de 
la comunidad se producirá ejerciéndose la mayor variedad 
de industrias. 

¿ No es entonces el deber de un país mantener aquella 
política industrial que asegure la mayor extensión, así como 
la mayor variedad de producción, dejando á la natural 
competencia entre individuos la función de evitar beneficios 
indebidos de la parte de cualquiera de ellos? Hay en este 
país 23,000,000 de trabajadores en activo servicio. Entre 
este gran número de los que están dedicados á los mismos 
negocios, debe confiarse la competencia y la contienda para 
a justar los precios, de modo que ninguno pueda hacer mayor 
beneficio que el beneficio equitativo de la comunidad. 

Mas veamos si hay algún robo que efectúe una tarifa. 

Con respecto á tal porción del dinero recaudado, que se 
paga al Gobierno, éste entra en el tesoro público y ayuda á 
sufragar los gastos de la nación, y no puede esa porción 
considerarse un robo cuanto que el pueblo participa de sus 
beneficios. 

Difícil se haría asegurar que al manufacturero extranjero 
se le roba, al exigirle nosotros que deposite una suma en 
nuestro tesoro en concepto de una recompensa, por el privi- 
legio de vender sus mercancías en este país. 

El "robo," por tanto, debe consistir en la diferencia entre 
un precio razonable y el precio ahora cargado por el manu- 
facturero. Si tal diferencia existe, debe constituir un mar- 
gen tan amplio de modo á llegar á ser un fuerte incentivo 
para el pueblo de cualquiera sección que se queje de que se 
le roba por ello, para organizar por ellos mismos estableci- 
mientos de competencia, y así protegerse enteramente contra 
la exacción del expoliador. La tarifa los protege contra el 
extranjero, y todo lo que se necesita para protegerlos contra 
el ladrón del país, corresponde á ellos mismos hacer el tra- 
bajo, producir el artículo. ¿Por qué no lo producen? Si 
no tienen la habilidad, pueden emplearla. Hay amplia capa- 
cidad en este país pronta á ir donde quiera que se ofrezca 
estímulo suficiente. 

Ejerciéndose la ley imparcial y equitativamente en todas 
las secciones de la Unión, el pueblo de cualquiera sección que 
se queja de que se le roba, rehusando ó descuidando, sin em- 



7 6 

bargo, el erigir establecimientos para la fabricación del arti- 
culo por medio del cual se efectúa el robo, confiesa, por tal 
rehusación ó negligencia, que á pesar de sus quejas obtienen 
el artículo por menos de lo que ellos están dispuestos á pro- 
ducirlo para ellos mismos. Si por la adopción de funestas 
políticas los manufactureros domésticos se viesen obligados 
á abandonar sus negocios, entonces, tanto ellos, como los que 
se quejan ahora del robo, se encontrarían igualmente desam- 
parados contra las exigencias del fabricante extranjero, 
quien perteneciéndole todo el campo, continuarían, y á su 
gusto, se engrandecerían sobre el "robo." Si el "robo" no es 
suficiente para inducir la competencia de la parte de los que 
se quejan, que sufren por su causa, no puede ser muy grande, 
no puede existir del todo sino en la imaginación de los que 
creen que las exigencias de un partido político deben consul- 
tarse más que los intereses del país. 

Bajo una ruda competencia en todas las industrias ¿cómo 
puede robársele á nadie? 

A fin de que podamos llegar á la creencia de la posibilidad 
del robo por nuestros fabricantes, pasemos á indagar lo que 
se relaciona con el carácter de la competencia que existe. 

Como los números del censo de este año no pueden utili- 
zarse todavía, los números de que podemos servirnos supo- 
nen una población, no de 65,000,000, sino de 50,000,000. No 
dudo que sea un 40 por ciento mayor ahora que en 1880, pero 
los consideraré tal como entonces aparecen. 

Según el censo de 1880 había 17,000 manufacturas de cal- 
zado en los Estados Unidos. ¿ Tiene alguien, pues, un mono- 
polio en la fabricación de calzado? Con la ruda compe- 
tencia mantenida por casi 18,000 establecimientos ¿es pro- 
bable que á los compradores de calzado se les pueda robar? 
Es probable que el número de establecimientos sea ahora de 
25,000, v ninguno de ellos, si mantienen negocio y lo con- 
servan, pueden cargar más por el calzado que lo que cargan 
sus competidores. 

El censo de 1880 demuestra también* que teníamos 3,841 
fábricas de wagones y carruajes. ¿ No es este número bas- 
tante para garantizar al comprador de carruajes y wagones 
amplia protección contra el exceso de precio, contra el 
"robo?"" 

Teníamos 1,943 fábricas de instrumentos de agricultura, 
siendo un término medio de cincuenta fábricas por cada 
Estado de la Unión. ¿Es del todo probable que con una 



77 

activa competencia de negocios entre tantos establecimientos, 
ninguno de ellos pudiese por ningún tiempo lograr el robar á 
sus parroquianos? 

Existían 1,005 fábricas de tejidos de algodón, haciendo 
funcionar 230,223 telares y 10,921,147 husos. ¿No es este 
número bastante para mantener suficiente competencia en la 
fabricación de géneros de algodón ? 

Contábamos con 4,958 talleres de maquinaria. ¿No es 
este número bastante para sostener una buena competencia 
en la producción y precio de la maquinaria ? 

Había 6,008 fábricas de muebles y tapicería, y seguramente 
este número de competidores haría imposible para cualquiera 
de estas fábricas hacer más de un beneficio moderado en la 
fabricación de muebles. 

Se contaban 1,005 establecimientos para la fabricación de 
hierro y acero. Considerando la actividad de la competencia 
en este ramo de negocios y la gran suma de capital empleado 
(el que ascendía en 1880 á $230,000,000), demuestra por los 
esfuerzos de cada establecimiento para conseguir negocios, 
haciendo frente á sus competidores, que los beneficios del 
negocio deben mantenerse á un tipo normal y al alcance gene- 
ral de los beneficios en todo el país. 

Cuando la competencia es libre entre una población tan 
vasta como la nuestra, no puede haber robo en la tarifa, no 
importa lo elevada que sea. 

Variedad de Industrias Necesarias para la 
Defensa Nacional. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. J. P. Jones, de 
Nevada, en el Senado de los Estados Unidos, en Septiembre 10 
de 1890, é impresas en el Diario de Sesiones del Congreso. 

En un siglo fecundo en inventivas, ¿cómo debe proveerse 
á la "defensa común ?" ¿deberemos acumular enorme provi- 
sión de cañones y pertrechos militares, de las clases mejor 
aceptadas? dentro de pocos años serían de ningún valor. 
¿Deberemos construir grandes flotas de buques blindados 
que los cañones de hoy en día no pudiesen penetrarlos ? Su 
blindaje sería para los cañones del futuro á semejanza de 
una hoja de papel de estaño. Y si compramos cañones y 
buques del modelo más reciente, ¿cuántos deberemos tener? 
¿Por cuánto tiempo para una guerra y cuan grande podrá 
ser que debamos prepararnos? 



7» 

Es evidente que el más poderoso de todos los medios para 
promover la común defensa es el desarrollo y mantenimiento 
de las más alta y más variada habilidad mecánica é inven- 
tiva entre nuestro pueblo. Si tuviésemos suficiente número 
de armamentos de los últimos modelos con que armar todos 
los hombres hábiles en los Estados' Unidos, estos armamen- 
tos, faltándonos trabajadores expertos y grandes fábricas, 
constantemente trabajando, serían comparativamente de nin- 
gún valor en corto tiempo. Mientras que este país podría 
poseer el artículo, otros países poseerían el arte. Poseerían 
no solamente grandes é indispensables plantas sino además 
el obrero experto é ingenioso, que cuando la ocasión se pre- 
sentase, como nuestra misma experiencia lo ha demostrado, 
inventaría nuevas armas de destrucción poderosas, sobrepu- 
jando infinitamente á las viejas. 

La posesión de hábiles obreros que puedan hacer cañones 
es de mayor consecuencia que ia posesión de los mismos ca- 
ñones. 

Pero aparte de la fabricación de armas, ¿ qué instrumentos 
más efectivos puede tener una nación para proveer á la 
"común defensa" que ciudadanos que puedan fabricar hierro 
para edificios, erigir puentes, construir máquinas de vapor, 
y edificar buques de todas clases, incluyendo buques blinda- 
dos de los tipos más altos, y no solamente quienes puedan 
construir todo esto, sino que puedan inventar nuevos y me- 
jorados modelos en cada uno de los departamentos? 

Y si los fabricantes de hierro son necesarios para la "co- 
mún defensa," ¿por qué no de la misma manera los tejedores 
de telas, los fabricantes de pieles, los de cobre y bronce, los de 
acero y lata, y todos los que se dedican á los otros materiales 
de arte é industria ? 

Cuanto más grande es la nación, más indispensable tales 
artesanos son para su seguridad y defensa. No pueden ob- 
tenerse en gran número sin la existencia de extensos estable- 
cimientos manufactureros, y aun habiendo estos, no pueden 
contar con trabajo constante — indispensable requisito pre- 
vio de habilidad y por consiguiente de invención — sin el 
estímulo y apoyo material que dimanan del abastecimiento 
de todas las necesidades de su propio país. Los trabajadores 
del país tienen derecho á la seguridad de este apoyo. Con 
esta seguridad y este apoyo, no nos faltarán artesanos há- 
biles sobre quienes, en estos días, absolutamente tanto como 
sobre los soldados en el campo, depende la existencia de las 



79 

naciones. Esta seguridad y apoyo no puede extenderse sino 
por la permanente adopción de la política de protección. 



Creciente Importancia de la Mecánica como 
un Factor en la Guerra. 

A medida que el tiempo pasa, llegará á ser de mayor im- 
portancia el obrero en su taller que el soldado en el campo de 
batalla. A medida que los inventos se desarrollen, dependerá 
menos y menos el éxito de la guerra en el hombre que lleva 
el arma ; y más y más en el arma misma, como de igual ma- 
nera en el que la inventa y construye. Hubo un tiempo en 
que la guerra consistía en el manejo de mazas, dependiendo 
totalmente el éxito en la energía física desplegada en el uso 
de ellas. Pero "los tiempos cambian y con ellos los hom- 
bres." La fuerza del brazo se ha transferido á los dedos, y 
la bala sobrepuja á la maza. Lá fuerza se ha movido del 
campo á la factoría ; del músculo solo al músculo y á la inte- 
ligencia combinados. Los ejércitos que no tienen mecáni- 
cos á sus espaldas, que no disponen de los últimos productos 
del cerebro ingeniador y de la incansable mano del activo y 
ambicioso mecánico, pueden lucir muy bien en el papel y en 
uniforme de parada, pero no ganarán batallas. 

Para que podamos, pues, tener y mantener constantemente 
en el más alto grado de instrucción eficaz un cuerpo nume- 
roso de hombres peritos en las artes mecánicas, debemos es- 
timular el crecimiento y desarrollo de plantas extensas, no 
con un solo objeto ó en un solo departamento, no tampoco 
en una sola sección simplemente de la Unión, sino en todas 
direcciones y departamentos de las artes, y en todas las sec- 
ciones de nuestra patria común. Tales empresas no son 
ofrecimientos espontáneos de la naturaleza ; pues ellos no 
crecerán mientras dormimos, ni vendrán con esperarlos. Ni 
tampoco, cuando no se les espere, podían obtenerse por obra 
del Congreso, 

Una gran planta manufacturera no es un artículo ya pre- 
parado, que á semejanza de una propiedad puede obtenerse 
al instante, gastándose el dinero suficiente. Una gran orga- 
nización mecánica es el crecimiento, desarrollo y resultado 
de la evolución. En todas los nuevos campos de la indus- 
tria y mayormente en los antiguos, se encuentra su naci- 
miento en el taller de la sola máquina, á la cual, á medida 



8o 

que los negocios aumentan, se agrega una segunda y una 
tercera. Así como el hombre llega á la edad madura por el 
natural crecimiento de cada día que se agrega, así el taller 
crece de las más pequeñas proporciones á las más grandes, 
por períodos casi imperceptibles. Pero así como los hombres 
con pensarlo no les es dable añadir un pie á su estatura, 
tampoco pueden con la resolución efectuar inmediatamente 
lo que el tiempo solo y la inteligente aplicación de medios 
para los fines pueden alcanzar. 

Aun suponiendo que las grandes plantas pudiesen, en un 
caso imprevisto, obtenerse en el exterior, nos encontraría- 
mos sin el obrero experimentado para utilizarlas y sin el 
talento para organizar y dirigir el trabajo con inteligencia. 

Nuestras Leyes no Deberán Conceder Ventajas 

en Ningún Caso en Nuestro Mercado á 

las Industrias Extranjeras. 

Extracto de las observaciones hechas por el Hon. John F. Lacey, 
de Iowa, del Diario de Sesiones del Congreso, en Enero 25 de 
1904. 

Deseo dejar aquí esta referencia, pues alguna controversia 
parece existir con respecto á la opinión del Presidente sobre 
la revisión de la tarifa, para insertar un extracto del discurso 
pronunciado por él en Abril 4 del pasado año en Minneápolis. 

Extracto del discurso del Presidente Roosevelt. 

Estamos en un estado de prosperidad sin paralelo, no sim- 
plemente en nuestra historia, sino en la historia de cualquiera 
otra nación. Esta prosperidad está bien arraigada y perma- 
nece sobre base firme, debido al hecho de que la mayoría del 
ciudadano americano tiene dentro del mismo la materia de 
que se obtienen las victorias en las grandes contiendas in- 
dustriales del presente, y puede ahora usar y desarrollar sus 
cualidades del mejor modo, bajo nuestro bien establecido 
sistema económico. 

Estamos ganando delantera entre las naciones del mundo, 
porque nuestro pueblo es capaz de mantener su alto término 
medio de ciudadanía individual, y demostrar su destreza en 
la vida ruda, compleja y propuisiva del siglo. Podrá haber 
fluctuaciones, de vez en cuando, en nuestra prosperidad, pero 
continuará creciendo mientras conservemos este alto térmi- 



8i 

no medio de ciudadanía individual y le permitamos resolver 
su propia salvación bajo una verdadera legislación econó- 
mica. La fenomenal prosperidad de hoy día ha sido ganada 
bajo una tarifa que fué hecha de acuerdo con ciertos prin- 
cipios fijos y definidos, siendo el más importante de ellos 
una declarada determinación de proteger los intereses del 
productor americano, asi como también los del hombre de 
negocios, del obrero asalariado y del labrador. 

Con respecto á cambios en detalles de nuestra politica en la 
tarifa, creo que este país está irrevocablemente comprometi- 
do, estando basada fundadamente sobre un amplio reconoci- 
miento de la diferencia entre el costo de producción — esto 
es, el costo del trabajo — aquí y en el exterior y de la nece- 
sidad de velar porque nuestras leyes no concedan en ningún 
caso ventajas en nuestro mercado á las industrias extran- 
jeras sobre las americanas, al capital extranjero sobre el 
americano, al trabajo extranjero sobre nuestro propio tra- 
bajo. 

Necesita alto tipo de trabajo. 

Este país tiene y necesita trabajadores mejor pagados, 
mejor educados, mejor alimentados y mejor vestidos, de más 
altas condiciones que los que puedan encontrarse en cual- 
quier país extranjero. Tiene y necesita que los que labren 
la tierra sean más vigorosos y más prósperos que los que 
pueda poseer cualquiera otro país. Que los hombres de 
negocios, los comerciantes y manufactureros, los directores 
de transportes, demuestren la misma superioridad cuando se 
les compare con hombres de sus mismas condiciones en el 
extranjero. 

Los acontecimientos de estos últimos años han demostrado 
cuánta habilidad los directores de la industria americana 
usan en la competencia de negocios internacionales, en las 
poderosas armas industriales forjadas por ellos mismos con 
los recursos de nuestro país, la sabiduría de nuestras leyes, 
el genio inventivo y sagaz, así como la capacidad adminis- 
trativa de nuestro pueblo. 

Es naturalmente una simple verdad el decir que necesita- 
mos emplear todo lo que está á nuestro alcance para conser- 
var el bienestar de nuestro entero cuerpo político. En otras 
palabras, necesitamos tratar de la tarifa como una proposi- 
ción de negocio, desde el punto de vista de los intereses del 
país en general, y no con referencia á las necesidades tempo- 



82 

rales de cualquier partido político. Casi es tan necesario que 
nuestra política sea estable como que deba ser sabia. 

Cambio de la Tarifa. 

Una nación como la nuestra no podría soportar por largo 
tiempo la ruinosa política de ajustar de nuevo sus negocios 
á los cambios radicales de la tarifa en cortos intervalos, es- 
pecialmente cuando, como ahora, debido á la inmensa exten- 
sión y variedad de nuestros productos, las escalas de la tarifa 
comprenden diferentes tipos de derechos en miles de artí- 
culos también diferentes. 

Cambios violentos y radicales en una tarifa tal, rozándose 
tan vitalmente con los intereses de todos nosotros, abrazan- 
do la agricultura, el trabajo, la manufactura y el comercio, 
serían desastrosos en todos conceptos y serían fatales para 
nuestro presente bienestar si se aproximasen á la teoría de 
que el principio de la política proteccionista debería ser aban- 
donada. 

El mundo de los negocios — es decir, el mundo americano 
todo — no podría, si tiene alguna consideración á su propio 
bienestar, ni aun considerar la conveniencia de abandonar el 
actual sistema. 

Sin embargo, donde las condiciones industriales tan fre- 
cuentemente cambian, como con nosotros puede de necesidad 
llegar el caso, es objeto de primordial importancia que pu- 
diésemos de cuando en cuando adaptar nuestra política á los 
cambios de condiciones. 

Nuestro objeto debe ser, conservar la política de una tarifa 
proteccionista en la cual la nación en general ha asentido, y 
no obstante en donde quiera y cualquier tiempo que fuere 
necesario cambiar los derechos, en particular párrafos y es- 
calas como materias de detalle legislativo, si tal cambio es 
exigido por los intereses de la nación en general. 

Al hacer nuevos arreglos hay ciertas consideraciones im- 
portantes que no pueden desatenderse. Si una ley de tarifa 
ha resultado satisfactoria y los negocios han prosperado y 
prosperan con ella, sería quizás preferible soportar algunas 
inconveniencias y desigualdades por algún tiempo, que no 
exponerse al hacer cambios, causar trastornos, y quizás la 
paralización en las industrias y negocios del país. 



«3 

Los " Trusts." 

Un punto que debemos siempre conservar en la mente 
La cuestión de la revisión de la tarifa, hablando en términos 
generales, se mantiene completamente separada de la cues- 
tión referente á los trusts. Ningún cambio en los derechos 
de la tarifa puede tener un efecto substancial en resolver el 
llamado problema de los trusts. 

Ciertos grandes trusts, ó corporaciones, no han sido de 
ningún modo afectadas por la tarifa ; prácticamente todas las 
otras de alguna importancia tienen, como es natural, un nú- 
mero de competidores americanos, y por supuesto un cambio 
en la tarifa que causaría perjuicio á las grandes corpora- 
ciones, causaría no solamente perjuicio, pero destruiría los 
pequeños competidores, y tal cambio significaría igualmente 
un desastre para los que ganan un salario y que estuviesen 
en conexión tanto con las grandes como con las pequeñas 
corporaciones. 



Podemos Llenar los Mercados del Mundo con 

Nuestros Productos Conservando el 

Precio de Nuestros Salarios. 

Extracto de las declaraciones del Hon. M. A. Hanna, en Chillicothe, 
Ohio, el 19 de Septiembre de 1903, publicadas en el Diario de 
Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904, como parte de las de- 
claraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Pennsylvania. 

Había llegado la hora, y con ella el derecho y el deber de 
nuestro ilustre y querido William McKinley, de marchar ade- 
lante con la confianza del pueblo que lo seguía, y de tomar las 
riendas del gobierno á su debido tiempo, no sólo por su vida 
ejemplar, no sólo como resultado de los principios que lo 
guiaron en su existencia, sino principalmente porque durante 
su vida pública se conservó siempre amigo de los obreros y les 
enseñó los principios que llenan sus mentes y sus corazones 
de gratitud y confianza, hasta el punto de seguirlo como lo 
siguieron en 1896 y 1900. 

Aquellos principios viven todavía, aunque él nos haya 
abandonado para siempre. (Aplausos.) Pero dejó tras sí un 
recuerdo que todo hombre de Ohio debe conservar como 
una herencia suya. Dejó tras sí un ejemplo para estas 
clases á quienes habló, y si él pudiera hablar hoy diría á 



8 4 

todos los hombres del Estado de Ohio que trabajan con sus 
manos : "Recordad todo lo que habéis pasado en los años 
transcurridos ; recordad cómo, paso á paso, aprendisteis 
aquellas lecciones que han traído prosperidad y dicha á 
vuestros hogares, y, al recordarlo, recordad al partido y á 
los directores de su política, que han sido vuestros amigos en 
el pasado y están hoy donde estuvieron en 1896. (Grandes 
aplausos.) 

El único peligro que puede venir al pueblo de este país 
está en sus propios actos, en su propia voluntad, en el poder 
que tiene de cambiar esa política que nos ha hecho lo que 
somos hoy. 

Si fuese posible que los herederos de Tom Johnson y sus 
partidarios pudieran hacer alguna impresión sobre el pueblo 
hasta cambiar sus condiciones políticas actuales, voy á de- 
ciros lo que sucedería. Los hombres que manejan estas 
grandes industrias, los hombres cuyo poder y dinero mueven 
todo este enorme comercio, los hombres que están unidos á 
ellos como socios, juntos con los hombres que trabajan con sus 
manos en este gran movimiento de negocios, serían los pri- 
meros en advertir el cambio si fuese inminente, y procede- 
rían según la hipótesis de que es mejor esperar y saber la 
verdad que sospecharla y especular con ella. 

El resultado sería, yo os lo aseguro, que si una sola nube 
viniese á cubrir el cielo comercial de este país que teme cual- 
quier cambio de política distinta de la que ha tenido en estos 
últimos seis ó siete años ; si ese cambio ocurriera, las ruedas 
de la industria se detendrían, y sobrevendría una política 
de expectación — expectación por saber qué resultado daría, 
expectación por saber si el pueblo americano se había cansado 
de la política que le había traído riqueza y prosperidad. 

No hay una razón para que no tengamos largos y continuos 
períodos de prosperidad en este país, porque nuestros recur- 
sos naturales son mayores que los de ningún otro pueblo del 
mundo. Este gran pueblo cosmopolita ha demostrado más 
habilidad, industrial, comercial y políticamente hablando, que 
ninguna otra nación de la tierra. (Grandes aplausos.) 

Hemos llegado á esa posición por nuestro propio mérito, 
y ese mérito está demostrado con el hecho de que bajo aque- 
llas influencias y durante los tiempos de paz, hemos hecho 
tan rápidos progresos industriales que podemos llenar los 
mercados del mundo con nuestros productos conservando el 
precio de nuestros salarios. (Grandes aplausos.) No; en 



«5 

tanto que vuestros intereses estén de acuerdo con los intere- 
ses de la nación, lo repito, la cuestión no ha cambiado, los 
principios no han cambiado, los resultados no han cambiado, 
y estáis aquí hoy exactamente donde estuvisteis hace años, 
cuando, bajo la jefatura del hombre ilustre que confiaba en 
la política proteccionista, lo seguísteis á las urnas, y un año 
tras otro disteis vuestro veredicto en pro de una política que 
ha sido siempre la política de las clases trabajadoras de este 
Estado y de esta Nación. 

Voy á dar un aviso no solamente á mis amigos los republi- 
canos, sino á todos aquellos que posean un hogar propio. Si 
las doctrinas socialistas defendidas por esa nueva clase de 
demócratas llegasen por cualquier contingencia á ser ley, es 
decir, si esa política, por cualquier contingencia, llegara á 
establecerse, entonces Dios tenga piedad de nosotros. Si esa 
doctrina socialista, anarquista ó populista llega á apoderarse 
del pensamiento del pueblo de este ó de cualquiera otro Es- 
tado, hasta dominar su razón y su juicio, arrastrándolo á 
cometer lo que yo llamaría un acto de suicidio político, en- 
tonces que Dios tenga piedad de nosotros. Porque todo lo 
que hemos trabajado en el pasado, todo lo que hemos ganado 
con nuestro esfuerzo y con nuestra inteligencia, todas las 
batallas que hemos librado por la libertad del hombre, todos 
los esfuerzos que hemos hecho para hacer de este país lo 
que es, para crear un gobierno que pertenece al pueblo, todo, 
absolutamente todo se habrá perdido si, para desgracia nues- 
tra, prevalecieran esas funestas doctrinas. Es un serio pro- 
blema que merece un estudio especial. Republicanos ó demó- 
cratas, acostaos esta noche pensando en ello. 



¿ Estará Dispuesto el Partido Republicano á 

Abrir la Mano, Sabiendo que una Vez 

Abierta, toda Esperanza está 

Perdida ? 

Extracto de un artículo del Hon. Thomas B. Reed, publicado en el 
Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

Digámoslo en pocas palabras y en una forma práctica. 

Tenemos una tarifa sabiamente redactada, que nos ha da- 
do un excelente resultado. Esa tarifa tiene solamente cinco 
años. Ella nos ha conducido al éxito más sorprendente. No 
tiene relación con ninguna gran corporación, y sí sólo con 



86 

las pequeñas corporaciones y con los individuos. Ningún 
ataque para abrogar la ley Dingley podría dañar á uno sin 
dañarlos á todos. 

Cualquier alteración en este sentido alteraría la situación 
de una manera profunda. Una ley de tarifas no es el pro- 
ducto de un solo cerebro. Es el resultado de un acuerdo 
entre todos los intereses y todos los cerebros. Por eso cada 
vez que un hombre ha discurrido una ley de tarifas, se ha 
visto que esa ley no ha sido aprobada. 

Hubo una vez un presidente de los Estados Unidos de 
gran poder é influencia. Durante cuatro años no tuvo Con- 
greso tras sí, y soñó en una reforma de la ley de tarifas que 
fuese, obra suya exclusivamente. Más tarde tuvo un Con- 
greso de su propio partido, y no se atrevió á enviar á él su 
proyecto. 

¿Estará el partido republicano dispuesto á abrir la mano, 
sabiendo que una vez abierta toda esperanza está perdida ? 



Los Obreros Americanos deben ser Protegidos 
á Todo Trance. 

Extracto de declaraciones hechas por el Presidente Roosevelt, pu- 
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

Nuestra única mira sería seguir la política de una tarifa 
proteccionista aceptada por toda la nación; pero en la que, 
sin embargo, pudieran introducirse ciertos cambios, especial- 
mente en algunos capítulos de materia legislativa, siempre 
que esos cambios fuesen exigidos por los intereses de toda la 
nación. (Minneápolis, Minn., 4 de Abril de 19x34.) 

La política general de tarifas que, presciendo de ciertos 
cambios de detalle, quisiera ver aceptada por toda la nación, 
está fundamentalmente basada en un amplio conocimiento de 
las diferencias que existen en el costo del trabajo aquí y en el 
extranjero. En otras palabras, el conocimiento de las nece- 
sidades intelectuales del obrero, de su confort, de su aspira- 
ción á vivir una vida de progreso y cultura, y del genio in- 
ventivo del trabajador americano comparado con el trabaja- 
dor de cualquier otro país de la tierra. (Nueva York, 11 de 
Noviembre de 1902.) 

En todo caso, y cualesquiera que fueren las alteraciones 
introducidas en las tarifas, el obrero americano debe ser pro- 
tegido en sus salarios — esto es, en su género de vida — y 



«7 

deben asegurársele las mayores oportunidades de empleó. 
(Loganspot, Ind., Septiembre de 1902.) 

Una nación como la nuestra puede a justar sus negocios á 
cualquier clase y forma de tarifas. Pero ni nuestra nación, 
ni ninguna otra, puede resistir la ruinosa politica de someter 
sus negocios á cambios radicales y frecuentes de sus tarifas. 
(Logansport, Ind., 23 de Septiembre de 1902.) 

Si una ley de tarifas da buen resultado, y los negocios 
prosperan con ella, vale más aceptar sus pequeños errores y 
deficiencias por algún tiempo que hacerle cambios radicales 
que ocasionarían perturbaciones y acaso parálisis en las in- 
dustrias y en todos los negocios del país. (Minneápolis, 
Minn., 4 de Abril de 1903.) 

Ninguno de los males relacionados con los trusts puede 
remediarse por medio de cambios en las leyes de tarifas. Los 
trusts pueden ser perjudicados privándolos de los beneficios 
de una tarifa proteccionista, y ese perjuicio se extendería á 
los pequeños competidores, y sobre todo, á los salarios de los 
obreros empleados en las industrias. (Cincinnati, 20 de 
Septiembre de 1902.) 

Las tarifas afectan á los trusts lo mismo que afectan á los 
demás intereses. Hacen que estos intereses sean más ó 
menos productivos. Las tarifas deben aceptarse como un 
sistema de política nacional. El principal requisito de nues- 
tra prosperidad es la continuación y estabilidad de esta polí- 
tica económica. Nada tan imprudente en los momentos ac- 
tuales como llevar la perturbación á todos los negocios del 
país con un cambio radical de sus tarifas. La duda, el temor, 
la incertidumbre caerían sobre todos los negocios, compro- 
metiendo seriamente nuestro bienestar moral y material. La 
experiencia del pasado nos enseña que toda alteración más ó 
menos radical de las tarifas ha traído consigo un estado de 
cosas muy semejante al pánico en el mundo de los negocios. 
Sin embargo, no sólo es posible, sino eminentemente desea- 
ble, el combinar con la estabilidad de nuestro sistema econó- 
mico un sistema suplementario de recíproco beneficio con las 
demás naciones. Esa reciprocidad es un incidente, y resulta 
de la firme estabilidad y conservación de nuestra actual 
política económica. Fué especialmente indicada en la pre- 
sente ley de tarifas. 

La reciprocidad debe ser considerada como una consecuen- 
cia del proteccionismo. Nuestro primer deber es ver ese 
proteccionismo perfectamente garantizado por las tarifas, sin 



88 

perjuicio de hacer todas aquellas concesiones que no re- 
dunden en menoscabo de nuestras industrias domésticas. 
Pero ello habría de hacerse en muy determinados casos, re- 
cordando siempre que toda aplicación de nuestra ley de 
tarifas, de acuerdo con nuestras necesidades nacionales, debe 
posponerse al hecho de que los impuestos no deben reducirse 
nunca hasta el punto de que no cubran la diferencia entre el 
costo del trabajo aqui y en el extranjero. El bienestar del 
jornalero es la principal consideración de toda nuestra polí- 
tica económica. (Mensaje anual al Congreso, primera Se- 
sión.) 

Fuertes .de corazón, vemos á través de los peligros el por- 
venir que se abre á lo lejos, y nos sentimos alegres como el 
luchador que se dispone al combate, y saltamos á la arena 
donde las naciones luchan por la existencia, nuestros cora- 
zones henchidos con la fe de que á nosotros y á nuestros hijos 
y á los hijos de nuestros hijos nos será dado hacer de esta 
República el más poderoso entre los pueblos de la tierra. 

Ninguna nación ha prosperado como nosotros hemos pros- 
perado, y debemos evitar que una ligereza nos haga perder 
nuestra inmensa prosperidad. 

Siempre que un americano realiza un acto que redunda en 
prestigio de nuestra patria, podemos por ello andar con la 
cabeza algo levantada, y siempre que alguno de nosotros co- 
mete una falta, el descrédito cae más ó menos sobre todos. 

Los " Trusts." 
Revisión de las Tarifas. — El Presidente en Minneapolis. 

Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Lacey, de Iowa, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 25 de 
1904. 

Extracto de un discurso del Presidente Koosevelt. 
Los " Trusts." 

En vista de las discusiones que se sostienen acerca de la 
opinión del Presidente sobre la revisión de las tarifas, paré- 
cerne oportuno hacer un extracto del discurso pronunciado 
por él en Minneapolis el 4 'de Abril último. 

El extracto dice asi : 

"No debéis olvidar una cosa. La cuestión de la revisión 
de las tarifas, hablando en tesis general, debe tratarse sepa- 
radamente de la cuestión de los trusts. Ningún cambio en 



8 9 

las tarifas podría tener substancial influencia en la solución 
del llamado problema de los trusts. 

Puede asegurarse que los grandes trusts, ó grandes cor- 
poraciones, son completamente ágenos á las tarifas. Hablo 
de un gran número de ellos ; porque los hay también que 
tienen muchos pequeños competidores americanos, y por 
consiguiente, un cambio en las tarifas perjudicaría á las 
grandes corporaciones, y de seguro arruinaría á esos peque- 
ños competidores. Del mismo modo el cambio significaría 
un desastre para todos los obreros que dependen de esas 
grandes ó pequeñas corporaciones. Desde el punto de vista 
de la solución del problema de los trusts, semejante cambio 
significaría también que algunos de ellos se verían libres de 
la competencia de los pequeños concurrentes americanos, y 
entrarían entonces en competencia con los concurrentes ex- 
tranjeros, y el esfuerzo para vencerlos empezaría por la re- 
baja de los salarios, resultando el obrero la primera y acaso 
única víctima de ese estado de cosas. 

En el caso de algunos de nuestros grandes trusts, el cam- 
bio redundaría en un positivo beneficio para ellos. En gene- 
ral el cambio de las tarifas afectaría á los trusts de la misma 
manera que afectaría á todo el país, Las tarifas afectan á 
los trusts como afectan á todos los demás intereses. Por 
consiguiente, debemos estudiar un asunto de tan vital inte- 
rés económico única y exclusivamente desde el punto de 
vista de los intereses generales. 

Hemos prosperado maravillosamente en casa. Como nación 
marchamos al frente en la gigantesca lucha industrial que 
sostienen hoy día todas las naciones del mundo. Por un 
acto de insensatez injustificable no debemos exponernos á 
perder la magnífica posición en que triunfalmente nos hemos 
colocado. 

Cambios en las Tarifas. 

Una nación como la nuestra no podría soportar mucho 
tiempo la ruinosa política de someter sus negocios á cambios 
radicales y frecuentes de sus tarifas ; especialmente cuando, 
como ahora, á causa de la inmensa extensión y variedad de 
nuestros productos, esas tarifas abarcan un número extraor- 
dinario de diferentes artículos. 

Un cambio en las tarifas tan violento que afectase vital- 
mente los intereses de todos nosotros, comprendiendo la agri- 
cultura, el trabajo, las manufacturas y el comercio, sería tan 



9 o 

desastrosa que destruiría por completo nuestro presente 
bienestar. 

El mundo de los negocios, es decir, todo el mundo ameri- 
cano, está obligado á oponerse, si tiene alguna idea de lo que 
son sus intereses, á que se discuta siquiera la posibilidad de 
que se abandone el actual sistema. 

Por otra parte, en un país donde las condiciones indus- 
tríales cambian con tanta frecuencia como en el nuestro, es 
cuestión de suma importancia que nos encontremos en. situa- 
ción de adaptar nuestro sistema económico á las nuevas con- 
diciones existentes. 

La Ley Dingley. 

Todo lo que en su nombre se ofreció se lia cumplido. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, en la Cámara de Representantes, publicadas en el Diario 
de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

En 1897, después de una experiencia con las tarifas demo- 
cráticas — experiencia que aún vive en la memoria de todos 
— - el partido republicano volvió al poder, siendo elegido 
Presidente William McKinley, el más esforzado defensor de 
las tarifas proteccionistas. Poco después de su inauguración, 
el Presidente McKinley convocó al Congreso para una se- 
sión extraordinaria con objeto de revisar las tarifas. El re- 
sultado fué la ley Dingley. Sus resultados han sido tales que 
los reconocen hasta los mismos que se opusieron á su aproba- 
ción. 

Todo lo que se ofreció en su nombre se ha cumplido. Las 
industrias americanas, que languidecían, han revivido y flo- 
recen. Nuevas empresas han surgido y prosperan. El trabajo 
abunda y los salarios son buenos. Los agricultores casi han 
olvidado lo que es una hipoteca. 

Todo está admitido. Y todavía hay quienes intentan destruir 
todo eso por una teoría, cuya insensatez ha sido repetidas 
veces comprobada por la experiencia aquí y fuera de aquí. 

¿Son sagradas las cláusulas de las tarifas? No; pero el 
bienestar de nuestro pueblo debe ser sagrado para aquellos 
cuyos actos pudieran aumentarlo ó disminuirlo. ¿No serán 
revisadas jamás nuestras leyes de tarifas? Cierto que lo 
serán. ¿Cuándo? Siempre que esté demostrado hasta la, 
evidencia que en la revisión hay más ganancia que pérdida 
para el pueblo americano. 



9* 

¿Cómo sabremos que ha llegado la hora de la revisión? 
A esta pregunta no se podría contestar con vanas palabras 
sobre "cambio de condiciones." Sería preciso que los que 
piden la revisión de las tarifas con tanta persistencia nos 
dijeran terminantemente cómo "han cambiado esas condicio- 
nes" y qué es lo que la prudencia aconseja hacer. 

Sr. Presidente: tengo una fe inquebrantable en la fuerza 
de la razón y en el sentido común del pueblo; por lo que 
respecta á mí, escogeré sin vacilar el camino del deber para 
con mi país, y bajo ningún concepto estoy dispuesto á sacri- 
ficar sus intereses á mis ambiciones. 

Desde hace cuarenta y tres años en que el partido repu- 
blicano vino al poder por la primera vez, cuatro veces ha 
hecho una revisión general de las tarifas. Dos de esas re- 
visiones fueron de cláusulas democráticas, las de 1861 y 1897. 
Las otras dos, de 1883 y 1890, fueron de cláusulas republi- 
canas. 

Inútil me parece decir que cuando llegue el momento opor- 
tuno de revisar la actual ley de tarifas, la revisión se hará 
por los amigos y no por los enemigos de la protección á las 
industrias americanas. 



Por qué no se Puede Confiar en las Promesas 
Democráticas. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 
de 1904. 

Como tuve oportunidad de decir al principio de este debate, 
la cuestión de las tarifas es, en primer lugar una cuestión 
económica, y en segundo lugar una cuestión política. Es 
probable que el aspecto político de esa cuestión aparezca tan 
pronto como empiece la campaña presidencial. 

El partido demócrata pone hoy una gran parte de sus 
esperanzas de victoria en la existencia de lo que ha dado en 
llamarse "el sólido Sur." 

Es importante que tengamos, si es posible, un exacto 
concepto de lo que eso significa. El partido demócrata sabe 
por adelantado que puede contar con absoluta seguridad 
con los votos electorales de los Estados del Sur. 

Así pues, en una convención no es necesario considerar 
seriamente los deseos del Sur, ni respecto del candidato, ni 



9 2 

respecto de su programa. El problema para los directores 
del partido demócrata será conseguir el remanente de votos 
necesario para una elección. Esto hay que conseguirlo en el 
Norte. 

Una gran ciudad ofrece el mejor terreno para ciertos 
procedimientos democráticos ; por eso los directores del par- 
tido rastrean el Estado de Nueva York, con su gran ciudad 
metropolitana, y el de Illinois, con su Chicago, y por añadi- 
dura, uno ó dos Estados del tamaño de Indiana, New Jersey 
y Wisconsin. 

En general, el problema para los directores de la campaña 
democrática es cómo conseguir los Estados del Norte. 

La ciudad de Nueva York puede suministrar una amplia 
mayoría; pero en estos días de publicidad tienen un limite 
esas posibilidades. Los republicanos serán derrotados por 
una gran mayoría más abajo del Harlem; pero debe esco- 
gerse un candidato y confeccionar un programa que atraiga 
al pueblo de arriba del Estado. 

Pero el programa debe ser tal que logre atraerse aquellos 
dos Estados. Debe estar redactado de manera que haga 
referencia á los Estados del Norte especialmente. 

Estos Estados del Norte tienen intereses y negocios cuyos 
propietarios deben ser atraídos con toda clase de promesas. 
Por consiguiente, el programa debe ser lo más conservador 
que se pueda. 

Un programa democrático podrá ser un programa de par- 
tido, jamás un programa nacional. 



La Reciprocidad Republicana Mantiene Siem- 
pre Presente la Conservación del Mer- 
cado Doméstico y el Bienestar 
de los Asalariados. 

Extracto de las observaciones del Hon. John Dalzell, de Penn- 
sylvania, en el Diario de Sesiones del Congreso, el i de Marzo 
de 1904. 

La reciprocidad republicana es la reciprocidad en artícu- 
los sin competencia y en ninguna otra cosa más. (Aplausos 
en los bancos republicanos.) No conozco ninguna mejor 
definición de ella que la dada por el ex-Director General de 
Correos Charles Emory Smith. Se expresa así : Cuando 
se entiende correctamente el principio es axiomático. El 



93 

Brasil produce café, pero no fabrica maquinaria. Nosotros 
fabricamos maquinaria, pero no producimos café. El 
necesita los productos de nuestras fábricas y de nuestras 
fraguas, y nosotros necesitamos los frutos de su suelo tro- 
pical. Convenimos en hacerle concesiones para su café, y 
él conviene en hacer concesiones á nuestra maquinaria. Eso 
es la reciprocidad. 

Y no conozco mejor definición para demostrarla que la 
dada por el Presidente McKinley en su discurso de inaugu- 
ración. 

El propósito siempre presente, dice él, de tener nuevos 
mercados abiertos para los productos de nuestro país, hacien- 
do concesiones á los de otras tierras que necesitemos y no 
podamos producir, y que no envuelvan ninguna pérdida de 
trabajo para nuestro pueblo, sino que tiendan á aumentar 
su empleo. 

Expresado en otra forma, la reciprocidad republicana, así 
como la protección, mantiene siempre presente la conserva- 
ción del mercado doméstico, la primacía de nuestros manu- 
factureros y el bienestar de los que ganan un salario. 

Si el comité se mostrase indulgente conmigo, yo propon- 
dría que inmediatamente y con toda brevedad revisásemos 
nuestras experiencias nacionales con respecto á esta materia. 
Refiérame á la reciprocidad con el Canadá, porque se han 
hecho argumentos en el lado democrático de esta Cámara, 
tendentes á la renovación de arreglos comerciales recíprocos 
con el Canadá, y porque se han hecho argumentos en alguna 
otra parte con igual objeto, de carácter sensacional, por 
hombres que no podemos considerar de otra manera, sino 
como encubiertos enemigos de la protección, no obstante de 
dirigirse á los oyentes republicanos. 

Nuestro tratado de reciprocidad con el Canadá fué hecho 
en 1854 y abrogado en 1866. Con respecto á los efectos 
del tratado, permitidme citar al Senador Morril, de Ver- 
mont, que estaba completamente familiarizado con esta ma- 
teria. 

Nuestras exportaciones al Canadá en 1855 fueron $20,- 
828,676, pero bajo la acción del tradado de reciprocidad, que 
entonces comenzó, descendieron en doce años á $15,243,834, 
mientras que las exportaciones del Canadá para los Estados 
Unidos aumentaron de $12,000,000 á $46,000,000. Cuando el 
tratado comenzó, el balance comercial había sido de $8,000,- 
000 anuales, á nuestro favor, y esa suma se pagó en dinero, 



94 

pero al terminarse el tratado el balance contra nosotros en 
un solo año fué de $30,000,000, que tuvimos que satisfacer 
en metálico. Fué para este país una pérdida segura anual 
de $5,000,000 de nuestro comercio de exportación y de $38,- 
000,000 en metálico, yendo todo á enriquecer al Canadá á 
nuestras expensas. 

De modo que, la reciprocidad de Arthur, Harrison y 
Blaine, y Dingley y McKinley, sigue siendo la reciprocidad 
del partido republicano. 

Sé de ciertos señores, enemigos de la protección, que han 
sostenido que el Presidente McKinley, en su último discurso 
en Búrlalo, la víspera de su trágico fin, había abandonado la 
doctrina por la que había abogado toda su vida y que le con- 
quistó fama. Creo que no le hicieron justicia. En ese dis- 
curso se encuentran sentencias sueltas, que consideradas 
aisladamente, pueden interpretarse como queriendo significar 
casi algo; pero que tomados en conjunto, con todo el cuerpo 
del discurso, era un discurso de los de McKinley. Fué un 
discurso abogando por el comercio extranjero, pero al mismo 
tiempo resonaba, como nota maestra, la suprema y dominante 
cuestión del comercio doméstico, siendo una protesta contra 
cualquiera medida restrictiva dentro de ella, que perjudicase 
las industrias y causase daño á los que ganaban un salario. 

Observad lo que él dice : 

"Con arreglos comerciales prudentes que no perjudiquen 
nuestra producción, extenderemos la salida de nuestro cre- 
ciente exceso." 

Y agrega además : 

"Tomaríamos de aquellos con quienes tratásemos aquellos 
productos que pudiésemos usar sin daño á nuestras indus- 
trias y á nuestro trabajo." 

Y en medio de todo ese discurso, en que glorificaba 
nuestra prosperidad, atribuye su existencia á la política 
proteccionista. Ya sea eso así, ó no, la fé del partido repu- 
blicano permanece hoy lo mismo, con respecto á este punto, 
que cuando se declaró en 1900 en Philadelphia. 

Favorecemos la política de asociación, dirigida de modo 
á abrir nuestros mercados, en términos favorables, por lo 
que no producimos, en cambio de los mercados libres ex- 
tranjeros. 

Entonces ¿por qué cambiar esta política del todo? ¿Por 
qué no mantenerse firmes en la política de recíprocas rela- 
ciones con respecto simplemente á artículos que no nos hacen 



95 

la competencia, y de ese modo garantizar nuestros intereses 
domésticos ? Oh, dicen ellos, porque necesitamos conseguir 
el comercio extranjero. Bien, ¿qué le pasa á nuestro comer- 
cio extranjero? Nada hay ciertamente que pueda criticarse 
de su actual status, y no me preocupa el temor de que algunos 
Señores se expresen con relación á su futuro. Creo que en 
el arreglo de las condiciones universales se cuidará de sí 
mismo en el futuro, como lo ha hecho en el pasado. Porque 
durante los treinta últimos años nuestro comercio extranjero 
ha aumentado más que el de la Gran Bretaña, más que el 
de Alemania, más que el de Francia, más que el de Rusia 
y más que el de ninguna nación del mundo. 



¿ Quién Arriaría la Bandera ? 

Extracto de las observaciones del Hon. J. C. Sibley, de Pennsyl- 
vania, en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero de 1900. 

I Deberemos conservar las Filipinas y la isla de Pto. Rico ? 
hasta la última pulgada. Ninguna nación en el Globo tiene 
más altos derechos ó mejores títulos á cualquier pedazo de 
esos territorios. Los tenemos por doble derecho : el de con- 
quista y el de compra. Mi opinión es que en donde nuestra 
bandera ha extendido su sombra, surgirá una raza de hom- 
bres libres. 

Y otra vez me hago eco de la pregunta del Presidente. 
"¿Quién arriaría la bandera?" ¿Quién la plantó allí? ¿Qué 
Consejo de Gabinete, qué guerrero, qué estadista, qué Sena- 
dor ó Representante, qué cuerpo de hombres formuló el plan 
de conquista? Los gritos de la humanidad doliente, ahoga- 
dos por el talón de la opresión, resonaron en nuestros oídos 
y los ensordecieron. Oimos sus lamentos, pero no respondi- 
mos á ellos. Los vimos desposeídos y heridos en nuestro 
camino á Jericó, y como el Levita, cruzar al lado opuesto. 
No fueron sus lamentos y oraciones desoídas ante el trono 
Celestial. 

Como para despertarnos de nuestra apatía y casi criminal 
indiferencia, el Todopoderoso permitió que los enemigos de 
su cólera lanzasen sus rayos sobre la proa del Maine, fon- 
deado pacíficamente en la había de la Habana. Ni el más 
penetrante estadista, ni el más osado guerrero había con- 
templado ó supuesto la posibilidad de la ventaja, acrecenta- 
miento y grandeza para nosotros como nación, al salir de la 



9 6 

guerra en que la primera declaración fué la voladura del 
Maine. 

Esas tierras y esos pueblos, indignamente gobernados, 
debían, en la sabiduría del Altísimo, pasar de la casa de 
Saúl á la de David. 

Dios y el valor de las armas americanas nos dio este 
territorio, no porque seamos una nación completamente libre, 
pura y sin mancha ; sino porque trabajando por el bien de la 
humanidad, lo concedió al más atrevido, al más libre, al más 
progresista y más ilustrado y más cristiano de todas las 
naciones del presente siglo. 

Señor, yo soy un optimista, y mi creencia es que Dios ha 
querido implantar un pueblo que deberá llevar las artes de 
la paz y la historia de la Cruz á todas las naciones de la 
tierra. No aborrecen Uds. más que yo la guerra ; pero se- 
ñor, en ciertos casos la guerra es para el cuerpo político lo 
que la reja del arado en el maduro musgo es para el labra- 
dor; nociva vegetación, espinas y malezas deben ser exter- 
minadas y arrancadas de raíz, para que el dulce fruto pueda 
desarrollarse. En el seno de nuestro suelo el Todopoderoso 
ha almacenado, á través de innumerables siglos, los tesoros 
minerales. En su seno cubierto de bosques y dorado con la 
madurez de las cosechas, El ha abrigado y alimentado una 
raza que acelerará la aurora de ese mañana, cuando á través 
de los siglos la guerra será desterrada, las espadas conver- 
tidas en arados y las lanzas en instrumentos de poda, y los 
hombres se mirarán unos á otros para reconocer los lazos 
de la fraternidad. Vamos adelante como una nación, no 
para enseñar la doctrina de la supervivencia de los más 
aptos, sino para hacer á los hombres aptos para sobrevivir. 

; Reconocen los señores el hecho, de que dentro de cien años 
de la fecha ésta será una nación de 400,000,000 de almas? 
Con tal suelo, con tales recursos materiales y con tal pueblo 
¿ quién arriaría la bandera de tan extensos dominios ? ¿ Quién 
cercaría v ahogaría entre dos océanos las energías de una 
civilización tal cómo esa? Encerraríamos sus fuerzas den- 
tro de los confines de un continente. 



97 
La Gloria y Triunfo del Proteccionismo. 

Extracto del artículo titulado "POR QUE LOS PRIMEROS VO- 
TANTES DEBERÍAN SER PROTECCIONISTAS," impreso 
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 12 de Enero de 1904. 

Mucho después que la producción de los artículos manu- 
facturados en este país excediese á la de los Estados Unidos, 
y aun cuando llegó en volumen igual á la producción com- 
binada de la Gran Bretaña y Alemania, escritores de la pren- 
sa inglesa y autores de libros publicados en Inglaterra es- 
taban acostumbrados á hablar de los Estados Unidos como 
una nación agrícola. Y cuando usaban la expresión, estaban 
todavía bajo la opinión de Cobden, de que los americanos 
habían sido creados por la Providencia para cavar, usar de 
la azada y arar en provecho de la Gran Bretaña. 

Se confirmaban en esta extraña creencia por la vasta 
cantidad de utensilios de labranza que se descargaban en sus 
playas. Contemplaban tantos productos de su suelo, que im- 
pensadamente concluyeron por creer que nos consagrába- 
mos totalmente á la agricultura. Sus maestros les habían 
enseñado que hubiera sido fatal, ó al menos altamente per- 
judicial, á nuestros propios intereses como cultivadores, de 
desviar cualquiera porción de nuestro capital del cultivo del 
suelo, y no se les ocurrió que podríamos mantener á la vez 
varios hierros en el fuego y mantenerlos todos ellos siempre 
rojos. 

Y los mantuvimos, é hicimos buena la pretensión protec- 
cionista de que el hombre puede prosperar mejor cuando 
depende de sus propios esfuerzos. Demostramos que la in- 
experiencia y la ineptitud no son términos sinónimos, y hemos 
probado concluyentcmente que no hay una sola industria es- 
tablecida en Inglaterra que no tengamos esperanzas de ejer- 
cerla con igual ó mayor éxito que en aquel país.. 

Es la gloria y triunfo del proteccionismo haber demos- 
trado que se puede hacer del mundo entero un taller, que la 
humanidad no necesita depender de un pequeño rincón del 
mismo. El mayor resultado del proteccionismo es el hecho 
de haber prácticamente enseñado al mundo occidental, que 
el progreso nacional recibe su mayor impulso cuando el 
pueblo de un país se decide á cuidarse á sí mismo. 

Durante los años en que el proteccionismo ha estado más 
tenazmente adherido al país, éste ha hecho sus mayores 
adelantos en su fuerza productiva. En estos años se han 



9 8 

levantado sus enormes industrias, cuya existencia es una 
refutación á la vana suposición del libre-cambista de que el 
proteccionismo resulta un entorpecimiento para el adelanto. 

En los pasados treinta años, mientras los libre-cambistas 
de la Gran Bretaña y los Estados Unidos han estado pro- 
clamando que la industria manufacturera no podía progresar 
en un país entorpecido con derechos prohibitivos, se ha desa- 
rrollado de tal manera el volumen de su producción que 
excede al de Alemania y la Gran Bretaña combinadas. En 
1870, el valor de los productos manufacturados en los Es- 
tados Unidos era de $4,232,325,442; en 1900, se alcanzó el 
colosal montante de $13,039,279,566. No se alcanzó esta 
enorme producción á expensas de la agricultura. El libre- 
cambista aseguraba que cualquier estímulo artificial aplicado 
al desenvolvimiento de las manufacturas entorpecería el pro- 
vechoso de nuestro suelo, pero hemos visto mutuamente á la 
par del crecimiento tal en las operaciones de la labranza 
dentro de nuestras fronteras como jamás se ha presenciado 
en ningún país del globo. 

Si la protección hubiera dado por resultado la paraliza- 
ción de la agricultura en los Estados Unidos, como lo ha 
causado el libre-cambio en la industria de la Gran Bretaña, 
los americanos defensores del engrandecimiento de la pro- 
ducción podrían haber vacilado. Pero cuando vieron frus- 
tradas las predicciones de los partidarios de Cobden ; cuando 
vieron la agricultura americana extenderse año tras año, la 
proporción de aumento entorpecido solamente por la incapa- 
cidad del mundo consumir los productos de nuestras tierras 
á un precio que recompensase el cultivarlos, los proteccio- 
nistas se convencerían profundamente que cualquiera que 
pudiera ser el resultado de la política de diversidad de apli- 
caciones, no podrían hacer daño á la agricultura. 

Esa convicción no puede ser alterada, mientras que el 
censo presente un permanente aumento en el valor de la 
propiedad agrícola, y en el de los productos, como ha suce- 
dido década tras década, desde que el proteccionismo ha sido 
la política de la nación. En 1870 las propiedades agrícolas 
de los Estados Unidos fueron valuadas en $8,944,857,749; 
en 1900, en $20,514,001,838; en los mismos años el valor 
anual de sus productos subió de $1,958,038,927 á $3,764,- 
177,706. 

Cuando penetramos en los detalles de la industria agrícola 
americana, nos encontramos con un estado de cosas entera- 



99 

mente contrarío á las predicciones de los partidarios de Cob- 
den y exactamente lo opuesto de lo que produjo el libre- 
cambio en el Reino Unido. En este último país el trabajador 
está abandonando el suelo ; en los Estados Unidos el número 
de tierras dedicadas á la labranza aumenta constantemente, 
así como el de labradores. En 1870 había 2,659,985 here- 
dades en este país ; en 1900 se contaban 5,735,372. Treinta 
años hace el Reino Unido tenía seis ó siete millones más de 
ganado lanar que el que posee hoy, mientras que aumentó 
en los Estados Unidos de 40,853,000 á 62,039,091 durante 
el mismo período. 

En los treinta años, durante cuyo período nuestra indus- 
tria manufacturera ha hecho tales enormes progresos, hasta 
asombrar el mundo, la agricultura también ha seguido el 
mismo derrotero. Hemos aumentado nuestra producción de 
hierro en lingotes de 1,665,179 toneladas en 1870 á más de 
17,000,000 de toneladas en 1902; y mientras las fundiciones 
y fábricas estaban alcanzando este resultado, los agricul- 
tores presentaban á la vez un "record" sorprendente. En 
1870 teníamos 25,484,100 cabezas de ganado; en 1902 el 
número ascendía á 61,424,599. En 1870 el número de ca- 
ballos montaba á 8,248,800; en 1902, á pesar del trolley, de 
la bicicleta y el automóvil, el número se ha elevado á 16,531,- 
224. Cultivamos bastante ganado de cerda para el apro- 
visionamiento del' mundo en jamones y tocino, habiendo en 
1870 26,751,400 y en 1901 56,981,142, Nuestra producción 
de lana durante el período aumentó de 162,000,000 de libras 
á la cifra de 316,341,032 libras; la de trigo de 235,884,700 
fanegas á 670,063,008 fanegas; la de maíz de 1,094,255,000 
fanegas á 2,523,648,312 fanegas, y la de algodón de 4,347,006 
pacas á 10,680,600 pacas. 

Ninguna otra nación puede hacer una demostración tal. 
Si hubiéramos prestado atención al libre-cambista, no estaría- 
mos en condiciones de hacerla. Nuestro desenvolvimiento 
agrícola ha sido impulsado por la inmensa variedad de nues- 
tros recursos. 



Hon. William McKinley. 

" Una sabia ciencia de gobernación nos ordena que no 
perturbemos el bienestar." 

Extracto de las observaciones del Hon. Wm. McKinley, de Ohio, 
en la Cámara Representativa, é impresas en el Diario de Sesiones 
del Congreso (50 o Congreso, primera Sesión, página 4751). 

¿Qué otro país puede ofrecer como el nuestro tal tráfico, 
tal comercio, tales inmensas líneas de transporte, tal volumen 
de cambios y tal producción maravillosa, desde la materia 
prima hasta el producto acabado? Su hoja de balanza no 
tiene paralelo en la historia del mundo — la más rica en agri- 
cultura, la mayor en el tráfico y comercio doméstico, y á la 
cabeza de cualquiera nación de Europa en manufacturas. 
Por qué abandonar una política que puede señalar tales ade- 
lantos y trofeos que se ven en todas partes. El comercio 
interior de los Estados Unidos es mayor que todo el comercio 
extranjero de la Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia, 
Holanda, Bélgica y Austria-Hungría. Una sola Empresa 
ferroviaria (la Compañía del ferrocarril de Pennsylvania) 
conduce más tonelaje y tráfico en un solo año que todos los 
buques mercantes de la Gran Bretaña. Toda la Europa no 
ha construido tantas millas de ferrocarril como este país 
durante los últimos años, y en 1880 el mundo entero no cons- 
truyó tantas millas de vías como las que cruzaban este país. 
El comercio extranjero de la Gran Bretaña se iguala á cerca 
de una sexta parte de nuestro comercio doméstico. ¿Po- 
demos llegar á tal altura bajo ninguna otra política fiscal? 
Nuestra propia historia viene en apoyo de nuestras pregun- 
tas. Una sabia ciencia de gobernación nos ordena que no 
perturbemos el bienestar. 

Página 4749. 

El libre-cambio en los Estados Unidos está fundado en 
comunidad de igualdades y reciprocidades. Es semejante 
á la no constreñida libertad y recíprocas relaciones y obli- 
gaciones de una familia. Aquí tenemos una sola patria, un 
solo idioma, una sola obediencia, una sola clase de ciuda- 
danos, una bandera, una Constitución, una nación, un destino. 
Es diferente con las naciones extranjeras, teniendo cada una 
distinto organismo, una sociedad política distinta é indepen- 



dientemente organizada para ellas mismas, para protegerse y 
labrar su propio destino. Negamos á esas naciones extran- 
jeras el libre-cambio con nosotros sobre iguales condiciones 
con nuestros productos. El productor extranjero no tiene 
ningún derecho ó privilegio á la igualdad con nosotros mis- 
mos. No está sometido á nuestra jurisdicción, no descansan 
sobre él ninguna de las obligaciones del ciudadano, no paga 
ninguna contribución, no desempeña ningunos deberes civi- 
les y no está sujeto á las exigencias del servicio militar. 
Está exento de las obligaciones del Estado, condado y muni- 
cipalidad. No contribuye en nada al apoyo, progreso y glo- 
ria de la nación. ¿Por qué, entonces, debe él disfrutar de 
iguales é ilimitados privilegios y ventajas en nuestros mer- 
cados, al igual de nuestros productores, nuestros jornaleros 
y nuestros contribuyentes? Que se sirva contestarme el 
caballero que me seguirá. 

Ponemos una carga sobre sus producciones, hacemos dis- 
tinción en contra de sus mercaderes, porque es un extraño 
para nosotros y para nuestros intereses, y lo hacemos para 
protegernos, para defendernos, para mantener nuestra seguri- 
dad, para los que están siempre cop, nosotros tanto en la 
adversidad cómo en la prosperidad, en simpatía y en pro- 
pósitos, y si fuere necesario, en el sacriñcio. 

Página 4J52. 

Durante el año fiscal se importaron en los Estados Unidos, 
en mercancías extranjeras, libre de derechos, por valor de 
más de $233,000,000 y además $450,000,000 que pagaron 
derechos. ¿No es esto bastante? Resumiendo estas cifras, 
se hubieran necesitado 9,580 hombres, trabajando 300 días, 
para producir los $50,000,000 que importaron el hierro y el 
acero, que importamos el año pasado. ¿Quieren Uds. que 
aumente ese volumen? Dos millones ochocientos setenta y 
cuatro mil es el número total de días de trabajo de que se 
privó al trabajador americano, habiendo podido desempeñar 
cada día de trabajo, y que estaban listos para desempeñar. 

Este Gobierno se ha formado para los americanos, nacidos 
aquí, y los naturalizados ; y cada libra, cada fanega, cada 
tonelada, cada yarda de producción extranjera que entra en 
este país para competir con los nuestros, priva al trabajo 
americano de lo que en justicia le pertenece. 



102 



Los Productores Extranjeros ^Deben Pagar 

Todos ó Casi Todos los Impuestos 

Sobre las Mercancías que 

Mandan Aquí. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, publicadas 
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

¿ Quién paga los Derechos ? 

Con frecuencia se ha preguntado quién paga el dinero que 
el Gobierno recauda en las aduanas. El ex-Presidente Cleve- 
land declaró una vez que las tarifas representan un impuesto 
cuya suma se carga al precio del artículo y por consiguiente, 
la paga el consumidor. 

Si eso fuera absolutamente exacto, no habría argumento 
sólido en favor del libre-cambio. Los impuestos se recaudan 
para sostener al Gobierno, y no sería demasiado pedir si se 
pidiese á cada ciudadano que pagase su parte correspondiente 
de esos impuestos. Sin embargo, las tarifas, cualquiera que 
sea el sistema en que se funden, están impuestas sobre mer- 
cancías extranjeras introducidas aquí. Así pues, aun con el 
criterio de Mr. Cleveland, cada individuo, hasta cierto punto, 
puede determinar por sí mismo la ascendencia de los impues- 
tos que paga. 

Pero con unas tarifas de impuestos interiores solamente; 
esto es, unas tarifas aplicadas á mercancías cuyos similares 
no producimos en el país, la política sostenida por los demó- 
cratas es, por dos conceptos, digna de atención : 

Primero. — Con ese sistema de tarifas basadas en impuestos 
interiores solamente, la opinión de Mr. Cleveland de que los 
impuestos los paga el consumidor, sería prácticamente co- 
rrecta. Esto es, no habiendo artículos similares producidos 
en los Estados Unidos, los importadores no tendrían que 
temer la competencia americana. Limitados á una competen- 
cia entre ellos solamente, cargarían algo más del valor de los 
impuestos al precio del artículo, resultando que el consumi- 
dor sería quien al cabo lo pagaría todo. 

Segundo. — Los artículos sobre los cuales pesarían las ta- 
rifas son de consumo general, como té, café, especias y dro- 
gas. Estos artículos son usados por todo el mundo, tanto 
por los pobres como por los ricos, razón por la cual los im- 
puestos pesarían necesariamente más sobre el pobre que 



io 3 

sobre el rico, toda vez que éste tiene más aptitud que aquél 
para pagarlos. 

Ahora estudiemos la cuestión por lo que respecta, no á las 
tarifas basadas, no en impuestos interiores solamente, sino 
en las que se fundan en impuestos proteccionistas. 

Cuando la tarifa proteccionista se aplicó por primera vez 
á un artículo no producido en los Estados Unidos, pero 
capaz de ser producido aquí económicamente y en cantidad 
bastante para dar cumplimiento, si no á toda, á una gran 
parte de la demanda del pueblo americano, el primer efecto 
de la tarifa fué aumentar el precio del artículo sobre el cual 
pesaba. 

Los productores extranjeros, no teniendo competencia aquí, 
dominaban el mercado y determinaban los precios. Al im- 
portar sus mercancías en este país, deben, por supuesto, pagar 
los derechos de aduanas ; pero como no encuentran competi- 
dores., fijan á los artículos el precio que les place, añadién- 
doles el costo de los derechos correspondientes. 

La protección contra la competencia destructora del capital 
extranjero dio bien pronto por resultado que el capital 
americano se emplease en la producción de artículos de con- 
sumo en el país. Una tras otra se establecieron fábricas de 
una multitud de artículos que antes se importaban del ex- 
tranjero, y la competencia entre esos industriales trajo con- 
sigo una notable reducción en los precios de la mayoría de 
los artículos, con gran beneficio del pueblo consumidor. 

Como las fábricas aumentan en número y los operarios 
adquieren cada día más habilidad, se produce mucho y más 
barato, viéndose por ello obligados los fa.bricantes extranje- 
ros á reducir el precio de sus artículos, contentándose con 
obtener utilidades más reducidas. 

!Las Naciones bien Gobernadas no Adquieren 
Mercados con Perjuicio de sus Pueblos. 

Extracto de las declaraciones del Hon. E. L. Hamilton, de Michi- 
gan, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 14 
de 1904. 

Reciprocidad. 

Cuando se establezcan leyes internacionales y todos los 
países nos abran sus mercados libremente ; cuando todas 
las naciones suban á nuestro nivel, no cuando nosotros baje- 
mos al suyo ; entonces habrá llegado la hora de que les abra- 



104 

mos nuestros puertos también libremente : antes de ningún 
modo. 

Esa será la reciprocidad del comercio libre. 

Pero el comercio libre que rechaza nuestros mercados 
y no nos da en cambio ninguna compensación, podrá ser 
todo menos reciprocidad. 

En su último discurso de Búrlalo, en el que está conden- 
sada toda su carrera política, dijo William McKinley lo 
siguiente : 

"Los tratados de reciprocidad están en armonía con el es- 
píritu de los tiempos. Si alguna de nuestras tarifas no es 
va necesaria para aumentar los ingresos, ó para alentar y 
proteger nuestras industrias domésticas, ¿por qué no han de 
emplearse en extender y desarrollar nuestros mercados ex- 
tranjeros?" 

La reciprocidad es un cambio de mercados. Ni los hom- 
bres ni las naciones negocian sin una esperanza de lucro. 

El mercado americano pertenece á capitales y .obreros 
americanos, á productores y consumidores americanos, á 
compradores y vendedores americanos ; y un gobierno de todo 
el pueblo no tiene derecho para desalojar las industrias ame- 
ricanas, que dan empleo á capital y obreros americanos, que 
proporciona mercados á nuestros agricultores y que edifican 
hogares americanos, para sustituirlas con industrias extran- 
jeras, que emplean capital y obreros extranjeros y qué sus- 
traen capital de las arcas del comercio americano. 

Reciprocidad Republicana para Abrir Nuestros 

Mercados en Términos Favorables para 

Todo Aquello que Nosotros no 

Producimos. 

En cambio de mercados libres extranjeros. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, en la Cámara 'de Representantes, publicadas en el Diario de 
Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

¿Cuál es la actitud del partido republicano respecto de 
la reciprocidad? Se presenta claramente en la plataforma 
nacional republicana de 1900 en la forma siguiente : 

Nosotros favorecemos la política de reciprocidad de tal 
modo dirigida que abra nuestros mercados en términos venta- 
josos para todos los artículos que nosotros no producimos á 
cambio de mercados libres extranjeros. 



io 5 

Un ejemplo de reciprocidad republicana se ha visto en 
nuestros tratados con el Brasil, bajo la ley McKinley. 

El Brasil produce café que nosotros no podemos producir 
económicamente y en suficiente cantidad para satisfacer las 
necesidades de nuestro pueblo. Así pues, dijimos al Brasil : 
Admisión en el gran mercado de los Estados Unidos de sus 
exportaciones más importantes es una cosa de gran valor 
para ustedes. Garantizar á nuestros productos agrícolas 
condiciones que nuestro Presidente considere recíproca- 
mente iguales, ó nosotros le autorizamos para que ponga á 
su café, por decreto del Gobierno, un derecho de 3 centavos 
por libra. Por consiguiente, con el café de otros países que 
lo producen, admitidos aquí libres de derechos, de acuerdo 
con nuestra política general, los productores de café brasi- 
leños no podrán con esa competencia cargar los derechos á 
los consumidores, sino que tendrán que pagarlos ustedes 
mismos, reduciendo por consiguiente las utilidades. 

Ante tales proposiciones el Brasil se apresuró á entrar en 
negociaciones con este país, que prometían ser mutuamente 
favorables. Con ese contrato nuestro trigo y harina de 
trigo, maíz y harina de maíz, centeno y harina de centeno, 
papas, judías, guisantes, heno, cebada, carne de cerdo y 
varias otras cosas, fueron admitidas en el Brasil sin pagar 
derechos, mientras la manteca, mantequilla, queso, carnes 
conservadas en latas, frutas y legumbres y otras muchas 
cosas fueron admitidas conforme á una reducción de un 25 
por ciento de los derechos regulares. Ante este contrato 
nuestro pueblo iba aumentando sus ventas en el Brasil, y el 
resultado fué que el contrato dio pruebas satisfactorias para 
ambos países. 

Arreglos de ese mismoí género fueron hechos con la 
América Central y con la América del Sur, los mismos países 
que James Blaine tenía tanto interés en atraerse á nuestro 
comercio, como prometedores de grandes ventajas para él. 
Cierto es que siendo él Secretario de Estado se celebraron 
esos tratados. 

Pero en 1893, por un cambio rápido del pueblo, el partido 
democrático subió al poder, y sin tener la cortesía de avisarlo 
de antemano con una frase de explicación, de pronto y 
violentamente anuló aquellos tratados de reciprocidad. 

Con ese motivo no me parece que sea oportuno hablarles 
de reciprocidades á aquellos países. 



io6 

Esos tratados acreditan la reciprocidad que defiende eí 
partido republicano. 

Debemos tomar de nuestros proveedores aquellos produc- 
tos que podemos utilizar sin perjudicar nuestro trabajo ni 
nuestra industria. 

La reciprocidad es, por consiguiente, la causa del mara- 
villoso desarrollo de nuestras industrias, adquirido bajo la 
política interior firmemente establecida hoy. 

Pero ninguna convención nacional republicana ha aceptado 
la reciprocidad para productos no similares, ni tampoco nin- 
gún jefe autorizado del partido ha defendido jamás seme- 
jante cosa. Hacer eso sería sacrificar los intereses de una 
parte de nuestro pueblo, á los de otra parte del mismo, lo cual 
estaría en desacuerdo con el espíritu y propósitos de una 
tarifa proteccionista. 

La Ley Sherman Contra los " Trusts." 

El medio más positivo para suprimir los "Trusts" 
ilegales y perjudiciales. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 9 de 
1904. 

La primera cosa hecha por Teodoro Roosevelt digna de 
elogio fué el haber cumplido pronta y eficazmente con su 
deber en tiempo de la huelga del carbón. Bien sé yo, se- 
ñores, que muchos de vosotros lo censuran desde el punto 
de .vista legal y filosófico, que se dice que no había una ley 
que lo autorizara para ello, y esa es precisamente la razón 
por la que apruebo su conducta. 

Roosevelt no hizo nada que otro no hubiera hecho en sus 
circunstancias. Sabéis que no existía ninguna garantía en la 
Constitución. Pero voy á deciros lo que había. Había una 
situación en el país, desde el primero de Octubre de 1902, 
más crítica y más peligrosa para la vida del país y para el 
mantenimiento y seguridad de sus libres instituciones como 
no había habido otra desde el tiempo de Appomattox. 

Creo que no habrá ningún ciudadano americano con bas- 
tante inteligencia que no crea exactamente como yo y no 
apruebe lo que digo. 

Ahora viene la cuestión de si habrá entre vosotros alguno 
que combata la elección de un candidato á la Presidencia que 



107 

tuvo el valor, la habilidad, el talento de sacar al país de un 
peligro tan grave, cuyas consecuencias sufríamos todos, que 
restableció el orden, la paz y la prosperidad, y condenen al 
Presidente por un acto que el país y nosotros aplaudimos. 

No tengo ahora tiempo para ocuparme más extensamente 
de este asunto. No ha sido ese el primer acto notable reali- 
zado por Teodoro Roosevelt, desde que ofreció en Búffalo 
que ejecutaría fielmente la política de McKinley. Ha cum- 
plido su promesa. Sabía lo que tenía que hacer y sabía 
cómo hacerlo. Y lo hizo. El próximo Noviembre 250,000 
mineros de carbón de los Estados Unidos pagarán la deuda 
contraída con él por haber hecho lo que hizo en aquella hora 
terrible para ellos. (Aplausos en el lado republicano.) 

Más tarde encontró una situación — y no entraré en muchos 
detalles [sobre ella — que conozco perfectamente. Yo era 
miembro del Congreso cuando se aprobó la ley Sherman con- 
tra los trusts, y digo ahora, y desafío á que me contradigan, 
que no se encontrará en los anales del Congreso, ni en nin- 
gún periódico democrático, ni en ningún mensaje Presiden-' 
cial, ni en ninguna resolución de ninguna Convención demo- 
crática, una sola palabra de elogio ó de aprobación para la 
ley Sherman contra los trusts. 

Y diré más; diré que el Attorney General bajo el gobierno 
de Mr. Grover Cleveland, á quien hoy muchos de vosotros 
desearíais elegir Presidente; un grande hombre, un hombre 
puro, perfectamente identificado con los principos democrá- 
ticos, dijo que aquella ley era ineficaz é imposible de ejecu- 
tarse. Eso dijo Mr. Olney. No podréis negarlo. Consta 
en las actas del Senado. 

Recuerdo no sin cierto orgullo, que fui duramente censu- 
rado por lo del carbón por muchos de mis colegas de todos 
lados de la Cámara, porque dije que no había lenguaje hu- 
mano que pudiera hacer una ley más efectiva para destruir 
los trusts que la ley Sherman. 

Es bastante para Teodoro Roosevelt saber que tiene á su 
disposición una ley que ha sido condenada por el partido 
democrático, calificada por éste de ineficaz é imposible de 
ejecutarse, y que, sin embargo, es el arma más terrible, el 
medio más positivo para suprimir los trusts ilegales y per- 
judiciales. 

La piedra que estos arquitectos demócratas han conside- 
rado inútil, es hoy, y los hechos lo han demostrado palmaria- 
mente, la piedra angular del edificio legal que oponemos á 



io8 

los trusts ilegales y á las combinaciones perjudiciales para 
el país. 

El Presidente ha Vigorizado con más Eficacia 

la Ley Contra los " Trusts " que Ningún 

Otro de sus Predecesores. 

Extracto de las declaraciones del Hon. John C. Spooner, de Wiscon- 
sin, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 18 
de 1904. 

El Presidente ha vigorizado con más eficacia la ley contra 
los trusts que ningún otro de sus predecesores. Ha reco- 
mendado un gran número de medidas, que han sido aproba- 
das, tendentes á dar mayor amplitud á dicha ley. Promovió 
el juicio contra la Northern Securities. Me ocuparé breve- 
mente de ese asunto. 

La iniciación de ese juicio se ha usado mucho contra él, 
y proporcionádole muchos enemigos en su partido y entre 
ciertos elementos financieros. El Presidente no necesita de- 
fensa por lo que hizo. Cumplió con su deber sencillamente. 

El asunto llamó su atención por los actos de los goberna- 
dores de varios Estados del Oeste, y por las protestas hechas 
ante él por el Attorney general de Minnesota, que aseguraba 
que era una violación de la ley Sherman contra los trusts. 

Promovió el juicio como era su deber y lo siguió hasta 
el final. La Corte de Apelaciones del Circuito sostuvo unáni- 
memente el juicio. La Corte Suprema de los Estados Uni- 
dos aprobó por mayoría el caso. 

Dudo mucho que en aquel tiempo hubiera 10,000 millas de 
ferrocarriles en los Estados Unidos que no estuvieran en 
manos de compañías hipotecarias, con un número de acciones 
muy superior á su responsabilidad legal. 

La cuestión de que se trata ha sido planteada varias veces ; 
pero en aquellas circunstancias, una declaración judicial de 
invalidación hubiera causado en el país un pánico como nunca 
se había visto otro igual. 

¿ Por qué se censura al Presidente por lo que hizo ? ¿En 
qué se fundaban los senadores que dijeron que él no está 
seguro de los negocios del país? ¿ Se referían á su interven- 
ción en el conflicto de la huelga del carbón ? Si no es á eso 
¿ á qué se referían entonces ? 

Todo Presidente es solícito por la prosperidad del país, 



1 09 

y en consecuencia por la conservación de todos los intereses 
legítimos de la Nación. Para todos esos intereses, y para 
los intereses del público en general, el Presidente Roosevelt 
es un gobernante celoso y enérgico. Para aquellos negocios 
cuya prosperidad depende de la violación de las leyes fede- 
rales, el Presidente Roosevelt es un gobernante inexorable. 

Un senador ha dicho que nos van á dar una reñida batalla. 
Que lo hagan. Estaremos en nuestro puesto cuando vengan. 
Tengo la completa seguridad de que el pueblo de los Estados 
Unidos elegirá al Presidente Roosevelt. Ellos lo saben tam- 
bién. Roosevelt no necesita testigos en favor de sus actos 
políticos. Ellos saben que es un hombre honrado. Saben 
que es enérgico. Saben que es un ardiente defensor de la 
ley. Saben que no tiene más que una ambición, y es dar al 
pueblo y al país una fuerte, hábil y honrada administración 
de justicia y de gobierno. Saben que aspira al imperio ab- 
soluto de las leyes, y que no quiere que en este país haya 
clases ricas ó pobres, altas ó bajas, que estén huérfanas de la 
protección de esas leyes. 

El pueblo no hace caso de vosotros cuando -decís que 
Roosevelt es un zar, ó un violador de leyes. El pueblo os 
contesta diciéndoos : "Conocemos á Roosevelt, y creemos 
en él." 



El Problema de las Filipinas. 

Extracto del discurso pronunciado por el Secretario Wm. H. Taft, 
é impreso en el Diario de Sesiones del Congreso el 28 de Abril 
de 1904. 

(Discurso del Secretario de la Guerra W. H. Taft sobre 
las Filipinas, ante la Cámara de Comercio de la ciudad de 
New York, en Abril 21 de 1904.) 

El pueblo de los Estados Unidos tiene bajo su guía y au- 
toridad el archipiélago Filipino', compuesto de 3,000 islas, 
con una problación de alrededor de 7,600,000 habitantes. De 
estos, 7,000,000 son cristianos y los 600,000 son moros ó 
de otras tribus paganas. El problema de la gobernación de 
los moros es el mismo que el que ha tenido Inglaterra en el 
gobierno de los establecimientos del Estrecho ó de la India. 
El gobierno de los 7,000,000 de cristianos Filipinos es un 
problema muy diferente, y uno que ha caído en suerte á los 
Estados Unidos solamente, para resolverlo. 

La actitud del pueblo americano hacia las islas Filipinas 



IIO 



puede describirse del modo siguiente: Hay unos que creen 
que la Declaración de Independencia nos prohibe aceptar ó 
mantener soberanía sobre ellos; otros hay que creen, sin 
consideración á la Declaración de Independencia, que las 
posesiones coloniales pueden irrogar gastos y crear la co- 
rrupción y desmoralización ; esos tienen poca fe en la solución 
del problema de enseñar al filipino el arte del "self-govern- 
ment" y están ansiosos por deshacerse de las islas, antes que 
ellas causen algún daño á los Estados Unidos. 

Hay después otros que sostienen que el destino deparó á 
esas islas que viniesen bajo nuestro dominio, y que de esa 
manera se nos impuso el deber de velar por ellas para que 
no fuesen molestadas por el que nos las traspasó. Como 
un amigo que soy de las Filipinas, es mi deseo ansioso el au- 
mentar esa clase de americanos que tienen un interés ver- 
dadero en el bienester de las islas, y que creen que los Es- 
tados Unidos no tienen más alto ejercicio ni deber que ayu- 
dar al pueblo de las islas en su prosperidad y desenvolvi- 
miento político, que los ponga en condiciones de poder ob- 
tener para ellos mismos el goce de la libertad civil» (Aplau- 
sos.) 

El 90 por ciento de los habitantes de las islas Filipinas se 
encuentra todavía en la más completa ignorancia y faltos 
completamente de inteligencia para manejarse políticamente. 
Están sujetos, como las olas del mar. á la influencia del mo- 
mento, y cualquier filipino educado los puede manejar fácil- 
mente, como la oportunidad y la ocasión lo permitan. El 10 
por ciento de los filipinos que son educados, han demostrado 
por lo que han hecho y por lo que han aspirado y por lo que 
son, que pueden aprender las lecciones del "self-govern- 
ment," y que sus hermanos, con más educación, pueden ser 
elevados á la condición de seres inteligentes que los pongan 
en capacidad de hacer un poderoso y ventajoso uso de la 
opinión pública. Pero que esto exigirá más de una genera- 
ción para alcanzarlo, lo comprenderá cualquiera que esté 
familiarizado con los acontecimientos. 

Mi opinión, con respecto á la misión de los Estados Uni- 
dos en las Islas Filipinas, es que deben ser mantenidas y 
fomentadas por el pueblo de lus Estados Unidos, sin tomar 
en consideración su costo ó sus resultados provechosos bajo 
el punto de vista comercial ó financiero. 

Las islas dan señales evidentes de proporcionar las rentas 
suficientes, para establecer los planes que los Estados Uni- 



III 



dos pueden propiamente llevar á cabo en el desenvolvi- 
miento material é intelectual del país y sus habitantes. 

El Archipiélago Filipino es el único país que puede pro- 
ducir lo que se conoce con el nombre de. "cáñamo de Manila," 
ó lo que se llama en el idioma español "abacá." Es una 
fibra de extraordinaria fuerza, variando desde seis á quince 
pies de largo, que se arranca del tronco de la mata del plátano, 
no la ordinariamente conocida con ese nombre, sino de una 
planta de la misma familia que no produce fruto. Muchos 
lugares de la isla son ricos en palmas de cocos. Los palma- 
res se plantan 200 por hectárea, es decir, 200 por 2.\ acres. 
Las palmas de coco necesitan de cuatro á cinco años para 
producir fruto, pero después están produciendo por 100 años, 
y $40 oro es una renta anual que se le calcula por acre. 

Las industrias del azúcar y el tabaco son susceptibles de 
considerable aumento. La isla de Negros encierra tierras 
para azúcar, tan ricas como cualesquiera del mundo, y las 
provincias de Cagayán, Isabela y Unión poseen tierras para 
tabaco, las que, después de Cuba, producen el mejor tabaco 
del mundo; pero el inconveniente es que los mercados para 
el azúcar y tabaco se han reducido mucho, debido á las tarifas 
impuestas en varios países. Si se abriesen los mercados de 
los Estados Unidos para las Filipinas, es seguro que tanto 
la industria del azúcar como la del tabaco, llegarían á pros- 
perar, y aunque el montante total de la producción de cada 
una de ellas probablemente no afectaría en nada el mercado 
americano, tan extensa es la demanda aquí de ambos ren- 
glones, que significaría para aquellas islas la diferencia entre 
la pobreza y la prosperidad. 

Conozco que la reducción de la tarifa con este objeto es 
muy combatida por los intereses que representan el azúcar 
de remolacha y el tabaco ; pero creo que la gran mayoría del 
pueblo de los Estados Unidos favorece la apertura de los 
mercados á las Islas Filipinas, en la seguridad que no des- 
truirá ni la industria del azúcar de remolacha ni la del tabaco 
de este país ; opinando que mientras mantengamos la asocia- 
ción que actualmente tenemos con las Islas Filipinas, es 
nuestro deber darles el beneficio de los mercados de los Esta- 
dos Unidos, y acercarlos cuanto sea posible á nuestro pueblo 
y á nuestro comercio. 

Hay 7,600,000 filipinos. De estos, los 7,000,000 que hay 
cristianos son imitadores ansiosos de buenas ideas, dispuestos 
á aceptarlas y pronto á seguir ios estilos, las diversiones, el 



112 

traje y costumbres americanas. Una gran cantidad de géne- 
ros de algodón se importa anualmente en aquellas islas ; pero 
principalmente de Inglaterra y Alemania. No hay razón 
por que estos géneros de algodón no debieran proceder de 
América. 

Lo primero que se requiere para la prosperidad de las Islas 
Filipinas es tranquilidad, y ésta puede alcanzarse con un sis- 
tema de gobierno bien ordenado. Los filipinos aprenderían 
entonces del gobierno que se les diese las desventajas que se 
originan, á todos los que residan en el país, de la agitación 
política por un cambio en la forma de gobierno en el por- 
venir. Este es el motivo por qué me he aventurado, con 
todos los argumentos que puedo aportar, á oponerme á la 
petición de las dos convenciones políticas, pidiendo que se 
les prometa á los filipinos la independencia. No es que esté 
yo opuesto á la independencia de las islas, si el pueblo de las 
Filipinas lo desease cuando se encuentren aptos para ella; 
pero en el actual estado de cosas lo que necesitan las islas es 
tranquilidad. 



Todo Embarcado para Allí Bajo el ék Bill " 
de la Tarifa Dingley. 

Extractos de las observaciones del Hon. E. J. Hill, de Connecticut, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 21 de 1904. 

Sr. Presidente: Deseo disculparme ante la Cámara por to- 
marme algún tiempo más, pero el caballero de Minnesota 
hizo una pregunta que yo desearía contestar. Es la siguiente : 
"¿CreeUd. que sería para nuestro mayor interés llevar á 
cabo la política de Chamberlain?" Contestaré á eso, rela- 
tando un caso. Hace dos años me encontraba sobre la cu- 
bierta de un vapor japonés en el puerto de Vladivostock, 
Siberia. En la bodega de ese buque había 700 toneladas de 
instrumentos de agricultura americanos, que habían cruzado 
el Océano Pacífico, desde América, ¡Dará el uso de los labra- 
dores de la Siberia. Llegaron bajo el bilí de la tarifa Ding- 
ley. 

Justamente al mismo tiempo y al otro lado del puerto había 
un vapor mercante inglés cargado de rieles de acero ameri- 
cano, procedentes de Pennsylvania, que habían sido embar- 
cados para el uso del ferrocarril de la Siberia y embarcados 
bajo el bilí de la tarifa Dingley. 



IJ 3 

Ese día fui á tierra, y aquella misma noche fui presentado, 
en el hotel de Vladivostock, á un caballero que me dijo que 
representaba los Talleres de Locomotoras de Baldwin, de 
Philadelphia, y había terminado un contrato por el cual 
había puesto en operación en el ferrocarril Siberiano 150 
locomotoras, embarcadas para allá bajo el bilí de la tarifa 
Dingley. 

Al siguiente día recorrí 500 millas, hasta el río Amour, 
sobre rieles de acero americano, embarcados bajo el bilí de 
la tarifa Dingley. El día después me embarqué en un vapor 
de acero y llevaba á remolque dos lanchones de acero hechos 
en Pittsburg, Pa., enviados allí — 12,000 millas al otro lado 
del mundo — y embarcados para allí bajo el bilí de la tarifa 
Dingley. 

La primera noche de nuestia partida hicimos naufragar 
uno de estos lanchones, y la carga tuvo que descargarse. 
Había toda clase de productos americanos. Diez mil leguas 
de aquí en la pequeña villa de Gorbitza, Siberia, que se com- 
pone de una docena de casas hechas con troncos de árboles, 
en una pequeña tienda no más de 8x10, compramos paquetes 
de candy envueltos en papel en el cual estaba impreso el 
retrato de Wm. McKinley para popularizar ese candy entre 
los labradores de la Siberia, y todo esto embarcado bajo el 
bilí de la tarifa Dingley. (Aplausos en los bancos republi- 
canos.) 

Todo el viaje al través del Asia lo efectué con toda seguri- 
dad y contento; pues los carros estaban provistos de frenos 
neumáticos fabricados en Pittsburg, Pa., por la Westing- 
house y embarcados por el bilí de la tarifa Dingley. 

En los más hermosos almacenes de Europa — en Viena, 
en Berlín, en París y en Londres — se venden los zapatos 
americanos embarcados bajo el bilí de la tarifa Dingley, y 
puedo decir, por el conocimiento personal de mi propio pue- 
blo, que los están vendiendo á precios que son más altos que 
los que obtienen en los Estados Unidos de América, y todo 
embarcado bajo el bilí de la tarifa Dingley. 

Estuve en Londres y visité á un amigo, un caballero inglés 
que había estado al frente de una compañía de transportes 
en este país, por espacio de trece años. Le pregunté, ¿ cómo 
están los negocios? 

— Están malos. 

— ; Qué es lo que pasa? 

— Bastante pasa. 



ii4 

— ¿Y qué es lo que pasa ? 

— Nuestros puertos — me replicó — -están abiertos de par 
en par para Uds. y los de Uds. están cerrados para nosotros. 
Si estuviera en mis manos hacer lo que yo quisiera, impon- 
dría un derecho sobre todo lo que se introduce en la Gran 
Bretaña de su país, y entonces tendríamos algo que dar á 
Uds. en cambio de igual concesiones de parte de Uds. 

Hé aquí la política de Chamberlain, y deseo preguntar á 
mi amigo de Minnesota (Mr. Lind) ¿si cuando él entra en 
batalla se desnuda de su armadura y la entrega á su ene- 
migo? ¿Podrían Uds. con la política democrática colocar á 
este país en la misma posición en que Inglaterra está, tra- 
tando de deshacerse de él á fin de protegerse ella misma? 
(Aplausos en los bancos republicanos.) 



Los Filipinos Jamás Pueden Tener una Comu- 
nidad Libre a Menos que no Permanez- 
camos Allí y los Preparemos 
para ello. 

Extractos de las observaciones del Hon. Henry A. Cooper, de Wis- 
consin, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 6 de Mayo de 
1904. 

Todos los testigos competentes y desinteresados convienen 
que los filipinos no son capaces por ahora de mantener un 
gobierno, representativo libre. Podría citar muchos testimo- 
nios irrecusables sobre ese punto ; pero me contentaré con 
leer lo que á este respecto encuentro en el informe de la 
Comisión Schurman, compuesta del Presidente Schurman de 
la Universidad de Cornell, Admiral Dewey, General Otis, 
Hon. Charles Denby y el Profesor Worcester, cinco hombres 
elegidos por el Presidente McKinley para examinar y pre- 
sentar un informe referente á las condiciones de las Filipinas. 
Esta comisión de distinguidos hombres, después de una com- 
pleta investigación personal, sometieron al Presidente Mc- 
Kinley un informe voluminoso y de habilidad excepcional, 
abrazando todas las faces del problema filipino. En este 
informe dicen ellos, leo de la página 103 : 

"Primero : Es imposible, aun aproximadamente, fijar un 
tiempo para la retirada de la soberanía americana sobre" el 
archipiélago, pues nadie puede predecir cuándo los diversos 
pueblos de las Islas Filipinas puedan amoldarse juntos en 



"5 

una nacionalidad capaz de ejercer todas las funciones de un 
gobierno autónomo independiente. De tal trabajo son cier- 
tamente incapaces hoy, y el futuro solamente podrá revelar 
si dentro de una ó dos generaciones se encuentran educados 
bastante para ello. Y, segundo, si la soberanía americana 
sobre el archipiélago debiera alguna vez abandonarse, si 
toda la autoridad americana sobre el pueblo debiera cesar 
para siempre, y determinar entonces si los Estados Unidos 
deberían renunciar todas las obligaciones á las naciones ex- 
tranjeras para la buena dirección de las Islas Filipinas. El 
haber enarbolado la bandera americana en las Islas Filipinas 
ha traído grandes responsabilidades sobre nosotros ; pero 
garantizar la protección exterior renunciando al dominio in- 
terior, no es el medio de librarnos de ellas ; antes al contrario 
al arriar la bandera amontonaríamos dificultades. " 

Sigue diciendo la comisión en su informe, página 183, si 
nuestro poder por alguna fatalidad se retirase : 

"¡ Fatalidad ! ¿ Fatal á qué ? ¿ Fatal para quién ? No 
para la gran República de los Estados Unidos ; no para la 
Rusia, que desearía poseer las islas, no para el Japón, que 
necesita las islas ; no para la Alemania, que necesita las islas ; 
no fatal para ninguna de estas naciones, pero fatal, señor — 
completamente fatal — para las Filipinas en su esperanza de 
gobierno representativo libre.' , 

Hé aquí la opinión de Schurman, Otis, Denby, Worcester 
y Almirante Dewey : 

"Si nuestro poder por alguna fatalidad se retirase, la comi- 
sión cree que el gobierno de las Filipinas se sumiría rápida- 
mente en la anarquía, que disculparía, sí no fuese acaso de 
necesidad, la intervención de otros poderes en la división 
definitiva de las islas entre ellos." 

Ahora sigue un dictamen preñado de significación : 

"Por tanto, solamente por la ocupación americana es con- 
cevible la idea de un gobierno autónomo libre y una comu- 
nidad filipina unida. 

"Sr. Presidente, los filipinos jamás pueden tener una co- 
munidad libre, á menos que no permanezcamos allí y los 
preparemos para ello. 

"Y la indispensable necesidad, bajo el punto de vista fili- 
pino, de mantener la soberanía americana es reconocida por 
todos los filipinos inteligentes y aun por los insurrectos que 
desean un protectorado americano. Los últimos, es verdad, 
se ampararían de las rentas y nos dejarían las responsabili- 



n6 

dades. Sin embargo, reconocen la indisputable realidad de 
que los filipinos no pueden permanecer solos. De modo que 
el bienestar de los filipinos coincide con los dictados del honor 
nacional, que nos prohibe abandonar el archipiélago. No 
podemos, bajo ningún punto de vista, escaparnos de la res- 
ponsabilidad de gobierno que nuestra soberanía implica, y la 
comisión abriga la persuasión íntima que el desempeño de 
nuestro deber nacional resultará la mayor bendición para el 
pueblo de las Islas Filipinas." 

Dos años há, en el gran debate sobre el bilí de gobernación 
civil para las Filipinas, algunos señores del otro lado de la 
Cámara declararon con mucha vehemencia que esa legisla- 
ción se estaba decretando con el expreso propósito de explo- 
tar el archipiélago. Dos años se han deslizado y ahora, Sr., 
es el momento para que cualquiera de los de ese lado de la 
Cámara señale un solo caso de explotación en las Islas Fili- 
pinas. Se nos ha dicho que ha habido quienes han ido allá, 
de los Estados Unidos, para acaparar los bosques, las minas 
y las tierras agrícolas por medio de grandes franquicias, y 
que la riqueza de las islas estaba concentrada en unos pocos 
monopolizadores voraces. 

Se servirá algún caballero de los presentes aquí, ó en cual- 
quier otro lugar, decir á la Cámara y al pueblo americano, 
¿dónde ha habido aún un caso de explotación en las Fili- 
pinas? Ni uno siquiera. Al contrario, se quejan en las islas, 
actualmente, de que el Congreso de los Estados Unidos creyó 
conveniente en su sabiduría decretar una ley. de franquicias 
que es demasiado restrictiva, la que entorpece también la 
inversión de capital, y que por tanto perjudica los verdaderos 
intereses del pueblo de las Islas Filipinas. 



El Pueblo Americano Necesita una Marina 

Mercante Americana para Nuestro 

Transporte Extranjero» 

Extracto de las observaciones del Hon. Wm. S. Greene, de Massa- 
chusetts, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 28 de Abril 
de 1904. 

Sr. Presidente : La cuestión de la marina mercante ameri- 
cana es muy sencilla. Sin embargo ; es bastante extraño que 
se la haya rodeado de un cierto grado de misterio y de 
falsedad, que de tal manera confunde y complica la cuestión, 



II 7 

que muchos abandonan su solución por desconfianza. La 
cuestión marina es enteramente una cuestión de trabajo. 

El pueblo americano necesita una marina mercante ameri- 
cana para su transporte extranjero. Lo que necesita es ver 
astilleros americanos empleados en la construcción de buques 
que se necesiten para el transporte al través del Océano. 
Sabe que tenemos abundancia de materiales de construcción 
para hacer frente á todas las necesidades ; que tenemos un 
suelo fecundo en mineral de nierro y de carbón, los dos 
principales factores en la moderna construcción de buques. 

Desearía ver ocupados nuestros medios de comunicación, 
así ferroviarios como pluviales, como también el trabajo ame- 
ricano que utilizan, en conducir las materias primas á los 
molinos y factorías, que son necesarias para la construcción 
de buques, y después que hayan sido preparadas en debida 
forma, en esos molinos y factorías, por el trabajo americano, 
le sería también satisfactorio verlas conducidas á nuestros 
astilleros para allí emplear el trabajo americano en reunir las 
diferentes partes y convertirlas en buques completamente 
acabados. 

Los demócratas querrían que comprásemos nuestros bu- 
ques en el exterior y los tripulásemos con extranjeros para 
resolver de ese modo el problema de una marina mercante ( ?) 
americana. La diferencia sería que todas las ganancias 
netas de los buques, después de cubiertos todos los gastos — 
es decir, 5 por ciento — entraría en los Estados Unidos ; los 
extranjeros tendrían el 95 por ciento restante de las ganan- 
cias brutas de los buques, según el plan democrático para la 
rehabilitación de la marina mercante americana. ¿ Qué bene- 
ficio positivo, por tanto, resultaría para el pueblo americano y 
para los Estados Unidos como nación, hacer construir sus 
buques en el exterior y que sus oficiales y tripulación fuesen 
extranjeros? Con esta política democrática, . el capitalista 
solamente obtendría beneficio, y el trabajador americano nin- 
guno absolutamente . 



n8 



La Importancia del Trabajo con Respecto á la 
Navegación. 

Defensa para la protección de la Marina Americana de 

alto bordo, para qne se les dé empleo á 30,000 

trabajadores en los Astilleros Americanos. 

(Por John McNeil, Presidente de la Hermandad de Caldereros y 
Constructores de Buques de Hierro de América.) 

Soy el presidente de una organización de trabajadores 
americanos, dependiendo todos ellos de la construcción de 
buques para su subsistencia. Tenemos una comunidad de 
30,000, desparramados en el país en 500 diferentes parajes. 
Estamos mayormente interesados en lograr trabajo para 
nuestros oficios. Jamás se han visto tantos de nuestros 
miembros buscando empleo, como se ven hoy. 

Nos encontramos en un país donde los jornales son más 
altos que en ningún otro. No deseamos reducción alguna 
en los precios medios de los salarios americanos. 

Considerando los salarios que se pagan á nuestros hombres 
en los talleres de construcción, los precios de los materiales 
y otros gastos que se relacionan con la construcción de bu- 
ques, es imposible construir un buque en este país tan barato 
como puede lograrse en otros países. Si estuviésemos cons- 
tantemente empleados todo el a.ño, uno tras otro, como los 
constructores de locomotoras y puentes, debido á la gran 
solicitud de nuestro producto, entonces no dudaríamos que 
podríamos construir buques tan barato y quizás más barato 
que los extranjeros; del mismo modo que se construyen 
nuestros puentes y locomotoras más barato que los puentes 
y locomotoras extranjeros. 

Lo que necesitamos es una grande y permanente demanda 
de buques para el comercio exterior. El problema es, cómo 
conseguirla. Precisamente tal situación existía en este país 
hace catorce años con* respecto á la industria de la hoja de 
lata. Sabíamos cómo hacerla, teníamos para ello todas las 
facilidades, la habilidad, los materiales y la solicitud para la 
misma. El obstáculo era el precio. Los americanos no 
podíamos fabricarla tan barata como los extranjeros. 

El Congreso impuso entonces un alto derecho de importa- 
ción sobre la Jhoja de lata, y todos sabemos que en los catorce 
años que han pasado desde que el derecho se impuso, que no 



II 9 

solamente fabricamos toda la hoja de lata que necesitamos 
para nosotros mismos, sino que la exportamos en grandes 
cantidades. 

Si los altos derechos protectores se retirasen, es indudable 
que pronto perderíamos la manufactura de la hoja de lata. 
Por ese acto del Congreso americano valió la pena que el 
capital americano se invirtiese en este país en la fabricación 
de hoja de lata. Los salarios de los empleados en dicha 
manufactura no se redujeron al nivel de los extranjeros ; pero 
el costo del producto extranjero aumentó tanto, que pusieron 
á los americanos en condiciones de poderlo fabricar, y aun 
pagar los tipos de salarios que actualmente ganan en los 
Estados Unidos los trabajadores ocupados en la fabricación 
de la hoja de lata. 

Venimos á pedir al Congreso que haga para la industria 
constructora de buques, lo mismo precisamente que hizo 
para la de la hoja de lata. Primeramente, penetrarse de que 
los buques no se - construirán aquí al mismo precio que en el 
extranjero, y después hacer que sea beneficioso para el capi- 
tal americano poderse invertir en la construcción de buques 
americanos. Y pedimos al Congreso que proceda así, en 
beneficio de nuestros buques empleados en la navegación de 
alta mar, del mismo modo que lo que ha hecho por la indus- 
tria de la hoja de lata, por medio de la protección. Hemos 
probado el libre-cambio en el transporte á través del Océano 
por tanto tiempo, que los resultados de la prueba son mani- 
fiestos para todo el mundo. Tenemos ahora un tonelaje que 
asciende á 800,000 que se dedica á esa navegación ; mientras 
que hace más de una generación que contábamos con 2,500,- 
000 toneladas. 

La negativa de protección, á los buques americanos, en la 
navegación de alta mar, significa negar empleo á los hombres 
que se ejercitan en nuestro oficio en los Estados Unidos, 
recayendo el daño sobre el trabajador americano y no sobre 
el capital americano. Está demás decir que podemos pros- 
perar aceptando los tipos extranjeros para los salarios : no 
podríamos si quisiéramos, y si no quisiéramos si podríamos. 
Queremos ser tan bien considerados como cualesquiera de 
los otros trabajadores americanos en todos conceptos; nece- 
sitamos ganar buenos salarios, queremos gozar de las como- 
didades de lo necesario para vivir, tanto como de ellas gozan 
nuestros compañeros, los otros trabajadores; y puesto que 
los actos del Congreso han creado y mantenido hace tiempo 



I20 



un alto tipo de salarios para los trabajadores americanos en 
todos los otros oficios, abrigamos todavía la esperanza, tanto 
tiempo aplazada, que el Congreso todavía considerará y en- 
tonces rectificará la injusticia que hace á los trabajadores 
americanos empleados en la construcción de buques, á causa 
de su persistente negativa en proteger los buques americanos 
que hacen la competencia á los buques extranjeros en nuestra 
navegación de alta mar. 



La Mayor Calamidad para la Raza Humana. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Eben W. Martin, de South 
Dakota, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre 
27 de 1903. 

Me he tomado el trabajo de examinar algunos cálculos ofi- 
ciales, y puedo asegurar al caballero de Missouri (Mr. 
Clark) que su manifestación en este recinto de la Cámara, 
en Febrero de 1902, era correcta científica é históricamente, 
al decir que la segunda elección de Grover Cleveland fué la 
mayor calamidad que ha recaído sobre la raza humana desde 
la caída de Adán. 

Los dos y medio años últimos de la administración de Ben- 
jamín Hárrison estuvieron bajo el régimen de la tarifa 
McKinley, y durante toda su administración los ingresos ex- 
cedieron á los egresos de una Cámara republicana y un Sena- 
do en $205,000,000, y durante la administración de Hárrison 
los republicanos pudieron reducir la deuda nacional en la 
suma de $259,000,000. Los primeros diez y ocho meses de la 
administración de Cleveland estuvieron únicamente bajo la 
ley de la tarifa de McKinley. Durante esos meses es verdad 
que los egresos excedieron á los ingresos en varios millones 
de dollars, pero la discrepancia en el Tesoro durante ese 
período fué debido menos á la tarifa McKinley que á la gran 
disparidad en las entradas y los gastos del presupuesto demo- 
crático. 

Si los gastos del primer año y medio de la administración 
de Cleveland no hubieran sido mayores que los de igual pe- 
ríodo de la administración de Hárrison, hubiera habido un 
exceso de algunos $30,000,000 durante la administración de 
Cleveland bajo la tarifa de McKinley. Los hechos están 
patentes en la historia, de que á la adopción de la tarifa de 
Wilson-Gorman, en Agosto de 1894, i as entradas empezaron 



121 

á reducirse sistemáticamente. No hubo reducción en los 
gastos, sino aumento. No hubo siquiera un año durante la 
administración de Cleveland en que los gastos no fuesen 
mucho mayores á las entradas, y considerando los cuatro años 
de gastos en conjunto, fueron de $187,000,000 más que las 
entradas bajo el presupuesto de Cleveland. 

Las cifras exactas son como sigue : 

Marzo 1, 1893, á Marzo 1, 1894: Ingresos, $323,463,100.- 
75; egresos, $371,269,576.28; déficit, $47,806,475.52. 

Marzo 1, 1894, á Marzo 1, 1895: Ingresos, $308,725,956.- 
58; egresos, $366,650,441.79; déficit, $57,924,485.21. 

Marzo 1, 1895, á Marzo 1, 1896: Ingresos, $325,254,- 
564.51 ; egresos, $351,094,307.53; déficit, $25,839,743.02. 

Marzo 1, 1896, á Marzo 1, 1897: Ingresos, $308,481,- 
047.69; egresos, $364,559,067.55; déficit, $56,078,019.86. 

Por los cuatro años: Ingresos, $1,265,924,669.54; egresos, 
$1453,573,393-15 : déficit, $187,648,723.61. 

La tarifa McKinley se puso en vigor en Octubre 6 de 1890, 
y la Wilson-Gorman en Agosto 28 de 1894. 

Durante el período de la tarifa McKinley, bajo la ad- 
ministración de Harrison, hubo un sobrante en los ingresos 
de $54,504,288.80 sobre los egresos. Durante el período de 
la tarifa Wilson-Gorman, bajo la administración de Cleve- 
land, que fué prácticamente en los dos y medio últimos años 
de esa administración, los gastos excedieron á las contribu- 
ciones en $110,879,005.48. Es evidente, por tanto, que las 
dificultades con la administración de Cleveland no fué de- 
bido á la tarifa de McKinley. Las din cuitad es con la ad- 
ministración fueron las inadecuadas contribuciones de la 
tarifa Wilson-Gorman y los extravagantes gastos en un pe- 
ríodo de profunda paz. 

Queda, además, la siguiente consideración : No obstante la 
guerra con España, y los inmensos gastos inherentes á ella, 
y la inmensa responsabilidad que nuestro gobierno ha asumi- 
do, hemos sistemáticamente reducido la deuda nacional; y 
hasta el interés anual de $33,000,000 que nos legó la adminis- 
tración de Cleveland ha sido reducido á un interés anual de 
$24,000,000. Durante ese período hemos emitido como $445,- 
000,000 en bonos del 2 por ciento, con los cuales hemos redi- 
mido una gran parte de los bonos del 4 y 5 por ciento de la 
administración de Cleveland y otros bonos pendientes del 3 
por ciento. Nuestros bonos del 2 por ciento están á interés, 
de modo que el tipo de interés más alto que se puede realizar 



122 

sobre un bono "del gobierno, comprado hoy en el mercado, 
es de. i. 7 por ciento. 

Un Hombre es Libre- Cambista ó Proteccio- 
nista. No hay Término Medio. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. D. Owen, de Indiana, 
página 5545 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

Sr. Presidente : No hay término medio sobre esta cues- 
tión. Tal pretensión es una mera suposición. Un hombre es 
libre-cambista ó proteccionista. Si es libre-cambista, mien- 
tras que las contribuciones sean colectadas por la tarifa, las 
quiere impuestas sin referencia á las industrias protectoras ; 
si es un proteccionista las quiere impuestas con especial refe- 
rencia á los beneficios industriales ; y cuando una industria 
puede sostenerse por sí misma, ó los experimentos han de- 
mostrado que es capaz de desarrollo, le retira la protección. 
Las líneas que lo separan están tan grandemente alejadas 
como los polos y tan claramente definidas como cualesquiera 
de las diferentes políticas de la gobernación. El reformador 
político es un político que no está ligado á ningún principio 
gubernamental. Es un especulador en los cambios de la po- 
lítica. Es un vividor industrial, el que, cuando le rascáis 
las espaldas, encontráis un hombre que reforma todos los 
otros, pero necesita que protejáis las industrias de su distrito. 
En mi concepto, defender y proteger una industria en mi 
distrito, y apoyar la política del libre-cambio contra otras 
industrias de otras partes, me demuestra un verdadero cono- 
cimiento del mérito de la protección, pero como sé es un 
hombre político, se está dispuesto á unirse á su partido en una 
cruzada contra los otros. Es de semillas como ésta que se 
le causan entorpecimientos á los gobiernos. 

La Política Democrática es Libre- Cambio 
y Nada Menos que Eso. 

Extracto de las declaraciones del Hon. S. L. Milliken, de Maine, 
página 4255 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

Mas para concluir, permitidme decir que el punto está clara 
y completamente definido por los dos grandes partidos del 
país, el libre-cambista democrático y el proteccionista repu- 



123 

blicano, y me alegro que así sea. No vemos más esa es- 
trategia de la cuestión en la parte de nuestros amigos demó- 
cratas como hasta aquí la habían ensayado con tal éxito, para 
que su habilidad obtenida por larga experiencia les hiciese 
merecedor á ella. El mensaje del Presidente, el bilí Mills, y 
la cuestión de la tarifa en esta Cámara han hecho un bien 
si no otro. Han demostrado al país que la política demo- 
crática es el libre-cambio y no otra cosa; y si el presente bilí 
no va tan lejos, sus defensores van, puesto que está sostenido 
bajo el principio del libre-cambio y no de otra cosa, y que 
el partido democrático sólo espera una oportunidad para 
salir de su yá rota concha para convertirse en un campeón 
lleno de plumas, defensor del libre-cambio, como el más ar- 
diente de sus leaders ó el más radical de los miembros in- 
gleses del club Cobden, para el cual ha contribuido con 
tantos partidarios en este país, como pudiera desear. 



La Tarifa Construye las Fábricas y Establece 
la Maquinaria. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine, 
página 4671 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

Estimulado por la teoría del "libre-costo/' el Presidente 
de la cámara ordenó una investigación en las manufacturas 
más antiguas de la Nueva Inglaterra. ¿ Qué industrias eli- 
gió? Géneros de algodón para sábana y pintados de algo- 
dón ; géneros de algodón, precisamente los artículos y quizás 
los únicos artículos que han gozado de continua é inalterable 
protección efectiva desde 1824. 

Excoge industrias que, bajo todas las tarifas, han tenido 
sesenta años de constante protección, demuestra por ellas los 
salarios más altos para la mano de obra y los precios más 
bajos para los consumidores, y entonces se envuelve atrevida- 
mente en la bandera del "libre-costo" y. proclama á la faz 
del mundo, que lo oye con extrañeza, que la tarifa nada tiene 
que ver con los salarios. Me siento con curiosidad por 
saber qué pensó Edward Atkinson de su nuevo discípulo en 
ese momento. 

Oh, no; las tarifas nada tienen que ver con los salarios. 
Es el carbón, el vapor y la maquinaria. Pero ¿ qué es lo que 
erige las maquinarias? ¿qué es lo que hace que las fábricas 



124 

de algodón se construyan? nada, la tarifa. Entonces, pues, 
la tarifa construyó la fábrica, erigió la maquinaria, la ma- 
quinaria construyó los salarios; pero la tarifa no lo hizo. 
¿No es muy semejante esto á decir, que vuestro padre es 
vuestro progenitor, pero que vuestro abuelo no lo fué? 
¿ Cómo podéis mejorar la máquina que no poseíais ? ¿ Cómo 
aumentar la eficacia de la máquina que no existía ? 



La Protección. 

La que desarrollará nuestros recursos naturales ; 
I¿a que proporcionará trabajo á nuestros hombres. 

Extracto de las declaraciones del Hon. M. M. Boothmann, de Ohio, 
página 6751 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

La teoría de protección, Sr. Presidente, propiamente apli- 
cada, no resulta en una posición tan absurda é insostenible. 
Limita el lugar de abastecimiento para los Estados Unidos 
á las cosas que podemos producir en suficientes cantidades, 
para hacer frente á la demanda de nuestro pueblo. Al hacer 
esto, no limita sus benéficos efectos á una industria ó á unas 
pocas favorecidas empresas, sino que declara que con res- 
pecto á todas las industrias que están ó pueden ser estableci- 
das y que puedan suplir cuando sea necesario la demanda de 
nuestro pueblo limitaremos las compras de las cosas por 
nuestros ciudadanos á nuestros propios mercados hasta donde 
la tarifa razonablemente pueda hacerlo, y de esta manera 
conservaremos nuestro dinero en casa para invertirlo en 
nuestras empresas domésticas. Se desarrollarán nuestros 
naturales recursos en todas direcciones, se diversificarán los 
empleos del pueblo, proporcionará trabajo al obrero, y bajo 
este sistema nuestros trabajadores no tendrán que ser todos 
labradores ó cualquiera otra cosa, sino que pueden consa- 
grarse entre nosotros con provecho á casi, si no á todas las 
empresas de negocios é industrias conocidas. 



125 



Únicamente por^Medio de una Tarifa Protec- 
tora es que se Pueden Conservar 
los Mercados Domésticos. 

Extracto de las declaraciones del Hon. M. E. Olmsted, de Penn- 
slvania, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio 6 de 
1904. 

Beneficio de la Tarifa Protectora Republicana. 

Uno por uno los países del mundo, que mantenían una 
tarifa baja, han reconocido las ventajas de la protección y 
han adoptado sus principios, y ahora la fortaleza del libre- 
cambio, la Gran Bretaña, parece estar á punto de rendirse 
á la demanda popular por la protección. 

Con la prosperidad que han obtenido los Estados Unidos, 
Francia, Alemania, debido al sistema proteccionista, los 
principales países de Europa, con excepción de los Países 
Bajos y el Reino Unido, lo han aceptado. 

Recientemente, además, el Japón, India y China han au-, 
mentado los derechos de su tarifa, siendo el aumento en 
muchos artículos grande ; y con ese motivo los dos restantes 
países, los Países Bajos é Inglaterra, se encaminan respec- 
tivamente hacia la protección. En los Países Bajos se ha 
propuesto recientemente una nueva tarifa por el Gobierno, 
especialmente sobre muchos artículos, y como es bien sabido, 
se está haciendo una fuerte petición en el Reino Unido para 
la adopción de un sistema protector. 

El principal argumento que se aduce en el Reino Unido 
en favor del abandono del libre-cambio y la adopción del 
proteccionismo, es de que únicamente con una tarifa protec- 
tora pueden conservarse los mercados domésticos para los 
manufactureros del país. Los alemanes, con salarios bajos, 
hábiles mecánicos, gran abundancia de materias primas y una 
gran educación técnica, reconocida por el mundo manufactu- 
rero, han invadido el mercado británico por un lado, mien- 
tras que por el otro las manufacturas de los Estados Unidos, 
producidas con salarios altos, pero con maquinaria eficiente, 
gran abundancia de materias primas, combustible á bajo 
precio, transporte barato y las economías que resultan de 
la gran organización, se están también declarando un serio 
competidor en los mercados de la Gran Bretaña y sus colo- 
nias. 



I2Ó 

Este descontento está basado en el hecho de que bajo el 
sistema del libre-cambio, la importación de manufacturas en 
el Reino Unido, de los Estados Unidos, Alemania, Países 
Bajos, Bélgica, y Francia, siendo países protectores ha au- 
mentado de $250,000,000 en 1875 á $580,000,000 en 1902, y 
justificado además por el hecho de que las exportaciones de 
manufacturas para los mismos países protegidos bajó de 
$355,000,000 en 1875 á $285,000,000 en 1902. 

Estos dos grandes datos, de que los países cuyos sistemas 
manufactureros se han desarrollado bajo una tarifa pro- 
teccionista, están amparándose de los mercados del Reino 
Unido y al mismo tiempo excluyendo sus manufacturas de 
sus propios mercados, como queda demostrado por las cifras 
oficiales publicadas por el Gobierno Británico, son probable- 
mente los motivos de la rigurosa petición que se está ahora 
haciendo en Inglaterra para la adopción del sistema protec- 
cionista. 



La Verdadera Esencia para la Defensa de 
Nuestro Comercio es la Marina. 

Extracto de las declaraciones del Hon. A. G. Dayton, de West 
Virginia, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 20 de Febrero 
de 1904. 

Hasta hace cerca de catorce años no hemos venido á tra- 
bajar sistemática y seriamente para formarnos una flota en 
los mares, que fuese un honor y crédito para nuestro país y 
nuestra bandera. Como consecuencia de ello, estos gastos 
han aumentado; pero hemos podido soportarlos, sin que el 
país los haya jamás sentido; y que el extraño estado de 
cosas exista hoy de que el sentimiento más fuerte en favor de 
la marina de los Estados Unidos está en aquellas secciones 
alejadas del mar — en el gran Nordeste, en los países monta- 
ñosos como mi Estado — mientras que la única protesta que 
aparece es la un caballero que representa el Estado de New 
York. 

Con respecto al costo de ella, el Secretario de Marina, en 
su informe anual, ha aprovechado la oportunidad de facili- 
tarnos algunas cifras referentes á lo que los gastos navales 
han aumentado. 

Sr. Presidente : con su permiso, pido al Oficial que me 
lea el pasaje de este informe que he marcado, incluyendo 
la tabla dada por él, con objeto de que los miembros del 



127 

comité pueden ver, después de todo, que aunque es un bilí 
de asignación de $ 100,000,00o 1 , es enteramente para el pro- 
pósito de defender nuestro honor, nuestro país y nuestra 
bandera y mantener nuestra paz. Espero que estos señores 
atenderán á la lectura de la tabla, á fin de que puedan ver 
cuan pequeño es el actual tipo de aseguro comparado con la 
riqueza y el valor de este país. 

El oficial lee lo siguiente : 

"El costo de la protección militar se ha comparado con 
frecuencia con el de los aseguros sobre la propiedad. La 
comparación no es impropia y tiene una significación es- 
pecial al considerar los gastos navales. He ordenado hacer 
una comparación entre la valuación nacional y los gastos 
navales. La valuación de la propiedad total se obtuvo to- 
mando las cifras de Mulhall hasta el censo de 1850 y después 
las cifras del censo. Esto da solamente la valuación de 
cada diez años, empezando en 1800. La valuación de los 
años intermedios se ha obtenido aproximadamente añadiendo 
á cada año una igual proporción de aumento decenal. De 
este modo se ha obtenido fácilmente el término medio de cada 
período decenal. Los gastos navales pueden obtenerse con ab- 
soluta exactitud. Los gastos expresados no incluyen el costo 
del establecimiento del poder ejecutivo. La tabla siguiente, 
computada de esta manera, demuestra el tanto por ciento de 
la propiedad total de los Estados Unidos consagrada al 
sostenimiento de la marina, por períodos de diez años, en el 
último siglo. El período total demuestra un gasto anual 
por término medio de $0.00123 por cada peso de valuación. 

Promedio Promedio de 

del valor los gastos Por 

Años. (computado). navales. ciento. 

1801-1810 $1,321,245,000 $1,636,723 O.OOI23 

1811-1820 1,732,470,000 4,675,502 .00269 

1821-1830 2,335,930,000 3,295,086 .OOI41 

1831-1840, 3,301,915,000 5,041,751 .00152 

1841-1850 5,637,199,000 7,237,696 .OOI29 

1851-1860 12,198,889,800 11,996,977 .OOO98 

1861-1870 23,718,414,100 46,848,730 .OOI97 

T871-T880 36,983,933, IOO 19,658,796 .OOO53 

1881-1890 54,959,300,050 16,867,629 .OOO30 

1890-1900. ; 81,131,690,950 38,635,164 .00047 

Término medio general, $0.00123. 



128 

Los gastos para el año fiscal de 19x33 fueron $82,618,034. 
Por una razonable aproximación, la valuación para ese año 
fué $106,239,266,872. 

De modo que se gastó en dicho año por cada peso de la 
valuación nacional $0.00077. Si el término medio del último 
siglo se hubiera alcanzado, los gastos hubieran sido $130,- 
674,298.55." 

Mr. Dayton. Así, pues, Sr. Presidente, para la común de- 
fensa y la paz de este país, exclusivamente pagamos menos de 
una milésima de 1 por ciento sobre la valuación de la actual 
propiedad de este país. Supongamos que lo consideremos 
desde el punto de vista comercial ; no hay uno solo en la 
Cámara que no reconozca que lo esencial para la defensa 
de nuestro comercio es la marina de los Estados Unidos ; 
que es una triste cosa la de intentar extendar el comercio 
y protegerlo, á menos que no lo hagamos con el poderoso 
brazo del Gobierno, ejercido por medio de nuestros buques 
de guerra. Pasemos á considerarlo bajo el punto de vista 
de un premio de seguro sobre el comercio del país. Conside- 
rándolo en esa forma, los gastos navales serían solamente 
de veinte y dos milésimas de un centavo, y cuando se tome 
en consideración el costo de asegurar las empresas indus- 
triales de este país, los miembros del Comité pueden ver ' 
cuan pequeño y cuan insignificante es este tipo. 



Hon. Justin S. Morril, de Vermont. 
.Remiendo de la Tarifa por el Partido Democrático. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Justin S. Morrill, de Ver- 
mont, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso (50 o 
Congreso, primera Sesión, página 3018). 

La tarifa de 1846. permaneció sin alteración hasta 1857, 
cuando á consecuencia del exceso momentáneo de las con- 
tribuciones experimentó algunas reducciones más, resultando 
insuficiente para el sostenimiento anual del Gobierno. La 
condición del país fue gráficamente descrita por el Presi- 
dente Buchanan en su mensaje de Diciembre 8 de 1857, como 
sigue : 

"En medio de la excesiva abundancia en todas las pro- 
duciones y elementos de la riqueza nacional, encontramos 
nuestras fábricas interrumpidas, nuestras obras públicas re- 
tardadas, nuestras empresas privadas, de diferentes clases, 



129 

abandonadas, y miles de trabajadores útiles fuera de empleo 
y reducidos á la necesidad. " 

Se recordará que, por falta de una tarifa protectora, casi 
la totalidad de los seiscientos cuarenta millones de oro que 
produjo California, desde 1849 á 1860, tuvieron que ser 
en seguida exportados á países extranjeros, donde maravillo- 
samente desarrollaron y fertilizaron las industrias extran- 
jeras en lugar de las nuestras. 

Lo.s trastornos financieros de T837, 1847, I 857 y el general 
quebrantamiento de los negocios, atribuidos con justicia á 
las imprudentes reducciones y á los remiendos de la tarifa 
por el partido entonces en el poder, están tan imborrables 
en los archivos de la histeria, como las revoluciones políticas 
que se siguieron á la caída y derrota del partido democrático. 

Página JO JO. 

Las limas, antes de establecerse la tarifa de 1861, eran casi 
todas importadas, y las del tamaño ordinario se vendían 
desde seis á siete pesos la docena. Mr. Nicholson, de Rhode 
Island, inventó una máquina para su fabricación, que dio 
éxito, y hoy tenemos ciento cincuenta fábricas de limas es- 
tablecidas, debido enteramente á la tarifa proteccionista, y 
encontramos que las limas de igual mérito se venden desde 
$2 á $2.30 por docena. En 1857 se importaron limas única- 
mente por el montante de $40 ; pero ahora encuentran empleo 
en su manufactura miles de trabajadores americanos. 

Página JOIQ. 

El maravilloso incremento de la riqueza de nuestro país 
en una veintena de años es un inagotable manantial de pú- 
blica felicitación y me refiero á esto simplemente para decir 
que aun las autoridades del libre-cambio convienen en ello. 

"En proporción al aumento de capital, la participación del 
producto total que corresponde al capitalista se disminuye, 
mientras, al contrario, la parte del labrador se aumenta." — 
Bastiat. 

Un hecho adicional puede manifestarse, y es, que los de- 
pósitos de las Cajas de Ahorro de los Estados Unidos, donde 
se efectúan los depósitos principalmente en pequeñas canti- 
dades todos los meses por los trabajadores y trabajadoras, 
y que se encuentran aquí bajo una tarifa protectora, mon- 
taron en 1872 á $669,329,917, y aumentaron en 1886 á la 



i 3 o 

suma de $1,235,736,069. Mientras esta suma se acumulaba, 
se pagaba por nuestro país del principal de la deuda, hasta 
Marzo 1 de 1888, $947,325,816, además de los grandes in- 
tereses. De esto se desprende que estos trabajadores y tra- 
bajadoras tienen en depósito en las cajas de ahorro un mon- 
tante suficiente para haber pagado en dicha fecha toda nues- 
tra deuda nacional de $1,202,454,714, y todavía quedar un 
excedente de $33,000,000. 

Esto ilustra el hecho que, mientras los productos domés- 
ticos han aumentado grandemente bajo el régimen de la 
tarifa protectora, la distribución en la parte correspondiente 
al obrero, comparada con la del capitalista, relativamente 
siempre ha aumentado más. 



La América ha Tenido un Aumento en sus 

Ventas á Nosotros de cerca de 45 por 

ciento, y ha Dejado de Comprarnos 

por más de 40 por ciento. 

Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de 
Sesiones del Congreso de Enero 5 de 1904. 

Cómo el Acta de McKinley perjudicó á la Gran Bretaña. 

Hasta la adopción del acta de McKinley nuestras expor- 
taciones para el vasto y creciente pueblo, para quien éramos 
de tanto valor, como casi todos los otros clientes reunidos, 
habían demostrado su natural aumento. Abrimos de par en 
par nuestros puertos al comercio americano. La política de 
la gran tarifa que lleva el nombre del difunto Presidente 
significó la clausura de los nuestros, y lo ha logrado con 
tolerable eficacia. Los números de la Junta de Comercio 
también lo pregonan ; y aunque la comparación que ellos 
sugieren no es del todo tan negra como aparece, debido al 
hecho de que los fletes incluidos en el costo de los productos 
americanos han sido principalmente ganados por buques 
británicos, las estadísticas demuestran con perfecta exactitud 
cómo nuestras exportaciones á América han sido combatidas 
por el proteccionismo, y cómo sus ventas han aumentado de 
este lado de una manera sorprendente favorecidas por el 
libre-cambio. El año antes de que el acta de McKinley se 
pusiese en vigor, el cómputo era el siguiente : 



i3i 

Año 1890. 

Importaciones de los Estados Unidos £97,280,000 

Exportaciones de productos ingleses 32,060,000 

Considerad ahora el reverso de la medalla después que el 
incondicional Cobdenismo ha sido combatido por doce años 
por el consistente McKinleyismo. 

Año 1891. 

Importaciones de los Estados Unidos £141,000,000 

Exportaciones de productos ingleses 18,390,000 

En otras palabras, la América ha tenido un aumento en 
sus ventas á nosotros de 45 por ciento y ha dejado de com- 
prarnos por más de 40 por ciento, á pesar del inmenso acre- 
centamiento de su población é industria. 

No da esto mucho pábulo para los que mantienen que la 
protección ahoga el comercio de los países que adoptan tal 
herejía, y que el libre-cambio solamente es bastante para 
promover los intereses de los que suavemente se chupan la 
pura significación de esa palabra. Y si estas cosas se hacen 
en el árbol verde, ¿ qué deberá hacerse en el seco ? La pers- 
pectiva de un cambio radical en la tarifa americana, en la 
forma indicada en el último memorable discurso de Mr. 
McKinley, ha desaparecido con la tragedia de Búrlalo. Al 
poder de la tarifa se ha agregado el de los trusts. La or- 
ganización más tremenda que se ha conocido en la esfera de 
la competencia internacional se ha hecho invencible por una 
defensa blindada contra los esfuerzos de todos los rivales del 
exterior. Está desarrollando un inmenso material con el 
cual atacar en lo futuro á sus rivales en su propio mercado. 
Y de este lado no hay obstáculo alguno que oponer á sus 
operaciones. Su base estratégica en el otro lado del Atlán- 
tico es inexpugnable, y en este lado puede atacar, en cualquier 
tiempo que le agrade, nuestro centro. 

L<a Gran Bretaña teme grandemente á nuestros "Trusts." 

La política del trust de acero ha sido repetidamente mani- 
festada por Mr. Schwab. Más tarde, ó más temprano, será 
puesta en práctica y tendremos que hacerle frente. 

En ese día aquellos espíritus que ignoran la significación 
de la advertencia de Mr. Chamberlain, quizás la consideren 



132 

bajo otro punto de vista. El monopolio del acero, que cuenta 
con un capital de más de ¿300,000,000, ha estado ocupado 
desde su fundación con la demanda doméstica. Esa de- ' 
manda sigue aumentando, á todavía más amenazadoras di- 
mensiones, su formidable poder. Cuando el dique ameri- 
cano se rompa, como necesariamente debe ser, la inmensa 
cantidad de producción acumulada sobre la cual se basa toda 
la posición del trust del acero no podrá suspenderse. 

No habrá ninguna suspensión. La producción tiene que 
mantenerse y tiene que encontrarse mercado para ella. Si 
no existe en el país tiene que crearse á toda costa en el ex- 
terior. Mr. Schwab jamás ha ocultado cuál es la intención 
de sus directores cuando esta emergencia se- presente. Tiene 
que descender sobre los mercados extranjeros, y principal- 
mente sobre el mercado británico, con todo el peso de su 
poder industrial, que se acumula detrás del sistema pro- 
teccionista americano como el agua detrás de una esclusa. 
El especial proyecto de formar una liga entre Inglaterra y 
sus colonias y suspender nuestra exportación, como lo ex- 
presó una vez, al Canadá, África del Sur, Australia y á la 
misma India. Algún día al trust de acero seguirá un trust 
de algodón. La América está manufacturando más y más 
en sus fábricas su mismo algodón. Todos los otros países 
tienen su garantía contra la absorción por los trusts de sus 
mercados domésticos y extranjeros. Nosotros no tenemos 
ninguna, y si seguimos sin tener ninguna, cuando el dique se 
quiebre en la América misma, es probable que nos encontre- 
mos sorprendidos en la lucha por el comercio, y que esas 
sorpresas no sean menos extraordinarias que nuestras sor- 
presas militares al comienzo de la guerra Boer. 

Esta situación nos trae á la vez al fondo del argumento. 
¿ Qué significa el libre-cambio ? Cuando Cobden y sus com- 
pañeros introdujeron ese sistema se imaginaron que todo el 
mundo seguiría nuestro ejemplo. Por libre-comercio querían 
significar libre-cambio — el derrumbamiento de las barreras 
en todos lados. Este es el único estado de cosas bajo el 
cual el comercio podía ser libre. 

En aqual sentido el comercio libre no existe, y jamás ha 
existido. No hay tal cosa. Lo tínico que tenemos son im- 
portaciones libres. No decimos que este sistema sea necesa- 
riamente malo en sí mismo; pero llamemos al sistema por 
el nombre que le corresponde por sus hechos. Tenemos una 
libre importación de productos extranjeros; pero los pro- 



*33 

ductos ingleses no tienen ningún mercado extranjero de im- 
portancia que sea libre. Importamos de los Estados Unidos 
en 1901 por el enorme total de £108,000,000. En cambio 
los Estados Unidos importaron del Reino Unido solamente 
por algo más de £18,000,000. Compramos de nuestro gran 
competidor proteccionista exactamente seis veces lo que 
compraron de nosotros. Dudamos que haya habido alguna 
vez tanta disparidad en el comercio de las naciones. 

Una Exposición Sobre el Trabajo, de Teodoro 
Roosevelt. 

Extractos de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 4 de 1904. 

Proporcionamos hoy aquí la exposición del caballero que 
será el candidato republicano para Presidente. Suministra 
buena lectura para la campaña en la cual nos estamos mo- 
viendo rápidamente. Facilitará á nuestros amigos demo- 
cráticos alimento para el espíritu, é inspirará al hombre tra- 
bajador del país la satisfactoria persuasión de que el an- 
tiguo partido republicano, el partido de Lincoln, de Grant, 
de McKinley, de Hanna, está presentando para la Presiden- 
cia á un hombre digno sucesor de todos ellos, y que per- 
manece invencible en su lealtad hacia los más altos intereses 
que se relacionan con el hombre trabajador de los Estados 
Unidos. 

Una Exposición sobre el trabajo, de Teodoro Roosevelt. 

"El problema más vital en el cual este país, y por con- 
siguiente todo el mundo civilizado, tiene que intervenir," 
así se expreso el Presidente Roosevelt en su primer men- 
saje al Congreso, "es el problema que presenta por un lado 
el mejoramiento de las condiciones sociales, morales y físicas 
en las grandes ciudades, y por el otro el esfuerzo de afrontar 
esa confusión de cuestiones de gran importancia que agrupa- 
mos cuando hablamos de "el trabajo." 

Sumario de la favorable influencia sobre la legislación 
del trabajo, de Teodoro Roosevelt. 

Como miembro de la asamblea de New York votó por los 
bilis. 

Abolición de la fabricación de tabacos en las habitaciones 
de* familia, en la ciudad de New York. 



i34 

Restricción del trabajo del niño en fábricas y talleres. 

Reglamentación de las horas del trabajo de los menores y 
mujeres en las fábricas. 

Seguridad para las vidas y miembros de los obreros de 
las fábricas. 

Reglamentación de los tipos de salarios de los operarios 
empleados por las municipalidades. 

Disponer que los empleados sean acreedores de preferencia. 

Disposición en favor de los derechos de los mecánicos 
constructores. 

Prescribiendo los derechos de las trabajadoras. 

Protección para los mecánicos y trabajadores ocupados en 
perforar pozos de aceite ó gas. 

Abolición del contrato del trabajo del niño en las institu- 
ciones de corrección. 

Creación de una comisión para el examen del procedi- 
miento del sistema de contrato para los presidiarios em- 
pleados. 

Establecimiento de la oficina de ias estadísticas del tra- 
bajo. 

Promoción de la paz industrial. 

Incorporación de la librería de Circulación Libre de New 
York. 

Creación de baños públicos libres en New York. 

Como Gobernador de New York aprobó estas medidas : — 

Creación de una comisión para las casas habitaciones. 

Reglamentación del trabajo en los talleres de costura. 

Autorizando al inspector de fábricas á poner en vigor la 
ley sobre andamios. Ordenando al inspector de fábricas de 
poner en vigor el acta, reglamentando las horas de trabajo 
en los ferrocarriles, haciendo efectivas las leyes de las ocho 
horas y del tipo de los salarios vigentes. 

Reformando el acta de las fábricas : 

(i) Protegiendo los empleados que trabajan en edificios. 

(2) Reglamentación de las horas de trabajo de las em- 
pleadas. 

(3) Disponiendo que las escaleras deben estar bien ilumi- 
nadas. 

(4) Prohibiendo el manejo de maquinaria peligrosa por 
niños. 

(5) Prohibiendo á las mujeres y menores de trabajar en 
ruedas de pulir. 



!35 

(6) Disponiendo que haya sillas en hoteles y restaurants 
para las sirvientas. 

Acortando las horas de trabajo á los dependientes de dro- 
guerías. 

Aumentando los salarios de los maestros de escuela de 
New York. 

Extendiendo á otros ingenieros 1?. ley licenciando á los 
ingenieros de New York, y conceptuándolo como un delito 
la violación de la misma. 

Licenciando los ingenieros de máquinas fijas de Búrlalo. 

Disponiendo el examen y registro de los herradores de 
caballos en las ciudades. 

Registro de los trabajadores para el empleo en los muni- 
cipios. 

Preferencia sobre la retrancas de aire en los trenes de 
carga. 

Disponiendo los medios para la publicación de boletines 
quincenales por la oficina estadística del trabajo. 

Además de lo precedente, cuando fué Gobernador de New 
York recomendó la legislación con respecto á la responsa- 
bilidad de los empleados, que la legislatura no aceptó. 

Poder del Estado en las oficinas de empleos. 

Propiedad del Estado de las imprentas. 

Creando medios por los cuales los mecánicos libres no 
sean puestos en competencia con el trabajo del prisionero. 

Como Presidente de los Estados Unidos ha firmado 
" Bills." 

Renovando el acta de exclusión de los chinos, y exten- 
diendo sus disposiciones á la isla territorio de los Estados 
Unidos. 

Prohibiendo el empleo del trabajo mongolo en los trabajos 
de irrigación, y disponiendo que las ocho horas deberán cons- 
tituir el trabajo de un día en tales provectos. 

Aboliendo la esclavitud y la servidumbre involuntaria, 
siendo la violación del acta castigable con la anulación de 
los contratos y una multa que no bajará de $10,000. 

Protección de las vidas de los empleados en las minas de 
carbón en los Territorios, regulando el montante de ven- 
tilación y disponiendo que las entradas, etc., deberán ser bien 
mantenidas húmedas con agua para aplacar el polvo del 
carbón. 

Eximiendo de contribuciones en el Distrito de Colombia á 



■36 

las pertenencias domésticas por valor de $1,000, efectos de 
uso, librería, libros de escuelas, retratos de familia y bienes 
muebles vinculados. 

Exigiendo á los propietarios de oficinas en el Distrito de 
Colombia el pago de $10 al año por contribución de licencia. 

Creando el Departamento del Comercio y Trabajo y ha- 
ciendo su jefe miembro del Gabinete. 

Mejorando el acta relativa á los aparatos de seguridad en 
los ferrocarriles. 

Aumentando las restricciones sobre la inmigración del 
trabajo barato extranjero, y prohibiendo el desembarque de 
anarquistas de otros países. 

Nuestro Deber en las Filipinas. 

Sostengámonos en las islas y asumamos la responsabili- 
dad de su futuro. 

Extractos de las observaciones del Hon. Charles Dick, de Ohio. 
en el Diario de Sesiones del Congreso el 9 de Julio de 1900. 

No podemos cambiar — dicen los obispos Potter y Tho- 
burn hablando respecto á nuestros deberes en las Filipinas — 
las condiciones de las islas examinadas profundamente por 
uno que no tiene política de prevención y sí un informe 
convincente hecho de las razones para que el pueblo ameri- 
cano siga adelante en la obra de establecer la paz. 

Sr. Presidente : Se ha criticado mucho el curso que ha 
seguido la actual administración en las Filipinas. Deseo 
presentar informes de dos eminentes hombres, cuya posición 
para el pueblo de los Estados Unidos es tal, que ningún 
hombre pondría en duda la integridad de ellos; mientras 
que el mero hecho de que hacen sus manifestaciones después 
de un estudio personal del país y del pueblo á que se refieren, 
prestará igual seguridad de la habilidad de que están reves- 
tidos para llegar á conclusiones justas y exactas. 

Los dos distinguidos hombres á que me refiero son el 
obispo Potter y el obispo Thoburn, hombres bien conocidos 
del público, y hombres á quienes dos de nuestras grandes 
organizaciones religiosas han conferido los más altos honores 
y las más altas pruebas de confianza. 

Opiniones del Obispo Potter. 

Estos dos hombres hablan después de un estudio personal 
del pueblo y situación de las Filipinas; y el obispo Potter 



i37 

dice con franqueza que ha llegado á sus conclusiones, á la 
faz de le que fué al principio una opinión adversa sobre esta 
materia. Su primera opinión era que el curso seguido por 
este Gobierno en las Filipinas era de dudosa sabiduría ; pero 
que después de una visita á esas islas y un estudio de la 
situación, regresó á los Estados Unidos, y en un interview 
dijo : 

"Hay únicamente una cosa que debemos hacer ahora; y 
esa es, que sostengamos las islas y asumamos la responsa- 
bilidad de su futuro." 

Opiniones del Obispo Thoburn. 

El obispo J. M. Thoburn, de la Iglesia Metodista, es 
también un hombre de alta posición en esta gran religiosa 
organización, y si su nombre es menos conocido del pueblo 
de los Estados Unidos que el del obispo Potter, es á causa 
de su larga ausencia en el Oriente, donde ha estado por 
muchos años ocupado en el trabajo de las misiones, y donde 
tuvo especial oportunidad de estudiar las Filipinas y al 
filipino. Fué á la India como misionero en 1859, y fué 
elegido obispo misionero de la India y la Maladia en 1888. 
Ha visitado las Filipinas un número de veces en los pasados 
quince años, y ha consagrado mucho tiempo al estudio de los 
filipinos. Su última visita fué precisamente antes de su 
regreso á los Estados Unidos. 

El obispo Thoburn es un hombre tranquilo y discreto, pene- 
trante observador y escolar, asi como tolerante en sus opi- 
niones religiosas. La familia Thoburn está orgullosa de su 
lealtad á la bandera. El Coronel Joseph Thoburn, hermano 
del obispo, fué muerto en la guerra civil, en la batalla de 
Cedar Creek, cuando mandaba una división. Por consi- 
guiente el obispo Thoburn tiene conocimiento de lo que habla. 

En respuesta á una pregunta, el obispo dijo : 

"Dejar al pueblo de las Islas Filipinas entregado á sí mis- 
mo, sería proclamar la general anarquía por años y por 
generaciones venideras, y si se hubiera atentado á tal cosa, 
la confusión que hubiera resultado, con todos sus acompaña- 
mientos de derramamiento de sangre y miseria, hubiera 
creado tal espectáculo, que todo el mundo civilizado nos 
hubiera execrado." 

"Muchos grandes y extraordinarios errores se han come- 
tido por escritores y oradores al discutir este punto, debido 
al muy limitado conocimiento que el mundo exterior posee 



i3* 

referente al actual "status" del pueblo de las islas. Parece 
imposible para muchos hombres inteligentes penetrarse del 
hecho de que hay lo menos ochenta diferentes tribus ó razas 
de pueblos habitando las Filipinas. Las islas, en un todo, 
no han sido jamás subyugadas por España. Su titulo á 
muchas de las islas situadas más al Sur ha sido solamente 
nominal. 

"La clase de personas conocidas como los filipinos, pertene- 
cen casi exclusivamente á la isla de Luzón. No son en 
ningún concepto populares entre las otras islas, ni pudieron 
jamás Aguinaldo, ó cualquier otro hombre lograr ganarse 
la confianza de los isleños." 

"Como todos los malayos mahometanos, el pueblo que 
habita las porciones del sur del Archipiélago es traidor, gue- 
rrero y turbulento. En las islas más civilizadas, habitadas 
por la raza visaya, los filipinos constituyen una muy pequeña 
minoría, y si se les dejase entregados á ellos mismos, en 
corto tiempo se manifestaría un odio encarnizado, aun entre 
las porciones más civilizadas de las islas centrales y del 
Xorte. A cualquier riesgo, se hace el deber del pueblo 
americano, deber del cual el mundo civilizado jamás lo ab- 
solverá, de dominar cualquiera oposición guerrera y dar paz 
á la isla de Luzón, y también conceder una buena goberna- 
ción en todo el archipiélago. 

"De ningún modo debe hacerse mención de que nos re- 
tiremos del campo. Nosotros no buscamos esta gran res- 
ponsabilidad, sino que se nos echó sobre nuestros hombros. 
Retirarse ahora sería retroceder ante un manifiesto deber, 
hacer confesión de timidez nacional y atraer sobre nosotros 
como nación el ridículo y el desprecio, si no fuese, en verdad, 
la execración del mundo civilizado. Hemos tomado sobre 
nuestros hombros la carga, y tenemos que llevarla paciente- 
mente y cumplir la tarea que la Providencia, como creo 
realmente, nos ha confiado. De aquí á algunos años la situa- 
ción total ofrecerá diferente aspecto. La paz se habrá res- 
taurado en esas islas perturbadas, y una nueva carrera pre- 
sentada ante un pueblo que ha estado soportando pesadas 
cargas y sufriendo errores inauditos por más de trescientos 
años. 



!39 



No Casas de Moneda Abiertas, pero sí Molinos. 

Extracto de la carta de aceptación de Mr. McKinley, en 1896, im- 
presa en la página 415, apéndice para ser encuadernado con el 
Diario de Sesiones del Congreso, primera Sesión, 55 o Congreso ; 
partes de las observaciones del Hon. C. H. Grosvenor, en la 
Cámara Representativa, Julio 19 de 1897. 

Nuestros talleres están cerrados, ó funcionan únicamente 
la mitad del tiempo con salario reducido y pequeños benefi- 
cios, si no es que sufren pérdida decidida. Nuestros hom- 
bres en casa están desocupados, y mientras que ellos 
están desocupados en el exterior están empleados en 
proveernos con sus géneros. Nuestro mercado doméstico 
sin rival para el labrador, ha sufrido también grandemente, 
porque aquellos que lo constituyen — ese gran ejército de 
asalariados americanos — están sin el trabajo y los salarios 
que antes tenían. Si ellos no pueden ganar salarios no 
pueden comprar producto. No pueden ganar si no tienen 
empleo, y cuando ellos no ganan, el mercado domestico del 
labrador se disminuye y se arruina, la pérdida se siente tanto 
por el productor como por el consumidor. La pérdida de 
salario solamente en este país, en los tres años pasados, es 
suficiente para haber producido nuestra desgraciada situación 
mercantil. Si nuestro trabajador se emplease bien, y em- 
pleado con salarios remunerativos, como en 1892, en pocos 
meses cada labrador de este país sentiría el satisfactorio cam- 
bio en el aumento de solicitud para sus productos, así como 
en los mejores precios que obtendría. 

No Casas de Moneda abiertas, pero sí Molinos. 

No es un aumento en el volumen de la moneda lo que 
constituye la necesidad de la época, sino un aumento en el 
volumen de los negocios. No un aumento en moneda 
acuñada, pero sí un aumento de confianza. No más acuña- 
ción de moneda, sino más activo uso de la ya acuñada. No 
casas de moneda para la acuñación sin límites de la plata 
del mundo, sino más molinos ó fábricas para el amplio tra- 
bajo sin restricción de los trabajadores americanos. El em- 
pleo de nuestras casas de moneda para la acuñación de la 
plata del mundo, no nos devolvería las comodidades y las 
cosas necesarias á la vida. Esto sólo se lograría con el 
empleo de las masas y tal empleo indudablemente traería el 



140 

restablecimiento de una sabia política protectora que reani- 
maría la fabricación doméstica. La protección no ha per- 
dido ninguna de sus virtudes é importancia. El primer de- 
ber del partido republicano, si se restituye en el poder, será 
la promulgación de una ley de tarifa que levantará todo el 
dinero necesario para guiar al Gobierno, económica y hones- 
tamente administrada y de tal manera ajustada, que dé prefe- 
rencia á las manufacturas del país y adecuada protección al 
mercado y al trabajo doméstico. No estamos adheridos á 
ninguna escala especial ó tipos de derecho. Ellos están y 
estarán siempre sujetos á cambios para hacer frente á nuevas 
circunstancias; pero el principio sobre el cual los tipos de 
derecho se impongan quedarán los mismos. Nuestros de- 
rechos deberán siempre ser bastante altos para medir la 
diferencia entre los salarios pagados en el país y los en países 
competidores, y para proteger en justa proporción las in- 
versiones americanas en las empresas americanas. 

Nuestros Labradores y la Tariía. 

Nuestros labradores han sido siempre perjudicados por 
los cambios en nuestra legislación sobre la tarifa, y tan 
severamente como nuestros trabajadores y manufactureros 
que han sufrido grandemente. La plataforma republicana 
se declara sabiamente en favor de una medida tal, que esti- 
mule los intereses azucareros, á fin de que se pueda producir 
en el suelo americano, todo el azúcar que el pueblo americano 
consume. Ofrece á nuestra lana y á los intereses con ella 
enlazados "la más amplia protección," una garantía que de- 
bía recomendarla á todo ciudadano patriótico. Jamás se 
causó un daño más lastimoso á los labradores de nuestro 
país que el que se infirió durante los tres pasados años sobre 
los cultivadores de la lana en América. 

Aunque los intereses de los más útiles é industriosos ciu- 
dadanos han sido prácticamente destruidos y sus fábricas 
de lana envueltos en igual desastre, en ningún tiempo, dentro 
de los treinta y seis años pasados, y quizás jamás durante 
ningún período anterior, se han suspendido tantas de nues- 
tras manufacturas de lana como ahora. El partido repu- 
blicano es de quien se puede esperar que corregirá estos 
grandes errores, si otra vez se le confía la dirección del 
Congreso. 



I 4 I 



La Reciprocidad y sus Efectos. 

Otra declaración de la plataforma republicana que tiene 
mi mayor cordial apoyo, es la que favorece la reciprocidad. 
Los resultados brillantes de los convenios recíprocos, que se 
hicieron autorizados por la ley de la tarifa de 1890, son 
sorprendentes. En el breve período en que estuvieron en 
vigor, en muchos casos solamente fres años, lo que no fué 
bastante tiempo para probar su gran importancia; pero la 
prueba fué suficiente para demostrar concluyentcmente la 
sabiduría de su adopción. En 1892 el comercio de expor- 
tación alcanzó en los Estados Unidas el más alto punto en 
nuestra historia, siendo el montante de las exportaciones, 
ese año, la inmensa suma de $1,030,278,148, suma mayor por 
$100,000,000 que las exportaciones de cualquier año anterior. 
En 1893, debido á la amenaza de una legislación de una 
tarifa perjudicial, el total de las exportaciones bajó á $847,- 
665,194. Las exportaciones de mercancías domésticas dis- 
minuyó $189,000,000; pero la reciprocidad todavía nos ase- 
guró un gran comercio en la América del Sur y la Central, 
y un mayor comercio con las Indias Occidentales que el que 
antes jamás habíamos gozado. El aumento de comercio con 
los países con los cuales teníamos convenios de reciprocidad 
fué de $3,560,515 sobre el de 1892 y de $16,440,721 sobre 
el de 1891. Los únicos países con los cuales los Estados 
Unidos comerciaron y para los cuales las exportaciones de- 
mostraron aumento en 1892, fueron prácticamente aquellos 
con los que teníamos convenios de reciprocidad. 

El tratado de reciprocidad entre España y este país, re- 
ferente á los mercados de Cuba y Puerto Rico, se anunció 
en Septiembre i° de 1891. El aumento de nuestro comercio 
con Cuba fué fenomenal. En 1891 vendimos á ese país úni- 
camente 114,441 barriles de trigo; en 1892, 366,175 ; en 1893, 
616,406 y en 1894, 662,248. Esto representa un aumento 
de 500 por ciento, mientras que nuestras exportaciones de 
harina de trigo á Cuba en el año que terminó en Junio 30 
de 1895, el año que siguió á la anulación del tratado de 
reciprocidad, bajaron á 379,856 barriles, que representa 
casi la pérdida de una mitad de nuestro comercio con ese 
país. El valor total de las mercancías exportadas de los 
Estados Uñidos á Cuba en 1891, el año anterior á la negocia- 
ción del tratado de reciprocidad, fué de $12,224,888;. en 
1892 de $17,953.579; en 1893, de $24,157,698; en 1894, de 



142 



$20,125,321, pero en 1895, después de la anulación del con- 
venio de reciprocidad, disminuyó $12,887,661. Muchos 
ejemplos semejantes podrían darse del acrecentamiento de 
nuestro comercio con otras naciones, bajo el sistema de re- 
ciprocidad. 



Las Mujeres Americanas Hechas Indepen- 
dientes. 

En esta diversidad de empleos, resultado de la Tarifa 

Proteccionista, las mujeres americanas han 

sido elevadas y hechas mucho 

más independientes. 

Extracto de las observaciones del Hon. J. S. Morrill, de Vermont, 
página 3020 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

En esta diversidad de empleos, resultado de la tarifa pro- 
teccionista, las mujeres americanas han sido elevadas y he- 
chas mucho más independientes ; y participando grandemente 
en el trabajo útil del mundo, jamás fueron más encantadoras 
que hoy en día. Hay mucho trabajo fino y liviano, conecta- 
do con la manipulación de la maquinaria, en dondo el tacto 
y la aptitud se han hallado superiores á los del hombre, ex- 
cediendo ahora los salarios semanales de la mujer con mucha 
frecuencia á los que anteriormente se les pagaba mensual- 
mente. Mucho más que la de los hombres, la fortuna de 
las mujeres sería desgraciadamente afectada por cualquier 
paso dado hacia el objetivo británico del libre-cambio. 



Extractos de las observaciones del Hon. B. Butterworth, de Ohio, 
página 4394 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

Me comprometo, Sr. Presidente, á ir con Ud. á cualquier 
establecimiento ó fábrica de mi distrito, donde están emplea- 
dos los trabajadores á que aludo, y escoger uno al azar, y no 
encontrará Ud. uno que no sepa leer la Constitución de su 
país en uno ó dos idiomas, ó que no entienda los derechos 
que otorga y las obligaciones que impone. Id con él á su 
casa, y en esa casa encontraréis no simplemente las comodi- 
dades ordinarias y conveniencias de la vida, sino que también 



143 

la prueba incontestable de educación y refinamiento. Libros 
y música encontraréis allí. La hija de esa familia, no sola- 
mente la hallaréis igual en el desempeño de los deberes que 
pertenecen á la economía doméstica, sino que también se 
sentará al piano y discurrirá sobre las piezas de música más 
raras que escribió Wagner, Beethoven y otros maestros en la 
ciencia. 



Extracto de las observaciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, página 3688 del Diario de Sesiones del Congreso, 
50 o Congreso, primera Sesión. 

En una localidad siete millas de Birmingham, diez y seis 
mil mujeres ingleses — mujeres, madres é hijas — trabajan 
día y noche haciendo clavos y remaches. Un escritor del 
London Standard se expresa de este modo respecto á su 
remuneración : 

"La remuneración que ellas reciben es increíblemente pe- 
queña. No es una cosa rara, es precisamente la usual cos- 
tumbre, para una familia de tres ó cuatro personas, ganar 
$5 en una semana, después de trabajar catorce horas al día, 
de cuyo escaso montante se hacen recucciones para el com- 
bustible, reparación de maquinaria, etc., que hace el pago 
efectivo de $4.18 semanales para tres personas, comenzando 
el trabajo á las 7.30 de la mañana, continuando todo el fati- 
goso día hasta tarde en la noche, sin ningún alimento subs- 
tancial. 



Extracto de las observaciones del Hon. Thomas Ryan, de Kansas, 
página 4825 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

En la manufactura del paño, en el distrito de Potsdam- 
Frankfort, sobre el Oder, se dice que hay cerca de 26,000 
manos empleadas, contándose cerca de 14,000 mujeres á un 
salario semanal de 10 á 12 marcos ($2.50 á $3.00). 

El inspector del distrito de Dresden da la siguiente lista, 
como el término medio de los salarios pagados en su distrito : 

Trabajadores por hora, 3! á 5 centavos. 

Operarios de fábrica 5 á *¡\ 

Mujeres . . . . 2.\ á 3I 

Jóvenes, desde 14 á 15 años. . . ij á 2 

Niños, de 12 á 14 años | á 1 



144 



Nuestras Futuras Miras para el Desarrollo de 
Nuestro Comercio en el Pacífico. 

Extracto de las declaraciones del Hon. T. H. Cárter, de Montana, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio 6 de 1900. 

Los labradores, encontrando un nuevo mercado para sus 
granos y productos en el Océano Pacífico, empezarán á sen- 
tir los beneficios del gran comercio oriental. Ellos tienen 
claridad de percepción. Comprenden que el levantar un ex- 
ceso de producción en este país es de poca utilidad, á menos 
que no se procure un mercado para el excedente. Está re- 
conocido que los mercados de Europa sumamente abasteci- 
dos por la fuerte competencia de todas partes, no pueden 
menos que ser deprimidos por mayores aumentos de nuestros 
campos nuevamente abiertos. 

Debemos encontrar un mercado en el Oriente para los 
productos de nuestras heredades, ó abandonar el cultivo en 
este país. Ese mercado es conseguihle. Yendo á través del 
Canal de Suez á una distancia de 11,000 millas nos encontra- 
mos al Emperador de Alemania esforzándose en conseguir 
un paraje en el Oriente. ¿Y para qué? Para la venta de 
los productos alemanes. Enoontramc c la República Francesa 
entrando en el gran campo Asiático con el designio de abrir 
nuevos mercados para sus géneros y los productos de sus 
industrias. Encontramos á la Inglaterra, y aun á la Italia, 
esforzándose en participar de este campo nuevamente desa- 
rrollado y que sigue desarrollándose. La "Rusia, con su pode- 
roso sistema ferroviario, extendiéndolo á través de la Siberia 
y hasta el interior de la China, está haciendo esfuerzos para 
lograr ese mercado. 

Es el propósito del pueblo de los Estados Unidos, en mi 
humilde juicio, insistir que este gobierno nuestro no debe 
permanecer inactivo y permitir que se les escape la oportuni- 
dad del momento. El deber del Gobierno en este particular 
es, en mi opinión, muy claro. El pueblo individualmente no 
puede contender con todos los gobiernos del mundo. Debe- 
mos enviar una fuerza de policía en el Océano Pacífico, para 
proteger nuestro comercio que flota en todos los mares y se 
abriga en cada puerto. 

Debemos hacer comprender que en donde quiera que un 
comerciante americano ó un naviero haga un contrato, ese 
contrato debe ser robustecido por el fuerte brazo de este 



H5 

Gobierno, y de aquí en adelante ningún comerciante ameri- 
cano ó marinero se encuentre humillado al verse obligado á 
pasar por delante del consulado americano é ir á buscar pro- 
tección para su derecho al consulado británico, alemán, 
francés ó algún otro, como desgraciadamente ha ocurrido. 

Sr." Presidente, estamos en los umbrales de grandes espe- 
ranzas. Tenemos recursos sin límites en los Estados Unidos. 
Nuestros recursos agrícolas apenas se han desarrollado para 
abarcar una insignificante fracción, con millones de acres de 
tierra todavía abandonados, con un pueblo de superior inteli- 
gencia, con un número mínimo que no sabe leer y escribir, 
comparados con otros pueblos del globo, con nuestros ferro- 
carriles construidos en tal extensión que alcanzan cada cen- 
tro de la industria y cada centro donde las materias primas 
se pueden utilizar, estamos en aptitud de impulsar nuestros 
productos vendibles á la mayor altura con la menos dilación 
posible. 

Lo que necesitamos es el transporte por mar, y ese trans- 
porte por mar nos será de poca utilidad á menos que no 
tengamos la fuerza naval para protegerlo y apoyar á nuestros 
comerciantes en sus justas demandas en cualquiera parte. 
No podemos proteger la fuerza naval á la vez, si no tenemos 
estaciones carboneras y lugares de desembarque donde nues- 
tros buques navales y mercantes puedan conseguir carbón, 
hacer reparaciones, y encontrar abrigo. 

Esto exige, pues, el establecimiento de nuestra marina 
mercante, para el desenvolvimiento de nuestra escuadra, no 
para combatir las naciones de otras tierras, no para insidiar 
al débil ni tampoco para provocar al fuerte; pero sí para 
vigilar los mares y proteger los derechos americanos. 

Nuestro porvenir se inclina á nuestro desenvolvimiento 
del comercio en el Océano Pacífico, y eso también en asom- 
broso grado durante el próximo cuarto de un siglo. El pri- 
mer año de ese cuarto de un siglo está cercano, y se está 
abriendo un comercio que eclipsará en el Pacífico el comer- 
cio de cualquiera océano del globo, comercio que además 
hará insignificante el del Atlántico. 

Hay 250,000,000 de habitantes al otro lado del Atlántico. 
Producen grandemente la misma clase de artículos que pro- 
ducimos. Les vendemos únicamente bastante para llenar las 
deficiencias allá y acullá. En el lado oeste del Pacífico, á 
2,000 millas de Manila, más de la mitad de la población del 
globo reside. China, Japón, Corea, las Filipinas y todas las 



146 

islas y pequeños estados reunidos, prometen un tráfico que 
no se escapa á la vista de cualquiera nación emprendedora de 
Europa, así como tampoco de cualquier comerciante em- 
prendedor. Nuestro pueblo no se muestra ciego á la opor- 
tunidad que se presenta. Por la dirección que siguen las 
cosas en el comercio oriental, éste nos pertenece principal- 
mente. 



Las Terribles Experiencias del Comercio 
Libre. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Junio de 1900. 

"Por temor de que nos olvidemos/' — Algunos hechos 
acerca -de 1893-1896, que los trabajadores recordarían en 
1900. 

Sr. Presidente : Los votantes de los Estados Unidos están 
á punto de ser llamados para determinar qué partido mane- 
jará los asuntos del Gobierno durante los próximos cuatro 
años. Parece casi imposible que las terribles experiencias 
del libre-cambio puedan ser tan pronto olvidadas; pero como 
parece ser la única suposición sobre la cual sus votos puedan 
otra vez ser solicitados para estas pi oposiciones peligrosas, 
yo indico someter á la consideración algunos extractos de la 
Enciclopedia Americana, esa autoridad siempre exacta y 
generalmente aceptada, exponiendo las condiciones que exis- 
tían durante el período democrático de 1893- 1896, en el 
que el actual experimento del Ubre-cambio se llevó á efecto. 

(De la Enciclopedia Anual de Appleton, 1893, 1894 y 1895.) 

Julio 18, 1893. — Denver, Coló. ; cuatro bancos cerraron 
sus puertas y hay presiones para pagos sobre otras institu- 
ciones financieras. • 

Julio 19. — Más bancos cierran sus puertas. 

Julio 22. — Dos bancos quiebran en Milwaukee y presio- 
nes sobre los bancos en otros parajes. 

Julio 24. — Más bancos quiebran en el Oeste. 

Julio 26. — New York ; dos bolsas de acciones quiebran. 

Julio 27. — Diez bancos suspenden sus pagos, la mayor 
parte de ellos del Nor-Oeste. Se anuncian otras quiebras. 

Julio 28. — Más quiebras y suspensiones, incluyendo 
nueve bancos en el Oeste y uno en Kentucky. 

Agosto 1. — Decaimiento del comercio de provisiones. 



i47 

Muchas quiebras de casas de comisión. Gran excitación en 
la Cámara de Comercio. 

Agosto 8. — El Chemical Bank, uno de los más fuertes 
del país, imposibilitado de cubrir sus órdenes semanales por 
numerario pequeño. 

Agosto ?. — Madison Square Bank suspende sus pagos. 

Agosto 17. -¿- Mucha excitación en la parte este de New 
York entre los trabajadores hebreos. La policía ha tenido 
que intervenir. 

Agosto 22. — Encuentro entre anarquistas y socialistas, 
evitado por la policía de New York. 

Agosto 23. — Meeting de anarquistas disuelto por la poli- 
cía. 

Agosto 30 — La huelga de los mineros de las minas de 
carbón en Kansas terminada sin haberse obtenido ningún 
beneficio. 

Enero 15, 1894. — El Secretario del Tesoro Carlisle anun- 
cia su intención de emitir bonos. 

Enero 17. — El Secretario del Tesoro ofrece un emprés- 
tito de $50,000,000 por subscripciones públicas, de acuerdo 
con sus anunciadas intenciones. 

Enero 24. — Huelga en Ohio de 10.000 mineros. 

Enero 27. — Una turba de mineros extranjeros destruye 
la propiedad de Brantville, Pa., y de otras partes. 

Febrero 16. — Muchas fábricas de seda en New York- 
cierran, á causa de la huelga. 

Febrero 18. — Todas las minas deí distrito de Massillon, 
en Ohio, cerradas por causa de la huelga. 

Febrero 20. — Una asamblea tumultuosa de trabajadores 
sin empleo fué dispersada en Boston por la policía. 

Marzo 2. — Seis mil mineros en Jackson County, Ohio, 
sin empleo. 

Paterson, N. J. — Huelga general entre los tejedores de 
las fábricas de seda. 

Marzo 3. — En West Virginia los huelguistas mineros que- 
man el puente del ferrocarril y cometen otras depredaciones. 

Marzo 13. — -En Paterson, N. J., un atentado tumultuoso 
de parte de los huelguistas de las fábricas de seda. 

Marzo 17. — El gobernador de Colorado, Mr. Waite, or- 
dena las tropas del Estado que marchen á Cripple Creek 
para sofocar los disturbios mineros. 

Marzo 20. — En Boston un gran cuerpo de trabajadores 
sin empleo marchan al Capitolio en demanda de trabajo. 



148 

Marzo 24. — Un movimiento inaugurado en varias partes 
de los Estados del Norte, conocido como el Ejército de la 
Comunidad, Coxeyitas, etc., proponiéndose marchar á Wash- 
ington y exigir amparo del Congreso. 

Marzo 31. — Los Coxeyitas son un motivo de terror en 
ciertas ciudades del Oeste en las cuales buscaron acuartela- 
miento. 

Abril 1. — En Carolina del Sur se despacha un gran 
cuerpo de la milicia del Estado al teatro de la guerra del 
whisky, en Darlington y Florence. 

En Ohio una turba de huelguistas en East Liverpool cau- 
saron un tumulto y varias personas fueron heridas. 

Abril 2. ■ — En Chicago cinco mil plomeros, pintores, etc., 
se declararon en huelga. En Connesville, Pa., 5,000 traba- 
jadores del coke se declaran en huelga. 

Abril 8. — En Carolina del Sur el gobernador asume la 
dirección de la policía y declara la ley marcial en todas las 
ciudades del Estado. 

Abril 4. — En Pennsylvania resultaron seis hombres muer- 
tes y uno herido en el tumulto de los trabajadores del coke. 
En Alabama el Concejo general de Trabajadores Unidos de 
las Minas ordena una huelga que afecta 8,000 hombres. 

Abril 16. — La huelga en el Great Northern se extiende 
al Northern Pacific. 

Abril 20. — En Omaha una turba se apodera de un carro 
de cajas y atenta deportar al ejército industrial de Kelly, 
pero el ejército rehusa irse. 

Abril 21. — Cerca de 150,000 mineros suspenden el tra- 
bajo en simpatía con los huelguistas de coke de Pennsyl- 
vania. 

Abril 28. — Llegada de una división del ejército de Coxey 
á Washington. Una división de los Coxeyitas arrestada en 
Mount Sterling por detener un tren de ferrocarril. 

Se ordena á las tropas de los Estados Unidos prestar ayuda 
á las autoridades civiles en la parte lejana del Oeste. 

En los establecimientos del ferrocarril Great Northern 
se llama á los Caballeros del Trabajo á declararse en huelga. 

Abril 29. — El ejército de Kelly, compuesto de 1,200 hom- 
bres, en Des Moines. 

Abril 30. — Huelga declarada de 2,000 pintores en la ciu- 
dad de Chicago. 

Mayo 1. — Demostraciones de atentado del ejército de 
Coxey en las gradas del Capitolio. 



149 
¿ Qué es una Tarifa Proteccionista ? 

Extiacto de las observaciones del Hon. William McKinley, de 
Ohio, página 4748 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con- 
greso, primera Sesión. 

¿Qué es una tarifa proteccionista? Es una tarifa sobre 
las importaciones extranjeras ajustada de manera á asegurar 
las rentas necesarias, y prudentemente impuesta sobre los 
productos extranjeros cuyos similares se producen aquí ó 
somos susceptibles de producirlos. Es la que impone dere- 
chos sobre los productos extranjeros de competencia; la 
que hace sobrellevar la carga ó derechos, y, hasta donde sea 
posible, exceptuando los efectos de lujo, y no permite la 
competencia del producto extranjero que entre libre de dere- 
chos. Los artículos de uso ordinario, comodidad y necesi- 
dad que no podemos producir aquí, los envía al pueblo sin 
impuestos y libre de las exacciones de la Aduana. Esos artí- 
culos son el té, el café, las especias y drogas, y bajo nuestro 
sistema están en la lista de los exentos de derechos. Es la 
que dice al competidor extranjero : si Ud. desea traer sus 
mercancías aquí, sus productos agrícolas, su carbón y mine- 
ral de hierro, su lana, su sal, su potería, sus géneros de 
vidrio, de algodón y lana, y venderlos al lado de nuestros 
productos en nuestros mercados, haremos sus productos so- 
portar un derecho, en resumen pagar el privilegio de poderlo 
hacer. Nuestra clase de tarifa hace al artículo de competen- 
cia extranjero sobrellevar el peso, aliviar la carga, proveer á 
las contribuciones, y al desempeñar este esencial papel, esti- 
mula al mismo tiempo nuestras industrias y protege nuestro 
pueblo en sus empleos predilectos. 

La Protección nos Salva Nuestro Mercado. 

Extracto de las observaciones del Hon. O. H. Platt, de Connecti- 
cut, página 1016 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con- 
greso, primera Sesión. 

La protección hace otra cosa más — nos conserva nuestro 
mercado. El promueve la solicitud para el trabajo en este 
país, y esto es, después de todo, lo que verdaderamente re- 
sulta en los salarios altos. Haced desaparecer el derecho 
proteccionista, abrid nuestros puertos á las manufacturas ex- 
tranjeras, bajo la consideración que debemos comprar donde 
podamos comprar lo más barato, y por lo tanto habrá Ud. 



1 S° 

destruido el mercado doméstico y disminuido la solicitud 
para el trabajo, y lo habrá hecho imposible para que los altos 
salarios prevalezcan en este país. 

Para Utilizar Todo el Trabajo que Hay en los 

Hombres. 

Extracto de las observaciones del Hon. Thomas B. Reed, de Maine, 
página 4669 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Congreso, 
primera Sesión. 

Para que una nación obtenga de ella misma ó de la tierra 
toda la riqueza que hay en ambos, no es necesario para la 
nación comprar barato y vender caro. Esto concierne á los 
individuos. Lo que concierne á la nación es, cómo utilizar 
todo el trabajo que hay en los hombres, tanto de músculos 
como de cerebro y alma, en la gran empresa de poner en 
movimiento las fuerzas que graciosamente nos ofrece la Na- 
turaleza. 

¿Cómo obtener del pueblo de uní nación sus completas 
fuerzas ? Aquí precisamente está la línea divisoria. La doc- 
trina del "dejar hacer" deja al hombre individual á sus pro- 
pios esfuerzos. La escuela proteccionista dice : "estimulemos 
combinado y en conjunto al hombre para el esfuerzo unido. " 

La asociación es el instinto de la humanidad que crece con 
su crecimiento. Primero la familia, después la tribu y en se- 
guida la nación; la raza vendrá luego. La fidelidad para 
cada uno en su orden es el verdadero camino para lo que 
venga después. 

Estos son los Resultados de la Legislación 
Republicana. 

Extracto de las declaraciones del Hon. James E. Watson, de In- 
diana, del Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre 14 de 
1903. 

Mis amigos demócratas ¿qué habéis hecho á fin de justifi- 
car al pueblo de este país para que os dé la dirección del 
Gobierno? ¿Qué grande acto de este pais, que haya aña- 
dido gloria á la bandera, ú ofrecido prosperidad á nuestro 
pueblo ha brotado del estéril cerebro de la democracia? 
I Cuántos en los últimos cuarenta años ? ¿ Podéis nombrar- 
los ? Bien, el partido republicano se hizo cargo de este país 
en 1860; lo hemos tenido á nuestro cargo desde entonces, 
con excepción de los cuatro años, desde 1893 hasta 1897. 



t5i 

Todos los actos que han hecho á este país grande, han brotado 
en absoluto del luminoso genio de la gobernación republicana. 
La única acta que pasó durante Mr. Cleveland, fué la tarifa 
que extendió el temor y desaliento por todas partes, y nos 
dejó desmantelados y quebrantados. ¿No esto la verdad? 
Bien, mis amigos, esta fué la única acta nacional que pasó 
durante el gobierno del Mr. Cleveland. ¿Condujo, por ven- 
tura, á la prosperidad de la nación ? ¿ No retardó, más bien, 
nuestro desenvolvimiento por muchos años ? Todas las actas 
que han conducido á esa tremenda prosperidad han dimanado 
solamente del partido republicano, y ¿deberé yo ir más ade- 
lante en estos detalles? Pues bien, como mis amigos han 
dicho ya, nuestra riqueza era entonces de $16,000,000,000 
y ahora representa $95,000,000,000. 

Nuestros amigos, los demócratas, acostumbraban decirnos 
que no les dimos bastante dinero para hacer los negocios de 
este país. ¿ Cuál es la verdad con respecto á esto ? En 1860 el 
oro en circulación era $228,000,000; ahora es $630,000,000'. 
Entonces no había ninguna plata en circulación, y ahora hay 
$164,000,000; no había certificados de oro; hoy hay $379,- 
000,000 ; no había tampoco certificados de plata, y hay ahora 
$455,000,000. Entonces la circulación total era $435,000,- 
000 ; hoy hay en circulación $2,376,000,000 y cada peso vale 
cien centavos en cualquiera mercado monetario del mundo. 
Entonces la circulación, per capita, era de $13.85 ; ahora es de 
$29.57. Entonces no había bancos nacionales en el país; 
ahora tenemos 4,939. Entonces no teníamos, naturalmente, 
capital de ningún banco nacional ; ahora tenemos $743,000,- 
000 de ese capital. Los préstamos y descuentos eran nulos, 
ahora ascienden á $3,415,000,000. Entonces los balances de 
los bancos subían á $7,231,000,000; ahora suben á $76,000,- 
000,000. Entonces no había depósitos en los bancos nacio- 
nales ; ahora se elevan á $3,200,000,000. Entonces los depó- 
sitos en las Cajas de Ahorro eran de $149,277,000; actual- 
mente son de $2,750,000,000. El total entonces de los de- 
pósitos era ninguno; ahora montan á $9,258,000,000, colo- 
cándonos fácilmente la primera entre toda las naciones del 
mundo, con respecto á nuestra presente condición financiera 
y nuestra prosperidad industrial. Entonces los recibos to- 
tales para todas las aplicaciones eran de $109,000,000; ahora 
son de $1,097,000,000. El total de las importaciones era 
entonces $353,000,000; ahora son $1,025,000,000, un aumen- 
to en las importaciones de $736,000,000. El total de las 



152 

exportaciones era $334,000,000 y el último año fueron $1,- 
420,000,000, ó sea un aumento de $1,087,000,000. El ex- 
ceso de las importaciones sobre las exportaciones fué de 
$20,000,000. El exceso ahora de las exportaciones sobre 
las importaciones es de $395,000,000. Esa es la diferencia 
desde que tomamos á nuestro cuidado este país. Había 
veinte millones más de importaciones que de exportaciones, 
y en el último año enviamos ai exterior $396,000,000 más 
de lo que recibimos, y el flujo amarillo del oro se derrama 
dentro de este país para pagar el balance del comercio á 
nuestro favor. Estos son los resultados de la legislación 
republicana. (Ruidosos aplausos en los bancos republicanos.) 
Y ¿ qué, con respecto á la fabricación ? Entonces el número 
de establecimientos era de 140,000; ahora es de 512,300. En- 
tonces el número de brazos empleados era de 1,311,000; ahora 
es de 5,719,000. Entonces los sueldos y salarios pagados 
montaban á $378,800,000 ; ahora montan á $13,200,000,000, 
que es mayor que la producción combinada de tres naciones 
del mundo cualesquiera, y nos coloca con orgullo como la 
primera entre las naciones manufactureras del mundo. 
Mientras que se han pagado sueldos y salarios por $378,- 
000,000 en aquel tiempo, ahora se pagan $2,735,000,000; 
llamo la atención sobre este hecho más, que entonces el sala- 
rio por cabeza que se pagaba á los hombres era de $288,- 
mientras ahora es de $474, una mitad mayor que el término 
medio de toda Europa. (Aplausos en los bancos republi- 
canos.) 

¿No es este un precedente del cual podemos considerarnos 
orgullosos? ¿No es un precedente del que podemos jactar- 
nos con justicia? Y contra esto el partido democrático se 
revela y quiere destruir el agente que ha realizado esta mara- 
villosa prosperidad que es hoy día la extrañeza y admiración 
del mundo. 

Nuestra Política es Mantener Nuestro Mercado. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Joseph H. Walker, de Mas- 
sachusetts, en la Cámara Representativa, Marzo 31 de 1891, y 
publicadas en el Apéndice para unirse al Diario de Sesiones, 
volumen 30, página 215. 

Una comparación de los resultados de la tarifa Gorman- 
Wilson, que no fué una mitad tan desastrosa como hubiera 
sido la tarifa Wilson, pura y simple, queda demostrado por 
el siguiente estado, tomado del Compendio estadístico de 



'53 

1896, que prueba á cualquier hombre candido que la política 
de este país es conservar, proteger y mantener para nosotros 
nuestro mercado doméstico, que una tarifa libre-cambista 
entregaría al extranjero, en detrimento de nuestro pueblo. 

Efecto de la Tarifa Wilson-Gorman sobre el Labrador. 

Y el labrador está igualmente interesado á la vez que el 
mecánico en el mercado doméstico. El valor del mercado 
doméstico para el labrador en ninguna parte se demuestra 
más concluyentcmente, así como las aserciones del libre- 
cambio más terminantemente da su falsedad, que por el Com- 
pendio estadístico de los Estados Unidos. El consumo de 
nuestros productos agrícolas por nuestro pueblo alcanzó su 
máximum en 1892. Pasando sobre 1893, el año del pánico, 
y tomando el 1894 se demuestra que más de un 51% de más 
libras de algodón en rama se consumieron por nuestro pueblo 
en 1892 bajo la tarifa republicana, que en el año 1894 bajo 
la amenaza de una tarifa de libre-cambio democrática ; que 
más del 73% más de trigo se consumió por nuestro pueblo en 
1892 que en 1894; que más del 33% más de maíz se con- 
sumió por nuestro propio pueblo en 1892 que en 1894; que 
más del 32% más de libras de lana se consumieron en 1892 
que en 1894. 

Encima de esta disminución de nuestro mercado al reducir 
el poder de nuestro pueblo para comprar y consumir los 
productos de la agricultura, á causa de la amenaza del libre- 
cambio en vías de promulgarse el GORMAN-WILSON 
tarifa de libre-cambio en 1894, nuestras exportaciones totales 
para cada hombre, mujer y niño en el país eran de 22 por 
ciento más, bajo la tarifa protectora republicana en 1892, 
que bajo la tarifa del libre-cambio democrática de 1894. No 
únicamente esto, pero nuestras importaciones totales fueron 
de 33! por ciento más en 1892 también que en 1894. 

De ese modo la simple amenaza de la promulgación de una 
tarifa libre-cambista destruye nuestro mercado, cerrando las 
fábricas, dejando al pueblo desocupado de modo que no pueda 
ganar salarios para comprar ya sea los productos domésticos 
ó los importados. 

Las estadísticas de este país demuestran á cualquier hombre 
que no esté completamente ciego por el libre-cambio, que 
para aumentar nuestro comercio extranjero tenemos que 
tener una tarifa proteccionista, á fin de hacer á nuestro pueblo 



*54 

próspero y en condiciones de ganar el dinero para comprar 
los efectos importados del mismo modo que los domésticos. 
Así grande como fué la caída del consumo de los produc- 
tos agrícolas, mucho más fué la de los productos manufactu- 
rados bajo la amenaza de la tarifa democrática de 1894, que 
la caída en el consumo de los productos del agricultor en 
1892. Los mercados están en el total volumen de los sala- 
rios pagados, y no en los números del pueblo. La pérdida 
del empleo de los artesanos y del trabajador perjudica á los 
labradores primero, y á la mayor parte de todas las clases 
de la comunidad. 

Extensión del Mercado Americano. 

En las condiciones normales de la tarifa de protección, tal 
como en 1892, Mulhall manifiesta que la producción y con- 
sumo de los productos manufacturados en los Estados Uni- 
dos es una tercera parte de la del mundo. 

Los habitantes del globo se calculan de 1,400,000,000 á 
1,500,000,000, teniendo nuestro país como 70,000,000. Este 
hecho demuestra que el mercado de los 70,000,000 de habi- 
tantes de este país, en sus altos salarios y entradas, el pro- 
medio que reciben es igual á una mitad del resto de la pobla- 
ción del mundo, ó sean 700,000,000 término medio. De 
trigo, maíz, algodón y lana, consumimos 47% más en 1892 
que en 1894. En 1892 nuestro mercado se igualó á 700,- 
000,000 bajo la tarifa proteccionista republicana. La tarifa 
del libre-cambio democrática prácticamente redujo nuestro 
mercado en 1894 al equivalente de 371,000,000 del término 
medio de los habitantes del mundo. 



Prosperidad Republicana. 

La prosperidad es general ; Distribuida por todo el país ; 
Común á todas las clases. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. B. Foraker, de Ohio, pu- 
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 4 de 
1904. 

En los años que han pasado desde que empezó la adminis- 
tración de McKinley hasta hoy, nuestro comercio exterior 
ha crecido tanto, y crecido en nuestro favor, el balance anual 
de nuestras exportaciones da una promedio de más de $500,- 
000,000, con la circunstancia de que cada peso que nos han 



i55 

pagado las naciones con quienes comerciamos tiene un valor 
de loo centavos en todo el mundo. En esas transacciones 
no ha mediado ningún peso de 50 centavos de Bryan. 

Como resultado de esto tenemos hoy en la Tesorería de 
este país más dinero propiedad de los Estados Unidos, que 
el que jamás ha logrado reunir ningún gobierno en la his- 
toria del mundo. 

No solamente ha crecido nuestro comercio exterior de una 
manera tan considerable, sino que la prosperidad es general ; 
está repartida por todo el país ; es común á todas las clases, 
y muy especialmente en los Estados del Sur. 

Hace pocos días, en la otra sección del Congreso se pro- 
nunció un brillante discurso durante el cual el orador citó 
varios periódicos, los principales de todos los Estados del 
Sur, con objeto de presentar el verdadero estado de la situa- 
ción allí. Él primero de Enero último. Debo hacer cons- 
tar de paso que casi todos los periódicos citados eran demó- 
cratas. 

Mr. Patterson. — Si la prosperidad es tan grande como 
se dice, si no ha disminuido ni disminuye, ¿ qué me dice el 
senador por Ohio de los jornales rebajados á veinte y cinco 
ó treinta mil obreros y obreras empleados en las manufactu- 
ras de tejidos de Nueva Inglaterra, y de la convención que 
actualmente se reúne en Indianápolis, de mineros de carbón 
bituminoso, para tratar de una huelga nacional, porque se 
les ha notificado que dentro de muy poco los jornales que 
ahora reciben serán rebajados casi á la mitad? 

Mr. Foraker. — No tengo ninguna dificultad en contestar 
al senador que me hace esa pregunta. No le contestaré de- 
talladamente á cada una de las cuestiones que cita, porque al 
contestarle á una me parece que le he contestado á las demás. 
Cita el caso de las manufacturas de algodón. Es el precio 
del algodón, el cual ha subido tanto — no importa si por 
consecuencia de la excesiva demanda, ó por las manipula- 
ciones de los agentes de bolsa — que ha subido tanto, digo, 
que se ha producido una crisis en la industria, que se han 
cerrado varias fábricas, quedando por lo tanto muchos obre- 
ros sin trabajo. 

Por otras causas que nada tienen que ver con la política 
general del país, pero que han tenido origen y han producido 
sus efectos á despecho de esa política, la industria del acero 
se ha afecta-do pasajeramente, así como también la de mi- 
nería de carbón. 



'56 

No me es posible contestar con hechos detallados á todas 
las cuestiones planteadas por el Senador Patterson; pero 
•todos sabemos que no es cosa rara el ver á los representantes 
del trabajo y á los representantes del capital runirse en con- 
vención nacional con objeto de estudiar y tomar acuerdos 
sobre la cuestión de jornales y sobre otros asuntos análogos. 

A todos consta, porque es un hecho, que cuando el par- 
tido republicano está en el poder, y el pueblo de este país 
está satisfecho con la legislación industrial, jamás ha habido 
una huelga, excepto por diferencias de jornales y horas de 
trabajo. Las huelgas del trabajo reconocen por causa en la 
mayoría de los casos la pequenez de los jornales ó el exceso 
de trabajo, y todas acaban por arreglarse satisfactoriamente 
para todos. Las huelgas del capital se realizan cuando se 
establece una política en la que el pueblo que produce no 
tiene una completa confianza. Esa es la diferencia entre las 
huelgas bajo el partido democrático y las huelgas bajo el 
partido republicano. 



IiOS Tiempos Buenos y los Tiempos Malos. 

Extracto de las declaraciones del Hon. E. L. Hamilton, de Michi- 
gan, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 14 
de 1904. 

Durante siete años, bajo las administraciones de William 
McKinley y de Teodoro Roosevelt, el trabajo y el capital han 
marchado prósperamente, sin más interrupción que las de 
sus mutuas diferencias. 

Hace ocho años el partido republicano dirigió sus huestes 
en medio de una sombría depresión industrial, en medio de 
fábricas cerradas y de bancos en quiebra. 

Entonces ningún hombre confiaba en su vecino, si este 
necesitaba de él. Todo el que tenía dinero en efectivo se 
negaba á prestárselo á otro ni siquiera en primera hipoteca ; 
primero porque temía que lo calificaran de plutócrata; se 
gundo, porque tenía miedo de que el deudor le pagara en 
moneda depreciada; y por último, porque tenía miedo de que 
su dinero volara como el humo. 

Sobre estas ruinas nosotros levantamos el grandioso edifi- 
cio de la presente prosperidad. 

No es posible hacer más en tan poco tiempo. Hoy desde 
las oficinas de las casas comerciales hasta las oficinas de la 



157 

administración pública, en todas partes se ve la prosperidad 
aumentar de día en día. 

Los señores del otro lado de la Cámara expresan distinta 
opinión sobre las causas que han producido este estado de 
cosas. 

Algunos ni siquiera se toman el trabajo de dar razones de 
su negativa. Otros lo atribuyen á la natural reacción de los 
tiempos malos en tiempos buenos ; pero es una singular coin- 
cidencia la de que nosotros tengamos siempre una reacción 
de malos á buenos tiempos cada vez que el partido repu- 
blicano sube al poder. 

Otros más prácticos, sin dejar de negar esa prosperidad, se 
aprovechan de ella, la explotan de la mejor manera que 
pueden; y, por último, no faltan quienes más modestos que 
la mosca de Esopo, afirmen que á esa prosperidad han con- 
tribuido ellos indirectamente. 

Algunos aseguran que nuestra prosperidad es tan sólo 
aparente. Si esto es cierto, entonces el promedio de nuestro 
balance anual de comercio en los tres últimos años de $513,- 
000,000 es sólo un balance de comercio aparente, y el depó- 
sito de $2,935,264,845 en los bancos de ahorro del país, 1 
mayor parte hechos por obreros, son por lo vista depósitos 
aparentes ; y los $3,000,000,000 que se pagan á 6,000,000 de 
ciudadanos empleados en 513,000 fábricas es simplemente 
un pago aparente, un sueño de los optimistas que creen que 
el país progresa, como no progresa ningún otro en el mundo. 
(Aplausos en el lado republicano.) 



Refutación de las Profecías de Mr. Bryan. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. W. Babcock, de Wisconsin, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 7 de 
1900. 

Al terminar el tercer año deí último período presidencial 
de Mr. Cleveland el dinero en circulación era, en números 
redondos, $1,500,000,000. Al terminar el primer año del 
período presidencial de Mr. McKinlev era de $2,000,000,000. 
En el tercer año de Cleveland el dinero en circulación era 
$21.53 P or cada habitante. En el íercer año de McKinley 
era 26.12 por habitante. Esto demuestra que el dinero no 
disminuyó. 

Al terminar el tercer año del Presidente Cleveland la cir- 



i58 

dilación de oro era $490,000,000, y al terminar el tercer 
año de McKinley era $786,000,000. 

Las dos terceras partes del aumento de circulación ha sido 
en oro, el metal que Mr. Bryan dice que hará escasear el 
dinero y que sumirá al país en la decadencia y en la miseria. 

Para completar la refutación de las profecías de Mr. Bryan 
diré que había $75,000,000 más de plata en circulación al 
final del tercer año de McKinley que al final del tercer año 
de Cleveland. 

Veamos la predicción de Mr. Bryan sobre el estanca- 
miento de la industria en el caso de que su política de 16 á 1 
no fuese aceptada por el pueblo. Las cifras totales de nues- 
tra industria no son accesibles. Tampoco son necesarias, 
pues cualquiera sabe cuando el trabajo es mucho, cuando 
los jornales son buenos y cuando los precios de los productos 
agrícolas han subido. 

Para nuestro comercio exterior también hay cifras elo- 
cuentes. Durante los primeros tres años de la segunda ad- 
ministración de Cleveland nuestras importaciones llegaron á 
$2,898,000,000. Durante los primeros tres años de la ad- 
ministración de McKinley nuestras importaciones fueron 
$2,296,000,000; ó séase bajo la ley de tarifas Dingley, durante 
tiempos prósperos y de gran actividad, nuestras importa- 
ciones fueron $602,000,000 menos que durante el mismo 
período de la administración de Cleveland, cuando el país 
estaba decaído y lleno de necesidades. 

Ahora echemos una mirada á nuestras exportaciones. 
Durante los tres primeros años de la segunda administración 
de Cleveland nuestras exportaciones llegaron á $3,578,000,- 
000; y durante los primeros tres años de la administración 
de McKinley nuestras exportaciones subieron á $3,828,000,- 
000, — una diferencia de $250,000,000 en favor de nuestras 
exportaciones, y una diferencia de $602,000,000 en favor de 
nuestras importaciones ; lo que hace un total de $852,000,000 
en nuestro favor durante los tres años de -gobierno repu- 
blicano. 

Durante los tres primeros años de la segunda adminis- 
tración de Cleveland nuestro exceso de exportaciones sobre 
importaciones fué de $679,000,000. Durante los primeros 
tres años de la administración de McKinley nuestro exceso 
de exportaciones sobre importaciones fué de $1,531,000,000; 
á séase un aumento de $852,000,000. 

Esta situación es el resultado de una sabia ley de tarifas 



iS9 

y de la enérgica actitud del partido republicano en la cues- 
tión de la moneda, que ha inspirado confianza á todas nues- 
tras grandes empresas manufactureras. 

Pero aún no he dicho nada sobre la parte más importante 
de la cuestión. Esta parte es la concerniente á nuestra ex- 
portación de manufacturas. Las manufacturas implican 
habilidad en el trabajo ; habilidad en el trabajo significa altos 
jornales, y altos jornales significan una buena demanda de 
todos los artículos de la agricultura. 

En los tres años del Presidente Cleveland, á que con 
frecuencia me he referido, nuestras exportaciones de manu- 
facturas fueron $568,000,000 ; pero en los tres años del Presi- 
dente McKinley subieron á $998,000,000; ó séase un pro- 
medio de aumento de $143,000,000 por año. 



El Republicano es un Partido de Hechos. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 5 de 
1904. 

El partido republicano merece confianza y apoyo porque 
ha cumplido todas las promesas que hizo en 1896 y en 1900; 
porque ha asegurado para los Estados Unidos la "puerta 
abierta" en China ; porque ha puesto fin con éxito á las re- 
clamaciones del Canadá sobre las fronteras de Alaska; por- 
que ha realizado una brillante obra comercial y de educación 
en Puerto Rico. 

El partido republicano debe continuar en el poder porque 
ha dominado la insurrección de Filipinas (desgraciadamente 
estimulada por los anti-imperialistas y sus aliados) con la 
menor cantidad posible de pérdidas de vidas y de propieda- 
des; porque en sus filas tiene hombres como el Presidente 
Roosevelt, el Secretario Hay, el Secretario Root, el Gober- 
nador Taft, el Gobernador Hunt, y otros muchos que han 
contribuido con su talento y energía á pacificar y organizar 
los países lejanos que hemos adquirido ; porque obtuvo un 
glorioso triunfo en nuestra guerra con España por la liber- 
tad de Cuba; porque su pasajera ocupación militar de Cuba 
fué un éxito bajo todos conceptos ; porque ha hecho respetar 
la bandera americana, como emblema de libertad y progreso, 
por todo el mundo. 

El partido republicano es el partido de los hechos. En el 
caso de Venezuela mantuvo con brillante resultado la doc- 



1 6o 

trina de Monroe contra las potencias europeas, promulgó 
y puso en ejecución la doctrina de "protección para las 
industrias americanas." 

El partido republicano ha ganado el derecho de estar 
cuatro años más en el poder, porque ha dado al país lo que 
William McKinley pedía en Niles, Ohio, en Junio '20 de 
1896, cuando dijo : "Lo que quiero para este país es una 
política que dé á todos los obreros americanos mucho trabajo 
á precios americanos;" porque ha conservado el valor del 
dollar americano ; porque ha impedido los ataques á la ma- 
jestad de la Corte Suprema de los Estados Unidos; porque 
ha pagado los gastos de la guerra con España sin más carga 
para el pueblo que unos pequeños sellos de correo ; porque 
nuestras relaciones con España son ahora más cordiales que 
antes de la guerra, y el comercio entre las dos naciones ha 
aumentado por ambas partes. 

El partido republicano es digno de los votos y del apoyo* 
de todos los ciudadanos porque ha aumentado el número 
de las fábricas en los Estados Unidos de menos de 350,000 
en 1896, á más de 600,000 en 1903 ; porque ha aumentado 
el número de los obreros industriales de menos de 4,000,000 
en 1896 á más de 7,000,000 en 1903 ; porque ha aumentado 
el producto anual de nuestras fábricas de menos de 10,000,- 
000,000 de pesos en 1896 á más de 15,000,000,000 de pesos 
en 1903. 

El partido republicano ha aumentado nuestras exporta- 
ciones anuales de $882,000,000 en 1896 á $1,420,000,000 en 
1903; ha aumentado nuestras importaciones de $778,000,000 
en 1896 á $1,025,000,000 en 1903 ; ha aumentado los ingresos 
de nuestro Gobierno de $326,000,000 en 1896 á $558,000,000 
en 1903, no obstante haberse suprimido todos los impuestos 
de guerra. 

Con esta hoja de servicios se presentará en la arena -el 
partido republicano. 

Estoy Cansado de Votar Contra la Prosperidad. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Senado de los Estados Unidos. 

He descrito con brevedad muchos de los beneficios' ma- 
teriales que, como nación y como pueblo, hemos obtenido 
con la implantación de la tarifa Dingley. Pero no he des- 
crito todas sus consecuencias. Podemos hacer un cálculo 



de la producción y consumo de los artículos de primera ne- 
cesidad y de lujo; pero las comodidades, la satisfacción y la 
felicidad de los hogares americanos son incalculables. ¿ Cómo 
calcular la alegría del agricultor ó del mecánico al verse en 
condiciones de poder dar á sus hijos una educación de colegio 
ó de universidad ? 

¿ Cómo calcular el placer de llevar á la casa el último 
libro ; de llevar á la esposa ó á la amada al teatro ó al con- 
cierto; de comprarle un piano á la hija; de llevar á casa 
dulces y juguetes para los pequeñuelos? En Navidad en- 
tran millones de pesos en ragalos en los hogares americanos. 
El cumpleaños es un día de regocijo. Los viajes veraniegos 
á las montañas, á las playas y al campo, en tiempo de vaca- 
ciones no pueden calcularse por pesos y centavos en la felici- 
dad y salud que proporcionan á millones de esposas y de 
niños. 

No, no es posible calcular los beneficios del proteccionismo. 
No podemos medir la felicidad por yardas, por libras ni por 
centavos de peso ; pero podemos producirla, aumentarla y 
continuarla por medio de un constante proteccionismo y una 
creciente prosperidad. 

Recientemente he hablado con un granjero, un rudo viejo 
que votó por Franklin Pierce, y ha seguido votando siempre 
por todos los candidatos democráticos. — ¿ Cómo está la gran- 
ja? — le pregunté. Sin contestarme me dijo: — Senador, voy 
á decirle una cosa. Pienso votar por la candidatura repu- 
blicana en las próximas elecciones, y seguiré votando por ella 
mientras viva. — ¿Por qué? — le pregunté, y me contestó: — 
Sencillamente porque estoy cansado de votar contra la pros- 
peridad. 

La vida americana, el ciudadano americano, el hogar ame- 
ricano, gozan de los beneficiosos resultados ele la legislación 
republicana, de las consecuencias de una tarifa proteccionista 
que nos ha traído y continuará dándonos una era nunca vista 
de bienandanza, una era incomparable de prosperidad. 

El Partido Democrático va Siempre Acompa- 
ñado de Calamidades. 

Extracto de las declaraciones del Hon. W. E. Humphrey, de Wa- 
shington, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Abril 23 de 1904. 

Si hay alguna cosa que caracteriza al partido democrático 
es su desmesurado afán por censurar y su eterno desacierto 



IÓ2 

en reformar. Como día tras día vengo sentándome en esta 
Cámara, y he oído las frecuentes, interminables y gratuitas 
censuras que salen del otro lado de la Cámara, me maravillo 
de que esos señores tengan tanta sabiduría en la oposición y 
tan poca suerte en el poder. 

¿Dónde está el hombre que esté seguro de saberlo todo? 
¿Por qué ese partido que trajo sobre nosotros los horrores 
de la última administración democrática, que ideó la locura 
de la libre acuñación de la plata, ese partido que no ha 
aprendido nada en cuarenta años, que no ha olvidado nada 
en cuarenta años, un partido que no ha cumplido nada en 
cuarenta años, que no ha tenido razón en cuarenta años ; 
¿ por qué ese partido cree que con él la sabiduría desaparecerá 
de la faz de la tierra? 

Solamente una vez en cuarenta años el pueblo americano 
oyó las promesas y siguió los consejos del partido democrá- 
tico, y lo elevó al poder. Entonces ese partido reformó las 
tarifas ; aprobó la ley Wilson, que tan elocuentemente cen- 
suró el representante por New York Mr. Cockran, y esa 
ley secó nuestra prosperidad como el viento del desierto seca 
los arbustos florecientes. 

Ese partido aplicó á la tierra la doctrina que ahora de- 
fiende para el mar. Durante la administración democrática 
la deuda nacional aumentó en más de medio millón de pesos 
diarios. Cada día perdíamos otro medio millón en el co- 
mercio exterior. Durante esa administración el valor de los 
productos agrícolas disminuyó en mas de $500,000,000. Los 
negocios de la nación, en los dos meses que siguieron á la 
aprobación de la ley Wilson, bajaron un 6 por ciento. In- 
mediatamente después de la aprobación de esa ley la duda, 
la desconfianza y el pánico paralizaron el gran sistema in- 
dustrial de este país. Los bancos cerraron sus puertas ; las 
casas de comercio redujeron sus operaciones; el balance co- 
mercial se cerró en contra nuestra; se lanzaron bonos; el 
trabajo quedó reducido á la última expresión. 

Tuvimos ladrones y mendigos, y mujeres y niños ham- 
brientos. Dos millones de hombres estaban sin trabajo, 
pidiendo ocupación, mendigando una oportunidad para com- 
prar pan con que satisfacer el hambre de los seres amados 
William McKinley fué electo, el proteccionismo fué restable- 
cido y en ocho meses un millón de hombres en la indigencia 
encontraron ocupación. 

¿Qué ha hecho el partido democrático para inspirar una 



l6 3 

confianza que le dé derecho á aconsejar al pueblo americano? 
El partido democrático pide que se le juzgue por el porvenir, 
no por el pasado. Quiere que se le juzgue por sus promesas, 
no por sus obras. 

Ese partido, en cincuenta años, no ha hecho nada por el 
progreso, nada por la humana felicidad, nada por la causa de 
la libertad, nada por la gloria de su país. Va siempre acom- 
pañado de calamidades. Se alimenta con el desastre y en- 
gorda con la desesperación. 

La única vez que tuvo el gobierno del país durante esta 
generación cerró las puertas de la industria, y vistió al 
obrero de harapos. 

El partido democrático tiene siempre la cara al pasado 
y la espalda al porvenir. Jamás ve una oportunidad sino 
cuando ya ha pasado. 

Esa es la historia de ese titulado defensor del país, de ese 
desorganizado, infeliz, dividido, decrépito partido democrá- 
tico. 

Hoy vive sin una idea,- sin un principio, sin una política, 
sin un programa, sin un jefe, sin una esperanza. El mejor 
elogio que puede hacer el partido democrático de este pro- 
yecto de ley es oponerse á él. 



Grover Cleveland fué Elegido. 

La bancarota se hizo epidémica. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In- 
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 
27 de 1904. 

Grover Cleveland fué elegido en 1892. Asegurasteis el 
dominio en ambos ramos del Gobierno, y os aseguro que 
ese fué el mayor error que cometió jamás el partido demo- 
crático. 

Se encontraron ante el pueblo de los Estados Unidos que 
vivía en medio de una prosperidad doméstica sin precedente. 
Estaban obligados á mejorarla. El capital estaba empleado ; 
ellos ofrecieron emplearlo mejor. Los salarios eran altos; 
ellos prometieron subirlos. No había indigentes en el país. 
Ya sabéis lo que ocurrió; escasamente habían pasado tres 
meses y la indigencia empezó á extenderse por todo el país. 

Las bancarotas se hicieron epidémicas. La mendicidad 
se convirtió en profesión. Eso hicisteis, señores. Tales 



164 

cosas tragísteis, vosotros los profetas, los prometedores, los 
reformadores. 

Bajasteis de tal modo el precio del maíz que llegó á em- 
plearse como combustible. Los granjeros daban 30 centa- 
vos de harina por 2 centavos de carne. 

Al cabo de cuatro años todo el mundo en los Estados 
Unidos reconocía que todo estaba desquiciado y que lo mejor 
que podía hacerse con vosotros era enviaros adonde esta- 
bais cuando Benjamín Harrison era Presidente. 

Nadie podrá señalar un solo artículo manufacturado en 
este país bajo las tarifas proteccionistas que no sea más 
barato hoy que cuando esas tarifas no estaban en vigor. 

Veamos algunos datos en apoyo del proteccionismo. 

En 1883 no se fabricaban clavos de alambre en el país. 
Entonces se vendían á $6 el cuñete. Al final de ese año 
manufacturamos 50,000 cuñetes, cuando se impuso un dere- 
cho de $4 por cada cuñete importado. En 1884 manufac- 
turamos 75,000 cuñetes y el precio bajó á $5 el cuñete. En 
1885 manufacturamos 200,000 cuñetes, y el precio bajó á $4, 
es decir, el precio exacto de la tarifa. En 1886 fabricamos 
500,000 cuñetes, y el precio bajó á $3.40. En 1887 fabrica- 
mos 700,000 cuñetes, y el precio bajó á $3.30. En 1888 fa- 
bricamos 2,000,000 de cuñetes, y el precio bajó á $2.60. El 
promedio del precio en 1902 fué de $2.15. 

Este es el resultado de las tarifas proteccionistas. 

Lo mismo puede decirse de las demás industrias que hoy 
constituyen la principal riqueza de este país. 



Veamos lo que Hizo el Partido Democrático. 

Paralizó el Comercio. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Apéndice del Diario de Sesiones del Congreso, 
Vol. 30. 

¿Dónde está y cuál es el mercado para el carbón bitumi- 
noso de Ohio, Pennsylvania, Indiana é Illinois ? Estos mer- 
cados están en las grandes y pequeñas ciudades, en los gran- 
des y pequeños pueblos del Oeste, de las orillas del Lago 
Salado y de la frontera del Canadá. Esto contesta á la pri- 
mera de las preguntas. 

Ahora ¿cuál es el mercado? El mercado es el hogar, la 
factoría, el telar, la fragua, la fundición, la planta de alum- 



i6 S 

brado eléctrico, la fábrica de gas, los ferrocarriles, los vapores 
y, en fin, toda industria puesta en movimiento por medio del 
vapor ó la electricidad. 

El gran poder del progreso, la gran fuerza motriz de la 
civilización es el fuego. Todo el mundo sabe bien que la 
gran diferencia que existe entre el bruto y el hombre es que 
éste puede hacer fuego y utilizarlo, y aquél no. 
. Sabido ya cuál es y dónde está el mercado, veamos lo que 
hizo el partido democrático. Destruyó de un golpe esos 
mercados rechazando la ley McKinley y aprobando la ley 
Wilson. Cerró las fábricas de vidrio, cerró las manufacturas 
de hierro y acero, disminuyó la producción de gas y electrici- 
dad, redujo el movimiento ferrocarrilero; los telares cesaron 
de moverse, las chimeneas dejaron de lanzar columnas de 
humo/ que probaban que debajo de ellas había fuego y con- 
sumo de carbón. 

Eso fué lo que hizo el partido democrático. No es pre- 
ciso explicar cómo. Todos vosotros lo sabéis. Se parali- 
zaron los negocios y el precio del carbón bajó. 

¿Por qué bajó? Bajó porque no había mercado para él; 
bajó porque la producción era mayor que el consumo; bajó 
porque, aparte de los mercados que he descrito estaban los 
agentes de los propietarios de mina^ proponiendo sus pro- 
ductos. No había demanda para él, y al poco tiempo dejó 
de moverse el pico del minero en casi todo el país. 

Hablo con interés de este caso porque lo he visto ; porque 
lo he observado. He visto al minero que en 1893 y 1894 
extraía el carbón de los valles dond*: vivo á 75 centavos la 
tonelada, rogar para que le dieran trabajo á 45 centavos. 

El minero de carbón puede afirmarlo. Es inteligente. Su 
interés descansa en el vasto desenvolvimiento de nuestro 
sistema industrial, y sabe perfectamente que el desarrollo de 
las minas de carbón depende del desarrollo de las industrias 
del país, y sabe bien que el partido que trata de introducir la 
mano de obra y la producción obrera del extranjero en este 
país es su enemigo, y sabe del mismo modo que el partido 
que pide el mercado americano para el. productor americano 
es el partido que abrirá las fábricas y encenderá el fuego de 
la industria y la prosperidad. 

Y como miembro del partido republicano, celoso de su 
porvenir, orgulloso de su historia y confiado en su presente 
situación, estoy dispuesto á someter el caso á los obreros de 
los Estados Unidos. 



66 



La Ley Wilson-Gorman Produjo un Estanca- 
miento de Todas las Industrias del País. 

Extracto de las declaraciones del Hon. W. P. Brovvnlow, de Ten- 
nessee, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Marzo 
25 de 1897. 

En 1866, la deuda de los Estados Unidos, como consecuen- 
cia de la guerra civil, era de $2,333,331,208. Desde ese 
tiempo hasta 1892, cuando el pueblo cambió el rumbo de 
la administración de republicana en democrática, compren- 
diendo un período de veinte y siete años, prevaleció la protec- 
ción al trabajo americano. 

Bajo aquella política republicana bajó la deuda por el 
pago de la respetable suma de $1,747,301,330. El balance 
de la deuda en 1892 era de $535,029,330. En 1893, año de 
la segunda inauguración de Cleveland, la deuda era de $583,- 
034,260, y en Marzo de 1896 subió á $822,625,263, bajo la 
vigencia de la ley Gorman. 

Los representantes financieros del Presidente libre-cam- 
bista, que dirigían todos los negocios del Departamento del 
Tesoro, no pagaron un solo peso de esa deuda ; pero Cleve- 
land, y sus consejeros libre-cambistas, autores de la destruc- 
ción de los ingresos y de la prosperidad del país, la aumen- 
taron en $237,580,910. 

El término medio de disminución de esa deuda durante los 
veinte y siete años de proteccionismo fué de $64,714,884, y 
el término medio del aumento anual de esa deuda durante 
el período libre-cambista, en que Cleveland dirigió los des- 
tinos de este gran país, fué de $79,193,637. El promedio de 
la disminución de la deuda desde 1866 hasta 1893, durante 
la administración republicana, fué de $5,701,114.77. El pro- 
medio del aumento de la deuda desde 1893 hasta 1896 men- 
sualmente, durante la administración democrática, fué de 
$7,502,921.28. 

Mr. Harrison, con su administración proteccionista, dis- 
minuyó la deuda en $224,819,730. 

Mr. Cleveland, con su administración libre-cambista, la 
aumentó en $237,580,910. 

La ley Wilson-Gorman, la obra más perfecta que se ha 
construido sobre la base del libre-cambio, produjo un rápida 
paralización del trabajo. Trajo consigo un estancamiento 
de todas las industrias del país. 



167 

Cubrió con su manto fatal todas las empresas útiles para 
la nación. Traspasó el trabajo del país de las manos de los 
despojados obreros americanos á las menos de los mendigos 
de Jos países extranjeros. Envió la prosperidad americana 
á regiones desconocidas con la orden de no volver. 

Bajo la administración de McKinley el grito general era 
pidiendo brazos. Escaseaban los brazos, porque el estable- 
cimiento de nuevas industrias aumentó la población obrera. 

Bajo el imperio de la ley Gorman, la mitad de la pobla- 
ción obrera fué echada de las tiendas, de las fábricas, de los 
ferrocarriles y de las obras públicas. 

El Pánico de 1893 Empezó el Día Siguiente 
de la Elección de 1892. 

Extracto de las declaraciones del Hqn. J. B. Foraker, de Ohio, pu- 
blicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 4 de 
1904. 

¿Oué sucesos siguieron á la elección en Noviembre de 
1892, y cuál fué la causa de ellos? Para contestar exacta- 
mente á esta pregunta debemos examinar el sentido del pro- 
grama con que Mr. Cleveland subió al poder. 

Debe recordarse que en el programa de 1892 el partido 
democrático denunció la ley de tarifas de McKinley como 
una tremenda atrocidad — creo que esa fué la frase que se 
usó — pidió su inmediata abolición, y ofreció al país que si 
triunfaba en las elecciones, el partido democrático la su- 
primiría sustituyéndola por una tarifa de impuestos interiores 
solamente, que no viene á ser otra cosa que un nuevo nombre 
dado al libre-cambio. 

Triunfaron. A la mañana siguiente de la elección se 
anunció al país no sólo que Mr. Cleveland había sido elegido 
por segunda vez Presidente, sino que el Congreso sería de- 
mocrático en ambas Cámaras. 

El anuncio de esa elección fué un aviso de que íbamos 
á tener, no sólo un Presidente democrático y un Congreso 
democrático, sino también un Presidente y un Congreso 
democráticos comprometidos á abolir la ley McKinley, á 
cambiar la política industrial del país, y á sustituir la política 
proteccionista con Ja política del libre -cambio, ó su hermana 
gemela la tarifa de impuestos interiores solamente. 

.•Cuáles fueron las consecuencias? Todo hombre de ne- 
gocios dotado de alguna prudencia comprendió que si la 



i68 

política industrial iba á ser tan radicalmente cambiada, las 
consecuencias las sufriría él en primer término. 

Todos recordamos el pánico que se produjo en el país el 
año 1893. Se le conoce en la historia financiera de este país 
con el nombre de "pánico de 1893." 

Aquel pánico tan repentino de 1893 comenzó al día si- 
guiente de la elección de 1892. 

Aquel pánico comenzó tan pronto como los hombres de 
negocios leyeron el resultado de la elección y calcularon sus 
consecuencias. • 

Los banqueros sospecharon que un cambio tan radical en 
nuestra política industrial los obligaba á considerar qué 
efectos traería sobre ellos, y no conociendo el alcance de 
esos efectos, ni si serían buenos ó malos, determinaron, cuan- 
do fueron por la mañana á sus oficinas, apresurar el cobro 
de sus créditos y suspender provisionalmente toda operación 
importante; y los manufactureros, cuando fueron á sus fá- 
bricas, pensaron si sería ó no prudente disminuir su presu- 
puesto de gastos, y los que habían dado órdenes para la fa- 
bricación de artículos empezaron á considerar si debían sus- 
pender las órdenes ó modificarlas. 

Durante dos años de la administración de Cleveland el 
balance comercial se cerró en contra nuestra. Durante dos 
años cerró en nuestro favor; pero la diferencia fué casi in- 
significante. 

Desde el momento en que el partido republicano triunfó 
en las elecciones de 1896, los negocios mejoraron, y con la 
derogación de la ley Gorman y la aprobación de la ley Ding- 
ley renació la confianza y se inició el período de maravillosa 
prosperidad por que actualmente atraviesa el país. 

Los Precios han Bajado. Los Salarios han 
Subido. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Benj. Butterworth, de 
Ohio, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, pri- 
mera Sesión. 

Los obreros encuentran oportunidad para aumentar las 
comodidades de la vida por el hecho de que los artículos de 
primera necesidad han bajado constantemente, mientras que 
el precio de los jornales ha ido subiendo un 25, un 50, un 
75, un 100, y en muchos casos un 300 por ciento sobre lo que 
se pagaba en tiempos de la administración democrática. 






169 

Puedo asegurar que la inmensa mayoría de las cartas que 
recibo de mis electores refiriéndose al actual mejoramiento 
de las industrias, lo atribuyen á la diferencia de costo de pro- 
ducción entre sus artículos y el de los similares importados 
de países extranjeros, debida al aumento de los derechos que 
estos pagan á su entrada en los Estados Unidos. 

Desafío al que quiera acompañarme á las tiendas y fábricas 
de mi distrito, donde esos hombres trabajan, á que encuentre 
uno solo que no lea la Constitución de su país en uno ó en 
dos idiomas, y que no se dé cuenta exacta de los derechos y 
deberes que ella impone á todos los ciudadanos. 

Acompañadlos á sus casas. En ellas encontraréis no sólo 
las comodidades ordinarias para la vida, sino las no indis- 
pensables que evidencian un grado poco común de educa- 
ción y refinamiento. Los libros y la música abundan en 
esas casas. 

Las muchachas no sólo desempeñan todos los trabajos do- 
mésticos con verdadera actividad é inteligencia, sino que, 
sentándose al piano, interpretan con habilidad la música de 
Wagner, de Beethoven y de otros grandes maestros. 

En las paredas encontraréis cuadros que muchas veces son 
obra de esas muchachas ó de sus hermanos. 

Se ve buen ejemplo por parte de ios padres y profundo 
amor filial por parte de los hijos. 



Mutuos Intereses Entre el Capital y el Trabajo. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Presidente Roosevelt, en 
Syracuse, N. Y., publicadas en el Diario de Sesiones del Con- 
greso, Abril 4 de 1904. 

Al hablar el día del Trabajo en la Asociación de Agriculto- 
res del Estado de Nueva York, es natural tener en cuenta los 
dos elementos que componen la mayoría de nuestro pueblo y 
de cuyo bienestar depende el bienestar de todo el Estado. 

Si las circunstancias son tales que la actividad, la inteli- 
gencia y la energía del agricultor por una parte, y las del 
jornalero por otra, les permiten mantener á sus esposas é 
hijos con relativa comodidad, entonces el Estado marcha bien 
y puede asegurarse que las demás clases de la sociedad gozan 
de los mismos beneficios. 

En otras palabras; si la prosperidad reina en esos dos 
elementos que he citado, necesariamente se extenderá tam- 



170 

bien á todos los demás elementos que constituyen el pueblo 
americano. 

Ha sido una fortuna para nosotros y para la nación el 
que hasta ahora, prescindiendo de períodos excepcionales 
de depresión y de inevitables fluctuaciones, haya habido, 
desde que el partido republicano subió al poder, un me- 
joramiento progresivo, no sólo por parte del agricultor, sino 
de todos los que con su trabajo personal se sostienen á sí 
mismos y á sus familias. 

Ha habido, naturalmente, excepciones; pero en la inmensa 
mayoría de los casos la situación de los agricultores ha ido 
mejorando de generación en generación, y la riqueza que re- 
presentan las granjas ha aumentado enormemente, mientras 
que á su vez han subido los salarios, proporcionando más 
dinero á ambos elementos, y con el dinero el poder que éste 
representa. 

Junto este aumento de prosperidad del jornalero y del 
agricultor, ha habido también otro aumento de prosperidad 
entre los hombres de negocios y entre las clases profesionales, 
y la prosperidad de estos ha sido en parte la causa y en parte 
la consecuencia de la prosperidad de los agricultores y de 
los jornaleros. 

Nunca se repetirá demasiado que en este país, á la larga, 
todos prosperaremos ó nos arruinaremos juntos. Si el pro- 
medio del bienestar es elevado, puede asegurarse que el pro- 
medio de los agricultores, de los obreros y de los hombres 
de negocios marcha bien. 

Si el promedio decrece no habrá una sola clase de la so- 
ciedad que no sufra las consecuencias. 

Desgraciadamente en este mundo los inocentes tienen con 
frecuencia que pagar algo de las faltas de los culpables ; por 
consiguiente si vienen tiempos malos como consecuencia de 
perturbaciones en el mundo del capital y de los negocios — 
perturbaciones que las leyes no pueden evitar — ó como con- 
secuencia de la falta de prudencia y sensatez de una parte 
ñH elemento del trabajo, en ambos casos las consecuencias 
las sufrimos igualmente los culpables y los inocentes. 

Es indispensable para la continuación de la prosperidad 
nacional que reconozcamos esa comunidad de intereses entre 
nuestro pueblo. El bienestar de cada uno depende del bie- 
nestar de todos. Por consiguiente, en la vida pública, un 
hombre representará tanto mejor los intereses de cada uno 



iyi 

cuanto más interés se tome en la defensa de los intereses de 
todos. 

En otras palabras ; su misión no es representar los intereses 
de una clase determinada, ni propender á su particular de- 
sarrollo; sino representar á todos los hombres honrados, 
porque al defenderlos, defenderá los intereses de la patria 
común. 

Podemos conservar nuestro Gobierno sobre una amplia y 
sólida base solamente con juzgar á cada hombre, no como 
individuo de una clase, sino por su labor como hombre. 

Sería una insensatez en nuestra vida americana, y un acto 
fundamentalmente peligroso para nuestras instituciones, es- 
tablecer distinciones entre los hombres y entre las clases, 
salvo las diferencias de conducta, las diferencias que deben 
existir entre el hombre que procede bien y el hombre que 
procede mal. 

Hay ciudadanos buenos y ciudadanos malos en todas las 
clases y en todas las localidades, y la actidud de las personas 
decentes hacia el público en general y hacia las cuestiones 
sociales, debe ser determinada, no por razones accidentales 
de posición y lugar, sino por aquellos respetables principios 
que representan lo más profundo del alma humana. 

Un buen gobierno republicano debe descansar sobre in- 
dividuos, no sobre clases. Tan pronto como se convierta en 
un gobierno de clases se apartará de los viejos ideales 
americanos. 

Los hombres sinceramente interesados en la debida pro- 
tección de la propiedad, y los hombres sinceramente intere- 
sados en ver garantidos los justos derechos del trabajo, deben 
recordar siempre que á la larga, ni los capitalistas ni los 
obreros pueden ser auxiliados en sus crisis económicas de 
una manera individual y exclusiva ; sino que es necesario 
ayudar á la vez á los unos y á los otros con el mismo interés 
y sin ninguna distinción. 

No hay peor enemigo del obrero que aquel que predica 
la violencia y el odio. 

Un ligero estudio de nuestra historia industrial nos en- 
señará bien clara y rápidamente que los tiempos más cala- 
mitosos para el pueblo en general, los tiempos en que los 
negocios estaban paralizados y el capital sufría una crisis 
ruinosa, eran precisamente los tiempos de exaltación de las 
pasiones, de rencores, de violencia entre las clases obreras. 

El obrero progresa cuando progresa el país, y tanto más 



172 

contribuirá al bienestar general, cuanto más firme sea su 
propósito de hacer justicia á los demás. 

Legislación en Interés de la Humanidad. 

Extracte^ de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de 
1904. 

El trabajo de la mujer. — Después de los niños, las ma- 
yores víctimas del abuso y de la codicia de los patronos, 
cuando no están constreñidos por las leyes, son las mujeres. 
Las investigaciones hechas demuestran que su condición es 
con frecuencia digna de piedad donde el patrono goza de 
completa libertad en la materia. La protección de la mujer 
en interés de la humanidad y de la moral ha sido objeto de 
leyes en casi todos los pueblos civilizados. En los Estados 
Unidos, veinte y siete Estados han legislado sobre el par- 
ticular. De esos veinte y siete Estados, veinte y dos son 
republicanos y cinco democráticos. 

Asiento para las mujeres en las tiendas. — La legislación 
en este particular no necesita comentarios. Cualquier hom- 
bre .que tenga una hija empleada en una tienda ó almacén, 
y cualquier médico sabe lo duro que es para una mujer verse 
obligada á permanecer todo el día en una banqueta ó detrás 
de un mostrador. Afortunadamente, en treinta y un .Es- 
tados se ha legislado ya sobre eso, obligando á los patronos 
á proveer de asientos para las mujeres. De esos treinta y un 
Estados, veinte y tres son republicanos y ocho demócratas. 

Legislación sobre los sudaderos. — No hay mayor amenaza 
para la salud del pueblo obrero, ni nada que tienda más á 
rebajar y degradar á seres humanos, que hacinarlos juntos 
en un estrecho y malsano taller, donde con frecuencia se ven 
obligados á trabajar, comer y dormir, sin preocuparse de la 
salud ni de la moral, y donde las horas de trabajo son á 
menudo tan largas, que las víctimas, casi siempre extranjeros 
ignorantes de nuestro idioma, están eternamente condena- 
das á no tener oportunidad de instruirse ni de mejorar de 
suerte. Las escenas observadas en esos "sudaderos" por 
los delegados oficiales se rebelan á toda descripción. Desde 
hace tiempo se trata de dictar leyes que regulen esos llamados 
"sudaderos," y doce Estados han aprobado reglamentos con 
ese objeto. De esos doce Estados, once son republicanos y 
uno demócrata. 



J 73 

Sistemas de pagos. — Las leyes prohiben á los patronos que 
paguen los salarios á sus empleados con boletos ú órdenes 
contra sus propios establecimientos y que no son redimibles 
al contado. Hasta ahora veinte y tres Estados tienen en 
vigor esas leyes, de los cuales catorce son republicanos y 
nueve demócratas. 

Mediación y arbitraje.— -En quince Estados se han esta- 
blecido oficinas especiales de mediación y arbitraje que tienen 
por objeto propender al arreglo de todas las disputas entre 
industriales y trabajadores. De esos quince Estados once 
son republicanos y sólo cuatro demócratas. 

Oücinas de colocaciones. — Una de las grandes necesidades 
del trabajador que se coloca por una semana ó por pocos días, 
es una agencia que lo ayude á obtener un empleo cuando 
está sin trabajo. Las agencias privadas han explotado con 
tanta frecuencia su pobreza con promesas de empleos que 
nunca llegan, que las iglesias y sociedades filantrópicas des- 
empeñan gratis las agencias de colocaciones en muchas ciu- 
dades grandes. Hace algunos años los Estados y los Muni- 
cipios tomaron cartas en el asunto, y hoy hay oficinas pú- 
blicas de colocaciones (gratis) en catorce Estados, de los 
cuales doce son republicanos y dos demócratas. 

Leyes de seguros para los empleados. — Desde la introduc- 
ción del vapor y las máquinas los trabajadores están ex- 
puestos á tan gran número de riesgos de muerte y lesiones, 
que celosos Estados han dictado leyes que obligan á los pa- 
tronos á evitar toda clase de peligros, haciéndolos responsa- 
bles de daños y perjuicios por cualquier lesión que sufra un 
empleado por negligencia del dueño. Veinte y siete Estados 
tienen leyes de seguridad para los trabajadores, muchas de 
ellas relativas á ferrocarriles. De esos veinte y siete Esta- 
dos quince son republicanos y once demócratas. 

El Sistema de los Sudaderos. 

Opinión del Gobernador Roosevelt sobre este asunto. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de 
1904. 

La opinión del gobernador Roosevelt acerca de los "su- 
daderos," formada durante el tiempo que perteneció á la 
asamblea, como resultado de sus personales observaciones en 
el interior de los talleres de fabricación de tabacos, no ha 



J 74 

sufrido cambio en los diez y siete años transcurridos desde 
1882, en que se hizo la investigación, hasta 1899. 

Estas eran sus ideas en 1899, tales como las expuso en su 
mensaje anual : 

Otra importantísima fase de esta cuestión es el sistema 
de los sudaderos, donde las clases más pobres se reúnen y 
viven en malsanos, estrechos y lóbregos talleres. 

La legislatura ha aprobado leyes encaminadas á suprimir 
esa vil fase de la vida industrial en nuestras grandes ciu- 
dades, prohibiendo el uso de viviendas para fines manufac- 
tureros. 

Aunque la ley es explícita y la intención de los legisla- 
dores muy clara, se ha tropezado con grandes dificultades 
para hacerla cumplir. 

Todo el mundo está de acuerdo en que esos sudaderos 
degradan á los infortunados que en ellos trabajan, y dañan 
moral y socialmente la vida de la comunidad en que existen. 

Cómo aplicar la ley en este caso, ha sido el problema para 
los gobernantes de otros países y Estados y para el nuestro. 

Hasta ahora el sistema más práctico para la solución de 
ese problema es el que se ha adoptado en Massachusetts, 
disponiendo que los edificios que se destinen á fines manu- 
factureros deberán tener un permiso ó licencia, que en nin- 
gún caso se concederá á menos que el edificio no reúna todos 
los requisitos y condiciones exigidos por la ley. Esos per- 
misos ó licencias serán concedidos solamente por la oficina 
de inspección de fábricas, que al mismo tiempo se cuidará 
de su inspección y del cumplimiento de la ley. 

Hay varias razones para suponer que este sencillo método 
puede dar resultados prácticos. 

Por lo pronto clasifica los edificios destinados á manufac- 
turas ; por consiguiente el que se emplee sin permiso habrá 
violado la ley. 

Evitará perjuicios á los dueños de fábricas; porque los 
preceptos de la ley se aplicarán antes de que el edificio sea 
ocupado. Esto facilitará la construcción de edificios nuevos, 
con todos los requisitos, incluyendo fáciles escaleras de es- 
cape en casos de incendio, elevadores amplios y seguros y 
otros requisitos de fácil aplicación cuando los edificios se 
construyen de nuevo, ó cuando los viejos se transforman 
para fines manufactureros. 

Esto no supone una innovación radical. Sencillamente 
reconoce el principio de que las oficinas de sanidad puedan 



175 

exigir que los planos de los edificios que se construyan de 
nuevo y las alteraciones de los viejos sean sometidos á la 
aprobación de la oficina de inspección de fábricas, la que 
concederá el permiso para las obras con arreglo á la ley. 

Los manufactureros honrados no pondrán ninguna difi- 
cultad á esto ; porque estarán deseosos de facilitar toda clase 
de comodidades á sus operarios. Solamente aquellos que 
intenten evadir la ley y desatender las exigencias de la de- 
cencia y de la higiene serán los que pondrán objeciones, y 
sobre ellos caerá el peso de la ley. 

Someto lo anteriormente expuesto á la consideración de 
la legislatura, y recomiendo que se adopte una ley parecida, 
á fin de que el anti-económico, anti-higiénico y anti-america- 
no sistema de los sudaderos desaparezca de la vida industrial 
del Estado. 



Jornales Pagados en los Estados Unidos Com- 
parados con los Pagados en la 
Gran Bretaña. 

Extracto de las declaraciones del Hon. I. F. Fisher, de New York, 
en la Cámara de Representantes, Marzo 23 de 1897. 

Deseo leer aquí un estado comparativo hecho por Mr. 
Nathaniel McKay, en Agosto de 1896, exponiendo los jor- 
nales que se pagan en los Estados Unidos con relación á 
los que se pagan en la Gran Bretaña. 

Mr. McKay es un caballero que ha dedicado mucho tiempo 
y energía á la investigación de asuntos de esa índole, y como 
lo conozco personalmente, no vacilo en afirmar la absoluta 
veracidad de sus datos. 

En los Estados Unidos un herrero recibe un 102 por cien- 
to más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un albañil recibe un 125 por ciento 
más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un carpintero recibe un 165 por 
ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un calafate recibe un 126 por 
ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados .Unidos un conductor (express) recibe un 
349 por ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un carretonero recibe un 38 por 
ciento más que en Inglaterra. 



176 

En los Estados Unidos un maquinista (locomotoras) re- 
cibe un 191 por ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un bombero recibe un 188 por 
ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un estucador recibe un 111 por 
ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un hojalatero recibe un 143 por 
ciento más que en Inglaterra. 

En los Estados Unidos un telegrafista recibe un 103 por 
ciento más que en Inglaterra. 

Trabajadores en Londres 1,912,000 

Uniones mercantiles 1,000,000 

Promedio que se paga al obrero inglés. . . $1.80 
Promedio que se paga al obrero americano $3.88 



La Actual Escala de Jornales era Desconocida 
Durante la Administración Democrática, 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles E. Fuller, de 
Illinois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Fe- 
brero 8 de 1904. 

He observado en el distrito., que represento, que es uno de 
los distritos agrícolas y manufactureros más grandes del 
Oeste, que durante los tiempos democráticos, cuando Cleve- 
land fué Presidente y el partido democrático dominaba am- 
bos ramos del Congreso, muchas fábricas se cerraron ó redu- 
jeron á la mitad el número de sus operarios. 

Centenares y miles de obreros se quedaron sin trabajo ; 
pero cuando Mr. McKinley fué elegido en 1896, cuando el 
partido republicano volvió al poder, cuando la odiosa ley 
Wilson fué derogada y cuando la ley Dingley rigió en el 
país, restableciendo el sistema proteccionista, aquellas fábri- 
cas se abrieron de nuevo, el humo volvió á salir de las chime- 
neas, el pueblo retornó al trabajo, y en los días que trans- 
currieron desde 1896 hasta 1897 en que McKinley tomó po- 
sesión de la Presidencia, se inició un período de prosperidad 
que ha continuado no sólo en aquel distrito, sino en el Esta- 
do y en todo el país, en tales proporciones que superan á 
todo lo visto hasta ahora en el mundo. 

Mis recuerdos y mis lecturas de la historia me dicen que 
durante los períodos en que ha imperado el libre-cambio, 



177 

Cuando la doctrina proteccionista ha sido relegada al olvido, 
el país no ha prosperado de una manera visible. 

Oid un momento lo que un demócrata tan autorizado como 
James Buchanan decía acerca del particular : 

"La tierra ha producido sus frutos abundantemente y ha 
remunerado con largueza el trabajo del agricultor. Nues- 
tros productos alcanzan altos precios, y en poco tiempo nues- 
tras manufacturas, nuestras minas y nuestras ocupaciones 
mecánicas han participado de esa general prosperidad. 

"Hemos obtenido todos ios elementos de riqueza material 
en abundancia, y no obstante estas ventajas, nuestro país, 
desde el punto de vista financiero, se encuentra en estos mo- 
mentos en deplorables condiciones. 

"En medio de esta extraordinaria abundancia de todos 
los productos de la agricultura y de todos los elementos ma- 
teriales de riqueza, encontramos nuestras manufacturas sus- 
pendidas, nuestras obras públicas retardadas, nuestras em- 
presas privadas en su mayoría abandonadas y los obreros sin 
trabajo, reducidos á la indigencia." 

Aquellos eran los buenos tiempos democráticos, y aquella 
era la situación que existía durante ellos. 

Comparando los tiempos republicanos de hoy con cualquier 
período democrático de los conocidos, me siento orgulloso 
de la historia del partido republicano. 

Creo que el alto precio de los jornales en la actualidad es 
debido al hecho de que, á favor de las tarifas proteccionistas, 
las manufacturas del país están en condiciones de dar traba- 
jo á todos los obreros que lo solicitan. 

Creo que cuando hemos tenido un sistema libre-cambista, 
ó de impuestos interiores únicamente, el obrero ha carecido 
de trabajo, y como consecuencia de ello se ha ofrecido á tra- 
bajar por mucho menos de lo que lo hubiera hecho en otras 
circunstancias. 

Desde que el partido republicano restableció las tarifas 
proteccionistas los jornales han subido á un nivel nunca visto 
ni aquí ni en ningún otro pueblo de la tierra. 

En cambio cada vez que el partido democrático ha subido 
al poder y ha restablecido las teorías libre-cambistas, los jor-, 
nales han bajado como consecuencia de la falta de trabajo. 

Por consiguiente, el país quiere que continúe por mucho 
tiempo el sistema proteccionista. 



i7* 



Trabajo y Capital. Supremacía de la Ley. 

Extractos de varios discursos del Presidente Roosevelt, publicados 
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

El hombre que con su capital explota una gran mina ; el 
hombre que con su capital construye un gran ferrocarril ; el 
hombre que con su capital individual, ó asociado con el de 
otros como él, funda una gran empresa industrial, hace un 
beneficio, no un daño á la comunidad, y es acreedor á que 
así se le considere. Tiene derecho á la protección de la ley, 
y en cambio está obligado á obedecerla. La ley no se ha 
hecho para determinadas personas. La ley no se administra 
al rico como tal, ni al pobre como tal. Protege á todos los 
hombres ricos y pobres, si son ciudadanos honrados y res- 
petuosos de la ley, y no se aplica contra ningún hombre 
rico ó pobre que la viola con arreglo á la esfera social en que 
vive. (Discurso de Butte, Mont., Mayo 27 de 1903.) 

Tenemos derecho á pedir á todo ciudadano honrado que 
acuda en defensa de la ley cada vez que ésta es violada en 
interés de un hombre rico; y tenemos el mismo derecho para 
exigir á todo hombre rico que contribuya con su acatamiento 
al mayor prestigio de la ley. (Spokane, Wash., Mayo 26, 

I903- ) 

Esta es una era de grandes combinaciones de trabajo y de 
capital. Bajo muchos conceptos esas combinaciones han 
trabajado por algo bueno; pero deben trabajar bajo la ley, 
y las leyes que les conciernen deben ser justas y sabias, ó no 
producirán más que daño. Deberán aplicarse lo mismo á las 
más ricas corporaciones, como á las más poderosas asocia- 
ciones de obreros. Nuestras leyes deben ser sabias, justas, 
saludables, inspiradas en el espíritu de aquellos que despre- 
cian á los vulgares agitadores, á los vulgares incitadores de 
las masas, de aquellos que desean justicia para todos los 
hombres, de aquellos que reconocen la necesidad de conser- 
var lo más posible la vieja doctrina americana que consiste 
en ayudar en todo lo posible el libre ejercicio de la iniciativa 
individual, de aquellos, en fin, que reconocen también que 
después que las grandes combinaciones han alcanzado cierta 
magnitud ; es indispensable para el bien general que la nación 
ejerza sobre ellas, cuidadosamente y con imparcialidad, pero 
al mismo tiempo con energía, un poder de supervisión y de 
regulación. (Charleston, Abril 9 de 1902.) 



r 79 

Este no es ni lo será nunca un Gobierno de una plutocra- 
cia ; este no es ni será nunca un Gobierno cié un populacho. 
Es, ha sido y será, un Gobierno en el que todo hombre hon- 
rado, todo hombre decente, sea dueño ó empleado, jornalero, 
mecánico, banquero, abogado, granjero, sea lo que fuere, si 
procede correctamente, si cumple su deber con sus vecinos 
y con el Estado, recibirá toda la protección de la ley, y ten- 
drá todas las garantías para el ejercicio de su profesión, para 
el empleo de su actividad, solo ó en combinación con sus 
amigos, si así lo desea. (Butte, Mont., Mayo 2.7 de 1903.) 

Sobre todo la administración del Gobierno, el afianzamien- 
to de la ley debe ser amplio y honrado. Las leyes no deben 
aplicarse ni en interés del pobre ni en interés del rico. Sen- 
cillamente deben aplicarse con imparcialidad — en interés de 
la justicia de cada hombre, sea rico ó pobre — castigando se- 
veramente á su violador, cualquiera que sea la forma en que 
se lleve á cabo la violación. (Charleston, S. C., Abril 9 
de 1902.) 

El mecanismo de los modernos negocios es, en conjunto, 
demasiado delicado y demasiado complejo para nosotros. 
No debemos, pues, por un momento sancionar ninguna in- 
tervención en él inspirada en un espíritu de ignorancia ó de 
rencor. Algo puede hacerse y algo se hace ; pero mucho más 
se haría si nuestro pueblo, resuelto pero con calma, hiciera 
lo que debería hacer. Pero ciertos procedimientos acarrean 
graves daños sobre nosotros, sin resolver de ningún modo el 
problema, sino más bien aplazando indefinidamente su solu- 
ción. 



Un Funcionario Cuyo Interés en el Bienestar 
del Pueblo Nunca se ha Desmentido. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 4 de 
1904. 

Mientras que el problema del trabajo en el verdadero sen- 
tido de la palabra es tan antiguo como la misma raza humana, 
su forma moderna es una consecuencia del vapor y de la 
maquinaria, que ha reemplazado la producción local, en el 
interior del hogar, para las necesidades de la familia, con 
la producción de la fábrica para un mercado general. 

En el curso de esta evolución el dominio de los utensilios 



1 8o 

y otros medios de producción pasó de sus poseedores á aque- 
llos que comprendieron las necesidades del mercado, que 
tenían habilidad para reunir materiales, organizar trabaja- 
dores, y llevar sus productos adonde eran necesarios. 

Antiguamente cada trabajador era á la vez capitalista y 
obrero, y por consiguiente, él mismo regulaba las condiciones 
en que trabajaba. Pero cuando el trabajador perdió el do- 
minio de sus utensilios de trabajo dejó de regular las con- 
diciones del mismo. Hoy lucha por reconquistar ese de- 
recho de regulación y obtener un mayor reparto en el pro- 
ducto unido del capital y el trabajo que constituye el mo- 
derno problema obrero. 

Este es el problema que el Presidente Roosevelt, en su 
primer mensaje al Congreso, describía como el más vital de 
los que actualmente preocupan al país. 

Pocos estadistas de este ó de otros países han estudiado 
ese problema tan profundamente como Mr. Roosevelt. Sus 
trabajos para resolverlo se encuentran no sólo en sus discur- 
sos y escritos, sino también en sus actos como funcionario 
público. 

Teodoro Roosevelt será recordado siempre como un fun- 
cionario cuyo interés por el bienestar del pueblo no ha dis- 
minuido desde el día en que comenzó su carrera pública, 
como miembro de la asamblea del Estado de New York, 
hasta el día de hoy. 

Los principios de justicia que lo guiaron al defender la 
aprobación de la ley de reforma del trabajo, cuando tomó 
parte en la legislatura de Albany en 1882, 1883 y 1884, 
fueron enérgicamente sostenidos cuando fué gobernador de 
New York en 1899 y 1900, y han sido igualmente mante- 
nidos durante el tiempo que ha sido Presidente de los Es- 
tados Unidos. 

Comparando el primer hecho importante de su vida po- 
lítica con uno de más reciente fecha, se observará inmediata- 
mente qué invariables han sido sus opiniones en todo aquello 
que afecta al interés del pueblo. 

Aquel primer hecho ocurrió hace más de veinte años 
cuando, en interés de la salud pública, así como de la de los 
jornaleros de las fábricas de tabaco, se opuso enérgica- 
mente á que continuara el sistema de los "sudaderos." 

El recto criterio que entonces demostró se hizo notar de 
nuevo en 1902, cuando, gracias á su intervención en la 
célebre huelga de los mineros de antracita, se restauró la paz, 



i8i 

se evitó una terrible calamidad al país y se encontró una 
solución final del conflicto con el acuerdo de la comisión 
nombrada por él. 

No pocos problemas han tenido una solución análoga gra- 
cias á la prudencia desplegada por Teodoro Roosevelt. 

A él se debe la aprobación de un gran número de leyes 
encaminadas á mejorar las condiciones sociales de los que 
ganan el pan con el sudor de sus frentes. 

Los hechos de su vida política demuestran hasta la eviden- 
cia que su opinión respecto de asuntos relacionados con el 
bienestar de la gran masa* del pueblo trabajador no ha va- 
riado jamás. 

Esos asuntos serán siempre estudiados y tratados por él 
con gran interés y con profunda atención. 



Con la Ley Wilson los Agricultores America- 
nos Ganaron Novecientos Millones 
ele Pesos Menos que con la 
Ley McKinley. 

Extracto de las declaraciones del Hon. W. S. Kerr, de Ohio, publi- 
cadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Marzo 31 de 1897. 

Durante los últimos ocho meses de la ley McKinley com- 
pramos en el extranjero $16,800,000 en artículos de lana, al 
precio de $20,000,000 al año. En 1895, bajo la ley Wilson, 
compramos $57,559,000; un aumento de treinta millones al 
año. 

Al año siguiente de la ley McKinley (1893) compramos 
en el extranjero 111,000,000 de libras de lana, y pagamos por 
ellas $13,000,000. En 1895, bajo la ley Wilson, compramos 
248,989,000 libras y pagamos por ellas $33,000,000. En 
ese concepto los agricultores americanos perdieron un mer- 
cado de $20,000,000. 

En el último año de la ley McKinley importarnos 229,000 
libras de pieles curtidas. 

En 1895, bajo la ley Wilson, importamos 20,000,000 de 
libras de pieles curtidas. 

A medida que aumentaban nuestras compras en el extran- 
jero disminuía el .mercado de nuestros productos agrícolas. 

Lo que necesitamos particularmente es un mercado ex- 
tranjero para nuestra harina, y así poder desembarazarnos 
de nuestro exceso de trigo, 



182 

Bajo la reciprocidad de McKinley concertamos impor- 
tantes tratados para la harina americana. En Cuba, en tres 
años, hemos aumentado nuestras ventas de harina de 150,000 
barriles á 662,000 barriles. 

En las Antillas y Bermuda hemos hecho un comercio de 
400,000 barriles de harina y dos millones de fanegas de trigo. 
En el Brasil un comercio de 200,000 barriles de harina y 
1,000,000 de fanegas de trigo. 

En Alemania, bajo la reciprocidad, nuestro comercio de 
harina subió de 8,000 barriles á. 286,000 barriles. Todo eso 
fué destruido por la ley Wilson. y nuestros agricultores se 
vieron obligados á competir en Liverpool con el trigo barato 
del mundo. 

Eos dos artículos mencionados sufrieron grandemente en 
el mercado extranjero; pero mucho más sufrieron en el mer- 
cado interior. 

Algunos hechos demostrarán la extensión de aquella baja. 
En el año 1895-96 el consumo de trigo por cabeza fué de 4 
fanegas; el de 1891-92 de 5-7 por cabeza. En 1891-92 la 
población no agrícola se vio obligada á pagar al agricultor 
por su trigo S4.27. En 1895-96 pagó $2.16. 

; Qué significa esto ? 

Significa que de los cuarenta y cinco millones de individuos 
que consumen pan, cada uno pagó al agricultor $2.11 menos 
que en 1891-92. 

Esto sólo redujo enormemente el mercado. 

También se notó una gran baja en el consumo de maíz. 

En 1892 el consumo de maíz por cabeza fué de 30 fanegas. 
En 1895 sólo fué de 16 fanegas. 

El siguiente sumario, que comprende trece principales ar- 
tículos, demostrará lo que los agricultores perdieron con el 
cambio de la ley de tarifas : 

En 1 89 1 el trigo, el maíz, el centeno, la avena, el algodón, 
el heno, las patatas, la lana, la cebada, el tabaco, el ganado 
de cerda y de lana, produjeron á los agricultores de los Es- 
tados Unidos $2,957,000,000. 

En 1895 esos mismos artículos produjeron $2,061,000,000. 
Novecientos millones de pesos menos recibidos por el agri- 
cultor americano bajo la ley Wilson que bajo la ley Mc- 
Kinley. 

En ambos años regía la misma ley de moneda. ¿ Qué 
produjo esa enorme pérdida? 

La respuesta es bien sencilla : El libre-cambio. 



i«3 
El Tabaco es Ampliamente Protegido. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Geo. C. Perkins, de Cali- 
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di- 
ciembre 5 de 1903. 

En tabaco Cuba es un competidor de los Estados Unidos ; 
pero nuestros agricultores están protegidos contra esa com- 
petencia por una tarifa que, reducida á un 20 por ciento, aún 
sería enorme. 

El precio medio de nuestra cosecha de tabaco en 1902 fué 
de 10 centavos por libra, protegida por una tarifa de $1.85 
á $2.50 por libra de capa y de 35 á 50 centavos por libra de 
tripa. 

Nuestra producción principal es de tabaco propio para 
tripa, y está ya protegido por una tarifa de tres á cinco veces 
mayor que el promedio de su valor en el mercado. 

Que los intereses tabacaleros no sufrirán con la reduc- 
ción propuesta lo demuestra claramente el hecho de que ni 
los cosecheros, ni los manufactureros han protestado contra 
ella. 

Me parece que el tabaco no sólo está ampliamente prote- 
gido, sino que ninguno entrará en este país, excepto para el 
consumo de aquellos que se imaginan que el tabaco cosechado 
en Cuba es mucho mejor que el cosechado aquí. 

No tengo duda de que el tabaco que se produce en ciertas 
localidades de Cuba es mejor. California produce de casi 
torio ; pero todavía no ha logrado producir tabaco. 

Se dice que el riego en la Carolina del Norte y en Vir- 
ginia da un aroma y sabor al tabaco que lo iguala al de Cuba. 
' En Cuba hay ciertas localidades donde el tabaco es de una 
calidad espléndida, por razón de la topografía general del 
país, donde el sol y el rocío caen sobre él dándole un gran 
valor. 

Algunas veces, como muchos de mis colegas ele la Cámara, 
he visitado Europa. He estado en los famosos viñedos de 
Alemania, de Francia, de Italia, de España y de Portugal. 
En Alemania hay un lugar llamado "Johannesberg." Vi 
sus colinas y sus valles, y me dije: ''No veo en este lugar 
nada que sea diferente de lo que en los Estados Unidos he 
visto en centenares de millas/' En efecto, nada había allí 
distinto á primera vista, y, sin embargo, los rayos del sol 
caían sobre aquellos viñedos, dando un sabor especial á la 
uva que luego produce un vino que vale diez veces más que 



i§4 

el que producen otros viñedos cultivados á mil yardas de 
aquel terreno. 

Lo mismo pasa con el tabaco de Cuba. No todo el tabaco 
que se produce en Cuba es tan bueno. El tabaco de Virgi- 
nia es, bajo muchos conceptos, superior á éste. Pero el 
tabaco que se cosecha en ciertas localidades de Cuba ha lle- 
gado á adquirir tal fama que todo hombre de buen gusto 
paga un precio mayor para poder fumar ese tabaco de es- 
peciales condiciones. 

Me parece que lo dicho basta para demostrar que la pro- 
puesta reducción de las tarifas de Cuba no perjudica la in- 
dustria americana. 

Si es asi, y la reducción reciproca de las tarifas cubanas 
sobre productos americanos constituye un beneficio para no- 
sotros, no veo la razón por qué no ha de aprobarse el tratado 
que se discute. 

En 1899 vendimos á Cuba productos por valor de $29,- 
000,000 y le compramos por valor de $37,000,000 En 1901 
le vendimos por valor de $25,000,000 y le compramos $49,- 
000,000. Así pues, le compramos bastante más de lo que le 
vendemos, lo cual no es un negocio muy bueno. 

Nuestro promedio de ventas á Cuba ha bajado de un 43 
á 41 por ciento, mientras que Alemania, en el mismo tiempo, 
ha duplicado su promedio de ventas á Cuba, y la Gran Bre- 
taña, Francia y otros países europeos han aumentado con- 
siderablemente los suyos. 

Esto quiere decir que somos vencidos por Alemania, In- 
glaterra y Francia en un mercado que está casi á nuestras 
puertas. 



El Azúcar de Cuba 110 Puede Competir con 
el Azúcar de Remolacha. 

Extracto de las declaraciones del Hon. James E. Watson, de In- 
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, No- 
viembre 23 de 1903. 

Como el distinguido Representante por Iowa, Mr. Hep- 
burn, que acaba de hacer uso de la palabra, yo también soy 
un proteccionista, y al defender el proyecto pendiente no 
quito un ápice á mi devoción por esa doctrina cardinal del 
credo republicano; porque miro el principio de las tarifas 
proteccionistas como fundamentales del partido. 



Pero,. ha dicho uno de mis amigos de Michigan, ¿podemos 
con nuestro propio esfuerzo producir suficiente azúcar para 
satisfacer la demanda interior? 

Seguramente que podemos. Hemos consumido en los 
Estados Unidos este año cerca de 2,500,000 toneladas de 
azúcar, de las cuales 950,000 nos han venido de Cuba. 

El precio del azúcar se fija en Hamburgo, porque Alema- 
nia es la mayor productora y exportadora de ese artículo. 
Cualquier estudiante de economía sabe que una rebaja de 
un 20 por ciento sobre el azúcar que importamos de Cuba 
no alteraría el precio de ese artículo en este país ; y que como 
no afectará al precio, tampoco afectará al productor. 

Además, creo que el azúcar de Cuba no puede competir con 
éxito con el azúcar de remolacha de Chicago y de Kansas 
City, que son los principales mercados en este país ; y si 
tuviera tiempo os leería algunos datos concluyentes sobre el 
caso. Sin embargo presentaré unos cuantos. 

El precio de 100 libras de azúcar de Cuba en la Habana 
es, poco más ó menos, de $2. El flete á New York es de 9 
centavos por cada 100 libras. Los derechos, después de la 
rebaja, del 20 por ciento (hoy son 1,685) serían de 1.348. 
El costo de refinación se sabe por todos que es de 0.625 por 
cada cien libras, sin ninguna utilidad para el refinador. El 
flete á Chicago es de 29 centavos. 

Por consiguiente, llevar 100 libras de azúcar ya refinada al 
mercado de Chicago costaría exactamente $4.35, y llevarlas 
á Kansas City, siendo el flete de 36J, costaría $4.42. 

Ahora voy á leer el testimonio de varios señores interesa- 
dos en la producción de azúcar de remolacha en los Estados 
Unidos, que demuestran que en las mismas circunstancias 
cuesta algo menos poner el azúcar de remolacha en compe- 
tencia con el azúcar de Cuba en los mercados de Chicago 
y de Kansas City. 

El costo de fabricación de azúcar en Michigan es de $5-20 
por una tonelada de remolacha; $1.06, costo de acarreo, etc., 
por tonelada; $1.51 costo de elaboración; $1.09 costo de re- 
paraciones; 91 centavos de intereses, seguro y contribu- 
ciones; 6.3 costo de corretajes, etc. Esto hace un total de 
$9.833 por tonelada de remolacha, ó séase $4.682 por 100 
lmras de azúcar refinada. 

Los anteriores cálculos incluyen un 5 por ciento de in- 
terés sobre el capital invertido, y un 7 por ciento por de- 
preciación de los aparatos. 



i86 

Dejando á un lado estas dos partidas, el costo de ioo 
libras de azúcar de remolacha refinada queda reducido á 
$4.011. 

Mr. W. L. Churchil, de Bay City, dice que no tiene datos 
completos respecto de este año ; pero que puede asegurar que 
ha fabricado azúcar á un costo no mayor de $3.60 ó $3.75 por 
cada 1 oo libras. 

Teniendo en cuenta que el precio de flete es de 13 cen- 
tavos por cada 100 libras, el costo de éstas no excederá $4.05, 
puestas en Chicago, contra $4.35 que paga el hacendado de 
Cuba. 

Una diferencia en favor de nuestra producción de 30 cen- 
tavos en cada 100 libras, diferencia suficiente para estimular 
al agricultor de Michigan á seguir compitiendo con sus ad- 
versarios de Cuba. 



Lo que lia Hecho el Partido Republicano por 

los Intereses de los Productores 

de Azúcar del País, 

Extracto de las declaraciones del Hox. Geo. C. Perkixs, de Cali- 
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di- 
ciembre 15 de 1903. 

Los que se oponen al tratado de reciprocidad con Cuba 
me parece que no van por buen camino. Son como el ca- 
pitán de un barco que lo dirige sin sujetarse á observaciones 
astronómicas hacia el noroeste para llegar á un puerto de- 
terminado, siendo así que el verdadero rumbo es el sudeste. 
No debería extrañarse si chocara contra alguna roca. 

Aseguran los que se oponen á ese tratado que perjudica 
ciertos grandes intereses de los Estados Unidos, tales como 
el azúcar, los limones y el tabaco. 

Creo que si hubieran hecho algunas observaciones, como 
las debió haber hecho el capitán del cuento, no correrían pe- 
ligro de chocar contra la roca de la inexactitud. 

Es cierto que Cuba compite con los productores de azúcar 
americanos, tanto de remolacha como de caña ; pero nuestros 
hacendados están protegidos contra ellos, según creo, por las 
más altas tarifas, que ascienden á un 102 por ciento ad valo- 
ran sobre nuestros productos. 

El tratado con Cuba bajo ningún concepto pondrá á nues- 
tros hacendados á merced de los de Cuba, puesto que les 



i8 7 

queda un /S por ciento sobre el azúcar crudo y un 82 por 
ciento sobre el refinado, más que suficiente para estimular á 
cualquiera empresa. 

Ese temor parece que se inspira en la sospecha de que los 
precios del azúcar bajarán. Pero esos precios no los fijamos 
nosotros sino que se fijan en Hamburgo, y sólo se alterarían 
en el caso de que Cuba produjera tres veces más azúcar de la 
que produce. 

Cuba no puede conseguir en nuestro mercado más precio 
del que pagamos en los demás. No importa lo que le com- 
pramos, porque ella no puede variar el. precio de su producto. 
Si puede producir más barato que ningún otro país de la 
tierra, toda su producción anual no afectaría al mercado 
americano ; porque estamos obligados á comprar las dos ter- 
ceras partes de nuestro consumo en otros mercados, y el 
precio del azúcar de Cuba tiene que ajustarse al del resto del 
mundo. 

Aun cuando Cuba estuviera en condiciones de suministrar- 
nos todo el azúcar que consumimos, el precio de su producto 
estaría sometido al precio universal. 

Lo que el partido republicano ha hecho por los intereses 
de la producción azucarera del país, puede decirse en pocas 
palabras. 

En 1890 el azúcar estaba beneficiado con un 2 por ciento 
en libra sobre todo el que se producía en los Estados Unidos. 
La lev Wilsori-Gorman abolió esa prima y estableció un im- 
puesto de 40 por ciento ad valoran sobre el azúcar impor- 
tado. 

Por la ley Díngley ese impuesto se aumentó á un 98 por 
ciento ad valoran sobre el precio del azúcar crudo en el mer- 
cado de Nueva York. 

No cabe duda, pues, que la propuesta reducción de las 
tarifas respecto de Cuba no perjudica ninguna industria ame- 
ricana. 

Y si es así, y la reducción recíproca de las tarifas cubanas 
para los productos americanos nos beneficia considerable- 
mente, no veo la razón para que el tratado no deba ser apro- 
bado. 



Nuestros Remolacheros no Tienen Nada que 

Temer. 

Extracto de las declaraciones del Hon.S. W. McCall, de Massa- 
chusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, No- 
viembre 19 de 1903. 

La reciprocidad se funda en la teoría de que con frecuencia 
existen en las relaciones entre dos pueblos circunstancias 
especiales que los obliga á hacer arreglos unos con otros. 

La. posición de Cuba, sus relaciones políticas con este país, 
el hecho de que allí predominan los intereses americanos, la 
circunstancia de que nosotros compramos casi todo lo que 
allí se produce, y vendemos una gran parte de lo que allí se 
consume, hacen de este caso, á mi juicio, un poderoso argu- 
mento para la aplicación del principio de la reciprocidad. 

Diré algo con referencia á las especiales relaciones mer- 
cantiles de este país con Cuba. 

Durante el último año fiscal nos correspondió del total de 
las exportaciones de Cuba cerca de un J? por ciento, y le 
vendimos cerca de un 42 por ciento del total de sus compras 
en el extranjero. 

Hay, por consiguiente, una notable desproporción entre lo 
que le compramos y lo que le vendemos, y el tratado lo reco- 
noce así, toda vez que establece una reducción de un 20 por 
ciento sobre los productos de Cuba á su entrada en nuestros 
puertos, y reclama para nuestros productos que entran en los 
puertos cubanos una reducción de derechos de un 20 á un 40 
por ciento. 

Los detalles del comercio de Cuba, tales como han sido 
presentados al Comité, demuestran hasta la evidencia la gran 
utilidad que el tratado reportará á nuestro comercio. 

Refiriéndome á los artículos alimenticios — artículos de co- 
mer y beber — Cuba compró en los Estados Unidos por valor 
de $3,700,000, y en los demás países cerca de $13,000,000 
durante el año. 

Esos artículos son producto abundante de nuestra agricul- 
tura y de nuestras pesquerías, y con los derechos que se esta- 
blecen en este tratado los Estados Unidos absorberán casi 
todo ese comercio. 

Hay también el ramo de ropa, botas y zapatos, telas de al- 
godón, y otros artículos similares de los cuales los Estados 
Unidos vendieron á Cuba por valor de $1,127,000 mientras 



i8 9 

que los demás países del mundo le vendieron por valor de 
$10,186,000. 

Este ramo pasará en su mayoría al comercio de los Estados 
Unidos. 

En ganado, Cuba importó de los Estados Unidos por valor 
de $3,347,000 y de los demás países $6,772,000. 

Los efectos del tratado sobre la industria de azúcar de re- 
molacha ha producido alarma muy natural entre los repre- 
sentantes de esta Cámara que proceden de Estados interesa- 
dos en esa industria. 

No creo que haya un átomo de peligro para ella. La re- 
ducción de un 20 por ciento en los azúcares crudos de Cuba 
no alterará nuestra producción, ni mucho menos sus precios. 

En el informe presentado ante el Comité de Medios y 
Arbitrios, el colector de las aduanas de Cuba, Mr. Bliss, dijo 
que. había examinado los resultados en ocho ingenios dife- 
rentes y que encontró que el costo medio de fabricación y 
conducción al puerto de embarque era en Cuba de 2.16 cen- 
tavos. 

Mr. Atkins, propietario de uno de los más importantes in- 
genios de aquella isla, llegó substancialmente á la misma 
conclusión. 

Con tan valiosos testimonios fácil es comprender que los 
temores de que dan muestra los fabricantes de azúcar de re- 
molacha de los Estados Unidos son infundados, ó por lo 
menos exagerados. 



i ,-v 



El Tratado con Cuba. 

Extracto ele las declaraciones del Hon. F. McL. Stmmons, de North 
Carolina, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di- 
ciembre 15 de 1903. 

Se ha dicho que la pequeña rebaja de derechos que el tra- 
tado concede á los azúcares de Cuba destruirá la industria 
azucarera de este país. 

Ese es un argumento trivial. Es un argumento que esta- 
mos cansados de oir en esta Cámara y alrededor del Capi- 
tolio, en labios de personas que sistemáticamente se han 
opuesto siempre á toda reducción de las actuales tarifas. 

Yo no creo que esa pequeña reducción de derechos al azú- 
car de Cuba destruya ninguno de los intereses azucareros de 
este país, ni siquiera que los perjudique. 



190 

Si lo creyera ; si pensara por un instante que la aprobación 
de ese proyecto de ley pudiera destruir la industria azucarera 
de Louisiana, ó la remolachera del Oeste, ó siquiera dañarlas 
en lo más mínimo, me guardaría mucho de votar en su favor ; 
pero estoy muy lejos de creer en semejantes efectos. 

Todo el mundo admite que la aprobación de este proyecto 
de ley, y la reducción de los derechos sobre el azúcar de Cuba, 
no afectarán en nada el precio del azúcar en este país ; porque 
todo el mundo sabe y reconoce que el precio del azúcar en 
este país es el precio del azúcar en todo el mundo. 

Si el tratado con Cuba es aprobado, y los derechos del azú- 
car cubano se reducen como en él se previene, el precio del 
azúcar en este país, á menos que no cambien las condiciones 
del mercado universal, seguirá siendo el mismo que es hoy, es 
decir, el precio del azúcar en Hamburgo, que es donde se 
regula el precio del azúcar en el mundo. 

Alemania y Francia conseguirán el mismo precio por su 
azúcar en este mercado; el productor americano conseguirá 
el mismo precio por su azúcar; el consumidor americano con- 
seguirá su azúcar por no menor precio ; el productor cubano 
conseguirá el mismo precio por su azúcar en este mercado; 
pero al mismo tiempo conseguirá más provecho que sus com- 
petidores extranjeros, porque no tendrá que pagar tantos 
derechos por su azúcar como sus competidores extranjeros. 

Pero la principal razón que tengo para votar en pro de 
este proyecto de ley no es la de que ayuda á Cuba en su situa- 
ción actual, aunque creo que debemos ayudarla, sino porque, 
á mi juicio, ese tratado producirá grandes beneficios á todo 
el pueblo americano. 

En un futuro no muy lejano, acaso antes de cinco años de 
regir este tratado, las importaciones en Cuba llegarán á 
$100,000,000. 

Nosotros representamos hoy solamente el 42 por ciento de 
su comercio de importación. El resto va á los países euro- 
peos, tales como Francia, Alemania, Inglaterra y España. 

Si este tratado llega á ponerse en vigor, conseguiremos en 
Cuba una ventaja para nuestros productos de más de un 20 
á un 40 por ciento sobre nuestros competidores alemanes, 
ingleses y españoles, y con esta ventaja, en vez de vender en 
Cuba por valor de $25,000,000, como ahora hacemos, alcan- 
zaríamos la cifra de $50,000,000, y con el tiempo llegaríamos 
acaso á 80 ó 90 millones. 

Cuba compró el año pasado cerca de $6,000,000 en artícu- 



I 9 I 

los de algodón. Antes de que este tratado expire comprará 
más de $12,000,000. 

Hov nuestras ventas de esos artículos no pasan de 
$400,000. 

Con la ventaja que este tratado nos ofrece sobre nuestros 
rivales europeos (una ventaja de un 30 ó 40 por ciento) lle- 
garemos á vender á Cuba casi todo el algodón que consume. 



El Canal á Través del Istmo. 

* El sueño de la humanidad. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullon, de Illi- 
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 
27 de 1904. 

Las complicaciones diplomáticas que han surgido durante 
muchos años con motivo de la apertura de un canal interoceá- 
nico que una el Atlántico con el Pacifico, han sido por fin 
terminadas durante las dos administraciones republicanas, y 
los trabajos prácticos para 'la construcción del canal están 
próximos á comenzar bajo la administración del Presidente 
Roosevelt. 

Un canal que una los dos grandes océanos en provecho del 
comercio universal ha sido el sueño de la humanidad. 

Durante casi tres cuartos de siglo el canal interoceánico 
ha constituido parte principal del programa de casi todos los 
gobiernos americanos. 

En 1850 se celebró el tratado Clayton-Bulwer entre los 
Estados Unidos y la Gran Bretaña. En ese tratado se con- 
signaba que el canal sería construido con capital privado bajo 
un mutuo protectorado de ambos gobiernos. Su intención 
era evitar que los Estados Unidos lo construyeran solos y 
tuvieran una exclusiva jurisdicción sobre él. 

Focos años después de concertado el tratado Clayton- 
Bulwer se vio que levantaba una barrera contra la construc- 
ción de todo canal á través del istmo, y desde entonces casi 
todos los gobiernos americanos, tanto republicanos como de- 
mocráticos, trataron en vano de conseguir su pacífica abroga- 
ción. 

Estaba reservado á los gobiernos de McKinley y Roose- 
velt, por medio de la diplomacia del Secretario Hay, el nego- 
ciar con éxito el tratado Hay-Pauncefote con la Gran Bre- 
taña, por el cual el tratado Clayton-Bulwer fué al fin supri- 



192 

mido, y los Estados Unidos quedaron en libertad para cons- 
truir el canal y asumir la responsabilidad de su custodia y de 
regular su neutral empleo por todas las naciones del mundo 
sobre la base de una absoluta igualdad. 

Quedaba el punto de saber cuál vía sería la más adecuada, 
la de Panamá ó la de Nicaragua. El Congreso demostró su 
preferencia por la vía de Panamá. Se celebró un tratado con 
Colombia que ésta rechazó más tarde. El Estado de Panamá 
logró separarse de Colombia y es hoy una república indepen- 
diente. Se ha negociado un nuevo tratado con Panamá mu- 
cho más ventajoso que el rechazado por Colombia, el cual 
otorga á los Estados Unidos todos los privilegios y ventajas 
necesarios para la construcción del canal. Se ha comprado 
la propiedad de la Compañía del Canal de Panamá. Para ello 
se votó un crédito especial por el Congreso y se nombró una 
comisión de ingenieros que hoy se encuentra en Panamá ha- 
ciendo las investigaciones preliminares. 

A menos que no ocurra algo imprevisto, dentro de pocos 
años el canal estará construido y funcionando. 

La discusión en este Senado del tratado con Colombia y 
más tarde del tratado con Panamá, así como de los hechos 
relacionados con la revolución é independencia de esta Repú- 
blica reconocida por nuestro Gobierno, está tan reciente y. 
fresca en nuestra memoria, que no diré una palabra sobre el 
particular, y sí solo que el Presidente en sus relaciones con 
Colombia ha procedido con la honradez y la imparcialidad 
que lo caracterizan. 

Este es otro motivo de elogio para la administración del 
Presidente Roosevelt, que ha logrado poner término satisfac- 
torio á un asunto en que otros Presidentes hubieran fraca- 
sado. 

Así pues, en los tres años del gobierno del Presidente 
Roosevelt se han hecho más progresos para la construcción 
de un canal interoceánico que en los tres cuartos de siglo 
anteriores á su subida al poder. 



*93 



Tarifas y Balances Coiuerciales. 

Exceso de Importaciones bajo Tarifas Bajas. 

Exceso de Exportaciones bajo Tarifas Protectoras. 



Extracto de las declaraciones del Hon. C. H.- Gi^osvenor, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Noviembre 27 de 1903. 

Tarifas y Balances Comerciales, 17 90-1900. 

Años en los cítales las tarifas bajas y las proteccionistas han estado 

rigiendo en los Estados Unidos, demostrando los excesos de 

importación ó exportación bajo cada sistema. 

(Compilados de las Memorias oficiales del Departamento de Estadísticas.) 



Año 
li cal. 

1790. 
1791. 
1792 . 
1793. 
1791. 
1795. 
1796 . 
1797. 
1798. 
1799.. 

1800 . 

1801 . 
1802. 
1803. 
1801., 
1805 . 
1806. 
1807., 
1808. 
1809. 
1810. 
1811. 
1812. 
1817. 
1818. 
1819. 
1820. 
1821 . 
1822. 
1823. 
1824. 



Tarifa Baja. 

Exceso de Exceso de 

importación. exportación. 

$2,794.844 

10,187,959 

10,746,902 

4,990,428 

1,556,275 

21,766,396 

22,861,539 

24,084,696 

7,224,280 

403,626 

20,280,988 

18,342,998 

4,376,189 

8,866,633 

7,300,926 

25,033,979 

27,873,037 

30,156,850 

34,559,040 

7,196,767 

18,642,030 



38,502,764 
11,578,431 
28,468,867 
16,982,479 
4,758,331 



18,521,594 
4,155,328 
3,197,C67 



$7,916,832 



75,489 



Tarifa Proteccionista. 



Año 

fiscal. 

1813.. 


Exceso de 
importación. 


Exceso de 
exportación. 

$5,851,017 


1814. . 


$6,037,559 
60,483^521 
65,182,948 


1815.. 
1816.. 




1825.. 


549 023 


1826. . 


5,202,722 




1827. . 


2,977,009 


1828.. 
1829.. 


16,998,873 


345,736 


1830.. 
1831.. 


' 23,589,527 
13,601,159 
13,519,211 

7,144,211 

4,165,409 


8,949,779 


1832.. 
1833.. 




1843.. 
1844.. 
1845.. 


40,392,225 
3,141,226 


1846« . 
1862.. 


1,313,824 


1863.. 


39,371,368 

157,609,295 

72,716,277 

85,952,544 

101,254,955 

75,483,541 

131,388,682 

43,186,640 

77,403,506 

182,417,461 

119,656,288 

' 19,502,725 


1864 . . 




1865 . . 




1866.. 




1867.. 




1868.. 




1869 . 




1870. . 




1871.. 

1872. . 




1873.. 




1874.. 
1875.. 


18,876,698 



{Continúa en la página 194.) 



Año 
fiscal. 

1834., 
1835., 
1836. 

1837., 
1838., 
1839., 
1840., 
1841., 
1842., 
18á6a , 
1847.. 
1848.. 
1849 . . 
1850.. 
1851.. 
1852.. 
1853.. 
1854.. 
1855.. 
1856.. 
1857.. 
1858 . . 
1859.. 
1860.. 
1861.. 
1895.. 
1896.. 
1897.. 



194 

{Continuación de la página IQJ.) 



Tarffa Baja. 
Exceso i'e Exceso de 

importación. exportación. 



6,349,485 
21,548,493 
52,240,450 
19,029,676 

44,245,283 

11,140,073 

4,165,408 



10,448,129 
855,027 
29,133,800 
21,856,170 
40,456,167 
60,287,983 
60,760,030 
38,899,205 
29,212,887 
54,604,582 



38,431,290 
20,040,062 
69,756,709 



Takifa Proteccionista. 
Año. Exceso de Exceso de 

ñscnl. importación. exportación. 



25,410,226 
' '3,802,924 
34,317 249 



1876. 
1877. 
1878. 
1879. 
9,008,282^1880. 
1881. 
1882 
1883. 
1884. 
1885. 
1886. 
1887. 
1888. 
1889. 
1890. 
1891. 
1892. 
1893. 
1894. 
1898. 
1899. 
1900. 
1901. 
1902. 
1903. 



,672,620 



75,568,200 
102,882,264 
286,263,144 



28,002,607 
2,730,297 



18,735,728 



79,643,481 
151,152,094 
257,814,234 
264,661,666 
167,683,912 
259,712,718 

25,902,683 
100,658,488 

72,815,916 
164,662,426 

44,088,694 

23,863,443 



68,518,275 

39,564,614 

202,875,636 

237,145,950 
615,432,676 
529,874,813 
544,541,898 
664,592.826 
478,398,453 
394,422,442 



Total. $1,068,872,161 $553,917,230 Total. $1,371,397,064 $5,470,423,925 
a Medio año. 

Exceso neto de las importaciones bajo la táriía baja $514,954,93^ 

Exceso neto de las exportaciones bajo la tarifa protectora. 4,099,026,86 1 



Nuestra Condición Bajo la Protección. 
Nuestra Condición Ocho M>ses más Tarde. 

Extracto de la carta de aceptación de McKinley en 1896, publicada 
en la página 415, apéndice unido al Diario de Sesiones del Con- 
greso, primera Sesión, 55 o Congreso ; parte de las declaraciones 
del Hon. C. H. Grosvenor, en la Cámara Representativa, en 
Julio 19 de 1897. 

Nuestra condición bíijo el Sistema Proteccionista. 

En Diciembre de 1892 el Presidente Harrison envió su 
último mensaje al Congreso. Fué una hábil y explícita re- 



*95 

vista de las condiciones y recursos del país. Patentizó nues- 
tra situación tan exactamente, que estoy seguro de que no 
está de más el recitar su testimonio oficial y valioso: 

"Jamás ha habido una época en nuestra historia, dijo, en 
que el trabajo estuviese tan abundante, ó en el que los 
salarios estuviesen tan altos ya fuesen considerados por la 
moneda en que se pagaron ó por el poder para hacer frente 
á las necesidades de la vida y sus comodidades. El término 
medio general de los precios ha sido tal, que ha dado al 
agricultor una justa participación en la general prosperidad. 
Las nuevas plantas industriales que se han establecido desde 
Octubre 6 de 1890 hasta Octubre 22 de 1892, montan á 345 
y la extensión de las existentes á 108. El nuevo capital 
invertido asciende á $40,446,060, y el número de empleados 
agregados á 37.285. Durante los primeros seis meses de 
este año se han construido 135 fábricas, de las cuales 40 
fueron para tejidos de algodón, 48 para tejidos de punto, 26 
para paños, 15 para artículos de seda, 4 para felpas y 2 para 
géneros de hilo. De las 40 fábricas, 21 han sido levantadas 
en los Estados del Sur. Esto describe claramente la prós- 
pera condición del país en Diciembre de 1892. ¿Qué ha sido 
desde entonces y qué es ahora ? 

Nuestra condición ocho meses más tarde. 

Los mensajes del Presidente Cleveland desde el comienzo 
de su segunda administración hasta el presente abundan en 
descripciones de la deplorable situación industrial y financiera 
del país. Aunque no se necesita apelar á la historia, ni 
ninguna memoria oficial se necesita para informarnos de la 
presente condición y de la que ha prevalecido durante los 
tres años pasados, me aventuro á citar del primer mensaje 
del Presidente Cleveland, en Agosto 8 de 1893, dirigido al 
53 o Congreso, que había convocado en sesión extraordinaria. 
La existencia de una situación alarmante y extraordinaria 
de los negocios, dijo, envolviendo el bienestar y prosperidad 
de nuestro pueblo, me han constreñido á convocar á los re- 
presentantes del pueblo en el Congreso con el fin de que por 
medio del ejercicio sabio y patriótico de sus deberes legisla- 
tivos, de los cuales se hallan revestidos, los presentes males 
puedan mitigarse y evitar los perjuicios que amenazan el 
futuro. 

Nuestra desgraciada condición financiera no es el resul- 
tado de acontecimientos difíciles de vencer, ni de condiciones 



relacionadas con la naturaleza de nuestros recursos. Tam- 
poco puede trazarse su origen como dimanando de aquellas 
calamidades que paralizan la prosperidad y engrandecimiento 
nacionales. Con abundantes cosechas, con espléndida pro- 
mesa de una producción y fabricación remunerativas, invita- 
dos á la inversión de capitales con entera confianza, y con 
seguridades satisfactorias en las empresas comerciales, surge 
repentinamente por todos los ámbitos del país la desconfian- 
za y el temor. 

Numerosas instituciones bancarias han suspendido sus 
operaciones, porque su activo no ha sido abundante en nume- 
rario para poderse utilizar inmediatamente y hacer frente á 
la demanda de los aterrorizados depositarios. Las corpora- 
ciones y los individuos que sobreviven están satisfechos de 
reservar el dinero que acostumbraban gustosos invertir en 
préstamos, y aquellos ocupados en negocios legales están 
sorprendidos de hallar que las seguridades que ellos ofrecen 
por préstamos, aunque hasta aquí satisfactorias, no son ac- 
tualmente aceptadas. Valores que se suponían fijos se están 
convirtiendo rápidamente en dudosos, y la pérdida y las 
quiebras se han extendido á todos los ramos de los negocios. 

Un cambio sorprendente en las condiciones de los 
negocios. 

¡ Qué sorprendente y repentino cambio en el corto período 
de ocho meses, desde Diciembre de 1892 á Agosto de 1893 ! 
¿ Qué ha ocurrido ? Un cambio de administración ; todos 
los ramos de la gobernación han sido confiados al partido 
democrático, que se ha declarado en contra de la política 
proteccionista que ha prevalecido sin interrupción por más 
de treinta y dos años, y ha traído al país á una prosperidad 
sin ejemplo, habiendo prometido su completa anulación y la 
sustitución de ella por una tarifa solamente sobre contribu- 
ciones. Habiendo sido decretado el cambio en Noviembre 
á causa de las elecciones, sus efectos se anticiparon y sintie- 
ron en seguida. No podemos cerrar nuestros ojos ante estas 
alteradas condiciones, ni sería sabio el eximirse de contem- 
plar é investigar las causas que las produjeron. Hay hechos 
que como pueblo no podemos mirar con indiferencia, y po- 
demos únicamente tener la esperanza de mejorar nuestra 
presente condición por el estudio de sus causas. 

Es una simple pretensión el atribuir los duros tiempos al 
hecho de que todo nuestro numerario está sobre la base oro. 



Él buen dinero nunca hace los tiempos duros. Los que ase- 
guran que nuestra depresión industrial y financiera es el resul- 
tado del patrón oro no han leído la historia de América 
correctamente, ó -no han sido cuidadosos estudiantes de los 
acontecimientos de los recientes años. Jamás hemos tenido 
mayor prosperidad en este pais en el campo del empleo y la 
industria que en los ocupados años de 1880 á 1892, durante 
cuyo tiempo este país se rigió bajo la base, oro, y empleó más 
moneda de oro en sus operaciones financieras y mercantiles 
que antes. Teníamos también una tarifa protectora, bajo 
la cual extensas rentas se recaudaban para el gobierno, y para 
acumular el fondo de reservas que constantemente se apli- 
caba á la amortización de la deuda pública. Admirámosnos 
fuertemente á lo que sabemos que es bueno. No es más 
dinero lo que necesitamos. Lo que necesitamos es darle ocu- 
pación al dinero que ya tenemos. Cuando el dinero se em- 
plea los hombres logran ocupación. Tanto el uno como los 
otros han estado constantemente, y durante todos los años 
de tarifa proteccionista, constante y remunerativamente em- 
pleados. Cuando los que tienen dinero no tienen confianza 
en la estabilidad de los valores é inversiones, no se separan 
de él. Los negocios se estancan y la savia que vivifica el 
comercio se paraliza y se congestiona. 



Nuestro Gobierno Nacional es el más Econó- 
micamente Administrado de Cualquiera 
de los del Mundo Civilizado. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. A. Hemenway, de Indiana, 
en el Diario de Sesiones, en Abril 28 de 1904. 

Los gastos de nuestro Gobierno son grandes en conjunto, 
según se exhiben en las asignaciones del Congreso, y las 
personas irreflexivas y especialmente los periódicos mal in- 
formados los denuncian como extravagantes ; y sin embargo, 
según el parecer de los más autorizados, nuestro Gobierno 
Nacional es el más económicamente administrado de cual- 
quiera de los del mundo civilizado. 

La siguiente tabla, compilada y oficialmente publicada por 
la Oficina de Estadísticas del Departamento de Comercio y 
Obras Públicas, demuestra la población y los gastos por 
cabeza en los más importantes países del mundo en el año 
último que se ha podido obtener : 



198 

Por 

Países. Población. Gastos. cabeza. 

Nueva Zelandia 788,000 $30,241,000 $38.38 

Australia 3,772,000 142,148,000 37.69 

Reino Unido 41,961,000 897,790,000 21.39 

Francia 38,962,000 695,250,000 ■ 17.84 

Bélgica 6,694,000 116,500,000 17.40 

Paraguay 636,000 11,007,000 17.30 

Austria-Hungría 45,405,000 647,969,000 14.27 

Argentina 4,794,000 60,757,000 12.68 

Cuba 1,573,000 19,515,000 12.40 

Países Bajos 5,347,000 61,468,000 n.49 

Portugal 5,429,000 62,170,000 11.45 

España 18,618,000 187,846,000 10.09 

Suecia 5,199,000 49,593,000 9.54 

Alemania 58,549,000 553,222,000 9.45 

Canadcá 5,457,000 50,759,000 9.30 

Estados Unidos 80,372,000 640,323,000 7.97 

Comparada con los bilis ordinarios de la asignación anual 
en la última sesión del Congreso, bilí que pasó, los bilis de 
asignación de esta sesión no arrojan una gran disparidad, 
excepto con referencia á tres de ellas. La asignación naval 
demuestra un aumento de $16,128,349.51, y monta en con- 
junto á $98,005,140.94, suma larga en comparación con los 
montantes consagrados anualmente al establecimiento naval 
durante las dos décadas que se siguieron inmediatamente 
después de la guerra civil ; pero en todos sus detalles el bilí 
estipula únicamente lo que es necesario para continuar la 
construcción de los buques antes de ahora autorizados y 
en vías de construcción ; y para el adecuado mantenimiento 
de los que se encuentran ya prestando servicio. Por espacio 
de veinte años el Congreso ha respondido á la manifiesta 
petición del pueblo para la construcción de la marina ameri- 
cana. Millones de pesos se han gastado en esta gran empresa 
nacional sin gasto de extravagancia ó una acusación de frau- 
de, y hoy día poseemos una marina de la cual se enorgullece 
cada ciudadano. 

El bilí de asignación de Correos, destinando en totalidad 
$172,574,998, presenta un aumento de $19,063,449. De esta 
última suma $8,180,000 es para el servicio de la entrega li- 
bre de la correspondencia rural, para lo cual se ha dispuesto 
la suma total de $20,180,000 para el próximo año. El ser- 
vicio postal es la única función del Gobierno que afecta ínti- 
mamente á cada individuo de la nación, y ninguna particu- 



i 9 9 

iaridad de esta gran organización de negocios es tan popular 
para las masas agriculturas, ó les ha facilitado tanto y tanto 
aprecian, como el servicio de la entrega rural de la correspon- 
dencia, que fué inaugurado con una asignación de $50,000, 
llevada á cabo por el Congreso republicano en 1897. 

En esta sesión un bilí de imprevistos para ríos y puertos, 
ascendiendo á $4,000,000, ha sido promulgado, para atender 
al mantenimiento de los canales, de obras existentes y limi- 
tando el montante que pueda expenderse á no exceder de 
$50,000 para cualquier proyecto. 

Pero por motivos que son manifiestamente propios, ningún 
bilí general para ríos y puertos se ha pasado. Más de $37,- 
000,000 de asignaciones hasta aquí hechas, para mejora- 
miento de ríos y puertos, se encuentran hasta ahora sin haber- 
se gastado. El gran número de proyectos que se han autori- 
zado ha abrumado al Departamento de Ingenieros casi más 
allá de lo que ha sido dable á los miembros de este útil cuerpo 
poder ejecutar. Un aumento en el personal de ingenieros 
ha sido autorizado, á fin de llevar á cabo de una manera más 
expedita y eficaz los traba jps pendientes. 

Por un acta del Congreso pasada en 1883, se autorizó al 
Secretario del Tesoro á hacer uso de cualquier excedente de 
dinero para la compra y retiro de bonos, además de los ne- 
cesitados para el fondo de imprevistos. 

Bajo esta autorización se han comprado y retirado bonos 
montando á una suma, que si se hubiesen aplicado á las 
necesidades del fondo de imprevistos, se hubieran anticipado 
y excedido al mismo fondo, hasta la clausura del último año 
fiscal, por $335,220,100. Durante los últimos cuatro años 
fiscales 1 900- 1 903 inclusive, se han aplicado, bajo la ad- 
ministración de McKinley y Roosevelt, destinados al fondo 
de imprevistos, $212,790,239.75. Durante los cuatro años 
fiscales, de 1893 á. 1896 inclusive, abrazando la última ad- 
ministración de Cleveland, el montante total aplicado fué 
de $13,400,047.98 únicamente. 

Las Casas de Sopas han Desaparecido y el 
Mercado las ha Substituido. 

Extracto de las declaraciones del Hon. P. P. Campbell, de Kansas, 
en el Diario de Sesiones de Abril 1 de 1904. 

Ahora pasemos á la objección de que nuestros productos 
se mantienen alejados de los mercados extranjeros, á causa 
de la política proteccionista. La mas enfática respuesta a 



200 

esa objección es la de que eso es verdad en teoría, y que 
no es en ningún sentido verdad en los hechos. 

¿Cómo así, cuando hemos avanzado año tras año bajo la 
política protectora, desde la nación que apenas exportaba, 
hasta ocupar hoy el primer rango entre todas las de la 
tierra? Nuestras exportaciones el último año eran de uno 
y medio billones de pesos en números redondos, mientras 
que las de Inglaterra eran de un billón cuatrocientos mi- 
llones, los de Alemania un billón doscientos mil y los de 
Francia ochocientos millones. 

Hemos extendido no solamente el aumento sino la varie- 
dad de nuestras exportaciones año tras año, y el que precisa- 
mente cierra ha demostrado ser el mayor de este país, que 
jamás ninguna otra nación ha alcanzado. 

Aumento de las Exportaciones de los Estados Unidos. 

En 1875 las exportaciones de los productos domésticos por 
las más grandes naciones exportadoras del mundo son como 
sigue : 

Reino Unido $1,087,497,000 

Francia 747,400,000 

Alemania 593,052,000 

Estados Unidos 497,263,737 

En 1885 - as exportaciones de estos cuatro países se siguie- 
ron en esta forma :. 

Reino Unido $1 ,£37, 124,000 

Alemania 680,551,000 

Estados Unidos 673,593,596 

Francia 596,000,000 

En 1895 las exportaciones de estos cuatro países fueron 
las siguientes : 

Reino Unido $1,100,452,000 

Estados Unidos 807,742,415 

Alemania 789,660,000 

Francia 651,100,000 

En 1903 la relativa posición de las cuatro naciones en la 
exportación de productos domésticos era la siguiente: 

Estados Unidos $1,457^65,783 

Reino Unido 1,415,617,552 

Alemania 1,200,000,000 

Francia 812,000,000 



2ÓÍ 

Pero se nos ha dicho que no podemos vender nuestros 
productos en los mercados del mundo mientras rehusemos 
al mundo el privilegio de vender en nuestros mercados. Sin 
embargo, los vendemos. (Aplausos en los bancos repu- 
blicanos.) Conocí una vez un hombre tal como el partido 
democrático. Cada día que se presentaba hermoso, lo lla- 
maba "un productor de tiempo." (Risas.) 

Se dice que los gastos de la vida han aumentado en 
mayor proporción que lo que la escala de salarios ha au- 
mentado ; por tanto la tarifa debería ser modificada por el 
partido democrático. 

Vamos á acceder, en obsequio del argumento, que las 
necesidades de la vida se han hecho más caras hoy que lo 
que lo eran desde 1893 á 1896, bajo la última modificación 
de la tarifa por el partido democrático. El pan y la carne 
estaban más baratos en aquellos tiempos, pero el pueblo es- 
taba falto de alimento. La ropa estaba más barata, pero 
el pueblo se encontraba desnudo. La madera y la ferretería 
estaban más baratos, pero nadie construía casas ; las tierras 
estaban más baratas, pero el pueblo no compraba heredades ; 
el ganado estaba más barato, pero los labradores no lo com- 
praban. Todo estaba barato, pero nadie podía comprar. 

El pan y la carne pueden estar más caros hoy, pero nadie 
está con hambre; la ropa puede, estar más cara, pero todos 
están vestidos. La madera y la ferretería pueden estar más 
altos, pero por todo el país el pueblo edifica casas. Las 
tierras de labranza han duplicado de valor, sin embargo 
todos los campesinos compran. Muchos animales de la- 
branza han subido más del doble de su valor, pero en todo 
el país en general los campesinos los están comprando. Los 
parajes para industrias están más altos y los materiales y el 
trabajo lo mismo ; pero los hombres emprendedores los están 
comprando lo mismo que los materiales y levantando indus- 
trias. Los salarios son más caros ; pero los principales están 
empleando hombres. Las casas de sopa han desaparecido 
v el mercado las ha substituido. (Ruidosos aplausos en -los 
bancos republicanos.) 



202 



Las Clases Trabajadoras de este País más 

Prósperas Durante el Año 1903 

que Jamás lo •Fueron. 

Extracto ele las consideraciones del Hox. J. H. Gallixger, de New 
Hampshire, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, en 
Abril 23 de 1904. 

Desde la promulgación ele la tarifa Dingley no solamente 
han aumentado los salarios sino también los empleos. Por 
cerca de siete años casi cada hombre en los Estados Unidos 
que ha necesitado trabajo y ha sido digno de obtenerlo, lo 
ha conseguido ; no solamente por seis dias á la semana sino 
por cincuenta y dos semanas al año, y se le ha pagado pót- 
ese trabajo un precio jamás antes conocido en este país ni en 
ningún otro. Ha habido épocas en este periodo en que ha 
sido imposible conseguir la necesaria ayuda para recoger las 
cosechas, manufacturar nuestros géneros y atender al trans- 
porte y distribución de los mismos. 

No es de mi incumbencia ni es mi propósito en estos mo- 
mentos exponer una sola palabra en pro ó en contra de las 
uniones de trabajadores, ó en pro ó en contra de las muchas 
huelgas que han tenido serios resultados sobre las clases 
jornaleras. Deseo únicamente llamar la atención sobre el 
hecho de que cuando cientos de hombres ó cientos de miles 
de ellos están voluntariamente ociosos por semanas ó meses 
la pérdida no se concreta á ellos solo sino que envuelve 
otros cientos ú otros cientos de miles que se ven obligados 
á estar ociosos con motivo de la conducta de los huelguistas. 

Se ha calculado que las huelgas del año 1903 disminuye- 
ron á v$ 1, 000,000,000, lo que el pueblo no estuvo en condi- 
ciones de poder comprar. 

Me propongo demostrar con números, á pesar de los 
muchos desocupados que hubo y á pesar de la pérdida de 
salarios y de la incapacidad del pueblo para efectuar com- 
pras, que las clases jornaleras de este país se encontraron 
más prósperas durante el año .1903 que jamás antes lo fueron 
en nuestra historia. 

Esto se verá en primer lugar, en números que demuestran 
los ahorros del pueblo. Los depósitos en nuestras Cajas de 
Ahorros. Estos depósitos ascienden á más de $3,000,000,- 
000, y para demostrar el montante de dinero en las Cajas 
de Ahorros durante esos pocos años que han transcurrido, 
introduzco la siguiente tabla : 



20 3 

Depósitos en las Cajas de Ahorros. 



Junio 


30 


Junio 


30- 


1893. 


...$1,785,150,957 


1899. 


...$2,230,366,954 


1894. 


. . . 1,747,961,280 


1900. 


• •• 2,449,547,885 


1895. 


. . . 1,810,597,023 


1901. 


• • • 2,597,094,580 


1 890. 


. . . 1,907,156,277 


1902. 


. . . 2,750,177,290 


1897. 


••• 1,939,376,035 


1903. 


• • • 2,935,204,845 


1808. 


. . . 2,065,631,298 


1904. 


. . . 3,176,000,000 



Fácilmente se verá que se hicieron más retiros que depósi- 
tos en ¡as Cajas de Ahorros en 1894, el año de la ley de la 
tarifa Wilson-Gorman, y que el aumento en los dos siguientes 
años fué insignificante. Sin embargo, desde 1897, citando se 
Miso en vigor la tarifa Dingley, el aumento ha sido grande 
cada año y continuó. 

Por los seis años pasados monta á $1,000,000,000, agregán- 
dose casi doscientos millones de éstos en 1903. Esto indica que 
nuestras clases trabajadoras, cuyas ganancias excedentes en 
su mayor parte se encuentran en las Cajas de Ahorros, tu- 
vieron todo lo que necesitaban durante el último año, y 
mucho más, desvirtuando de ese modo la tan defendida pre- 
tensión de los demócratas, de que la vida se hacía más cara 
que lo que habían aumentado las ganancias del pueblo. Mas 
estas Cajas de Ahorros representan únicamente una parte de 
los sobrantes de las clases jornaleras. Hay graneles sumas 
invertidas en edificios y asociaciones de préstamo; hay los 
pagos parciales hechos sobre la casa, y quizás sobre el mo- 
biliario, que se está adquiriendo año por año y mes por mes ; 
y también deben contarse los premios pagados por las póli- 
zas de seguros de vida. 

El documento presentado por la compañía "Metropolitan 
Life Insurance" es en verdad maravilloso. Los seguros de 
esta compañía á la terminación del año 1893 eran de $353.- 
ijj,2ij. Diez años después, al final de 1903, eran de $1,342,- 
381,457, un excedente de casi $1,000,000,000. El excedente 
de 1903, su mayor año, era de $398,889,074. . La memoria 
presentada por la compañía "Prudential Life Insurance" 
también demuestra un aumento muy notable, siendo el exce- 
dente de 1903 de $293,208,942, de los cuales $190,386,294 
correspondían al departamento industrial. Estas dos com- 
pañías solas tienen existentes seguros por valor de $2,273,- 



204 

ooo,ooo, una gran parte en los departamentos industriales, 
y efectuados durante los pasados siete años. Pero aunque 
estas cifras patentizan el gran volumen de seguros el último 
año y otros recientes, principalmente por las clases trabaja- 
doras, el mismo sorprendente aumento de negocios se ob- 
serva en las otras grandes compañías de seguros entre las 
clases de nuestro pueblo. El año 1903 fué con mucho el 
mayor de todos conocidos, demostrando, sin lugar á dudas, 
que el pueblo americano — los labradores, los mecánicos, los 
dependientes, los manufactureros y hombres de profesión — 
no solamente acrecentaron grandemente sus ahorros y otros 
excedentes, sino que pudieron asegurar sus vidas, siendo 
la mejor forma de ahorros y precaución para el futuro. 

Estas cifras de ganancias excedentes refutan muy enfática- 
mente la manifestación de que cuesta más hoy la vida en 
comparación á lo que han aumentado los salarios y las rentas. 



El Libre -C arabio nos Colocaría en Condiciones 
de no Poder Hacer Frente a 1111 a Guerra. 

Extracto de las declaraciones del Hox. J. T. McCleary, de Minne- 
sota, en la Cámara Representativa y publicadas en el Diario .de 
Sesiones del Congreso, el 20 de Junio de 1904. 

Aun los proteccionistas algunas veces dicen, que aunque 
no creen en el libre-cambio como una política práctica, no 
tienen inconveniente en confesar que parece buena en la 
teoría. La palabra de reserva en esa manifestación es la 
palabra "parece." En conclusión, el libre-cambio no es 
bueno, ni aun en teoría. Prima facie, ninguna teoría es 
buena si no da "resultado." Sin la demostración, lo mejor 
que puede considerarse -es como una hipótesis. El Hon. 
W. D. Kelly, que ya ha dejado de existir, describía atinada- 
mente el libre-cambio como la ciencia de las suposiciones." 
La primera y fundamental falsedad del libre-cambio como 
una teoría, es su falta de patriotismo. Tiene la pretensión 
de abogar por un gran sentimiento humanitario. Se enor- 
gullece de sentir tanta consideración por los pueblos más re- 
motos de la tierra, como la que abriga por el pueblo de su 
propio país. Sr. Presidente, me inclino á dudar tanto de 
la virtud y buen sentido de cualquier hombre que considera, 
ó aparenta considerar á todo el mundo, con tantos títulos 
á su solicitud, como á los miembros de su propia familia. 



205 

Por las leyes, tanto divinas como humanas, una nación es 
una gran familia cuyos intereses están ligados entre sí. 
Los proteccionistas toman como la base de su política el 
precepto de la Escritura. "El que no cuida de los suyos 
ha negado le fe y es de peor condición que un infiel." 

El primer deber de una nación es estar preparada en todos 
tiempos para la defensa de su existencia. El libre-cambio, 
tanto como una teoría como una política, nos colocaría en 
condiciones de no poder hacer frente á una guerra. El 
pueblo del Sur, seguramente, hubiera sufrido una amarga 
experiencia, por medio de la lección que hubiera aprendido. 
Atados á la esclavitud despreciaban el trabajo. Eran "con- 
sumidores/' sentían sólo desprecio por los "productores ;" de 
aquí que sólo pensasen en obtener géneros manufacturados 
baratos. 

Ellos no tenían deseo de aceptar ó gozar de los legítimos 
frutos de la . protección. Verdaderamente, por espacio de 
una generación, antes que estallase la guerra civil, excep- 
tuando los cuatros años desde 1842 á 1846, este país había 
sido dominado por la idea de aversión del Sur á la tarifa pro- 
teccionista. Cuando se estableció la Confederación del Sur 
perpetuó sus ideas libre-cambistas incorporando en la Cons- 
titución esta disposición : 

"Ni tampoco se impodrán ningunos derechos ó contribu- 
ciones sobre las importaciones de las naciones extranjeras 
con el fin de promover ó fomentar cualquier ramo de in- 
dustria." 

Contrariamente, poco antes de estallar la guerra, el Go- 
bierno Nacional había promulgado la ley de la tarifa Mor- 
rill, que concedía adecuada protección á nuestras industrias. 
De modo que, tenemos aquí una prueba de las dos teorías 
con respecto á su utilidad en la guerra. 

Con respecto á esto, quiero citar las elocuentes palabras 
del anterior Senador John P, Jones, de Nevada, en su gran 
discurso en el Senado de los Estados Unidos en 1890, inti- 
tulado "¿Deberá hacer la República su propio trabajo ?" 
que es uno de los más importantes discursos que pueden 
haberse pronunciado con referencia á la tarifa. 

La más instructiva lección de historia americana, en ver- 
dad, la más impresiva lección económica de toda la historia, 
es la que nos proporciona la de una gran crisis por la impo- 
tencia industrial de los Estados del Sur, producto de su 



20Ó 

persistente descuido de las artes mecánicas y la variedad de 
industrias. 

Cuando el Sur declaró la guerra se manifestó que su 
pueblo no podía crear nada de utilidad práctica. Sus ora- 
dores y tribunos al aire libre, que los condujo á la guerra, 
sabían "tejer hilo/*' pero no de algodón; podían entretejer 
sentencias, pero no géneros de lana. Podían hacer discursos, 
pero no máquinas ; podían hacer versos, pero no vestidos ; 
podían aprender los derechos del hombre, pero no podían 
subvenir á sus necesidades. Podían escribir inflamadoras 
arengas de valor, pero no podían hacer un cañón ó una 
cantimplora para la polvera; podían organizar ejércitos, 
pero no levantar industrias ; podían inspirar entusiasmo á 
sus tropas, pero no podían suplirlos con mantas. 

Con todo su algodón no podían hacer un pañuelo; con 
todo su ganado lanar y todas sus facilidades naturales para 
producir lana y convertirlos en paño, no podían hacer un 
vestido. Con todas las oportunidades para establecer manu- 
facturas, no podían hacer una aguja, un cuchillo, una bayo- 
neta ó un botón. Con todos sus amplios recursos naturales 
y con oportunidades iguales á los del Norte, el pueblo del 
Sur, fijándose siempre en el presente y nunca en el mañana, 
dejaron permanecer inertes, en sus campos, el hierro, el car- 
bón,.}' otros minerales valiosos, en cantidades sin límites. 

No podían producir nada sino las materias primas de la 
agricultura, y aun* estas en poca variedad. Su civilización 
era una que desdeñaba ser útil y se contentaba con perma- 
necer estacionaria. 

Por tanto, cuando en la hora suprema de la necesidad 
necesitaron vestidos, armas, municiones y medios de trans- 
porte, se hallaban sin fábricas, molinos, talleres de construc- 
ción ; sin ferrocarriles, instrumentos y hombres expertos. 
Si no hubiera sido por sus esclavos se hubieran visto sin 
alimentos. Sus soldados sufrieron por falta de vestido á pro- 
pósito ; algunos murieron de frío, y muchos, especialmente 
á la terminación de la guerra, usaban uniformes hechos de 
pedazos de alfombra. Como los desamparados aborígenes, 
tenían que esperar del enemigo todos los recursos para hacer 
la "Tierra. 



207 



Por qué Soy Proteccionista. 

Extracto del Economista Americano publicado en el Diario de Se- 
siones del Congreso en Junio 20 de 1904. 

(Por el Hon. Justin S. Mgrrill, anterior Senador de los 
Estados Unidos por Verniont, autor de la tarifa Morrill de 
1 86 1.) 

Primero : Revine las industrias diferentes que nunca dejan 
de aumentar la inteligencia personal, la industria y los sala- 
rios del pueblo. 

Segundo : Contribuye prodigiosamente al poder de aumen- 
tar las necesidades de la vida, y abaratar grandemente el 
costo de la subsistencia por la fuerza de la maquinaria, el 
vapor y el agua. 

Tercero : Facilita una oportunidad á cada persona para 
hallar el empleo mejor adaptado á su genio y capacidad, que 
le asegure la mayor entrada posible y la mayor felicidad. 

Cuarto : Crea un mercado doméstico, sin el cual los culti- 
vadores de la tierra en América se encontrarían muy poco 
mejor que nuestros aborígenes. 

Quinto : Es el baluarte de la independencia nacional en la 
paz y en la guerra. 

(Por el Hon. George F. Ploar, Senador de los Estados 
Unidos por Massachnsetts.) 

Soy un proteccionista porque creo que con esa política los 
trabajadores de América estarán bien pagados y no ganando 
bajos salarios. 

Porque creo que con esa política se creará la variedad de 
industrias, que harán á la América fuerte en la paz y en la 
guerra. 

Porque las industrias fomentadas así, desarrollarán la ha- 
bilidad y el poder del cerebro de mis compatriotas, y eleva- 
rán al pueblo de los Estados Unidos al primer rango, en 
inteligencia, entre las naciones de la tierra. 

Porque esa política nos ha hecho ya los más ricos y más 
fuertes de la tierra, y por medio de una ley de inmigración, 
convenientemente restrictiva, llegaremos á conseguir lo que 
es de más valor para poblar nuestras tierras. 






208 

{Por el Hon. S. M. Cullom, Senador de Jos Estados Uni- 
dos por Illinois.) 

Primero: Porque como resultado del alto grado de nues- 
tra tarifa proteccionista los Estados Unidos han llegado á 
ser una de las principales naciones del mundo. 

Segundo: Porque con la política de fomentar las indus- 
trias americanas el desarrollo de nuestros intereses manufac- 
tureros se ha garantido ; el genio inventivo de nuestro pueblo 
ha hallado campo; el trabajo americano ha llegado á ser el 
mejor pagado, y como consecuencia de esto nuestros trabaja- 
dores son los que están mejor abrigados, mejor vestidos y 
mejor alimentados ; y el maravilloso desarrollo y progreso 
en este país, en todo lo que hace á un pueblo grande, ha 
atraído la admiración del mundo civilizado. 

En vista de estos hechos, que son bien conocidos, creo en 
una tarifa protectora, que obtenga una protección razonable 
para el trabajo y la industria de América. 

{Por el Hon. WiUiam P. Frye, Senador de los Estados 
Unidos por Maine.) 

Porque los hechos se nos ponen de frente, no las teorías. 
Yo he visto á los jornaleros de la Gran Bretaña y del Con- 
tinente de Europa ; conozco cómo viven ; que están sin casa 
y sin tierra por lo que á la propiedad se refiere ; que están 
desamparados y sin esperanzas de un porvenir más brillante 
para ellos y sus hijos; que en sus escasos salarios no hay 
margen para afrontar la desgracia ó una enfermedad, siendo 
el pauperismo su único refugio. 

Yo sé que en esta República el trabajador prudente, so- 
brio é industrioso, está seguro de una abundante remunera- 
ción ; que su ambición de prosperar rara vez fracasa ; que 
posee casas y tierras ; que los lujos del trabajador de Europa 
son las ordinarias necesidades del americano. ¿Cómo en- 
tonces podemos competir con los primeros y mantener nues- 
tra superioridad en estos respectos? El vapor y la electrici- 
dad han hecho del mundo una vecindad, eliminando larga- 
mente "la protección una vez acordada por el tiempo, la dis- 
tancia y el transporte. Hay un solo medio de resolver este 
problema : La legislación para nosotros mismos y una tarifa 
para la protección. 

{Por el Hon. N. D. Sperry, M. C, de New Haven, Conn.) 

Porque soy un ciudadano americano y deseo ver al pueblo 

de este país próspero. La experiencia de más de cuarenta 



años en los negocios me ha enseñado que bajo una tarifa ó 
contribuciones bajas, la depresión en los negocios y la cala- 
midad financiera han sido la norma, mientras que bajo la 
protección los buenos negocios y la prosperidad general han 
sido el resultado. 

Cosas que Deben Recordarse. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles Dick, de Ohio, en 
el Diario de Sesiones, en Junio 5 de 1904. 

No puede haber prosperidad general es este país hasta que 
no paremos la conspiración de los que quisieren hacer del oro 
el patrón universal. Primera batalla de Bryan, p. 41. 

Si somos derrotados en esta campaña, no hay otra cosa. 
ante el pueblo que cuatro años más de duros tiempos y mayor 
agitación y entonces la victoria vendrá. (Bryan en Balti- 
more, en Septiembre 19 de 1896.) 

Sabemos que la victoria no vino para Mr. Bryan en 1900, 
pero á su derrota de 1896 se siguieron cuatro años más de 
duros tiempos. Dejemos á las irrefutables cifras que res- 
pondan. 

Año fiscal. Año fiscal. 

1897 1901 

Exportaciones $1,050,000,000 $1,487,000,000 

Importaciones 764,000,000 823,000,000 

Rentas del Gobierno 347,000,000 587,000,000 

Producción de las fábricas. . 10,000,000,000 14,000,000,000 

Manufacturas exportadas. ... 200,000,000 450,000,000 

Entradas postales 82,000,000 111,000,000 

Derechos de peaje por los 

ferrocarriles . . . 184,591 198,787 

Producción de oro 57,000,000 78,000,000 

Producción de plata . 69,000,000 77,000,000 

Intereses de la deuda pública . 34,000,000 29,000,000 

Oro en el Tesoro 696,000,000 1,124,000,000 

Depósitos, Bancos Nacionales 1,613,000,000 3,044,000,000 
Depósitos, Cajas de Ahorros, 1,935,000,000 2,650,000,000 
Ganancias netas de los ferro- 
carriles 369,000,000 558,000,000 

Mr. Bryan predijo cuatro años más de duros tiempos, al 
menos que el país no se inclinase á los demócratas ; pero 
se inclinó á los republicanos, y en lugar de cuatro años de 



210 

daros tiempos, las cosas marcharon mejor cada año, n© 
resultando disminuciones (excepto 5,000,000 de disminución 
en la deuda pública) pero sí aumentos en toda la linea. Dan- 
do á su predicción los cuatro años completos para llegar á 
ser efectiva, el análisis de los números arriba expuestos de- 
muestra aumentos en el cuarto año como sigue, bajo la po- 
lítica y manejos republicanos. 

Aumento en 1901 sobre 1897, 

Exportaciones $437,000,000 

Importaciones 59,000,000 

Rentas del Gobierno 240,000,000 

Producción de las fábricas ....... 4,000,000,000 

Entradas postales 29,000)000 

Producción de oro 21,000,000 

Producción de plata 8,000,000 

Oro en el Tesoro 428,000,000 

Depósitos, Bancos Nacionales. . . . • 1,431,000,000 

Depósitos, Cajas de Ahorros 715,000,000 

Ganancias netas de los ferrocarriles 180,000,000 



Total de aumentos republicanos, $7,557,000,000 

Y la lista de aumentos podría ser largamente extendida. 

Estos resultados prueban que las falsas profecías de Mr. 
Brvan y sus disparatadas aserciones hicieron más daño que 
bien á la causa democrática en 1896, y repitieron sus per- 
juicios con peores resultados para el partido de Bryan en 
1900. 

Cosas que deben recordarse. 

Recuérdese 1893-1896 y los días de malestar industrial. 

Recuérdese 1893-1896 y los miles de mecánicos aptos bus- 
cando en vano trabajo. 

Recuérdese 1893-1896 y los cientos de miles de trabaja- 
dores vagando por las calles desde la salida del sol hasta su 
puesta, buscando trabajo que no podían encontrar. 

Recuérdese. 1893-1896 y el sinnúmero de mujeres y niños, 
esperando, desmayados y hambrientos, por el pan que jamás 
llegaba. 

Recuérdese 1893- 1896 y los apesadumbrados, los preocupa- 
dos, las deudas no pagadas é impagables, y el cortejo de 
males que acompañan al hombre que no tiene trabajo. 



211 

Recuérdese 1893- 1896 y el propietario esperando á la puer- 
ta por el dinero de los alquileres que no podían ser propor- 
cionados. 

Recuérdese 1893- 1896 cuando el silbato de la fábrica dejó 
de resonar para otro día de trabajo y otro día de paga. 

Recuérdese 1893-1896 y á las viudas y niños necesitados 
de ropa. 

Recuérdese 1893- 1896 y las casas de sopa no americanas 
y otras formas de caridad pública necesarias para ayudar á 
los que necesitaban algún amparo cuando no podían obtener 
trabajo. 

Recuérdese 1893- 1896 y las ilusorias promesas hechas por 
el partido democrático en la campaña de 1892. 

Recuérdese 1893-1896 y las promesas cumplidas, hechas 
por el partido republicano en la campaña de 1896. 

Recordando estas promesas republicanas y su cumpli- 
miento en los años después trayendo á la memoria las pro- 
mesas no cumplidas del partido demócrata y los amargos 
años de 1893- 1896, ¿que se ganaría al votar la candidatura 
democrática de 1904? 



La Llamada Reforma de la Tarifa no lia 
Resultado Satisfactoria. 

Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Laceyde, de Iowa, 
en la Cámara Representativa, en Marzo 23 de 1897, y publicadas 
en apéndice, para ser unido al Diario de Sesiones, Vol. 30, pá- 
gina 70. 

No es necesario en este debate tratar de probar que el re- 
ciente experimento de la llamada reforma de la tarifa no ha 
resultado satisfactorio. Las quiebras en los negocios ocu- 
rrirán, y las desgracias se presentarán bajo cualquiera sis- 
tema ; pero la evidencia indica sin disputa, que los mejores 
tiempos han reinado cuando el sistema proteccionista ha sido 
completamente reconocido, que cuando la política opuesta ha 
prevalecido. No me internaré en una historia remota, pero 
he compilado una memoria de los pasivos de los deudores 
quebrados durante los cuatro años que acaban de terminar, 
y también durante los cuatro anteriores años de la adminis- 
tración del General Harrison. 

Por los cuatro últimos años el montante aumentó casi al 
50%, comparado con el del período de Harrison, 



212 

Pasivos totales de los deudores quebrados en los Estados 
Unidos durante las administraciones de Cleveland y Harri- 
son: 

La de Harrison. 

1889 $148,784,337 

1890 189,856,964 

1891 189,868,638 

1892 1 14,044,167 

Total $649,564,106 

La de Cleveland. 

1893 $346,779,889 

1894 • 172,992,856 

1895 173,196,060 

1896 226,096,834 

Total '. $919,065,639 

Pero no obstante nuestras últimas experiencias, se nos ob- 
sequia otra vez con las viejas sierras del pasado. 

Se nos ha dicho seriamente que nos proponemos "hacer 
al pueblo rico y feliz imponiéndole contribuciones." Esta 
vieja frase ha prestado servicios en muchas campañas del li- 
bre-cambio. 

Se nos ha dicho también que el propuesto bilí aumentará 
inmediatamente el precio de todas las cosas y que por tanto 
será un perjuicio para el pueblo. 

Los mismos oradores que en el último otoño se estaban 
proponiendo doblar *eí precio de todas las cosas cambiando el 
patrón de valor, están ahora ocupados en prevenirnos de que 
un aumento en los precios es una cosa peligrosa. 

La controversia entre los dos partidos es muy simple como 
también muy antigua. 

Nuestros antepasados en 1789 pusieron en movimiento las 
ruedas de la gobernación. El primer bilí que pasaron fué 
un acta definiendo la clase de juramento que los oficiales del 
Gobierno debían prestar, y dispuso que los hombres del Con- 
greso y los otros oficiales federales deberían jurar apoyar la 
Constitución. Muchos de los miembros de este primer Con- 
greso se habían sentado como miembros que redactaron la 
Constitución. La segunda acta del primer Congreso fué 
un bul de tarifa proteccionista, y se leía en el preámbulo ; 



2I 3 

Considerando que es necesario para el sostenimiento del 
Gobierno, para la descarga de la deuda de los Estados Uni- 
dos y el estímulo y protección de las industrias, que se im- 
pongan derechos sobre los géneros, artículos y mercancías 
que se importen, Resolvemos, etc. 

Y sin embargo durante el presente debate, hay señores que 
han discutido el poder constitutional del Gobierno para poner 
en vigor una tarifa sobre la base protectora. 

Es sorprendente que el primer Congreso que se reunió 
pasase un bilí como su primera ley, exigiendo un juramento 
para sostener la Constitución de los Estados Unidos, y des- 
pués, en el próximo bilí proceda á violarla pasando una ley 
para una tarifa protectora. Mas el Presidente Washington 
celebró en 4 de Julio de 1879 firmando la primera ley de la 
tarifa promulgada bajo la base de la política de Alejandro 
Hamilton. 



Los Forniuladores de la Constitución Conside- 
raron la Protección como la Inspiración 
de Nuestras Libres Instituciones. 

Extracto de las declaraciones del Hon. W. P. Brownlowde, de Ten- 
nessee, en la Cámara Representativa, en Marzo 25 de 1897, y 
publicadas en el apéndice para agregarse á las Sesiones del Con- 
greso, Vol. 30, página 66. 

Los sabios formuladores de la Constitución, inspirados por 
el cielo, ese documento inmortal, círculo de oro de la unión, 
consideraba la protección como la inspiración de nuestras 
libres instituciones y el lecho de roca del desenvolvimiento 
y prosperidad de nuestra nación. 

Al referirse á nuestra nación "como pueblo libre" se le 
ocurre al Presidente Washington este significante párrafo 
en su primer mensaje : 

"Su seguridad é interés exigen que promuevan aquellas 
manufacturas que tiendan á hacerlos independientes de otros 
para las cosas esenciales." 

Thomas JefTerson, el supuesto fundador del presente par- 
tido democrático, cuya memoria los libre-cambistas aparecen 
reverenciar tan grande y agradecidamente, usa este sencillo 
y animador lenguaje con referencia á la protección. 

La pregunta general es : Deberemos proporcionarnos 
nuestras propias comodidades ó prescindir de ellas á la vo~ 



214 

luntad de una nación extranjera? El que está, por tanto, 
contra las manufacturas domésticas, debe ser para reducirnos 
á la dependencia de otra nación ó para vestirnos de pieles 
y vivir en cavernas ó antros. Me enorgullezco en decir 
que no soy uno de ellos. La experiencia me ha enseñado que 
las manufacturas son tan necesarias para nuestra indepen- 
dencia como para nuestras comodidades. 

Los derechos prohibitivos que imponemos sobre artículos 
extranjeros, que la prudencia nos exige establezcamos en 
casa con la patriótica determinación de todo buen ciudadano 
de no usar artículo extranjero que puede ser hecho dentro 
de nosotros mismos, sin consideración á la diferencia de pre- 
cio, nos garantiza contra la recaída dentro de la dependencia 
extranjera. 

Mi opinión es que debemos estimular nuestras manufactu- 
ras domésticas a la par de la extensión de nuestro consumo, 
de los cuales cultivamos la materia prima. 

James G. Blaine, el famoso autor de la reciprocidad, una 
pieza diplomática que ha salvado al país millones de dollars, 
y que fué de los estadistas más estudiosos, observadores y 
de claro talento de su época, dijo refiriéndose á la tarifa Mc- 
Kinley ; 

El beneficio de la protección ia, primero y después, al 
hombre que gana el pan con el sudor de su frente. El re- 
sultado propicio y de importancia es que jamás antes en la 
historia del mundo, se había gozado de más comodidad, se 
había adquirido mayor educación, y la independencia asegu- 
rada por una mayoría tan grande de la población total como 
en los Estados Unidos de América. 

En 1816 John C. Calhoun, ese verdadero y probado demó- 
crata, que la democracia del Sur siguió con la misma devo- 
ción con que las tropas francesas siguieron á Napoleón, en 
un vigoroso discurso á favor del proteccionismo dijo en el 
curso de su invencible argumento á favor de esta política : 

"Cuando nuestras manufacturas hayan crecido hasta cierto 
grado de perfección, como sucederá bajo el esmerado cui- 
dado del Gobierno, el labrador encontrará un fácil mercado 
para su producto excedente, y lo que será casi de igual con- 
secuencia; un abastecimiento barato y positivo de todas sus 
necesidades. Su prosperidad se difundirá entre todas las 
clases de la comunidad. Una tarifa protectora es calculada 
para atar junto y más estrechamente nuestra extensa Repú- 
blica y dar mayor nervio al brazo del Gobierno. 



Andrew Johnson, el autócrata, y ahora el santo patrón 
del partido democrático, en 1824, entonces senador de los 
Estados Unidos, declaró : 

"La Providencia ha llenado nuestros llanos y montañas 
de minerales de plomo, hierro y cobre — y nos ha dado un 
clima y un suelo para el cultivo del henequén y la lana. 
Siendo estos los grandes materiales de nuestra defensa na- 
cional, debían haber extendido para ellos adecuada y justa 
protección, para que nuestros manufactureros y labradores 
puedan ser colocados en justa y adecuada competencia con 
los de Europa, y para que podamos tener dentro de nuestro 
país un abastecimiento de los principales y más importantes 
artículos para la guerra. Hemos estado mucho tiempo su- 
jetos á la política de los comerciantes británicos. Es tiempo 
de que lleguemos á ser un poco más americanizados, y en 
lugar de alimentar á los indigentes y trabajadores de Europa, 
alimentemos los nuestros ; ó dentro de poco tiempo, conti- 
nuando nuestra presente política (la tarifa para contribu- 
ciones solamente, de 1816) nos convertiremos todos en indi- 
gentes. Es mi opinión, por tanto, de que una cuidadosa y 
juiciosa tarifa es muy necesaria. " 



La Tarifa Significa el Máximum de Seguridad 

para el Capital y el Máximum 

de Incentivo. 

Extracto del hondón Daily Telegraph publicado en el Diario de Se- 
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904. 

La llave del poder de la competencia en la edad moderna es 
el estímulo del capital. Por tanto, es claro que las tarifas 
en países como América, Alemania y Francia signifiquen el 
máximum de seguridad para el capital y el máximum de in- 
centivo. Las importaciones libres, convirtiendo un país en 
el lugar de descarga para todo el excedente de todos los 
demás y exponiendo al manufacturero de casa á los ataques 
de los rivales extranjeros, quienes están todos protegidos 
por sus contra operaciones; las importaciones libres, decimos, 
significan necesariamente bajo estas circunstancias el míni- 
mum de seguridad para el capital y el mínimum de estímulo. 
Esta es verdaderamente nuestro verdadera enfermedad in- 
dustrial. 

Un corresponsal nos suplica que establezcamos el caso de- 



2l6 

mostrando en detalle en qué comercios nuestro progreso ha 
sido paralizado, y en qué artículos las importaciones de ma- 
nufacturas extranjeras han aumentado. Miraos en este es- 
pejo. Demostración: 

EXPORTACIONES MANUFACTURADAS EX INGLATERRA, EX 
DIEZ RENGLONES PRINCIPALES. 

( Montantes en millones de libras esterlinas.) 

1S90 1902 

Hierro y acero 315 29.0 

Máquinas de vapor y maquinaria.... 16.4 18.7 

Ferretería y cuchillería 2.7 21 

Géneros de algodón 62.0 65.0 

ídem de lino 5.7 54 

ídem de paños 20.4 15.2 

Vestidos 5.6 6.2 

Agujas, hilos, cintas, alfileres, etc.. 2.1 1.7 

Obras de barro 2.5 20 

Drogas y efectos químicos 8.9 9.5 

Total 158.8 155.8 

Y mirad el cuadro opuesto : 

IMPORTACIONES EX EL REIXO UNIDO, MANUFACTURADAS 
EX DIEZ RENGLONES PRINCIPALES. 

(Montante en millones de libras esterlinas.) 

1890 190? 

Géneros de algodón 

Manufacturas de vidrio 

Manufacturas de hierro y acero 

Artículos de pieles 

Sedas 

Lanas 

Manufacturas de papel y cartón 

Relojes de mesa y bolsillo 

Zinc .4 .5 

Misceláneas 19.6 28.0 

Total 61.3 87.7 



2-3 


4-7 


2 


3-2 


3 1 


8-3 


8,4 


11. 1 


i-3 


14.2 


1. 1 


11.4 


i-9 


44 


1.2 


1-9 



2I 7 

Estos, repetimos, son cifras espantosas. ¿Qué hubiera 
Cobden pensado si él hubiera previsto el tiempo en que se- 
ríamos compradores de algodones como también de maíz, 
compradores de metales así como de carnes ; y cuando nues- 
tras importaciones de textiles y hierro demostrarían en una 
década un aumento en absoluto mayor, un aumento relativo, 
inmensamente mayor que nuestras exportaciones de todas 
clases de mercancías ? Ni es un misterio con respecto al cur- 
so por el cual nuestro comercio, aparte de las colonias, es 
lanzado á la circunferencia y atacado en su base. Los ame- 
ricanos tienen su mercado propio de 80,000,000 de almas y 
el nuestro de 40,000,000. 

Los alemanes tienen su mercado propio de cerca de 
60,000,000 de almas y el nuestro de 40,000,000. El manu- 
facturero británico tiene que compartir, su mercado libre con 
todos sus rivales. No es posible para el capital insular, bajo 
estas condiciones, competir, ó que las empresas insulares 
sobrevivan. 

Es tan cierto que el capital está desanimado, las empresas 
reprimidas y el empleo restringido bajo las importaciones 
libres en este país, como que todos los tres han sido estimu- 
lados durante la última década en las grandes naciones com- 
petidoras. 



Panamá. 

Otro glorioso capítulo en la historia fie la República. 

Extracto de las declaraciones del Hon. George F. Hoar, de Massa- 
chusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Fe- 
brero 22 de 1904. 

El 9 de Diciembre presenté una proposición suplicando al 
Presidente que diera todos los informes, no incompatibles 
con el interés público, sobre todo lo que se ha hecho respecto 
de Colombia y de la nueva república de Panamá, en lo to- 
cante al tratado sobre el canal. 

Ocurre algo muy particular en este caso. Una gran parte 
de la prensa americana, tanto democrática como la llamada 
independiente, ha dirigido severas acusaciones al Presidente. 
El eco de esas acusaciones ha llegado hasta nosotros desde 
los países extranjeros. 

Se acusa al Presidente de haber fomentado la revolución 
de Panamá. Estos cargos son, en mi concepto, falsos y mal- 



2l8 

vados. Por lo que á mí respecta, afirmo y sostengo que no 
he creído una palabra de ellos. 

Si tuve ó no razón, el Presidente y el Secretario de Estado 
lo han decidido. Pocos días después de presentada mi pro- 
posición enviaron al Congreso dos mensajes conteniendo to- 
da la historia de la transacción y de nuestras relaciones con 
Colombia y Nueva Granada, acompañados de un enérgico 
mentís de todas las imputaciones á que me he referido. 

Por el contenido del tratado de 1846 los Estados Unidos 
garantizaban positiva y eficazmente á Nueva Granada, como 
especial compensación por el derecho de vía y las ventajas 
y favores del tratado, la perfecta neutralidad del mencionado 
istmo, con objeto de que el tránsito de uno á otro mar no se 
interrumpiera en ningún tiempo. 

Pero aquella obligación estaba á mi juicio limitada bajo 
toda razón y derecho por la absoluta necesidad de proteger 
y garantizar aquella soberanía. 

Creo que, aunque en mi opinión, el tratado de 1846 nos 
obligaba á proteger la soberanía de Colombia contra todo 
evento, ó contra todo ataque así extranjero como doméstico, 
aquella obligación no tenía otro fin que la protección del 
istmo. 

Desde el momento en que Panamá se hizo independiente 
y estableció su gobierno, nuestra obligación de defender el 
istmo, que pasó de Nueva Granada á Colombia, ha pasado 
ahora de Colombia á Panamá. 

Esta República tiene derecho á reclamar las ventajas con- 
tenidas en el tratado de 1846, así como tiene derecho para 
exigir el cumplimiento de las obligaciones contenidas en el 
tratado Hay-Herran con Colombia. 

Todos estos hechos, toda la historia relacionada con ese 
tratado eran bien conocidos del Presidente cuando procedió. 
Había razones poderosas para dejar determinada la situa- 
ción futura del istmo y la pronta construcción del canal. 

Yo apruebo la celebración de ese tratado. Yo celebraré 
que cuanto antes empiece la construcción del canal por la 
única nación de la tierra capaz de terminarlo. Ese será otro 
glorioso capítulo en la historia del mundo, y otra gloriosa 
página en la historia de la República, 



219 



Solemne Contrato para la Seguridad del Istmo. 

Extracto del mensaje del Presidente Roosevelt, publicado en el 
Diario de Sesiones del Congreso, Diciembre 7 de 1903. 

Cuando el Congreso dispuso que se eligiese la vía de 
Panamá con arreglo á un tratado con Colombia, la esencia 
de esta condición, naturalmente, no se refería al gobierno que 
dominaba en el canal, sino al canal mismo ; al territorio por 
el cual pasaría el canal, no al nombre en que por entonces 
era conocido aquel territorio en el mapa. 

El objeto de la ley era autorizar al Presidente á celebrar 
un tratado con la potencia que tuviese el dominio del istmo 
de Panamá en el año 1846. Este Gobierno celebró un tra- 
tado con Nueva Granada, antecesora en el dominio del istmo 
de la República de Colombia y de la actual República de 
Panamá, en cuyo tratado se disponía que el gobierno y los 
ciudadanos de los Estados Unidos tendrían siempre libre y 
absoluto derecho para transitar por el istmo de Panamá por 
todos los medios de comunicación que pudieran construirse, 
y que en cambio nuestro Gobierno garantizaría la perfecta 
neutralidad del mencionado istmo con objeto de que el trán- 
sito de uno á otro mar no se interrumpiese ni dificultase. 

El tratado concedía á los Estados Unidos la propiedad y 
derechos que Nueva Granada ejercía sobre aquel territorio. 

El nombre de Nueva Granada desapareció, y el territorio 
fué dividido. Su sucesor, el Gobierno de Colombia, cesó de 
ejercer soberanía y propiedad sobre el istmo. 

Una nueva República, la de Panamá, que fué en un tiempo 
un estado soberano, y más tarde un simple departamento de 
las sucesivas confederaciones conocidas con el nombre de 
Nueva Granada y Colombia, ha sucedido ahora en los dere- 
chos que éstas- ejercieron antiguamente sobre el istmo. 

Pero mientras el istmo exista, el simple hecho geográfico 
de su existencia, y el interés que tenemos en su posesión, 
perpetúa el solemne contrato que nos concede la posesión 
del territorio y el derecho de transitar á través del istmo, al 
mismo tiempo que perpetúa nuestra obligación de proteger 
el istmo y garantizar al mundo el ejercicio de ese inestimable 
privilegio. 

En la pasada primavera se terminó un tratado entre los 
representantes de la República de Colombia y nuestro Go- 
bierno ; que fué ratificado por el Senado. 



220 

Dicho tratado se celebró á solicitud del Gobierno de Co- 
lombia, y después que una comisión de expertos nombrada 
por nuestro Gobierno para estudiar las vías practicables á 
través del istmo se hubo declarado unánimemente en favor 
de la de Panamá. 

En el texto de aquel tratado se hacían toda clase de con- 
cesiones al pueblo y al Gobierno de Colombia. 

A pesar de eso el Gobierno de Colombia no sólo rechazó 
el tratado, sino que lo hizo en una forma tal que evidenciaba 
la intención del Congreso Colombiano de aplazar indefinida- 
mente la celebración de un nuevo tratado. 

Inmediatamente después de suspendidas las sesiones del 
Congreso estalló una revolución en Panamá. Este pueblo 
estaba desde hacía tiempo descontento de la República de 
Colombia, y se mantenía tranquilo sólo ante la perspectiva 
de la conclusión del tratado, que era para él asunto de vital 
interés. Cuando se vio que el tratado había muerto para 
siempre, el pueblo de Panamá se levantó como un solo hom- 
bre. Ni un solo tiro se disparó en el istmo en defensa del 
Gobierno de Colombia. Ni una sola vida se perdió al con- 
sumarse la revolución. 

Las tropas colombianas estacionadas en el istmo, á las que 
hacía tiempo no se pagaba sus sueldos, hicieron causa común 
con el pueblo de Panamá, y con asombrosa unanimidad se 
estableció la nueva República. 

Panamá. 
Las acusaciones de complicidad carecen de fundamento. 

Extracto del mensaje del Presidente Roosevelt, en el Diario de Se- 
siones del Congreso, Enero 4 de 1904. 

Al Senado y Casa de Representantes. 

Presento ante el Congreso para su inteligencia un informe 
de mi actuación como ejucutante del decreto aprobado por el 
Congreso para proceder á la construcción de un canal que 
una las aguas de los océanos Atlántico y Pacífico, y publica- 
do en Junio 28 de 1902. 

Conforme á dicho decreto, el Presidente quedó autorizado 
para asegurar en favor de los Estados Unidos la propiedad 
de la Compañía del Canal de Panamá y el perpetuo dominio 
sobre una faja de tierra de seis millas de ancho a través del 
istmo. 



22 í 

También se disponía que si el Presidente no podía obtener 
para los Estados Unidos un título absoluto de propiedad 
sobre la nueva Compañía del Canal de Panamá, y el dominio 
del territorio necesario de la República de Colombia, en un 
tiempo razonable y en razonables condiciones, entonces el 
Presidente dispondría lo necesario para utilizar la vía de 
Nicaragua. 

Cuando este gobierno sometió á Colombia el tratado Hay- 
Herran se plantearon tres cuestiones distintas : 

Primera : El canal debe ser construido inmediatamente. 

Segunda : Las condiciones impuestas por los Estados 
Unidos no tendrán otro objeto que el de establecer y estre- 
char las más amigables relaciones con el pueblo de Colombia. 

Tercera: El Congreso determinará dónde habrá de cons- 
truirse ei canal. 

Se acordó también la celebración de un tratado para la 
construcción de un canal á lo largo del istmo, y que si des- 
pués de transcurrido un tiempo razonable no era posible 
celebrar dicho tratado, entonces se adoptaría la vía de Nica- 
ragua. 

Cuando en Agosto pareció probable que el Congreso de 
Colombia acordaría rechazar el tratado, me pareció pru- 
dente estudiar .con detenimiento la situación y poner en co- 
nocimiento del Congreso las varias alternativas en que nos 
encontrábamos. 

Una era, que Colombia reconociera al fin lo imprudente 
de su posición ; otra era, que al cerrarse las sesiones en Oc- 
tubre sin haberse ratificado el tratado con Colombia y sin 
haberse hecho nada definitivo con Panamá, el Congreso ame- 
ricano, reunido en Noviembre, estudiaría la situación creada 
en perjuicio de la construcción del canal de Panamá y dis- 
pondría lo necesario para el uso de la vía de Nicaragua. 

La tercera alternativa fué que el pueblo del istmo, que en 
otro tiempo constituyó un estado independiente y que pos- 
teriormente se unió á Colombia con un débil lazo de solidari- 
dad federal, declarase su independencia y estableciese un 
gobierno capaz de llevar á cabo esa grandiosa obra de civili- 
zación. 

Esta tercera alternativa vino á realizarse á última hora. 
Todos sabemos que lo que en un principio se consideró como 
una simple posibilidad, en Octubre se convirtió en una in- 
minente probabilidad. 

Envista de esos sucesos envié instrucciones- á la Secretaría 



222 

de Marina para que dispusiese el envío de barcos de guerra 
al istmo en previsión de lo que pudiera ocurrir. 

En Noviembre 2, cuando el Congreso Colombiano suspen- 
dió sus sesiones, parecía inminente una ruptura, y cuando se 
anunció que tanto por parte de Panamá como de Colombia 
se disponían fuerzas para una lucha sangrienta, envié las 
siguientes instrucciones á los comandantes del Boston, del 
Nashvilie y del Dixie : 

"Mantener libre y constante el tránsito. Si ocurre una 
interrupción restablézcase aquel con fuerzas armadas que 
ocupen la línea del ferrocarril. Evitar el desembarco de 
ninguna fuerza armada de ninguno de los dos bandos en un 
espacio de cincuenta millas alrededor de Panamá." 

Estas órdenes fueron dictadas como consecuencia de la 
política que este Gobierno venía siguiendo con insistencia. 

El 3 de Noviembre el Comandante Hubbard contestó al 
anterior telegrama diciendo que antes de recibirlo habían 
desembarcado en Colon 400 soldados procedentes de Carta- 
gena; que no había habido revolución en el istmo, pero que 
la situación se haría muy crítica si los jefes revolucionarios 
acordaban luchar. 

Con esta misma fecha la Prensa Asociada en Washington 
recibió un telegrama diciendo que había estallado una re- 
volución. 

Cuando esto llegó á noticia del Secretario de Estado se 
envió el siguiente telegrama al cónsul general en Panamá y 
al cónsul en Colón : 

"Noticias de revolución en el istmo. Tenga á este Departa- 
mento constante y completamente informado." 

Antes de mandarse ese telegram se recibió uno del cónsul 
en Colón, que decía así : 

"Revolución inminente ; fuerzas Gobierno en el istmo cer- 
ca 500 hombres ; sus oficiales ofrecen ayudar revolución. El 
buque del gobierno Cartagena, con cerca cuatrocientos 
hombres, llegó hoy temprano con nuevo General en Jefe 
Tobar. No era esperado hasta Noviembre 10. La llegada 
de Tobar probablemente no detendrá la revolución." 

Este telegrama fué recibido á las 2.35 de la tarde y á las 
3.40 Mr. Loomis envió el telegrama que ya estaba preparado 
para Panamá y Colón. 

Seguramente el cónsul general en Panamá no había reci- 
bido la noticia contenida en el telegrama á la Prensa Aso- 
ciada y en el que el Secretario de Estado basó el suyo. 



223 

Inmediatamente después se recibió otro telegrama diciendo 
que la revolución había estallado y que había triunfado sin 
derramamiento de sangre. 

El cañonero colombiano Bogotá bombardeó al día si- 
guiente la ciudad de Panamá sin otro resultado que la muerte 
de un chino. 

El cónsul general le notificó que suspendiera el fuego. 
Mientras tanto el Comandante Hubbard participaba al De- 
partamento de Marina que había desembarcado una fuerza 
para proteger las vidas y propiedades de los ciudadanos ame- 
ricanos contra las fechorías de la soldadesca colombiana. 

Antes de que se diera ningún paso por las tropas de los' 
Estados Unidos para restablecer el orden, el jefe de las 
fuerzas colombianas desembarcadas usó de cierta violencia 
con los ciudadanos americanos, lo cual creó una seria compli- 
cación. 

Según comunicó el Comandante Hubbard en una carta 
fechada el 5 de Noviembre, aquel jefe y sus soldados pre- 
tendieron hacer fuego contra los soldados americanos, y 
únicamente la prudencia y sangre fría de nuestros oficiales 
pudieron evitar un derramamiento de sangre. 

Este informe oficial de todo lo que ocurrió el 4 de Noviem- 
bre demuestra que, á pesar de haber sido mucha la previsión 
del Gobierno americano para el mantenimiento del orden y 
la protección de las vidas y propiedades en el istmo, las ór- 
denes. para el movimiento de los buques de guerra america- 
nos se retardaron demasiado ; tanto que no hubo más que 42 
marineros y soldados disponibles para desembarcar y pro- 
teger las vidas de las mujeres y los hombres americanos. 

Cuando la revolución estalló no había en Panamá ni un 
solo soldado ni un solo marinero americano. 

En Colón el Comandante Hubbard procedió con entera 
imparcialidad hacia ambos partidos, evitando todo movi- 
miento tanto por parte de los colombianos como de los pana- 
meños que pudiese dar lugar á un combate sangriento. 

El 9 de Noviembre se opuso á que un grupo de revolucio- 
narios desembarcase en Colón. 

No me quiero ocupar de las injuriosas insinuaciones diri- 
gidas contra este Gobierno sobre su supuesta complicidad en 
el movimiento revolucionario de Panamá. Están tan des- 
provistas de fundamento como de corrección. 

Mi única excusa al mencionarlas es el temor de que alguien 
pueda tomar mi silencio como aquiescencia. 



224 

Creo necesario decir,, sin embargo, que ningún funcionarlo 
relacionado con este Gobierno ha tenido parte alguna en la 
preparación, instigación ó consumación de la reciente revolu- 
ción en el istmo de Panamá, y que salvo los informes de 
nuestros oficiales militares y navales, ningún funcionario de 
este Gobierno ha tenido previo conocimiento de la revolu- 
ción, excepto los que no pueden escaparse á ninguna persona 
inteligente que lee los periódicos y está más ó menos enterada 
de los negocios públicos. 

Por unánime voluntad de su pueblo, sin disparar un tiro, 
con una prudencia jamás vista en casos semejantes, el pueblo 
de Panamá se convirtió en una república independiente. 

El reconocimiento por parte de nuestro Gobierno se fundó 
en hechos que están perfectamente justificados con nuestros 
actos en análogos casos. Nuestra actitud como pueblo civi- 
lizado ha sido ampliamente justificada con la rapidez con que 
las potencias, unas después de otras, han seguido nuestro 
ejemplo reconociendo á Panamá como un Estado indepen- 
diente. 

Esa actitud al reconocer la nueva República ha sido se- 
guida por pa^te de Francia, Alemania, Dinamarca, Rusia, 
Suecia y Noruega, Nicaragua, Perú, China, Cuba, Gran Bre- 
taña, Italia, Costa Rica, Japón y Austria-Hungría. 



Tratado de Reciprocidad Comercial Entre los 
Estados Unidos y Cuba. 

Publicado en el Diario de Sesiones del Congreso Diciembre 14 de 
1903. 

Artículo I. — Mientras este tratado esté en vigor todos los 
artículos y mercancías que sean producto del suelo ó de la 
industria de los Estados Unidos que ahora son importados 
en la República de Cuba libres de derechos, y todos los artí- 
culos y mercancías que sean producto del suelo ó de la in- 
dustria de la República de Cuba que ahora son importados 
en los Estados Unidos libres de derechos, continuarán siendo 
admitidos por los respectivos países libres de derechos. 

Artículo II. — Mientras este tratado esté en vigor todos los 
artículos y mercancías no incluidos en el artículo anterior y 
que sean producto del suelo ó de la industria de la República 
de Cuba importados en los Estados Unidos serán admitidos 
con una rebaja de un 20% de los derechos que establece la 



225 

ley de tarifas de los Estados Unidos aprobada el 24 de Julio 
de 1897, ó que puedan establecerse por otra ley de tarifas de 
los Estados Unidos aprobada posteriormente. 

Artículo III. — Mientras este tratado esté en vigor todos 
los artículos y mercancías no incluidos en el anterior artículo 
I y no enumerados más abajo que sean producto del suelo ó 
de la industria de los Estados Unidos importados en la Re- 
pública de Cuba serán admitidos con una rebaja de un 20% 
de los derechos que actualmente existen ó puedan existir en 
las tarifas de aduanas de dicha República de Cuba. 

Artículo IV. — Mientras este tratado esté en vigor los si- 
guientes artículos y mercancías tal como están enumerados y 
descritos en las actuales tarifas de aduana en la República de 
Cuba que sean producto del suelo ó de la industria de los 
Estados Unidos importados en Cuba serán admitidos con las 
siguientes respectivas rebajas de los derechos que actual- 
mente existen ó puedan existir en las tarifas de aduanas de 
la República de Cnba. 

Cláusula A. z — Se admitirán con una rebaja de un 25% : 
Maquinaria y aparatos de cobre y sus mezclas, ó máquinas 
y aparatos en que el cobre ó sus mezclas entran como compo- 
nentes de más valor; hierro fundido; hierro forjado; acero 
y manufacturas de lo mismo ; artículos de cristal y vidrio, 
excepto vidrios de ventana ; barcos y buques, cisternas de to- 
das clases de hierro ó acero ; whiskies y brandis ; pescado 
salado, en salmuera, ahumado ; pescado ó mariscos conserva- 
dos en aceite ó en otra forma en latas ; artículos de alfarería 
ó de loza actualmente clasificados en los párrafos 21 y 22 de 
la tarifa de aduanas de la República de Cuba. 

Cláusula B. — Se admitirán con una reducción de un 30% : 
Mantequilla ; harina de trigo ; maíz ; harina de maíz, produc- 
tos químicos y farmacéuticos y drogas simples ; cerveza en 
botellas ; bebidas no alcohólicas ; cidra ; aguas minerales ; co- 
lores y tintes ; vidrios de ventana ; artículos hechos ó a medio 
hacer de cáñamo, lino, pita, yute, henequén, ramié y otras 
fibras vegetales actualmente clasificadas en los párrafos del 
grupo 2, clase V de la tarifa de aduanas de la República de 
Cuba ; instrumentos de música ; papel de escribir é imprimir, 
excepto para periódicos ;- algodón y sus manufacturas, excep- 
to géneros de punto (véase la cláusula C) ; artículos de cu- 
chillería ; botas, zapatos y pantuflas, actualmente clasificados 
en los párrafos 197 y 198 de la tarifa de aduanas de la Repú- 
blica de Cuba; objetgs dorados y plateados; dibujos, fotogra- 



226 

fía?, grabados, litografías, cromolitografías, oleografías, etc. ; 
impresos con piedra, zinc, aluminio ú otra substancia,, usados 
como etiquetas, fajas y envolturas para tabaco ú otros fines, 
y toda otra clase de papel (excepto papel para cigarrillos, y 
excepto mapas y cartas geográficas), cartón y manufacturas 
de lo mismo actualmente clasificados en los párrafos 157 á 
T64 inclusives de la tarifa de aduanas de la República de 
Cuba: jabones ordinarios ó comunes, actualmente clasifica- 
dos en el párrafo 105. letras A y B. de la tarifa de aduanas 
de la República de Cuba; legumbres en vinagre ó preserva- 
das de otra manera : toda clase de vinos, excepto los actual- 
mente clasificados en el párrafo 279 de la tarifa de aduanas 
de la República de Cuba. 

Cláusula C. — Se admitirán con una rebaja de un 40% : 
Manufacturas de algodón, de punto y tocia otra clase no in- 
cluida en las anteriores cláusulas; queso; frutas en conserva: 
pasta de papel : perfumería y esencias : artículos de alfarería 
y loza actualmente clasificados en el párrafo 20 de la tarifa 
de aduanas de Ja República de Cuba: porcelana: jabones, 
que no sean comunes, actualmente clasificados en el párrafo 
105 de la tarifa de la República de Cuba: paraguas y som- 
brillas : dextrina y glucosa : relojes ; lana y manufacturas de 
lo mismo : seda y manufacturas de lo mismo : arroz : ganado. 

Artículo IX. — El presente tratado será ratificado por las 
correspondientes autoridades de los respectivos países, y las 
ratificaciones serán cambiadas en Washington. D. C. Esta- 
dos Unidos de América antes del día 31 de Enero de 1903. y 
el tratado empezará á regir por el término de diez años desde 
la fecha de su ratificación, y de año en año sucesivamente 
hasta la expiración de un año á partir del día en que una de 
las partes contratantes notifique á la otra su intención de dar 
por terminado el mismo. 

El Tratado Asegura á los Estados Unidos 

Ventajas tan Grandes Como las 

que Concede a Cuba. 

Mensaje del Presidente Roosevelt. publicado en el Diario de Se- 
siones del Congreso Noviembre 10 de 1903. 

Al Senado y á la Cámara de Representantes. 

He convocado al Congreso para que apruebe las leyes ne- 
cesarias á fin de poner en vigor el tratado de comercio con 



2^7 

Cuba, que fué ratificado por el Senado en su ultima sesión 
y seguidamente por el Gobierno de Cuba. 

Considero esas leyes exigidas no sólo por nuestro interés 
sino por nuestro honor. No podemos decorosamente aban- 
donar el camino que tan oportunamente hemos seguido. 

Cuando el Congreso de los Estados Unidos impuso á 
Cuba la aceptación de la Enmienda Platt, este gobierno se 
consideró desde ese momento obligado á tratar á Cuba como 
si ésta ocupara una posición única respecto á este país. 

Se acordó que cuando la isla fuese una república libre é 
independiente se mantendría en tan estrechas relaciones con 
nosotros, que hasta cierto punto formara parte de nuestro 
sistema de política internacional ; y como consecuencia de 
ello que quedase incluida en la esfera de nuestra política eco- 
nómica. 

En la situación que ocupa Cuba sería peligroso para este 
país el uso estratégico de la isla por ninguna potencia militar 
extranjera. 

Esta es la razón por la cual se le han impuesto algunas 
limitaciones en su política financiera, y por qué ha concedido 
á los Estados Unidos algunas estaciones navales en su terri- 
torio. 

Las negociaciones para el traspaso de estas estaciones es- 
tán en vísperas de completarse. Están situadas de tal manera 
que alejan toda idea de que exista la intención de usarlas 
contra Cuba, sino más bien para protegerla de los ataques de 
países extranjeros, y para mejor defensa de los intereses 
americanos en las aguas situadas al sur de nosotros. 

Estos intereses han adquirido mayor importancia como 
consecuencia de la guerra con España, y la adquirirán mayor 
aún con la construcción del canal de Panamá. 

Son á la vez militares y económicas. La concesión hecha 
á nosotros por Cuba de esas estaciones es de la mayor im- 
portancia desde el punto de vista militar, y una prueba de la 
buena fe con que Cuba nos trata. 

Cuba ha hecho grandes progresos desde que obtuvo su 
independencia. Ha adelantado rápidamente en todos senti- 
dos. Ocupa ya un puesto principal entre sus hermanas las 
Repúblicas del Nuevo Mundo. 

Cumple con lealtad sus obligaciones con nosotros ; y tiene 
derecho á que la tratemos de igual manera. 

El tratado sometido á vuestra aprobación asegura á los 
Estados Unidos ventajas económicas tan grandes como las 



22& 

que concede á Cuba. Ningún interés americano, ha sido 
sacrificado. Con ese tratado se asegura un gran merc.ido 
cubano á nuestros productores. 

Es ese un mercado que está á nuestras puertas, que ya es 
grande, que es capaz de aumentar mucho y que es especial- 
mente importante para el desarrollo de nuestro comercio de 
exportación. 

Sería, por lo tanto, una insensatez por nuestra parte el ne- 
garnos á aprovechar las ventajas de esa oportunidad, y obli- 
gar á Cuba á hacer arreglos con otros países en perjuicio 
nuestro. 

El tratado de reciprocidad se defiende por sí mismo. Con- 
viene tanto á nuestros intereses políticos como á nuestros 
intereses económicos. 

No perjudicará á ninguna industria, y en cambio benefi- 
ciará á muchas. 

Está en el interés de todo nuestro pueblo, no sólo por la 
importancia que tendría desde el punto de vista de nuestra 
política internacional, sino porque económicamente nos abri- 
ría y aseguraría el rico mercado cubano para nuestros agri- 
cultores, artesanos, comerciantes y manufactureros. 

Por último, es de suma importancia como una garantía de 
la buena fe de nuestra nación hacia su joven República her- 
mana del Sur, cuya prosperidad debe ir estrechamente unida 
á la nuestra. 

Le dimos la libertad. Estamos unidos á ella por el recuer- 
do de la sangre y el valor de nuestros soldados que pelearon 
por ella ; por el recuerdo de la inteligencia y la integridad de 
nuestros administradores, que la dirigieron en la paz y la 
prepararon tan bien para el difícil paso al gobierno propio. 

Debemos ayudarla en todos sentidos; porque al ayudarla 
á ella nos ayudamos á nosotros mismos. 

Las anteriores consideraciones dieron lugar á la negocia- 
ción del tratado con Cuba y su ratificación por el Senado. 
Ellas ahora, con igual fuerza, exigen la aprobación del Con- 
greso necesaria para que el tratado pueda ser puesto en 
vigor. La no aprobación del tratado pondría en peligro la 
buena fe de la nación. 

Incluyo el tratado tal como ha sido aprobado por el Senado 
v ratificado por el Gobierno de Cuba. 

Casa Blanca, Noviembre 10 de 1903. 

TEODORO ROOSEVELT. 



ῧ 



La Reciprocidad con Cuba es un Proyecto dé 
Ley que Constituye un Deber Nacional. 

Extracto del debate publicado en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Noviembre 16 de 1903. 

Mr. Dalsell. — Sr. Presidente, una sola palabra en explica- 
ción" dei reglamento que ha sido leído por la Secretaría. Si 
se adopta, se traerá ante la Cámara, para s.u inmediata apro- 
bación, el proyecto de ley informado por el Comité de Me- 
dios y Arbitrios el pasado viernes para la discusión y aproba- 
ción del tratado entre la República de Cuba y los Estados 
Unidos. 

Mr. Williams. — Sr. Presidente, este es quizás uno de los 
más complicados reglamentos que jamás se han presentado 
en la Cámara de Representantes. 

La minoría ha presentado una enmienda á ese proyecto de 
ley, y yo deseo explicar el carácter de esa enmienda, á fin de 
demostrar lo injusto que es ese proyecto. 

Mr. D. Armond. — Me considero feliz al decir, me consi- 
dero orgulloso al proclamar que creo que no hay en este 
lado de la Cámara un voto solo para la aprobación de ese 
reglamento. 

Mr. Dateell. — Este es un proyecto de ley que dará lugar á 
un convenio ya casi terminado entre el Presidente y el Sena- 
do con la República de Cuba. 

Voy á poner en evidencia la actitud hipócrita de los demó- 
cratas ante ese tratado. Declararon que lo apoyarían y más 
tarde insisten en presentar una enmienda que no tiene otro 
objeto que echar por tierra el proyecto de ley. 

Mr. Grosvenor. — Sr. Presidente, la cuestión directa é in- 
mediata que aquí tenemos pendiente no es la de saber si la 
Cámara debe ó puede aceptar y discutir esa enmienda. La 
cuestión es concreta en su forma y fácilmente comprensible 
para todos los miembros de la Cámara, y acerca de la cual, 
y cuyos resultados positivos estamos todos perfectamente en- 
terados. Lo que se trata es de mutilar el proyecto de ley de 
manera que ningún republicano pueda votarlo sin ponerse 
en abierta contradicción con los principios sustentados por el 
partido. 

Mr. Payne. — Sr. Presidente, la cuestión de la reciprocidad 
con Cuba surgió hace tres años. Fué, como es sabido, de 



2$0 

acuerdo con los deseos y designios del difunto Presidente 
McKinley, tendentes á establecer relaciones de esa índole 
entre los Estados Unidos y la joven República Cubana. 

Todo creíamos que del otro lado de la Cámara había co- 
rrientes favorables al tratado. Es más, se aseguró que de 
allí se pedía el tratado para aprobarlo en seguida; pero 
ahora esos señores presentan una enmienda que no tiene 
otro objeto, ni la inspira otro propósito, que matar el pro- 
yecto de ley en la Cámara de Representantes. 



Tendremos Todo el Mercado Cubano. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Chauncey M. Depevv, de 
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Diciembre 14 de 1903. 

Cuba ñmporta por valor de $60,000,000 de mercancías 
anualmente, de las cuales nosotros vendemos $20,000,000. La 
mayor parte de aquellos artículos se producen ó manufactu- 
ran en este país, y estamos en condiciones de luchar contra 
nuestros competidores. 

Con las concesiones que nos hacen por ese tratado pode- 
mos adquirir todo el mercado de Cuba. Este crecerá con la 
población, y en tiempo no lejano podrá llegar á $200,000,000. 

Respecto de los perjuicios que podría ocasionar á los fabri- 
cantes de azúcar de remolacha del Oeste y á los fabricantes 
de azúcar de caña de Luisiana, los informes demuestran que 
en la actualidad el azúcar de remolacha no tiene nada que 
temer, sino por el contrario, puede llegar á obtener algún 
provecho. 

Los remolacheros aseguran que sin el tratado, y si la in- 
certidumbre desaparece, lograrán resultados más positivos 
de los que obtendrían si se variase el actual estado de cosas. 

Aquellos informes demuestran que hay un aumento de 
consumo en los Estados Unidos proporcionado al aumento 
de la población, y que casi llega á un 6% al año. Ni el azúcar 
de remolacha, ni el de caña han aumentado su producción en 
un grado tal que pueda compararse al aumento del consumo 
de azúcar en los Estados Unidos. 

El discurso del senador por Luisiana viene á demostrar lo 
que yo sospechaba ya, lo que sabe todo aquel que ha estu- 
diado la cuestión, y es que existe una guerra sin cuartel en el 
país entre los intereses de la caña y de la remolacha en casi 
todas las localidades. 



23* 

Dice el senador que la caña produce una tonelada de azú- 
car por acre en la Luisiana. La remolacha en Michigan y en 
los Estados que están más al norte, como tienen clima más 
húmedo y menos sol, producen cerca de tres toneladas por 
acre ; mientras que en Colorado llega á diez toneladas por 
acre, y lo mismo ocurre en California. 

Esta diferencia en la producción según las localidades, 
hasta diez toneladas por acre, es un notable testimonio de lo 
productivo que es el negocio. 

Tenemos la costumbre en este país de predecir calamida- 
des. Esa es casi una peculiaridad nacional. Somos un pueblo 
imaginativo, sensitivo y aprensivo. Las dos terceras partes 
de este pueblo se muere antes de tiempo por perseguir una 
esperanza que nunca llega á realizarse. 

Cuando Hawaii estaba próximo á anexarse, los lamentos 
que se oyeron en ambos ramos del Congreso, que hicieron 
temblar las vigas de las casas de los plantadores de azúcar 
de Luisiana, y llevaron el terror por todos los Estados remo- 
lacheros, sólo pueden compararse al peligro que tanto pánico 
produce ahora entre mis distinguidos amigos y colegas. 

Cuando Puerto Rico recibió una reducción á un 15 por 
ciento de los derechos de la tarifa Dingley, todos recordaréis 
el terror que la cosa produjo en esta Cámara. Aun aquellos 
de nosotros que figurábamos en el Comité de las Islas del 
Pacífico y Puerto Rico, que estudiamos la cuestión y com- 
prendimos que tales desastres no sobrevendrían, sentimos un 
involuntario temor. 

Ahora los productos de Puerto Rico son admitidos aquí 
libres de derechos, y todos aquellos terrores se han desvane- 
cido. 

Eso mismo sucederá con Cuba. Cierto es, como asegura 
el senador por Luisiana. que en Cuba hay terreno bastante 
para producir todo el azúcar que se consume en los Estados 
Unidos, y acaso todo el que se consume en el mundo. Tam- 
bién hay en los Estados Unidos terreno sobrado para produ- 
cir todo el trigo (si todo se dedicara á eso). Pero en la 
ciencia de la producción los pueblos se ajustan á ciertas y 
determinadas condiciones, y si, por ejemplo, tienen más terre- 
no del que deben aprovechar para ese cultivo, dedican ese 
mismo terreno al cultivo de otros productos que dan más 
provecho, ó para los cuales hay mayor demanda, 



2 3 2 



Nuestras Futuras Relaciones con Cuba. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Henry Cabot Lodge, de 
Massachusetts, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Noviembre 23 de 1903. 

Resolución conjunta invitando á Cuba á hacerse un Estado 
de la Unión Americana. 

Por cuanto, la República de Cuba desea asegurar una 
unión comercial con los Estados Unidos ; y 

Por cuanto, la mejor unión comercial puede hacerse por 
y con la unión política por medio de la admisión de la Repú- 
blica de Cuba como Estado soberano en la Unión : Por tanto 

Se resuelve, etc. Que la República de Cuba sea, y lo es 
por este medio, invitada á hacerse un Estado de los Estados 
Unidos, en los mismos términos de igualdad con todos los 
Estados de la Unión. 

Mr. Lodge. — Sr. Precidente, lamento mucho la presenta- 
ción de esa resolución, pero no lamento la discusión á que 
ha dado lugar esta mañana, porque creo que la resolución 
ha dado lugar á una discusión absolutamente necesaria. 

La cuestión que envuelve esa resolución no tiene para 
nosotros ninguna consecuencia. Lo importante es la im- 
presión que ha hecho ó hará sobre el pueblo de Cuba. 

Aquí en el Congreso es bien sabido que leer un proyecto 
de ley dos veces y pasarlo á la comisión respectiva significa 
muy poco. Con frecuencia no representa más que una opi- 
nión individual, y á veces ni siquiera representa la opinión 
del senador ó representante que la firma. 

La enorme diferencia que existe entre la presentación de 
un proyecto de ley y su discusión y aprobación no es bien 
conocida ni aun en este país, ni en nuestro propio pueblo. 

Sabemos que la presentación de un proyecto de ley no es 
cosa de gran importancia y que con frecuencia el proyecto 
queda definitivamente postergado. Pero si nuestro propio 
pueblo ignora estas cosas, ¿cómo podemos esperar que las 
sepa el pueblo de Cuba? Para los cubanos la resolución 
presentada por el senador de Nevada resulta una cosa seria. 

No creo necesario decir porque creo que es la opinión de 
todos nosotros, que esa resolución dista mucho de representar 
la opinión del Gobierno ó del pueblo de los Estados Unidos. 

Nuestras relaciones con Cuba, como lo indica el mapa, 
deben ser siempre de un carácter especial. La importancia 



que tiene Cuba para los Estados Unidos fué indicada hace 
muchos años por John Quincy Adanis y Henry Clay. 

Ha sido la política de todos los gobiernos de este país 
tener en cuenta muy cuidadosamente todo lo que se refiera á 
Cuba. Hemos hecho entender al mundo que nuestras rela- 
ciones con aquella isla deberán ser siempre distintas de nues- 
tras relaciones con los otros territorios situados fuera de 
nuestras fronteras. 

Sr. Presidente, cuando en los más lejanos tiempos se haga 
necesario cortar el nudo de las dificultades que entonces 
puedan presentarse ; cuando la bandera de España vuelva á 
cruzar el Atlántico, donde, en el proceso de los años todas las 
banderas europeas volverán, la determinación de nuestras 
futuras relaciones con Cuba, al fin libre é independiente, lle- 
gará á ser un inmediato é importante objeto de la política de 
los Estados Unidos. 

Hoy hemos determinado esas relaciones por lo que se 
conoce con el nombre de Enmienda Platt, á mi juicio uno de 
los documentos legislativos más sabios y previsores que se 
han presentado jamás en este Congreso. 

Mi deseo personal, que creo será también el deseo de la 
gran masa del pueblo americano, es que bajo estas relaciones 
la isla de Cuba logre tener un gobierno próspero é indepen- 
diente. 

Creo que nuestro deber es ofrecer á los cubanos toda clase 
de auxilios. Ellos lo están haciendo bien. Les deseamos que 
continúen prosperando. Creo que todo hombre reflexivo 
debe esperar que jamás llegue el caso en que nos veamos 
obligados á extender nuestro dominio sobre Cuba una vez 
más. 

Nos consideramos dichosos al ser sus protectores contra 
ías otras naciones del mundo ; pero preferimos que continúe 
siendo un estado independiente, con un gobierno propio 
elegido por su propio pueblo. 

El Tratado de Reciprocidad Entre los Estados 
Unidos y Cuba. 

Extracto de las declaraciones del Hon. James B. McGreary, de 
Kentucky, publicadas en el Diario de Sesiones- del Congreso, 
Diciembre n de 1903. 

Eas relaciones entre Cuba y los Estados Unidos no tienen 
precedente. Ninguna nación del mundo tiene con los Es- 
tados Unidos las relaciones que tiene Cuba. 



234 

Cuando los Estados Unidos declararon la guerra á España 
proclamamos ante el mundo que nuestro objeto era dar á 
Cuba un Gobierno independiente y estable. 

Hemos cumplido nuestra promesa fiel y totalmente, y en 
toda la historia de nuestro país no hay un hecho tan glo- 
rioso como el de haber sacado á Cuba de la tiranía, haber 
dado á su pueblo la libertad y haber hecho de la isla una 
República libre é independiente. 

No debemos vacilar ahora en un trabajo tan felizmente 
comenzado ; no debemos echar á perder ese espléndido acto 
de justicia y magnanimidad, sino más bien dar á Cuba, en 
cuanto nos sea posible, una gran prosperidad industrial y un 
gran progreso mercantil. 

Un tratado de reciprocidad entre los Estados Unidos y 
Cuba está perfectamente indicado si se tiene en cuenta la 
proximidad de la isla á nuestro continente, sus relaciones 
políticas con este país, y que le venderíamos una gran parte 
de lo que ella compra, y le compraríamos casi todo lo que 
ella produce. 

Por consiguiente, el proyecto de ley que se discute estrecha 
las distancias entre americanos y cubanos, y pone á los ameri- 
canos en condiciones de comprar los productos cubanos á 
precios más raz.mabies, y á los cubanos de comprar los pro- 
ductos americanas á precios más satisfactorios. 

La reciprocidad con Cuba hizo que nuestro comercio de 
exportación con la isla casi doblara en 1893, y también hizo 
doblar las importaciones de productos cubanos en este país. 
Tenemos motivos para esperar que el nuevo tratado habrá 
de dar muchos mejores resultados. 

También debo añadir que cuando la Enmienda Platt fué 
aprobada por nuestro Congreso, los cubanos la aceptaron de 
buena fe, y por indicación nuestra la incluyeron en su Cons- 
titución. 

Esa Enmienda parece tener por objeto evitar que Cuba 
celebre tratados de comercio con otras naciones, y en ese 
caso nuestro Gobierno procedería correctamente celebrando 
un tratado que favorezca á Cuba en la mayor proporción 
posible. 

Si queremos comerciar con un pueblo debemos ofrecerle 
las mejores condiciones posibles, y comprar sus productos si 
queremos venderles los nuestros. 

Si hay una tarifa que se oponga á ello debemos bajarla ó 



235 

suprimirla, y eso precisamente es lo que viene á hacer el 
tratado de reciprocidad presentado al Congreso. 

Según ese proyecto, si Cuba permite que los productos de 
los Estados Unidos entren en sus puertos con un 20 á un 40 
por ciento de rebaja, nosotros en cambio permitiremos que 
los productos de Cuba entren en nuestros puertos con una 
rebaja de un 20 por ciento con relación á nuestra actual 
tarifa. 

El Presidente en un mensaje especial declara que el trata- 
do sometido á la aprobación del Congreso asegura á los Es- 
tados Unidos ventajas tan grandes como las que concede á 
la República de Cuba. Ningún interés americano se ha 
sacrificado. 

Su aprobación es necesaria porque asi lo exigen nuestra 
amplia política nacional y nuestros intereses económicos. No 
perjudicará á ninguna industria y en cambio beneficiará á 
muchas. 



La Reciprocidad con Cuba. 

El Tratado nos favorece al mismo tiempo que favorece á 

Cuba. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullon, de Illi- 
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Diciem- 
bre 7 de 1903. 

Lo más importante que conseguiremos con este tratado es 
un gran mercado para nuestros productos tanto agrícolas 
como manufactureros. 

La prosperidad del mercado cubano irá creciendo de día 
en día. Personas autorizadas estiman que las importaciones 
cubanas subirán á 100 millones de pesos en pocos años. 

Si esos cálculos son exactos, si nuestros manufactureros 
y nuestros agricultores consiguen el mercado de Cuba, las 
concesiones por parte de los Estados Unidos serán amplia- 
mente compensadas con el tiempo. 

Examinando nuestro actual comercio con Cuba puede 
asegurarse sin vacilar que este tratado es el más ventajoso 
que los Estados Unidos pudieran esperar. 

La reciprocidad con Cuba no es una cosa nueva. En 
1892 se celebró un tratado de reciprocidad con Cuba que 
permaneció en vigor durante tres años. Ese tratado fué 
muy beneficioso tanto para Cuba como para los Estados 



236 

Unidos. Poco tiempo después de ponerse en vigor nuestras 
exportaciones á Cuba subieron casi un 70 por ciento. 

El asunto de la reciprocidad con Cuba fué objeto de dis- 
cusión en el Congreso durante más de tres años. Enérgica- 
mente apoyado por aquel gran proteccionista, el difunto Pre- 
sidente McKinley, fué no menos ardientemente defendido 
por su sucesor el Presidente Roosevelt. 

Al mismo tiempo que los Estados Unidos desean desa- 
rrollar su comercio y aumentar sus mercados con la rati- 
ficación de este tratado sometido á nuestra aprobación, no 
debe olvidarse por un momento que por consecuencia de la 
Enmienda Platt este Gobierno está obligado á tratar á Cuba 
como si ocupara una posición especial respecto de este país. 

Ninguna otra nación del mundo está en tan estrechas re- 
laciones con nosotros como la República de Cuba. 

Cuba consintió que le impusiéramos ciertas limitaciones 
sobre algunos de sus poderes como Gobierno independiente, 
y además nos ha concedido estaciones navales en su territo- 
rio. 

En tales circunstancias no nos es posible tratar á Cuba 
de la misma manera y con los mismos procedimientos que 
tratamos á las demás naciones del mundo. 

Si con la ratificación de este tratado damos á Cuba una 
prosperidad permanente, estoy seguro de que tendremos ia 
unánime aprobación del pueblo de los Estados Unidos. 

El tratado no perjudica en lo más mínimo á los Estados 
Unidos ni á ninguna porción de su pueblo, sino que al con- 
trario nos favorece al mismo tiempo que redunda en beneficio 
de Cuba. 



Los Estados Unidos Tendrán más Ventajas 
que Ningún otro País del Mundo. 

Extracto de las declaraciones del HoÑ. Alex. S. Clay. de Georgia, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Diciembre 14 
de 1903. 

Ocuparé sólo algunos minutos la atención del Senado para 
dar las razones que tengo al votar en favor del tratado. 

Ha\- en los Estados Unidos muchas cosas que podemos 
enviar á Cuba un 20 por ciento más baratas que ningún otro 
país pudiera enviar. ¿ Cuál sería el resultado de esto ? El 
resultado sería que los Estados Unidos tendrían una gran 



237 

ventaja sobre los demás países del mundo en lo que respecta 
á la venta de esos artículos. 

Hay en Cuba muchas cosas que podríamos comprar un 40 
por ciento más baratas que en ninguna otra parte. 

De ello se desprende que si hoy los Estados Unidos venden 
en Cuba por valor de $26,000,000 de sus productos agrícolas 
V manufacturados, le venderíamos, si el tratado se aprueba, 
por valor de $40,000,000 al año. 

Confieso francamente que todavía no he podido compren- 
der por qué razón Cuba solamente nos compra por valor de 
$26,000,000 al año cuando compra en otros países por valor 
de $37,000,000. 

Hay algo en esto que es preciso investigar para llegar á 
*aber en qué consisten esos 37 millones de pesos vendidos á 
Cuba por Alemania, por Francia, por Inglaterra y por otros 
países. 

Durante el año 1901 las importaciones en Cuba subieron 
á $65,050,141. Veamos ahora lo que de esta suma recibieron 
los Estados Unidos. Recibieron $28,078,702, dejando un 
balance de cerca de $37,000,000 que fué á otros países. 

Ahora veamos en qué consisten esos $37,000,000. En- 
cuentro que en 1901 Cuba compró $6,000,000 de géneros 
de algodón. ¿ Cuánto de eso compró en los Estados Unidos ? 
Un cuatro y medio por ciento. 

Encuentro que Cuba compró cerca de $700,000 de géneros 
de lana. ¿ Cuánto de esto suministraron los Estados Unidos ? 
Solamente $22,000. 

Cuba compró $2,000,000 de vegetales. 

¿Cuánto compró aquí? Solamente $171,000. Compró 
$2, 700,000 de vinos, y aquí sólo compró $329,000. Compró 
$2,589,000 de aceite, y le vendimos solamente $713,000. 

Gastó Cuba $1,053,000 en drogas y productos químicos, y 
de ellos solamente le vendimos por valor de $422,000. Gastó 
por valor de $8,000,000 en ganado y de ellos le vendimos 
solamente por valor de $1,994,000. Compró por valor de 
$3'335< 00 ° de arroz y sólo le vendimos por valor de $3,000. 

No veo por qué razón este proyecto habrá de perjudicar 
nuestros intereses azucareros. 

Sabemos que los Estados Unidos es el país más consumi- 
dor de azúcar en el mundo, excepto ía Gran Bretaña. 

Mr. Tcllcr. — Por cabeza. 

Mr. Clay. — Naturalmente. Tengo entendido que los E§- 



»3* 

tados Unidos consumen cerca de una tercera parte de todo el 
azúcar que se produce en el mundo. 

Suponed que todo el azúcar que se produce en Cuba viniera 
á los Estados Unidos. Nosotros producimos, si mal no re- 
cuerdo, cerca de 233,000 toneladas de azúcar de remolacha. 

Producimos también, según creo, cerca de 261,000 tone- 
ladas de azúcar de caña, sin contar Puerto Rico y las islas 
Sandwich. 

Uniendo la producción de estos países con la nuestra pro- 
ducimos en total unas 900,000 toneladas de azúcar, ó sea 
cerca de una tercera parte de la que consumimos en los Es- 
tados Unidos. 

Traed todo el azúcar que produce Cuba á los Estados 
Unidos y aún necesitaremos 700,000 toneladas más para 
cubrir el consumo de nuestro pueblo. 



La Industria Naranjera. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Geo. C. Perkins, de Cali- 
fornia, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Di- 
ciembre 15 de 1903. 

Hay otra razón por la cual los enemigos del tratado ase- 
guran que seremos perjudicados por la competencia cubana 
en el caso de rebajar nuestra tarifa. Esa razón se apoya en 
la industria naranjera. 

Nada más infundado. Si hay naranjas y limones en Cuba, 
es en tan pequeña cantidad, que no cabe la competencia con 
la industria naranjera de California y Florida. 

Cuba nunca ha cultivado naranjas y limones en cantidad 
suficiente para crear un gran comercio de exportación, á 
pesar de las ventajas que le proporciona la proximidad de 
nuestro gran mercado, su clima favorable, sus terrenos bara- 
tos y lo bajo de los fletes. 

Menos de tres décimos de un 1 por ciento de la tierra ex- 
plotada en Cuba está dedicada al cultivo de naranjas y limo- 
nes, y aun en las condiciones más favorables nunca la pro- 
ducción de Cuba llegaría á ser un rival de la producción 
americana. 

El cultivo de la naranja puede considerarse como un tra- 
bajo científico que requiere para que dé buenos resultados 
una gran inteligencia, mucho cuidado, conocimientos bo- 
tánicos y gran paciencia, 



*39 

Por ío regular los agricultores nacidos en Cuba lio tienen 
ninguna de esas cualidades, por lo cual se dedican con pre- 
ferencia á la horticultura, porque la naturaleza les ahorra 
mucho trabajo. 

En consecuencia, aunque hay un gran mercado naranjero 
en los Estados Unidos, el cultivo de la naranja, como lo de- 
muestra el censo de Cuba, fué casi abandonado desde que 
se desarrolló el mismo cultivo en la Florida y en California. 

El valor de las importaciones de naranjas de Cuba desde 
1898 hasta 1902 inclusives, fueron anualmente como siguen : 
$1,991 — $622 — $474 — $2,187 — $56°- El valor de los limo- 
nes varió desde $4 hasta $545 por año. 

Los derechos sobre la naranja son ahora de un 71 por 
ciento ad valor em, y una rebaja de un 20 por ciento dejaría 
siempre una protección de un 57 por ciento para los coseche- 
ros americanos. 

Es imposible, por consiguiente, para los cubanos competir 
con los productores americanos. Además, en Cuba no hay 
bastantes naranjas que exportar, y hasta cinco años después 
de terminada la vida de este tratado los naranjos sembrados 
este año no podrían producir suficiente cantidad de naranjas 
para una vasta importación en este país. 

Productos rápidos es lo que los cubanos desean. Son 
constitucionalmente enemigos de esperar un año ó dos para 
recoger una cosecha. Por consecuencia de ello el azúcar y 
el tabaco serán sus predilectos en el futuro como en el pasado, 
y los cosecheros de Florida y California quedarán en posesión 
por mucho tiempo de nuestro mercado naranjero. 

Si existe alguna duda sobre los efectos de la reciprocidad 
entre Cuba y los Estados Unidos no hay más que recordar 
los tiempos de James G. Blaine, cuyas teorías sobre la reci- 
procidad fueron adoptadas por el partido republicano y por 
él desarrolladas y llevadas á la práctica. 

La reciprocidad con Cuba conforme á la ley de tarifas de 
1 89 1 comenzó á regir en Septiembre de aquel año y conviene 
saber los efectos que produjo sobre nuestro comercio de ex- 
portación con Cuba. 

Estas exportaciones, desde 1888 hasta 1890, alcanzaron un 
promedio de $11,000,000 por año. En 1891, con solo cuatro 
meses de reciprocidad, subieron á $12,000,000. El año 

1892, cuando la reciprocidad estaba en todo su vigor, las 
exportaciones llegaron á $17,953,570, y al año siguiente, 

1893, subieron á $24,157,698. 



24Ó 

Por consiguiente nuestras exportaciones aumentaron más 
del doble en dos años. 



Resultados de la Guerra con España. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Shelby M. Cullom, de Illi- 
nois, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 27 
de 1904. 

Con objeto de que no se atribuyera á agoismo por parte 
de los Estados Unidos la declaración de guerra á España, 
cinco días antes se aprobó por el Congreso la siguiente reso- 
lución : 

Los Estados Unidos declaran por este medio que no .tienen 
ninguna intención de ejercer soberanía, jurisdicción ó domi- 
nio sobre la isla de Cuba, excepto para la pacificación de la 
misma, y afirman su determinación ae que realizada aquélla, 
dejarán el gobierno y dominio de la misma á su pueblo. 

Hemos cumplido la promesa al pie de la letra. 

No existe una página en la historia moderna de ningún 
país que consigne una declaración tari generosa ni perfecta- 
mente cumplida. 

Ese acto de desinterés y de buen fe nacional 'se conser- 
vará eternamente en la memoria de aquellos que se con- 
sideran orgullosos de haber nacido en una libre, grande y 
honrada nación. 

Mantuvimos el dominio de Cuba durante el tiempo ex- 
trictamente necesario para ponerla en condiciones de estable- 
cer un Gobierno propio. La ayudamos a establecer un Go- 
bierno republicano. Sólo le exigimos la promesa de no en- 
trar en arreglos con ninguna nación extranjera que hicieran 
peligrar la independencia de Cuba ó permitieran á ninguna 
potencia extranjera obtener posesión ó dominio sobre nin- 
guna parte del territorio de la isla; no contratar ninguna 
deuda pública para el pago de cuyos intereses no fueran 
suficiente los ingresos de la isla ; á conceder á los Estados 
Émidos el derecho de intervenir para la defensa de su inde- 
pendencia. 

Estos puntos constituyen el fondo de la llamada Enmienda 
Platt. f 

Están en interés de Cuba mucho más que en interés de 
los Estados L nidos. Cuba es tan independiente de los Es- 
tados Unidos como del resto del mundo. 



241 

La nueva República adoptó las providencias de la llamada 
Enmienda Platt como una parte de su código fundamental. 

No solamente nos comprometimos en una guerra para 
libertar á Cuba del dominio de España, gastando millones de 
pesos y sacrificando las vidas de centenares de soldados 
americanos ; sino que el Gobierno de los Estados Unidos 
antes de establecer en Cuba un Gobierno independiente y 
después de constituida debidamente aquella República, á ins- 
tancias del Presidente Roosevelt, acordó establecer relaciones 
reciprocas de comercio con aquella isla á fin de dar á Cuba 
prosperidad material y estrechar los lazos económicos que la 
unen con los Estados Unidos. 

Ese tratado de reciprocidad ha sido ratificado por el Sena- 
do y puesto en vigor por el Congreso. Dispone que los pro- 
ductos cubanos sean admitidos en nuestros puertos con una 
rebaja de un 20 por ciento respecto de la tarifa Dingley, y 
que en cambio Cuba concederá á los productos americanos 
una rebaja de un 20 á un 40 por ciento respecto de las tarifas 
de aquella República, con lo cual los Estados Unidos con- 
seguirán una gran parte del mercado cubano. 

A fin de que los Estados Unidos puedan mantener la in- 
dependencia de Cuba y proteger su pueblo contra todo ataque 
exterior, asi como para la defensa de nuestro propio país, 
Cuba ha arrendado á los Estados Unidos dos espléndidas 
estaciones navales, Guantánamo y Bahía Honda. 

Estas estaciones no sólo tienen gran importancia para la 
defensa de nuestro propio país, sino que también la tienen 
desde el punto de vista estratégico para la defensa del canal 
de Panamá cuando éste se haya construido. 

La Expansión y las Filipinas. 

Extractos de discursos y trabajos del Presidente Roosevelt, publi- 
cados en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 20 de 1904. 

La inevitable marcha de los sucesos nos dio el dominio de 
las islas Filipinas en un momento tan oportuno que sin irre- 
verencia pudiera llamarse providencial. A menos que no 
nos declaremos débiles ; á menos que no nos confesemos hijos 
degenerados de aquella raza de que descendemos, debemos 
seguir adelante en la obra que hemos emprendido. Espero 
ardientemente que esa obra será siempre de paz y de pro- 
greso. (Discurso en San Francisco, Cal., Mayo 13 de 1903.) 

Si somos prudentes, si tenemos en algo nuestra reputación 



242 

en el exterior, si tenemos idea de nuestro propio honor, no 
permitiremos que ninguna pasión política se mezcle en la ad- 
ministración de aquellas grandes islas que vinieron á nuestro 
poder como resultado de la guerra con España. (Discurso 
en Memphis, Tenn., Noviembre 19 de 1902.) 

Si cumplimos con nuestro deber en Filipinas, aumentare- 
mos la fama y el renombre que constituyen el timbre más 
alto de nuestra vida nacional; prestaremos un gran servicio 
al pueblo de las islas Filipinas, y, sobre todo, realizaremos 
una gran obra de humanidad. (Strenuous Life, p. 20.) 

Fundamentalmente la causa de la expansión es la causa 
de la paz. (Strenuous Life, p. 20.) 

Los cañones que retumbaron en A [añila y en Santiago nos 
dejaron ecos de gloria; pero también nos dejaron un legado 
de deberes. Si echamos abajo una tiranía mediaeval sólo 
para fundar una anarquía salvaje, hubiéramos hecho mejor 
en no acometer la empresa. Es un error decir que no te- 
nemos ningún deber que cumplir y que debemos dejar en su 
ignorancia aquellas islas que hemos conquistado. Tal con- 
ducta sería infame. (Strenuous Life, p. 11.) 

Nuestros primeros estadistas han sido siempre aquellos que 
creyeron en la nación, que tuvieron fe en el poder de nuestro 
pueblo para crecer hasta llegar á ser el pueblo más grande 
de la tierra. (Strenuous Life, p. 205.) 

Nuestra conducta en las Filipinas ha estado siempre inspi- 
rada en una singular humanidad. Por cada acto de crueldad 
cometido por nuestro hombre ha habido innumerables actos 
de indulgencia, de magnanimidad y de generosa hidalguía. 
Estas son las cualidades que han caracterizado siempre nues- 
tras guerras. (Discurso en Arlington, Mayo 30 de 1902.) ' 

Las victorias de las armas americanas significan la aboli- 
ción de la crueldad, el advenimiento de la paz y el imperio de 
la lev v del orden bajo un sistema de gobierno exclusiva- 
mente civil. Otras naciones han conquistado para crear go- 
biernos militares irresponsables. Nosotros conquistamos 
para establecer gobiernos civiles responsables en los pueblos 
conquistados. (Discurso en Arlington, Mayo 30 de 1902.) 

Considerando en conjunto el trabajo realizado por nues- 
tras autoridades civiles y militares, cabe preguntar en qué 
parte del mundo en los tiempos modernos se ha visto un 
ejemplo mejor de gobierno prudente y sabio que el que ha 
dado nuestro pueblo en las islas Filipinas. (Mensaje anual, 
segunda sesión, 50 Congreso.) 



243 

Nuestro puesto como nación es y debe ser entre las na- 
ciones que han dejado un recuerdo indeleble en los siglos. 
La historia os dirá que las grandes naciones de la antigüe- 
dad han desaparecido. Es muy cierto; y así pasarán otras. 
(San Francisco, Cal., Mayo 13 de 1903.) 



Cuba, Puerto Rico y las Filipinas Elogian la 
Política del Partido Republicano. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In- 
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 
27 de 1904. 

Tengo el firme convencimiento de que la página más bri- 
llante escrita por el partido republicano en los últimos siete 
años ha sido la que se refiere á las cuestiones que siguieron 
á nuestra guerra con España. 

Aquella guerra duró solamente noventa días, pero los pro- 
blemas que trajo consigo están en pie hoy y permanecerán 
en pie hasta que nuestros hijos hayan bajado á la tumba. 

Recordaréis que antes de terminarse la guerra nuestros 
amigos del otro lado de la Cámara insistían en que Cuba 
fuese inmediatamente libre é independiente. 

El Presidente McKinley decía que no, que todavía no es- 
taban preparados los cubanos. 

Vosotros decíais : "Os habéis quedado en Cuba ; no que- 
réis dar á Cuba su independencia. " 

Nosotros contestamos : "Cuba no está todavía preparada 
para ello; necesitamos tiempo para prepararla para la inde- 
pendencia." 

Trajimos un gran número de maestros de escuela de Cuba 
para educarlos. Enviamos á Cuba un gran número de ame- 
ricanos para que les enseñaran los principios del gobierno 
propio. 

Fuimos á Cuba y limpiamos sus pueblos y establecimos 
sistemas de alcantarillado ; y el veinte de Mayo, hace un 
año, Columbia obsequió a Cuba con una blanca y pura carta 
de independencia, y ella ha estado en condiciones de ser libre, 
y hoy es feliz é independiente. 

Si hubiéramos hecho lo que queríais la fiebre amarilla 
seguiría imperando hoy en Cuba. Las revoluciones hubieran 
seguido á las revoluciones como en la América Central, como 
en la América del* Sur, como en Santo Domingo y como en 



244 

otras repúblicas Hispano-Americanas, hasta que nos hubiéra- 
mos visto envueltos en serios conflictos con otras naciones 
del mundo. 

Ved á Puerto Rico. Personas bien informadas que llegan 
de aquella isla aseguran que antes de nuestra ocupación la 
viruela había infestado aquel territorio por espacio de tres- 
cientos años. Una de las primeras cosas que hicimos al 
llegar allí fué vacunar á 900,000 personas y en los últimos 
cuatro años no ha habido un solo caso de viruela en Puerto 
Rico. 

Respecto de las islas Filipinas, cuando nuestros soldados 
llegaron allí se dijo que era necesario un ejército de cien mil 
hombres durante 20 años para ponerlas en condiciones de 
paz, de orden y de buen gobierno. 

Aquellas islas han sido pacificadas ; la ley y el orden han 
sido restablecidos y el ejército reducido á 18,000 hombres. 
Hemos gastado grandes sumas en sus diques ; hemos gastado 
millones en sus caminos; 15,000 hombres están trabajando 
hoy en un camino central á través de las montañas. Hemos 
fundado bibliotecas ; hemos enviado un buque con 1,000 maes- 
tros de escuela para educar aquel pueblo. El mes pasado 
vinieron á este país 100 niños filipinos para ser educados en 
nuestros colegios. Regresarán á su país en condiciones de 
educar á sus compatriotas. 

Hemos establecido escuelas normales. Hemos organizado 
escuelas de comercio, y creado tribunales de acuerdo con los 
dictados de la justicia anglo-sajona. Hemos distribuido 
entre los campesinos filipinos libros de agricultura traducidos 
á sil propio idioma, á fin de que puedan cultivar su suelo con 
inteligencia. Hoy tienen casas en vez de ranchos. 

¿ Hemos hecho bien? 

Si no hemos hecho bien, entonces la civilización es un 
fraude, el progreso es una mentira, y la iglesia cristiana es 
un sepulcro blanqueado. 

Cuba, Puerto Rico y las islas Filipinas en su situación 
actual, elogian la política del partido republicano. 



245 



Sagrada Misión que los Estados Unidos Están 
Llamados á Cumplir. 



Extracto de las declaraciones del Hon. Henry A. Cooper, publicadas 
en el Diario de Sesiones del Congreso, Junio 19 de 1902. 

Tenemos que cumplir un deber en las Filipinas, un deber 
que nosotros mismos nos hemos creado, que hemos ofrecido 
cumplir al pueblo filipino y que ha de redundar en beneficio 
del progreso de la humanidad. 

Estamos en las Filipinas, y á despecho de los que digan 
lo contrario estamos allí sin otro objeto que sentar las bases 
de la libertad, proporcionar todos los medios de gozar los 
beneficios de la civilización moderna á aquella raza infeliz 
que por espacio de muchos siglos no ha gozado de ellos, y 
en vez de la vieja y decrépita monarquía y de los reyes de 
derecho divino, establecer los inalienables derechos del hom- 
bre en una República libre é independiente. 

Esta es la elevada, la sagrada misión que con el transcurso 
del tiempo y con la ayuda de Dios, los Estados Unidos están 
llamados á cumplir. 

En playas distantes, casi á las puertas del despotismo 
Oriental, y en circunstancias verdaderamente excepcionales 
esta República está sentando las bases de una moderna civili- 
zación. 

Si logramos nuestro objeto ó fracasamos en aquellas islas, 
estamos comprometidos en una empresa cuyos resultados 
afectarán profundamente al prestigio é influencia de esta 
República, y por consiguiente al bienestar de toda la raza 
humana. 

Recordemos lo que somos. Los Estados Unidos de Amé- 
rica están hoy en el pináculo de su carrera. Jamás nación 
alguna se ha alzado en presencia del mundo en tan majes- 
tuosa plenitud de poder — 76,000,000 de individuos sin un 
amo, ocupando la más alta posición entre las naciones de la 
tierra — libre é invencible. 

Como una ciudad levantada sobre una montaña, nuestra 
obra no puede permanecer oculta. Si fracasamos en Filipi- 
nas, nuestro fracaso será visto por todo el mundo, y visto 
eternamente. 

Pero no fracasaremos. La nación que en los terribles días 
de 1 86 1 á 1865 luchó y venció en medio de horrendos de- 



246 

sastres, no fracasará ahora en la empresa acometida en las 
islas Filipinas. 

Llenaremos aquel territorio de escuelas. Separaremos 
la Iglesia del estado y cada uno será más fuerte y mejor 
después de separados. Estableceremos la justicia y la ad- 
ministraremos honradamente. 

Plantaremos firmemente los principios del gobierno libre, 
y fijaremos para siempre las inapreciables garantías de la 
libertad civil y religiosa. 

Emanciparemos aquella raza de la esclavitud secular y la 
guiaremos por el camino luminoso de la civilización. 



Proyecto de Ley de Derechos para las 
Filipinas. 

Extracto de la ley de gobierno civil para las Filipinas aprobada por 
el Congreso. 

Sec. 10. — Que no se promulgue ninguna ley en dichas islas 
que prive á una persona de la vida, de la libertad ó de la 
propiedad sin el debido proceso legal, ó niegue á una persona 
la imparcial protección de las leyes. 

Que no se pague ningún dinero por la tesorería á menos 
que no esté autorizado el crédito por una ley. 

Que en todo proceso criminal el acusado gozará del dere- 
cho de ser oido por sí ó por su abogado, de investigar la 
naturaleza y causa de la acusación que se haga contra él, de 
sufrir un rápido y público juicio, de poner los testigos frente 
á frente y de poder presentar testigos en su favor. 

Que ninguna persona podrá ser obligada á contestar por 
un delito criminal sin el debido proceso legal ; y ninguna per- 
sona por el mismo delito podrá ser dos veces procesada y 
castigada, ni podrá ser obligada á servir de testigo contra 
sí mismo. 

Que toda persona después de convicta pueda ser puesta 
en libertad con suficientes garantías, excepto en casos de de- 
lito capital, cuando la prueba es evidente ó la sospecha 
grande. 

Que ninguna ley que altere la obligación de los contratos 
podrá ser aprobada por la legislatura. 

Que la ley de impuestos en dichas islas será uniforme. 

Que ninguna persona sufrirá prisión por deuda originada 
ó fundada sobre un contrato, expreso ó implícito. 



247 

Que el privilegio de auto de habeas corpus no sea suspen- 
dido excepto en los casos de rebelión ó peligro de la seguri- 
dad pública si así fuese necesario. 

Que no se pueda dictar ninguna ley con efecto retroactivo. 

Que no se podrá dictar ninguna ley que comprenda más de 
dos objetos, y este objeto será expresado en el título de la ley ; 
que no se dicte ninguna orden de prisión sino en casos de 
causa probable, apoyada por juramento ó afirmación ex- 
presando particulamente el lugar que haya que registrar y 
la persona ó cosas de que haya que apoderarse. 

Que todo dinero cobrado por concepto de contribución ó 
impuesto con un objeto especial sea depositado en un fondo 
especial en la tesorería y sólo sirva para dicho objeto; que 
no se dicte ninguna ley concediendo títulos de nobleza, y que 
ninguna persona que desempeñe algún cargo remunerado 
ó de confianza en dichas islas pueda aceptar sin autorización 
del Congreso de los Estados Unidos ningún presente, emo- 
lumento, cargo ó título de ninguna clase de ningún rey, reina, 
príncipe ó gobierno extranjero. 

Que no se exigirán fianzas excesivas ni se impondrán mul- 
tas excesivas ni se aplicará ningún castigo cruel y desusado. 

Que no sea violado el derecho de seguridad contra injusti- 
ficadas persecuciones ó prisiones. 

Que no exista en dichas islas ninguna servidumbre esclava 
ó involuntaria excepto como castigo por crimen debidamente 
comprobado. 

Que no se dictará ninguna ley que limite la libertad de 
hablar ó escribir, ó el derecho del pueblo pacífico á reunirse 
ni el de petición al gobierno por reparación de agravios. 

Que no se dictará ninguna ley impidiendo el estableci- 
miento de una religión ó prohibiendo el libre ejercicio de las 
demás, y que el libre ejercicio de los trabajos religiosos sin 
desigualdades ni preferencias, sea en ningún caso limitado 
ni impedido. 

Comercio Libre — Plata Libre — Barcos Libres 
La Trinidad de la ignorancia Democrática. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Wm. E. Humphrey, de Wa- 
shington, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Abril 23 de 1904. 

Todo el país ha despertado ante la imperativa necesidad de 
ayudar á nuestra marina mercante. 



248 

Hasta en el centro del Oeste, donde hace pocos años se 
hizo mucha oposición contra esta idea, se ha cambiado de 
opinión y nuestro comité recibe con frecuencia comunica- 
ciones de los centros comerciales de aquellos Estados urgién- 
donos para que aprobemos una ley con dicho objeto. 

Que es preciso hacer algo es cosa que nadie ignora; la 
única cuestión hoy es cómo lo haremos, y qué métodos adop- 
taremos. 

El principal objeto de este proyecto de ley es aplicar un 
remedio al mal. 

Me inclino en favor de algo que nos dé barcos americanos 
que conduzcan mercancías americanas, siempre que esto no 
se haga á expensas de otros intereses americanos. 

Si esto puede conseguirse por medio de impuestos es- 
peciales, desde ahora me declaro en favor de los impuestos 
especiales; si los subsidios han de dar este resultado, en- 
tonces me declaro en favor de los subsidios; si ambos com- 
binados han de dar ese resultado entonces me declaro en 
favor de la combinación. . 

Así como los señores del otro lado de la Cámara se han 
declarado opuestos á ciertas medidas, yo también me declaro 
opuesto á ciertos remedios. Me opongo á todo sistema que 
dé á otra nación un trabajo que puede hacerse en casa; que 
dé empleo á capital extranjero que puede darse á capital ame- 
ricano. 

Me opongo á todo plan que haga salir nuestro dinero de 
casa; no apruebo ningún proyecto que tienda á alterar las 
tarifas sobre artículos cuyos similares se producen en este 
país. 

No apruebo la idea de establecer el libre-cambio ni en la 
tierra ni en el mar. 

Me opondré siempre á todo plan que reduzca los jornales 
americanos. Soy adversario encarnizado de todo proyecto, 
bajo cualquier forma que se presente, que no dé empleo al 
capital americano, ni trabajo al obrero americano. (Aplau- 
sos.) 

Comercio libre. Plata libre. Barcos libres. La trinidad 
de la ignorancia democrática. 

En adelante los que la veneran no se prosternarán ante 
ella sino en secreto; y cuando tengamos una oportunidad 
de arrancarles la máscara y exponerlos en toda su odiosa de- 
formidad, los obligaremos á retractarse de ello con la misma 



249 

vehemencia con que hoy niegan el comercio libre y la plata 
libre. (Aplausos.) 

Construir una marina mercante suficiente para conducir 
nuestro propio comercio es cosa que interesa al país entero. 
Ello aumentaría nuestras exportaciones, ensancharía nues- 
tros mercados extranjeros, reduciría los fletes, aumentaría 
el precio en que vendemos, bajaría el precio en que compra- 
mos, daríamos trabajo á nuestros astilleros, aumentaría la 
demanda de trabajo, subirían los salarios de los obreros, se 
quedaría en casa más de medio millón de pesos cada 24 
horas que hoy se marcha á Europa, y en fin, daría al obrero 
americano más de un millón de pesos cada día. 

Beneficiaría todas las industrias, todas las clases, todos los 
Estados; nos haría independientes de todas las naciones de 
la tierra ; haría nuestra bandera más venerada en casa y más 
respetada en el extranjero y haría de esta gran República 
la nación más grande que haya sido habitada por los hijos 
de los hombres. (Aplausos.) 



Debemos Sostener y Desarrollar Nuestras 
Fuerzas Navales. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Adolph Meyer, de Loui- 
siana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 
10 de 1904. 

Parece que se trata de fomentar un sentimiento de pro- 
testa contra el aumento de nuestra marina de guerra, fun- 
dado en que tenemos demasiados barcos, demasiados mari- 
neros y demasiados cañones; y en que el dinero que se ne- 
cesita para aumentarla y mantenerla podría dedicarse al 
mejoramiento de nuestros ríos y puertos, en edificios públi- 
cos, etc., etc. 

Como representante de uno de los Estados situados frente 
al Golfo de Méjico, interesado en el mejoramiento de sus 
vías fluviales y marítimas, no sacrificaría los grandes in- 
tereses comerciales de aquella comarca por el mero orgullo 
ó la vanagloria de poseer una gran marina de guerra. 

Considero esos trabajos de mejoramiento como secundarios 
en sus beneficios al pueblo, á los agricultores y á los intereses 
comerciales. 

El comercio es el gran aliado de la civilización, de la in- 
dustria y del progreso, y nuestros lagos, nuestros ríos y 



250 

nuestros puertos son arterias que no deben ser abandonadas 
á fin de facilitar el tráfico mercantil ; pero todo eso pudiera 
realizarse sin desatender los elementos necesarios para nues- 
tra defensa nacional. 

El gran Valle del Mississipi no puede permitir que las 
bocas del río, su natural salida comercial, puedan ser blo- 
queadas por una flota enemiga. 

Los habitantes de las costas del Atlántico y del Pacífico 
necesitan la protección de sus ciudades y el desarrollo de su 
comercio con Australia, con la América del Sur, con Oriente, 
y en una palabra, con todo el mundo. 

Con una nación que crece rápidamente, y con una indus- 
tria cada día mayor, necesitamos la puerta abierta para nues- 
tro comercio, en cuanto es posible tenerla, y necesitamos tam- 
bién estar en condiciones de proteger nuestro comercio y 
nuestro mercado. 

¿ Y cómo podríamos hacer eso, ó ni siquiera intentarlo, sin 
una fuerte y eficaz marina de guerra ? 

No es esto todo. Recordemos que tenemos una línea de 
costas sobre el Atlántico, sobre el Golfo y sobre el Pacífico, 
que no baja de seis ú ocho mil millas, y que tenemos que 
defenderla ; es mayor que la de cualquier nación de Europa. 

Además, tenemos que defender á Alaska, tanto por mar 
como por tierra. Alaska no representa una política de am- 
biciosa conquista extranjera. La compramos á Rusia hace 
muchos años, y parece poseer grandes recursos. Tenemos 
las islas Hawaii, que obtuvimos por medios que acaso sean 
discutibles, pero que constituyen un puesto avanzado en el 
Pacífico. No soy partidario de su anexión ; pero creo que 
debemos defenderlas si fuese necesario. 

Hemos hecho á Cuba libre é independiente, y no podemos 
ni debemos permitir que ningún Gobierno europeo establezca 
dominio sobre ella. A fin de conservar nuestra buena posi- 
ción allí y defender debidamente nuestros intereses respecto 
de Cuba, debemos mantener y desarrollar nuestras fuerzas 
navales. Lo mismo ocurre con Puerto Rico. 

Creo que la certeza de estas observaciones no puede ser 
negada por ninguna persona inteligente. Pero hay otra 
política fija é invariable que nos legaron nuestros antecesores 
y que los Estados Unidos deben tener siempre presente. Me 
refiero á la conocida doctrina de Monroe. 

En el curso de esta imperfecta revista no he dicho nada 
del proyectado canal de Panamá. En un día no lejano la 



2Si 

construcción de ese canal por el Gobierno americano em- 
pezará, habiendo sido pagado por nuestro propio tesoro, que 
estará bajo la soberanía de los Estados Unidos y que será 
dirigido, administrado y defendido por nosotros. 

Se calcula que costará más de doscientos millones de pe- 
sos, los cuales podrían ser destruidos en 48 horas por una 
nación que tuviese una escuadra superior á la nuestra. 

Soy partidario del canal, pero también soy partidario de 
una marina de guerra capaz de defenderlo. 



Creemos en la Paz Preparados para la Guerra. 

Extracto de las declaraciones del Hon. George E. Foss, de Illinois, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Febrero 25 
de 1904. 

Acordamos construir la marina americana en 1883, hace 
más de 20 años. ¿ Cuántos acorazados tenemos hoy ? Once 
acorazados construidos. ¿Cuántros en construcción? Trece 
acorazados. ¿Cuántos por junto? Veinte y cuatro acora- 
zados. Poco más, muy poco más de un acorazado por año. 
¿Cuántos tiene Inglaterra hoy? Tiene cincuenta construi- 
dos. ¿Cuántos tiene en construcción? Nueve. ¿Cuántos 
son por junto? Cincuenta y nueve acorazados. Nosotros 
tendremos veinte y cuatro, mientras Inglaterra tendrá cin- 
cuenta y nueve. 

Ahora, señores, hay otro punto que debemos tener en con- 
sideración. Un colega ha llamado la atención sobre el hecho 
de que estamos gastando en nuestra marina más de $96,000,- 
000. Llama también la atención sobre el hecho de que la In- 
glaterra gastará este año $170,000,000 en su marina de gue- 
rra. Francia, Rusia y Alemania tienen también un gran 
presupuesto naval. 

Todos estamos por la paz; pero todos creemos en la paz 
preparados para la guerra. El padre de nuestra nación dijo 
que uno de los mejores medios para conservar la paz era 
prepararse para la guerra. 

Por eso el debate sobre este acorazado es tan importante. 
Estamos por la paz, por la paz entre las naciones del globo, 
por la paz entre las otras naciones y nosotros. Pero quere- 
mos una paz con mucho armamento, con muchos barcos, 
con muchos cañones. 

Estoy muy satisfecho de que el Czar de Rusia haya reunido 
los representantes de los países extranjeros en ese gran con- 



252 

greso de la paz que se celebra en La Haya, y de que esos 
representantes en solemne acuerdo se hayan decidido por 
el desarme de todos los ejércitos; pero también debo hacer 
notar el hecho de que tan pronto como se tomó ese acuerdo 
por los representantes de todas las naciones, estas empezaron 
á reforzar sus ejércitos con más vigor que nunca. Por eso 
creo que nosotros debemos continuar nuestra política de au- 
mentar nuestra marina de guerra. 

Supongo que recordaréis que cuando la escuadra española, 
an la guerra Hispano-Americana, salió del otro lado del 
Atlántico, y no sabíamos qué destino llevaba, hubo aquí un 
verdadero pánico al sospecharse que pudiera dirigirse á las 
costas de los Estados Unidos, y que muchos de esos respe- 
tables caballeros que viven cerca del mar, y que en tiempo 
de paz claman contra los gastos de guerra y piden á diario 
que se rebaje el presupuesto de marina, no fueron entonces 
á sus playas veraniegas de costumbre, sino que por el con- 
trario, sacaron de sus cajas todo el dinero que tenían y se 
lo llevaron al interior. (Risas.) Por lo visto sólo en tiem- 
po de guerra es cuando queremos tener una buena escuadra. 

Si abandonamos las islas Filipinas ; si abandonamos nues- 
tras posesiones en el mar ; si negamos protección al comercio 
americano donde quiera que este exista; si decimos: No 
hay nada como la paz, jamás tendremos guerras, entonces 
cesemos de construir acorazados, cesemos de construir toda 
clase de buques, desmontemos los cañones de nuestras cos- 
tas y no gastemos un solo peso en fortificaciones. 

¿A qué canalizar nuestros ríos y puertos? ¿Para qué 
crear un comercio extranjero si no podemos protegerlo? 
¿Por qué no nos retiramos á un rincón del mundo, donde 
escondernos en la soledad y el aislamiento? 

Sí ; debemos arriar de nuestros acorazados esa vieja ban- 
dera de gloria, izada por el esfuerzo unido del ejército y de 
la marina en toda gran contienda nacional, puesta allí por el 
valor de nuestros soldados y marineros, desde Washington 
hasta Charlee, desde Esek Hopkins hasta Dewey. 

Arriemos esa bandera y pongamos en su lugar la blanca 
bandera de la paz, y escribamos en la arena de nuestras 
playas la palabra "nación" tan pequeña, que ningún pueblo 
de la tierra pueda verla, y nosotros mismos, avergonzados 
de verla, lloremos recordando los mejores y más gloriosos 
días de la República. 



2 53 



El Porvenir de la Doctrina de Monroe Está 

Bajo la Custodia de Nuestra 

Marina de Guerra, 



Extracto de las declaraciones del Hon. Chauncey M. Depew, de 
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Marzo 8 de 1904. 

No me propongo entrar en una discusión sobre las razones 
que tenemos para establecer cada día más estrechas rela- 
ciones con las islas Filipinas. Creo que los extraordinarios 
progresos realizados por aquel pueblo, y descritos por el 
gobernador Taft, en educación, en progreso y en industrias, 
continuarán con acelerada rapidez á medida que las escuelas 
sean más numerosas, la educación más general y las comuni- 
caciones entre los Estados Unidos y aquellas islas sean más 
constantes y rápidas. 

Creo que todavía no hemos entendido bien dos cosas. 
Primera: Qué ventajas nos reportará el progreso de las 
islas Filipinas cuando estas hayan absorbido el espíritu y 
hayan puesto en práctica los principios de la libertad ame- 
ricana y de las leyes americanas. Segunda : Que no pode- 
mos calcular mientras no se hayan disipado las nubes de la 
guerra en el Extremo Oriente, qué importancia tendrá para 
los Estados Unidos la posesión de aquellos territorios, con 
sus bahías y sus puertos tan cercanos del mercado que hoy 
ambicionan todas las naciones del mundo. 

Hemos llegado á ser en pocos años una gran potencia 
universal, sujeta á peligros que antes no existían. Tenemos 
deberes con la isla de Cuba desde que dijimos al mundo que 
la protegeríamos contra cualquiera invasión, contra cualquier 
ataque á su independencia, á la integridad de su territorio ó 
á sus instituciones. Tenemos á Puerto Rico que, como Cuba, 
solamente puede defenderse por mar. Tenemos á Tutuila, 
Guam, Hawaii y las Filipinas, lejos de los Estados Unidos, 
todas las cuales deben ser protegidas por mar. 

Pero hemos asumido otra obligación mucho mas grande, y 
es el canal de Panamá. 

Tenemos una línea de costas marítimas mayor que nin- 
guna otra nación, excepto una. Alaska aumenta en riqueza 
y en población en un grado tal que llama la atención de todos, 
y debe ser defendida por mar. 



254 

El canal de Panamá ha abierto una nueva era para Amé- 
rica y para el mundo. Ya el tratado ha sido firmado, las 
negociaciones terminadas, y ha sido nombrada la Comisión 
que dirigirá las obras. Pronto estableceremos un gobierno 
sobre la faja de tierra que nos ha sido cedida. El pico está 
ya en camino. El barreno de vapor y la draga se oirán den- 
tro de pocos meses. 

El porvenir de la doctrina de Monroe está bajo la custodia 
de nuestra marina de guerra. Su pacifico reconocimiento 
será el tributo que las demás naciones pagarán, no á la doc- 
trina; sino á nuestro poder naval. 

Ahora bien, cuando á través del istmo, todos los productos 
de la energía industrial de este país puedan llegar á aquel 
mercado tan rápidamente y tan baratos como los de los 
manufactureros del Viejo Mundo, entonces vendrá una com- 
petencia que se hará más vigorosa cuanto mayor sea la ha- 
bilidad de nuestros obreros y el talento mercantil de nuestro 
pueblo. 

Por consiguiente no podremos proteger ese comercio sola- 
mente con tratados. No podremos proteger nuestro comercio 
y ampliar nuestras relaciones mercantiles con el arbitraje de 
La Haya solamente. 

Sólo podremos defender nuestro comercio teniendo un 
poder naval capaz para su protección, para la seguridad de 
nuestras islas y para evitar que una escuadra enemiga des- 
truya en una semana el canal de Panamá, después de haber- 
nos costado trescientos millones de pesos y diez años de tra- 
bajo; un poder naval, en fin, que no sea agresivo, pero que 
esté siempre listo para conservar la paz. 

No Hay Mejor Póliza de Seguro que una 
Marina de Guerra. 

Extracto de las declaraciones del Hon. -Chauncey M. Depew, de 
New York, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, 
Marzo 8 de 1904. 

No me cabe duda, en vista de las tarifas adoptadas en toda 
Europa contra nosotros, con el propósito de limitar el desa- 
rrollo de nuestro comercio en aquel continente, que Mr. 
Chamberlain triunfará en Inglaterra. 

Creo que será derrotado en la próxima elección general; 
pero el sentimiento crecerá porque tendrá poca vida el par- 
tido que suba al poder con el viejo programa libre-cambista. 



2 55 

Mr. Chamberlain subirá al poder, por una gran mayoría, 
cambiando radicalmente la tradicional política de la Gran 
Bretaña. 

El ejemplo de los Estados Unidos, el enorme desarrollo 
de nuestros recursos por razón de las tarifas proteccionistas, 
el colosal aumento de riquezas, por haber declarado América 
para los americanos, han hecho que Alemania, Francia, 
Rusia, Italia y Austria adopten el sistema proteccionista. 

Su barrera de tarifas se ha levantado contra nosotros por- 
que la actividad de nuestros manufactureros, la habilidad 
de nuestros obreros y la baratura de los transportes han hecho 
muy peligrosa nuestra competencia. 

Cuando Inglaterra cambie su política ; cuando deje de ser 
vertedero para nuestro exceso de producción ; cuando sus 
puertos dejen de estar abiertos para nuestros cereales, nues- 
tros artículos de algodón y lana, nuestras manufacturas en 
madera y acero ; cuando adopte una tarifa que aumente el 
número de sus fábricas, y sus obreros compitan en jornal con 
los obreros extranjeros, entonces veremos que los comercian- 
tes americanos, los fabricantes americanos, los agricultores 
americanos, los obreros americanos pedirán que entremos en 
aquellos mercados de Oriente, que no se abrirán para noso- 
tros si no tenemos una marina de guerra adecuada. 

Cualquiera que sea la fuerza de nuestra marina, y donde 
quiera que se halle, nunca estará por la guerra sino por la 
paz. Nunca estará dispuesta para el ataque sino para la 
defensa. 

Tenemos ahora 24 grandes buques en aquellas aguas orien- 
tales, cerca de las hostilidades ; y confiamos absolutamente 
en que sus jefes, á la vez que defiendan el honor, los dere- 
chos, el comercio y los territorios de los Estados Unidos, 
evitarán todo lo posible cuestiones con los demás. 

No hay mejor póliza de seguros que una marina de guerra. 
Una gran armada, adecuada á las necesidades del país, que 
sea bastante fuerte para protegerla y defenderla, es un minis- 
tro de paz. 

Veamos nuestra capacidad. Somos una nación de 80,- 
000,000 de habitantes. Tenemos $127,000,000,000 de ri- 
queza pública. Inglaterra tiene 42,000,000 de habitantes y 
$65,000,000,000 de riqueza pública. Francia tiene 39,000,- 
000 de habitantes y $54,000,000,000 de riqueza pública. Ale- 
mania tiene 56,000,000 de habitantes y $45,000,000,000 de 
riqueza pública. 



256 

El comercio de importación y exportación de los Estados 
Unidos el año pasado fué de $2,606,000,000 ; el de Inglaterra 
$4,000,000,000; el de Francia $1,669,000,000 y el de Alema- 
nia $2,453,000,000. 

Ahora bien, el valor de los buques construidos y por cons- 
truir en Inglaterra es de $629,000,000 con la mitad de nues- 
tra población y menos de la mitad de nuestra riqueza públi- 
ca ; en Francia es de $327,000,000 con menos de la mitad de 
nuestra población y menos de la mitad de nuestra riqueza 
pública, y en Alemania es de $182,000,000 con menos de las 
tres cuartas partes de nuestra población y menos de la mitad 
de nuestra riqueza pública. 

El valor actual de los buques en servicio y en construc- 
ción en los Estados Unidos es de $182,000,000. 

Los Estados Unidos ocupa ahora el quinto lugar, con 
294,405 toneladas contra 387,874 para Alemania, 416,158 
para Rusia, 576,108 para Francia y 1,516,040 para la Gran 
Bretaña. 



Teodoro Roosevelt. 

Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 27 de 
1904. 

Ningún hombre ha hecho mejor impresión para sí mismo y 
para su partido que la que hizo Roosevelt en la campaña de 
1900. Aquel fué el punto de partida. Luego vino á esta 
ciudad y tomó posesión de la Presidencia del Senado de los 
Estados Unidos. No es ese un lugar que ofrece oportuni- 
dad á un hombre para desplegar grandes dotes de inteligen- 
cia; pero Roosevelt demostró en él la alteza de su carácter, 
su respeto á la constitución y su amor al pueblo que lo 
eligió. 

Más tarde vino la crisis más importante de su vida. Wil- 
liam McKinley habia muerto, y las lágrimas del partido 
democrático brotaron por primera vez. El hombre que había 
sido tan amargamente censurado, llorado por los mismos 
hombres que lo hicieron objeto de sus censuras. Roosevelt 
fué llamado por el deber y la constitución á presentarse en 
Búrlalo, donde prestó el juramento de oficio, tomando po- 
sesión de la Presidencia de los Estados Unidos. 



2 57 

Entonces fué cuando el pueblo de los Estados Unidos em- 
pezó á conocerlo. 

Lo primero que hizo, aún no enterrado el cuerpo de Mc- 
Kinley, fué declarar que en presencia del Altísimo, asumía 
los deberes de Presidente, y prometía cumplir fielmente los 
propósitos políticos de William McKinley. 

Esta promesa de Roosevelt salvó al pueblo americano de 
la pérdida de muchos centenares de millones de pesos. A 
la muerte de un Presidente, y sobre todo de un Presidente 
considerado como el campeón de una gran política, y que 
tuvo en sus manos los hilos de una administración que bajo 
muchos conceptos afectaba al comeicio y á la industria del 
país, era natural temer, y todos temimos que ocurriera un 
pánico en Wall Street que se extendiera por todo el país y lo 
precipitara en una tremenda catástrofe financiera. 

Se temió que ocurriera un pánico que llevara la desola- 
ción á muchos centros comerciales del país, extendiéndose 
por consecuencia á los mercados europeos. Pero la voz del 
hombre en cuya integridad de propósitos tenía el pueblo 
entera confianza, se dejó oir diciendo: "Siga reinando la 
paz;" y estas palabras alejaron la tempestad. Habló á todos 
los intereses de los Estados Unidos, y á los de todo el mundo, 
y su "Siga reinando la paz" fué la promesa de una fiel con- 
tinuación de la grandiosa obra de McKinley. 

Fué aquella la afirmación de un hombre honrado, y el 
pueblo creyó que la obra de McKinley no se interrumpiría ; 
creyó en la honradez de aquella declaración que se afirmó 
con el sostenimiento en el Gobierno del mismo gabinete que 
había dejado McKinley. 

Yo me considero un amigo de McKinley, conozco á los que 
él consideraba sus amigos, y aseguro que no hay uno solo 
entre todos los buenos amigos de McKinley en los Estados 
Unidos de América, cuyo nombre y opinión hayan llegado 
á mi conocimiento, que no esté dispuesto en todo tiempo á 
declarar sin vacilación que ha sido tratado con bondad, con 
cordialidad y con el más grande respeto por Teodoro Roose- 
velt. 

Ved los hombres que sirvieron al lado de McKinley si no 
sirven hoy al lado de Roosevelt. No necesito enumerarlos ; 
pero el hombre que más que ningún otro permaneció al lado 
de McKinley, el hombre que lo amaba como á un hermano, 
transfirió su afecto inmediatamente á Teodoro Roosevelt, y 
desde aquel día hasta el en que él también desapareció, jamás 



2 5 8 

dejó de afirmar, aquí y en todas partes, que Roosevelt había 
cumplido honrada y fielmente las promesas que hizo en Búf- 
falo. 



Hiciste Bien, Tú, Fiel Servidor de la 
Civilización. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. P. Dolliver, de Iowa, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 22 de 
1904. 

Algunos dicen que el Gobierno de los Estados Unidos 
jamás ha tenido derecho para hacer algo en el istmo de Pa- 
namá sin la autorización del Gobierno de Colombia. Niego 
semejante cosa. En ningún tratado se habla de tal con- 
dición. 

A mi juicio es increíble que con los enormes intereses en 
litigio los Estados Unidos permanecieran tranquilos aban- 
donando vidas y propiedades, viendo el comercio destruido 
y esperando para intervenir el permiso- del dictador colom- 
biano. Niego que exista esa condición, porque la considero 
en absoluta contradicción con la historia del pueblo de los 
Estados Unidos. 

Si existiera, ¿ qué se propuso el Presidente Buchanan cuan- 
do acudió al Congreso en demanda de autorización para 
llevar un ejército al istmo de Panamá tan pronto como allí 
hiciese falta? Si no tenía derecho para ello sin la autoriza- 
ción de los pueblos revolucionarios pobladores de aquellas 
vecindades ¿qué se proponía, repito, al pedir al Congreso 
una autorización expresa para llevar allá el ejército de los 
Estados Unidos y ocupar el istmo de Panamá con objeto de 
proteger nuestras propiedades ? 

Creo que tenemos en aquel istmo, y que lo tenemos hace 
más de cincuenta años, un derecho de propiedad obtenido de 
los gobiernos de Nueva Granada primero, más tarde del de 
Colombia, y ahora de la República de Panamá, que garantiza 
toda orden emanada del Presidente de los Estados Unidos 
y todo acto realizado por nuestros soldados y marinos tanto 
en la bahía como en el istmo de Panamá. 

No me propongo hacer aquí la apología ni de lo que se 
ha escrito en papeles, ni de lo que se ha hecho por nuestros 
valientes oficiales y marineros de nuestra flotilla, así en 
Colón como en Panamá. 



2 59 

He llegado á un punto en que me propongo no seguir 
elogiando al gobierno de mi país, á fin de que los que viven 
en el extranjero no me crean exagerados en mis elogios. 

He llegado á un punto en que me propongo permanecer 
con los Estados Unidos y dejar á los otros pueblos de la 
tierra que se ocupen de sus propios gobiernos. 

Sin tratar de irritar ni desesperar á nadie, digo á mis 
colegas del otro lado de la Cámara que, politicamente, nada 
podrá hacerse que logre embarazar los movimientos de los 
Estados Unidos en esta gran cuestión que envuelve sus re- 
laciones con los países extranjeros. 

Desprecio, como también lo desprecia el Presidente de los 
Estados Unidos, toda insinuación encaminada á hacer sospe- 
char que el Gobierno de esta República es capaz de alguna 
perversa intriga en conexión con este gran negocio. Se ha 
escrito toda la historia del caso. Es una historia de anar- 
quía y despotismo de 40 años, reinando sobre el istmo de 
Panamá. 

Si no hay otra ley de los Estados Unidos, ó de las demás 
naciones que justifique nuestra conducta, propongo la exis- 
tencia de una ley que más de un vez ha guiado la historia 
del mundo, y es la ley de la paciencia agotada. 

Me regocijo de que después de tantos años llegue la hora 
en que con honor, con dignidad y con energía el Gobierno de 
los Estados Unidos pudo poner término á sus alianzas con 
aquella anarquía, pudo dar un cariñoso adiós á ese astuto 
dictador de Bogotá y extender la mano amiga en defensa de 
la población del istmo de Panamá. 



Un Gran Hombre en la Casa Blanca. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Charles B. Landis, de In- 
diana, publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Enero 
27 de 1904. 

Necesito decir que no soy uno de esos que se titulan ami- 
gos de siempre de Mr. Roosevelt. Hace años combatí á 
Mr. Roosevelt y las teorías que entonces defendía. Lo 
acusé en mi periódico. Llegó á ser en mí un hábito decir 
cosas duras contra él. Discutí su honradez. Dije en mi 
periódico que era un falso reformador y un presuntuoso. 
Pero he cambiado mi opinión respecto de Teodoro Roosevelt. 
Ni el interés ni el egoísmo han inspirado ese cambio. Roose- 



2 6o 

velt me ha vencido, como ha vencido á millones de sus con- 
ciudadanos, por su celo, por su energía y por su patriotismo. 

Empecé á comprender lo injusto que era con él cuando lo 
vi, frente á una guerra amenazadora, infundir en uno de los 
más importantes departamentos de este Gobierno, estancado 
en la monótona rutina de un tercio de siglo, la sangre roja 
de la actividad. Comprendí qué errónea idea había formado 
de él cuando vi el enuncio de que había resuelto abandonar 
un puesto de honor, de responsabilidad y de influencia, que le 
aseguraba un papel importante en los días de la guerra, para 
formar un regimiento y marchar con él á combatir por la 
patria. 

Más tarde comprendí cuan malignamente lo había juzgado 
cuando, con mis colegas de esta Cámara, leí boletines de la 
guerra que decían cómo él, á la cabeza de su regimiento, 
bajo un cielo abrasador, siendo blanco de centenares de tira- 
dores, dio muestra de ese valor, de ese heroico valor que du- 
rante más de cien años ha obligado á todas las naciones á 
declarar que el soldado voluntario americano es el primer 
soldado del mundo. 

Se dice que se mezcló en el negocio de la Northern Se- 
curities. Sí, se mezcló. Con centenares y millares de sus 
conciudadanos demostró que el conservatismo había perdido 
la cabeza y que el capital se había vuelto loco. Invocó la 
ley aprobada por el Congreso y puso término á las combi- 
naciones y especulaciones que se extendían por toda la repú- 
blica. Esta ley fué aprobada por el Congreso ante la enér- 
gica solicitud del pueblo americano. 

Uno de los hombres más ricos de New York me dijo en- 
tonces que el país no sabría nunca apreciar todo el servicio 
que Teodoro Roosevelt le había prestado al poner fin á aquel 
litigio. 

Se ha dicho que se mezcló en el negocio de la huelga de 
antracita. Sí, se mezcló. ¿ Y quién se atreverá á decir que 
se equivocó? 

Vio la pasión y la codicia frente una de otra, hostiles y 
encarnizadas, y les dijo: "Venid y razonemos juntos." Así 
llegó á un arreglo de aquella huelga, y lo hizo sin sacrificar 
un átomo de la dignidad de su cargo. 

No debemos olvidar la situación que existía entonces. 
Millones de personas estaban sin combustible. La muerte 
clamaba por sus víctimas y el frío de la muerte se sentía en 
muchos hogares. 



2ÓI 

¿No creéis que había llegado la hora de que alguien ha- 
blara? Un cobarde en la Casa Blanca hubiera permanecido 
en silencio. Pero había un hombre valiente en la Casa 
Blanca, y aquel hombre procedió con energía á la vez que 
con prudencia, y la huelga terminó, y la nación fué salvada 
de una serie de motines que acaso hubieran terminado en 
una sangrienta revolución. 



El Genio, el Valor, la Habilidad y el Patrio- 
tismo de Teodoro Roosevelt. 



Extracto de las declaraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
publicadas en el Diario de Sesiones del Congreso, Abril 9 de 
1904. 

Tratemos de la cuestión de la investigación de Correos. 

¿Cómo se presenta Teodoro Roosevelt ante este país res- 
pecto del cumplimiento de sus deberes en esta cuestión? 
¿Ha estado deficiente? A la primera insinuación de que 
existía algo de anormal en el Departamento de Correos, 
inició una investigación que fué lo suficientemente eficaz 
para descubrir todo vestigio de incorrección. 

Si yo fuera á criticar á Teodoro Roosevelt en este asunto, 
no sería por cierto por su falta de celo ; sería por su elección 
de ciertas agencias que hizo por creer que tranquilizaba al 
partido democrático eligiendo sus instrumentos para llevar 
á cabo aquella investigación ; pero no lo critico por eso. Es- 
toy seguro de que en los meses que vienen, en los meses que 
seguirán á la clausura del Congreso y que terminarán con la 
elección de Noviembre, el pueblo americano dirá que Roose- 
velt hizo todo lo posible para un hombre que tiene altos de- 
beres oficiales que cumplir limitados por la Constitución. 

Hé aquí algunos hechos importantes de su carrera á los 
cuales me voy á referir. Subió á la Presidencia de los Es- 
tados Unidos repentinamente, y encontró pendiente un gran 
proyecto de ley de reciprocidad con Cuba. Preciso es con- 
venir en que ese proyecto no era nada popular en su propio 
partido. Tampoco era nada popular en la Cámara de Re- 
presentantes. 

Hubiera sido cosa fácil para Teodoro Roosevelt el aplazar 
aquel proyecto, retirarlo del programa republicano y no 
ocuparse más de él. Pero Teodoro Roosevelt no es de los 



2Ó2 

hombres que retroceden cuando marcha por el camino de la 
justicia. Teodoro Roosevelt antepuso su conciencia, su jui- 
cio y su patriotismo al peligro de romper la armonía del par- 
tido, y con energía y constancia sin ejemplo cumplió una 
gran promesa que es hoy una de las estrellas más brillantes 
en la corona de nuestro orgullo nacional. 

Ya, desde tiempo inmemorial, desde una época que ningún 
hombre vivo en ambos ramos del Congreso pueda recordar, 
la cuestión del canal de Panamá agitó al pueblo de este país, 
constituyendo una de las cuestiones más complicadas y uno 
de los problemas de más difícil solución de aquella época. 

Una reclamación de Francia sobre la propiedad por una 
parte; una reclamación de Colombia por otra; una contro- 
versia entre Nicaragua y Costa Rica, creando las tres dificul- 
tades tras dificultades para impedir que se llevará á cabo la 
obra, hasta que la gran masa del pueblo de los Estados Uni- 
dos se vio contrariada ante la aparente imposibilidad de re- 
solver el problema. 

Entonces vino Teodoro Roosevelt. No sé si fué su genio 
el que despejó la situación. Pero llegó el momento en que el 
mundo miró hacia Panamá y dijo : "¿ Qué pasa con el canal 
de Panamá?" Y de nuevo entonces Teodoro Roosevelt se 
levantó como hombre y como Presidente de los Estados Uni- 
dos, y resolvió el problema de tal manera que todo el mundo 
lo miró con admiración, que nadie en los Estados Unidos 
hoy levanta su voz contra un acto de nuestro Gobierno que 
el mundo entero. aplaude. 



Las Profecías de los Libre- Cambistas se han 
Vuelto Arriba Abajo. 

Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se- 
siones el 5 de Enero de 1904. 

Gran Bretaña ha perdido el balance del Comercio en las 
Manufacturas. 

Veinte años atrás vendimos dos veces tantas manufacturas 
á nuestros competidores europeos y americanos como com- 
pramos de ellos. Diez años hace el balance era todavía subs- 
tancial. Tres años hace existía. Actualmente ha desapare- 
cido, y para la completa inversión de todas las esperanzas de 
los Cobdenistas, no solamente dependemos de las naciones 



263 

extranjeras para el alimento y las materias primas, sino que 
actualmente compramos de nuestros principales rivales más 
géneros concluidos que los que les vendemos. 

Si el balance es contra nosotros en las manufacturas, ¿ qué 
al final tendremos que pagar por nuestro alimento importado 
— por el alimento barato que evidentemente juega impor- 
tante papel electoral en estos momentos? Como objeto de 
comparar las predicciones con los hechos las profecías de los 
primitivos libre-cambistas parece que se les han trastornado 
y se encuentran todos andando en opuesta posición hacia su 
ejecución. 

Richard Cobden era un manufacturero. Una gran ma- 
yoría de los manufactureros de este país se ha convencido 
por amarga experiencia de que la única sabiduría en estos 
asuntos es la justicia ; que por igual progreso en el comercio 
del mundo, necesitamos igual oportunidad ; y que á las tari- 
fas deben hacer frente otras tarifas, y libertad solamente 
ofrecida en cambio de libertad. 

No es una presunción falta de razón la de que si Richard 
Cobden estuviese presenciando el estado de cosas bajo el 
cual Europa y América no solamente nos proveen de alimento 
y materias prunas, sino que venden en nuestros mercados 
más manufacturas que las que compran, su inteligencia mas- 
culina rechazaría discípulos doctrinarios que nos dicen que, 
á pesar de lo mucho que nos entorpezcan los métodos fiscales 
de otras naciones, la sola política de Inglaterra es la impo- 
tencia. 

La preferencia es la única garantía de aumentar el abas- 
tecimiento y abaratar el porvenir. Pero por la interroga- 
ción del gabinete y por el hombre de medianos alcances, 
presumimos que la cuestión determinante no sera lo que es 
el número del índice de Mr. Sauerbeck, en los precios co- 
rrientes del alimento, sino lo que son la posición y los pros- 
pectos de nuestra prosperidad nacional — la seguridad fu- 
tura para el capital, el empleo y los salarios. ¿ Cuál es, por 
tanto, la medida de nuestro relativo bienestar bajo las impor- 
taciones libres ? Tomemos los diversos ensayos que eminen- 
tes estadistas en admirables discursos han propuesto en el 
curso de los recientes debates. 

Hay dos clases de críticos del libre-cambio, los optimistas 
y los pesimistas. Los dos irreconciliables conceptos de nues- 
tro especial estado se mezclan impropiamente en los mismos 
discursos. Se le dice al trabajador que su condición es una 
prosperidad sin paralelo bajo el éxito sin igual de las im- 



264 

portaciones libres. Por temor de que esto no lo conmueva, 
se le dice también que una tercera parte de las clases tra- 
bajadoras del país están en el borde de la indigencia después 
de cincuenta años de libre-cambio. Estos dialectistas incon- 
secuentes no pueden encontrárseles en ambos lados. Tienen 
que declarar sobre qué caballo quieren ganar, y deben decidir 
si intentan argüir de que no debemos cambiar el comercio 
libre porque estamos pósperos ó que no nos atrevemos á 
cambiarlo porque estamos arruinados. Tomemos el lado 
optimista primero, ó al menos el primer optimismo. En una 
bella oración Lord Goshen se ha referido á la evidencia de 
los depósitos de las Cajas de Ahorros. 

Estos depósitos en el país del libre-cambio parecen satis- 
factorios. ¿Mas cómo se comprueban con los depósitos de 
las Cajas de Ahorros de los pueblos bajo la protección? No- 
sotros no creemos el punto de ninguna importada real bajo 
ningún concepto, por el motivo de que el trabajador bri- 
tánico es un gran consumidor. Economiza menos de sala- 
rios altos que nuestros hermanos continentales se ingenian 
economizar de los salarios bajos. Las cifras internacionales 
pueden probar que la imprevisión más bien que la pobreza 
es la queja del trabajador británico. Indudablemente que 
no prueban nada con respecto á su excepcional prosperidad 
bajo el comercio libre. En el "Journal de Stastique Suissé," 
Mr. Fatio dio el siguiente cómputo en los diferentes países 
de ios depósitos en las Cajas de Ahorros, calculados por 
cabeza de población 

CAJAS DE AHORROS DE ONCE DIFERENTES PAÍSES, EN ICjOO. 

Por cabeza de población. 
Países. £ s. d. 

Dinamarca 15 11 6 

Suiza 13 o 2 

Alemania 7 10 6 

Noruega 7 8 7 

Australia 7 6 4 

Bélgica 6 7 o 

Estados Unidos de América 6 4 10 

Austria-Hungría 5 8 3 

Suecia 5 1 5 

Francia 4 8 8 

Gran Bretaña 4 2 5 



265 

Por tanto, el único país que tiene libre importación está 
ai final de la lista. No es indispensable culpar al Cobdenis- 
mo de esta situación, pero seguramente los Cobdenistas ha- 
rían mejor en dejar á un lado la cuestión de las Cajas de 
Ahorros. 



Diferencia en Precios Bajo la Tarifa Walker 
y la Actual Política Protectora. 



Extracto de las declaraciones del Hon. Leónidas C. Houk, de Ten- 
nessee, página 41 del Diario de Sesiones del Congreso, 50 o Con- 
greso, primera Sesión. 

En un discurso que pronuncié en Londres, Tenn., mi dis- 
trito, mi amigo del distrito de Chatanooga conocerá al ca- 
ballero á quien me voy á referir — estaba tratando de argüir 
en esta cuestión de protección. 

Me fijé en un lado del salón y descubrí en la multitud al 
Capitán Jack Hall, demócrata prominente, quien poseía una 
heredad cerca del río recogía espléndidas cosechas, y tenía 
finos caballos, ganado lanar y vacuno y otras cosas que for- 
man el adorno de una heredad moderna. Lo que dije de él 
fué tomado en taquigrafía y á la vez publicado en el "Phil- 
adelphia Press" y otros periódicos, y quiero leer como parte 
de mis consideraciones ese diálogo entre Jack y yo. Le 
pregunté : 

¿ Cuánto consiguió Ud. por su maíz bajo la tarifa Walker 
de 1846? 

R. De 10 á 12% centavos por bushel. 

¿ Cuánto obtuvo Ud. por la misma clase de maíz cultivado 
en la misma finca y entregado en el mismo lugar, bajo la 
actual política proteccionista republicana? 

R. Sesenta centavos por bushel. 

¿Cuánto conseguía Ud. por potro de mediano temaño en 
aquellos días? 

R. De $40 á $60. 

¿Cuánto obtiene Ud. ahora bajo la actual política por la 
misma clase de caballo? 

R. De $100 á $125. 

¿Cuánto conseguía Ud. por su trigo, por bushel, bajo la 
tarifa Walker? 

R. De 25 á 35 cents. 



266 

¿ Cuánto consiguió Ud. por igual clase de trigo bajo la ac- 
tual política republicana? 

R. De 8o á $1.25 por bushel, debido á la demanda. 

¿Cuánto consiguió Ud. en aquellos días por una buena 
vaca ? 

R. De $8 á $12. 

¿Cuánto consigue Ud. por la misma clase de vaca ahora, 
bajo la actual política? 

R. De $42 á $45. 

¿Cuánto consiguió Ud. por ciento por harina bajo la ta- 
rifa de Walker de 1846? 

R. De $1.25 á $1.50. 

¿Cuánto obtiene ahora por la misma clase? 

R. De $4 á $6 por ciento. 

¿Cuánto conseguía Ud. por una buena oveja en aquellos 
días, Jack? 

R. Cincuenta centavos por una buena. 

¿ Cuánto consigue por la misma clase de oveja hoy, bajo la 
política republicana? 

R. De $1.50 á $2 (una voz en la concurrencia: "Sí, $2.50 
por una buena."). 

¿Cuánto conseguía Ud. por ciento por sus buenos cerdos 
bajo la tarifa Walker? 

R. De $2.50 á $3. 

¿Cuánto consigue Ud. bajo la actual bribona política pro- 
tectora republicana? 

R. De $5 á $7 por ciento. 

Jack, ¿hizo Ud. mantequilla para vender en aquellos días? 

R. Hacíamos mantequilla, pero había poca venta, porque 
había pocos que comprasen. 

Bien, cuando vendió alguna, ¿cuánto obtuvo por ella? 

R. Algunas veces hasta 6 pennys por libra. 

¿ Hace Ud. y vende ahora mucha mantequilla ? 

R. Sí, bastante. 

¿ Cuánto consigue Ud. por libra ahora bajo esta bribona 
política republicana? 

R. Tengo ahora un contrato permanente en Londres, con 
los empleados ocupados en los establecimientos manufacture- 
ros aquí, á 25 centavos por libra todo el año. ■ 

Jack, ¿á qué atribuye Ud. la diferencia de precios bajo 
la tarifa Walker y la actual política protectora republicana? 

R. No teníamos en aquel entonces establecimientos manu- 
factureros y había poca gente, pero ahora Ud. ve, hav mu^ 



267 

chos trabajadores en estos establecimientos aquí, y nos dan 
mercado para todos nuestros excedentes, y vendemos una 
gran cantidad, y tenemos el dinero por ella, cuando acostum- 
brábamos botarla por no haber quien la consumiera. 

Bien, Jack, ¿qué tenia Ud. que pagar bajo la tarifa Wal- 
ker por yarda de calicó, para vestir "la mujer" para el do- 
mingo ? 

R. Desde un chelín á 25 centavos la yarda. 

¿ Por cuánto puede Ud. conseguir ahora la misma clase de 
calicó, Jack? 

R. De cuatro y medio á ocho centavos por yarda. 

¿Cuánto tenía Ud. que pagar en aquellos tiempos por un 
buen sombrero de fieltro para los domingos, Jack? 

R. De $2.50 á $4. 

¿ Cuánto tiene Ud. que pagar ahora por la misma clase de 
sombrero, Jack? 

R. De 50 centavos á $1.25. 

Del Discurso de Bryan en Chicago. 

El Partido Democrático combatido por los mares de la 
destrucción. 

Extracto de las consideraciones del Hon. Gilbert N. Haugen, de 
Iowa, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 26 de 
1904. 

Quiero demostrar mi simpatía al partido democrático en 
su hora de confusión, tumulto y aflicción, vagando sin rumbo 
como embarcación sin timón, tropezando con escollos y con 
rocas, combatido por los mares de la destrucción, sin resul- 
tado ó esperanza de llegar á un acuerdo, ni sobre el candi- 
dato ni sobre la plataforma. Para inteligencia de los que 
acarician la esperanza de una reconciliación del partido de- 
mocrático, voy á leeros, del discurso pronunciado en Chicago 
por Bryan, sobre la plataforma de New York, el reorgani- 
zado partido y su candidato en perspectiva, la parte elogiada 
y defendida por el elocuente caballero de New York, Mr. 
Cockran, en su discurso de dos horas sobre el libre-cambio 
el último sábado. 

Plataforma para un farsante. 

La plataforma de Neiv York es una vergonzosa platafor- 
ma, propia únicamente para un partido sin honor. Nadie 



268 

sino un astuto farsante se mantendría al lado de ella. El 
someter tal plataforma á los votantes de un Estado, es un 
insulto á su inteligencia, porque lleva la intención de en- 
gañarlos, y un deliberado propósito de engañarlos ; tan gro- 
sero atentado como es esta plataforma que va á reflejarse 
sobre los cerebros de aquellos á quienes se la somete. 

Esta plataforma demuestra que la oposición á la platafor- 
ma de Kansas City no es oposición á la plata, sino oposición 
á toda reforma necesitada, y oposición á todo lo que las ma- 
sas desean. 

Yo esperaba que una plataforma preparada por Mr. Hill 
para el juez Parker, sería evasiva y falta de franqueza; pero 
yo no concebía que ningún cuerpo de hombres que se llama- 
sen demócratas presentasen tal plataforma como una re- 
comendación de un candidato. ¿Puede alguien dudar que 
con una plataforma tal como la adoptada en New York y con 
un candidato cuya conciencia le permitiese presentarse en 
ella; dudaría alguno que con tal plataforma y candidato el 
partido fuese hipotecado de antemano á las corporación^ 
que están ahora usando al Gobierno como una propiedad pr 
vada y saquear al pueblo á su voluntad? Yo soy uno que 
no está dispuesto á que el partido democrático llegue á ser 
el instrumento de las corporaciones. No estoy dispuesto á 
que llegue á ser el campeón de la riqueza organizada. 

Consejo á la Democracia. 

Lancemos del partido todo demócrata que cause descon- 
fianza, todo oficial que administraría el destino por su bene- 
ficio particular. Hagamos á la democracia no solamente 
aspirar á un buen gobierno, pero también á un gobierno del 
pueblo, por el pueblo y para el pueblo. 

En verdad, merecen Üds. que se les tenga simpatía. Con 
esta perturbación en sus filas y su agitada condición, en 
frente del progreso, la prosperidad y una condición feliz del 
pueblo, producto del gobierno republicano, de principios 
republicanos y política republicana, está claro para Uds. y 
para todo el mundo que vuestra derrota es segura el próxi- 
mo Noviembre. Es una desgracia para Uds. considerándolo 
bajo el punto de visto político, pero cuánta fortuna es para 
el pueblo americano que tengamos un Presidente puro, sin 
miedo, honrado y patriota. 

Uno que ha trabajado fervorosamente, fiel y concienciosa- 



269 

mente, para cumplir su pesados derechos, siempre en entera 
simpatía con los mejores intereses del pueblo todo, siempre 
observando su deber con fidelidad, dignidad y rectitud de 
miras, dominado por nobles deseos y levantados ideales ; un 
estadista, diplomático fortificado por una riqueza de sabidu- 
ría; un hombre cuyo carácter, éxito, precedentes, tanto pri- 
vados como públicos, sin una mancha de inmoralidad, de- 
cepción, fraude ó corrupción, su lealtad de principios, su 
amor á la verdad, su incansable energía, sus altos ideales y su 
concienciosa obra, le hacen acreedor al respeto y admiración 
de todos. 

Este es Teodoro Roosevelt, el hombre á quien el partido 
republicano presentará como su candidato en la próxima 
elección ; y señores, vosotros estáis gastando tinta, tiempo y 
energía en circular tales absurdas falsedades. 



El Partido Democrático Sostiene el 
Libre- Cambio. 



Extracto del discurso del Hon. M. A. Hanna, de Chillicothe, Ohio, 
en Septiembre 19 de 1903, y publicado en el Diario de Sesiones 
del Congreso, en Junio 20 de 1904, como parte de las declara- 
ciones del Hon. M. E. Olmsted, de Pennslyvania. 



Sostengamos á Roosevelt y los principios Republicanos. 

Todo el país tiene sus miradas fijas sobre Ohio, sabiendo 
que esta es la batalla de escaramuzas para 1904, y me uno 
al senador Foraker para dirigir una apelación al pueblo, 
para enviar un mensaje de felicitación y de confianza al joven 
Presidente en Washington, y hacerle saber que Ohio jamás 
vacila en sus derechos, y que triunfaremos en la campaña 
de 1904. (Largos y prolongados aplausos.) Hacer eso, 
demostrar con vuestros actos, con vuestros votos, que tenéis 
la intención de sostener esos principios ; que intentáis que 
los hombres que os representan en los salones del Congreso 
y en el cuerpo legislativo del Estado sean enviados allí con 
instrucciones de poner en práctica estos principios, y que 
no tendréis otra clase de representación. (Prolongados 
aplausos.) Haced eso y este país estará tan lejos de cual- 
quiera perspectiva de calamidad y aun menos de pánico, 
como se encontró hace tres años. 



270 

Estamos en mejores condiciones que ninguna otra Nación. 

Estas condiciones son, conciudadanos míos, en este país, 
normales. Es decir, no son anormales. No hay motivo para 
que no tengamos períodos largos y continuados de prosperi- 
dad en este país, siendo nuestros naturales recursos mucho 
más grandes que los de cualquiera nación del mundo. (En- 
tusiastas felicitaciones.) Hemos alcanzado esa posición por 
puros méritos, y esos méritos están evidenciados por el 
hecho de que bajo sus influencias y durante los tiempos de 
paz hemos hecho tan rápido progreso en el desenvolvimiento 
industrial que podemos visitar los mercados del mundo con 
nuestros productos y todavía mantener el precio de nuestros 
salarios. (Grandes aplausos.) Ese es aún un prestigio de 
más orgullo, amigos míos, que el nuevo poder político que 
hemos recibido desde la guerra con España, porque ese pres- 
tigio es una inspiración para cada hombre que trabaja con 
sus manos, para cada hombre que tiene la ingenuidad que 
Dios haya podido concederle para preparar por sí mismo las 
condiciones, dentro de los límites de su capacidad, dentro de 
los límites de esas industrias, que le dan igual oportunidad 
con cualquier otro hombre. 

Los jetes democráticos sostienen el Libre-Cambio 
absoluto. 

Hay un lado serio para ello, porque si, por causa de ig- 
norancia de las verdaderas condiciones, ó por causa de la in- 
debida situación creada durante una campaña los trabajado- 
res fuesen alejados del partido y los principios que han hecho 
tanto por ellos, entonces sería serio, porque ese elemento que 
guía y domina el partido democrático hoy sostiene, no la ta- 
rifa de contribuciones pero el absoluto libre-cambio. Mr. 
Clark determina su posición respecto á la tarifa manifestando 
que él retiraría enteramente la tarifa de todos los artículos 
manufacturados por los trusts. ¿ Qué significa eso ? Que to- 
das las industrias del acero y el hierro en los Estados Uni- 
dos, todo lo que se relaciona con los comercios de metal, con 
los de algodón, y en resumen con todas nuestras grandes in- 
dustrias, entran de lleno dentro del alcance de su proposición. 

No hay un solo hombre que tenga alguna inteligencia, en- 
tre los trabajadores de^mi Estado, que no sepa cuál sería el 



2 7 I 

resultado de esa política. El absoluto Ubre-cambio en todas 
las escalas de nuestra tarifa cerraría un 75% de las institu- 
ciones industriales de los Estados Unidos, hasta que pudiése- 
mos bajar el trabajo á los precios donde pudiéramos competir 
con Europa. 

Eso es, compañeros, lo que os amenaza. Os chasquearon 
en 1892 con el ruido de los cencerros. Os colocaron una 
venda delante de vuestros ojos, para ocultaros el bilí Mc- 
Kinley. Pero McKinley, aunque su bilí fué derrotado, ja- 
más se desanimó, y le oí decir muchas veces : "Sí-, es muy 
duro, pero no es humillante para mí, porque sé que tengo 
razón, y sé que pronto el pueblo estará en lo correcto. Pien- 
so solamente en esos hogares donde el sufrimiento y las 
necesidades se dejarán sentir durante el período que debe 
transcurrir antes que los hombres recobren su cuerdo sentido 
y aprendan, por amarga experiencia, lo que significa poseer 
ese edificio de la protección erigido en obsequio de sus in- 
tereses más que ningún otro, y derrumbado en tierra, y todo 
por la influencia de la demagogia. No ; mientras que vues- 
tros intereses descansen en el manejo de las cuestiones na- 
cionales, permitidme que os lo repita, los problemas no han 
cambiado, los principios son los mismos, los resultados no 
han variado y os encontráis hoy exactamente donde os en- 
contrabais hace años en este Estado, cuando, bajo la direc- 
ción del bizarro hombre que creía en la política protectora 
y en dinero positivo, lo seguísteis á los comicios, y año tras 
año registrasteis vuestra decisión, y esa fué la política para 
las clases trabajadoras de este Estado y país." (Entusiastas 
aplausos.) 

Una solemne advertencia contra las doctrinas socialistas 

Para concluir, amigos míos, necesito hacer resonar un nota 
de advertencia, no solamente para mis amigos los republica- 
nos, pero para todos los que tienen un hogar en este y en 
todos los países del Estado. Si las doctrinas socialistas abo- 
gadas por esta nueva forma de la democracia llegasen por 
alguna posibilidad á -ser ley, ó esa política llegase á estable- 
cerse, entonces Dios nos proteja. En cualquier tiempo en 
que la doctrina socialista se ampare del espíritu del pueblo 
de este ó de cualquier Estado de manera á dominar su razón 
é inteligencia y guiarlos á cometer lo que yo casi llamaría 
un acto de suicidio político, entonces Dios nos ampare. 



272 

Porque todo lo que hemos solicitado del pasado, todo lo 
que hemos ganado por nuestros esfuerzos é industria, todas 
las batallas que hemos librado por la libertad del hombre, 
todos los esfuerzos que hemos hecho para hacer este país lo 
que es — un ejemplo para el mundo, la más poderosa influen- 
cia cristiana del mundo — edificar un gobierno que pertenece 
al pueblo y que descansa en el pueblo para promulgar y 
hacer cumplir las leyes que lo protejan, cuando tales "ismos" 
como ese puedan prevalecer, todo esto está perdido. Es un 
serio pensamiento el que yo quiero llevéis a casa. Repu- 
blicanos y demócratas, llevadlo á casa y meditad sobre él. 
Comparad las condiciones en vuestro hogar, esas que exis- 
ten hoy con aquellas que existieron ocho años há, y entonces 
formad vuestra resolución, y cuando hayáis alcanzado una 
decisión, "asios fuertemente á ella." Hasta la vista. (Pro- 
longados aplausos.) 



Mr. Cleveland Fué Electo. 

El país no lo esperaba. 

Inmediatamente buscó ponerse al abrigo y se preparó 
para la tormenta. 

Extracto de las declaraciones del Hon. John F. Lacey, de Iowa, en 
en Diario de Sesiones del Congreso, en Mayo 4 de 1900. 

Todo razonamiento lógico es, después de todo, fundado 
en la memoria. Apelamos al recuerdo de lo pasado para los 
hechos del presente. La lámpara de la experiencia es la 
única que nos facilita la verdadera luz. Invitemos al pueblo 
americano á considerar los dos cuadros y á estudiar bien, 
antes de eligir al morador de la Casa Blanca para los próxi- 
mos cuatro años. 

Nadie ha dado descripciones más gráficas de la condi- 
ción de este país desde 1893 hasta 1897 como nuestros oposi- 
tores los demócratas y populistas. 

(Extracto de los periódicos democráticos, 1892.) 

El 17 de Julio de 1892, el "New York Herald" hacía estas 
declaraciones : 

"Los negocios del país están en saludables y provocadoras 
condiciones." 

"Nuevas empresas industriales para manufacturar el hie- 
rro y el algodón así como fábricas de tejidos de lana están 



273 

en operación en varías secciones ; y al frente de tal condición 
de cosas los pregoneros de la calamidad tienen que permane- 
cer callados." 

En Julio de 1892, el "Boston Herald," un declarado par- 
tidario de Cleveland y del libre-cambio, preguntaba : 

"¿Donde está la fábrica de lanas inactiva hoy? No hay 
ninguna. No solamente la gran mayoría de las fábricas de 
lanas están ocupadas hoy, pero muchas se está pensando en 
alargarlas y mejorarlas." . - 

El 10 de Septiembre de 1892, el "Dry Goods Economist," 
también favoreciendo el libre-cambio, fué obligado á declarar 
lo siguiente : 

"Las fábricas de vestidos deben estar muy contentas esta 
estación, porque están ocupadas haciendo entregas de los 
géneros ya ordenados y entrando órdenes para más. Pueden 
con toda confianza esperar un continuado trabajo en los si- 
guientes seis meses." 

R. G. Dun & Co.'s Report (no afiliado á ningún partido) 
decía en Julio de 1892 : 

"Ningún año fiscal jamás igualado en la historia- del país 
en el volumen de producciones industriales, en magnitud de 
negocios doméstico s, ó en comercio extranjero, acaba de ce- 
rrarse." 

El eminente libre-cambista Edward Atkinson dice, ha- 
blando del país bajo el régimen republicano: 

"Jamás ha habido un período en la historia de ésta ó cual- 
quiera otra nación, donde el tipo de salario en general fuese 
tan alto como es ahora, ó que los precios de los artículos, en 
relación á los salarios, fuese tan bajo como están hoy." 

Mr. Cleveland fué electo por una plataforma no solamente 
favoreciendo el libre-cambio, pero declarando la protección 
fuera de la Constitución. La única legislación radical que 
estaba asegurada era la revisión de la tarifa de acuerdo con 
la plataforma democrática de 1892, y eso llegó á estar seguro 
cuando se supieron los resultados de la elección y la cam- 
biada condición del Senado. 

El país no aguardó por la revocación del bilí McKinley; 
inmediatamente se puso al abrigo y se preparó para la tor- 
menta. La historia es una cosa vulgar, es bien conocida; 
pero puede olvidarse. El modo de mantener al pueblo en 
lo justo es estar seguro que recuerda las lecciones de la ex- 
periencia. 



274 

Pánico Industrial— Evidencia Democrática. 

En Agosto 18 de 1903, Mr. Haines, de New York, en un 
discurso sobre la cuestión del bilí rechazando la cláusula del 
acta de Sherman, dijo : 

"En el momento presente su agricultura (la de su dis- 
trito) y su comercio languidecían, sus fábricas se cerraban, 
sus mecánicos y trabajadores estaban sufriendo por obligada 
desocupación y sus familias estaban necesitadas. Los labra- 
dores del Oeste y el Sur — y no los culpo por que se deses- 
peren cuando en ello piensen — han perdido millones de do- 
llars por la caída de los precios. 

El mismo día Mr. Simpson, de Kansas, dirigiéndose á la 
Cámara sobre la misma materia en general, decía : 

"Necesito considerar algunas de las condiciones que creo 
han llevado al pueblo de este país al borde de la bancarota, 
alguna de las condiciones que han producido la parálisis en 
los negocios y lanzado fuera de empleo las clases trabaja- 
doras, hasta llegar á la suposición de que hoy en día haya no 
menos de 4,000,000 de hombres buscando trabajo en el país. 
Diario de Sesiones del Congreso, volumen 133, página 492. 

Lo siguiente, de un discurso de Mr. Talbert, de Carolina 
del Sur, el mismo día, á semejanza del precedente y sobre el 
mismo objeto : 

"Cuando me sitúo en el pórtico de este Capitolio y con- 
templo esta ciudad, estoy inclinado á sentir, Sr. Presidente, 
que éste es un gran país; pero cuando voy á las moradas del 
labrador americano, en medio de los cuales vivo, ¿qué veo 
allí? Nada veo y oigo sino la canción de los malos tiempos 
y de los peores por venir. Entrad en las moradas de la gente 
obrera, los de las fábricas, ¿ y qué veis ? Nada sino hambre, 
pobreza y la muerte." 

Mr. Richards, de Ohio, se expresaba así en 19 de Agosto 
de 1893 : 

"Hoy en toda esta tierra hay gentes que hace unas pocas 
semanas eran felices — en todas partes los maridos y padres 
dispuestos al trabajo — rodeados de sus esposas é hijos que 
amaban ; hombres de brazos musculares que estaban dispues- 
tos al trabajo para mantenerse y mantener á sus queridos 
hijos — y hoy con las fábricas y la maquinaria del país ociosa, 
el labrador sin un mercado á propósito para sus cosechas, 
en medio de la desocupación y la desolación, que han sido 



275 

llevadas en todas las secciones del país, están actualmente ro- 
deados de sus familas preguntando al cielo qué harán. 

El jueves 7 de Diciembre de 1893, Mr. Bailey, de Texas, 
decía en los salones de esta Cámara : 

"En casi todas las comunidades de esta tierra hay hombres 
hoy envueltos en la desesperación y rodeados de deudas, tan 
desamparados, en verdad, que sus acreedores indulgentes no 
abrigan ninguna esperanza razonable de que se les pague, 
y los mismos infortunados deudores, penetrados de la im- 
posibilidad de no poder solventar sus deudas, no hacen nin- 
gún esfuerzo con tal fin." 



Los Estados Unidos Bajo la Administración 

Democrática Irremediablemente 

Insolventes. 



Extracto de las consideraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, el 27 de Noviembre de 
1903. 

A la elección del Presidente Cleveland hubo una suspen- 
sión práctica de entradas en el Tesoro de los Estados Uni- 
dos, de contribuciones del Gobierno. Esto era natural, era 
inevitable. Sucedería lo mismo otra vez, si algún otro que 
no fuese Roosevelt fuese electo Presidente el próximo año. 
Era inevitable, porque el partido democrático vino al poder 
con esta misma manifestación de hostilidad hacia la ley del 
Presidente McKinley. 

Sr. Presidente, era inevitable, porque el comercio perma- 
neció en calma, se paralizó, esperando ver lo que el partido 
democrático haría, y así siguiendo, hubo en el mes de Fe- 
brero una condición incierta de si el Tesoro estaría en capaci- 
dad de hacer frente á sus necesidades. No pasó esto du- 
rante la administración de Harrison. Todos mis amigos 
estaban equivocados. Pero aunque fuese adelantando las 
condiciones en los tempranos meses de la administración del 
entrante Presidente, no podría haber una condición de in- 
capacidad de parte del Tesoro para atender á sus necesidades, 
y especialmente para conservar la reserva del oro en $100,- 
000,000. 

Inmediatamente el Secretario Mr. Foster, después de con- 
siderar y discutir el punto con. el Presidente, se acercó á la en- 



276 

trante administración, por medio de su supuesto Secretario 
del Tesoro. 

Ahora, Sr. Presidente, deseo enviar á la mesa del oficial, 
y aprovecharme de este breve período que empleará el oficiaí 
en leer la carta del Secretario Foster : 

"Fostoria, Ohio, Octubre 28, 1903. 

Hon. J. B. Foraker, Cincinnati, O. 

Mi querido Senador : Su estimada del 27 ha sido recibida 
en este momento. La manifestación de Harmon es com- 
pletamente vaga. Dice él: En 1893, cuando el partido de- 
mocrático subió al poder, el partido republicano había hecho 
quebrar al Gobierno. Cuando Cleveland entró en la Casa 
Blanca había bonos ya firmados por la administración repu- 
blicana. Apenas habían logrado elevarse hasta que nosotros 
entramos en el poder, y entonces tuvimos que soportar el 
estigma que vino como el resultado de una administración 
irreflexiva." 

La acusación de que el Gobierno estaba en bancarota cuan- 
do Cleveland entró en el poder es una ridiculez. Las ven- 
tas hasta entonces y hasta la terminación del año üscal, ex- 
cedieron á los gastos. La acusación de costumbre es la 
hecha por GAINES en el "Nashville American," copiado en 
el "Enquirer" del 21, de que el "Secretario Foster prepara 
planchas ó clichés para bonos para cubrir un déficit." La 
verdad es que tan pronto como se supo que Cleveland había 
sido electo en Noviembre de 1892, llegó á ser evidente de que 
había un gran peligro á causa de que las importaciones se 
habían suspendido, por los derechos más bajos, que la re- 
serva del oro bajaría de $100,000,000 exigidos, no por la ley, 
pero por inducción de la misma. Después de consultar ex- 
tensamente con el senador Sherman, resolví que era mi deber 
mantener la reserva del oro aun cuando tuviese que hacerlo 
con la venta de bonos. Los únicos bonos autorizados eran 
los del acta de redención de 1875, todos á altos tipos de in- 
terés y corriendo por un largo tiempo. 

Yo supongo que para ayudarme, el senador Sherman in- 
trodujo una enmienda en el bilí de asignación del Senado 
autorizando una emisión del 3 por ciento, en bonos de corto 
tiempo. Mr. Carlisle, quien se supo entonces que debía ser 
el Secretario entrante, fué consultado por el senador y apro- 
bó Ja enmienda de Mr. Sherman. Pasó en el Senado por 



277 

casi una unanimidad de votos. Esto pasaba alrededor del 22 
de Febrero. A su pasaje, temiendo que yo pudiera estar 
obligado á usar bonos para la compra de oro, ordené al Su- 
perintendente de la oficina propia á preparar las planchas 
para estos bonos — un bono mejor para mis designios que los 
ya autorizados. Hice esto en la creencia entonces 
de que un acta aprobada por el entrante secretario, 
que fué aprobada por el Senado, recibiendo una 
gran porción de los votos democráticos de ese 
cuerpo, sería también aprobada por la Cámara. Pero 
en esto me equivoqué. La Cámara rehusó aprobarla, y las 
planchas no se prepararon ; pero mi carta ordenando su pre- 
paración se utiliza como una prueba de que las planchas es- 
taban preparadas y que por tanto existía un déficit. Para ir 
un. poco más allá de la materia, yo había fijado en $50,000,- 
000 el montante de oro que compraría y tenía una inteligen- 
cia con los banqueros de New York con este propósito, pero 
estipularon que tomarían los bonos por entregas de $10,- 
000,000 á la semana. Si esto hubiese sido hecho, hubiera 
correspondido á Air. Carlisle ejecutar una parte de mi con- 
trato. Los banqueros deseaban la aprobación en el arregle. 
En esta emergencia visité al senador Gorman, exponiéndole 
los hechos y diciéndole que muchos de mis amigos republica- 
nos pensaban que yo haría bien en no hacer nada con objeto 
de mantener la reserva del oro ; sin embargo creí de mi deber 
como Secretario del Tesoro continuar haciendo, hasta la úl- 
tima hora de mi término, lo que yo haría si tuviese que con- 
tinuar en el puesto. En esto me apoyaba el senador Sher- 
man. 

Mr. Gorman aprobó cordialmente y envió un mensaje para 
Mr. Carlisle. Mr. Carlisle se presentó inmediatamente y 
parecía estar muy satisfecho en lo que yo propuse, y al si- 
guiente día fué á ver á Mr. Cleveland. A su regreso se me 
informó que el ejecutaría aquella parte del proyecto que le 
correspondería, y que Mr. Cleveland lo aprobaba. 

Para resumir : el Tesoro no estuvo en bancarota en ningún 
tiempo, no hubo ningún déficit, no. se hicieron ningunas 
planchas para bonos y no se firmaron ningunos. 

Ningunos bonos se vendieron. Procuré mantener la re- 
serva del oro y traspasando á mi sucesor cerca de $103,- 
000,000. 

Creo que si la administración de Harrison hubiera con- 
tinuado, las rentas y la reserva del oro hubieran aumentado 



278 

y la condición que entonces prevalecía hubiera mejorado. 

El deplorable pánico y condición que se siguieron á la 
elección de Cleveland fué del todo debido á dos causas : Pri- 
mera, el conocido propósito del partido democrático de adop- 
tar una tarifa de contribuciones, que en seguida afectaba las 
importaciones y paralizaba todas las industrias y negocios ; 
y la segunda, la incapacidad reconocida del partido demo- 
crático que entraba entonces en el poder para ponerse de 
acuerdo sobre una legislación eficaz después de haber sido 
tan trabajosamente demostrada. 

Soy su affmo, etc., 

Charles Foster." 

Mr. Grosvenor. — Señor Presidente, esto parece ser candi- 
do. El Secretario Foster penetró en el porvenir y vio que 
el Tesoro de los Estados Unidos debía llegar sin esperanzas 
á la insolvencia; y antes que la administración de Grover 
Cleveland terminase, nosotros, los que éramos miembros de 
la Cámara, fuimos llamados á votar por empréstitos montan- 
do á $262,500,000. 



Las Tarifas de los Estados Unidos Entorpecen 

la Colocación de Ordenes en la 

Gran Bretaña. 



Extracto del Glasgow Herald, publicado en el Diario de Sesiones del 
Congreso, el 5 de Enero de 1904. 

(Del Glasgow Herald de Septiembre 2.) 

Opiniones del comercio de lanas en Escocia, sobre las 
Tarifas extranjeras. 

Con la mira de obtener informaciones verídicas, respecto 
á la influencia de las tarifas extranjeras en el comercio de 
lanas escocesas, la Cámara de Comercio del Sur de Escocia 
invitó recientemente á sus miembros para que contestasen 
varias preguntas. Las siguientes respuestas se recibieron 
de treinta miembros de la Cámara; todas ellas de firmas de 
considerable importancia en los negocios, y muchos siendo 
miembros de grandes casas. 



279 

Las Tarifas de los Estados Unidos. 

Pregunta. ¿Cuál en su opinión ha sido el efecto, de tiem- 
po en tiempo, de las varias tarifas impuestas sobre los géne- 
ros de algodón por los Estados Unidos ? 

Respuesta. No. i. Máquinas de hilar. — El restringir 
grandemente, y últimamente paralizar los negocios de teji- 
dos de lana escoceses. 

No. 2. Fabricantes de géneros diagonales. — Sencillamente 
expuesto ; á medida que las tarifas se elevan, decaen las ex- 
portaciones para los Estados Unidos. 

No. 3. Fabricantes de diagonales de fantasía y casimires 
para trajes, etc. — Encontramos la presente tarifa ser prácti- 
camente prohibitiva. 

No. 8. Fabricantes de géneros diagonales y también de 
géneros ingleses manufacturados. — Actualmente no es po- 
sible vender en los Estados Unidos, debido á la alta tarifa, 
con excepción de las casas de comercio de alta importancia, 
para las que el precio es de consideración secundaria. 

No. 9. Fabricantes de géneros diagonales. — Nuestro co- 
mercio prácticamente reducido á la nulidad. 

No. 10. Fabricantes de géneros de lana y estambre. — Para 
paralizar del todo el comercio, quedando únicamente las es- 
pecialidades en paños y dibujo. 

No. 11. Fabricantes de géneros de algodón escoceses. — El 
efecto ha sido muy serio, pues ha paralizado enteramente el 
poco comercio que teníamos con los Estados Unidos desde 
la tarifa McKinley, y lanzó toda la producción, que era 
grande, en el mercado doméstico, el que ha estado desde en- 
tonces seriamente recargado, haciendo el comercio impro- 
ductivo. 

No. 12. Fabricantes de calcetines y ropa interior de tejido 
llano. — Para entorpecer la colocación de órdenes en la Gran 
Bretaña, 

No. 13. Mercader de géneros de lana. — Ruinoso para el co- 
mercio de lana de este país, sin la más mínima duda. 

No. 14. Fabricantes de calcetines. — Casi paralizado com- 
pletamente el comercio con los Estados Unidos en calcetines. 

No. 15. Fabricantes de diagonales de clase fina. — Para 
reducir, é casi paralizar los negocios, excepto que los com- 
pradores consideran nuestros estilos para educarse, compran 
algo para ocultar su vergüenza y luego preparan el grueso 



28o 

de sus compras en artículos baratos de este lado, ó saben 
mejor qué comprar en el otro. Perdemos la paciencia cuan- 
do hablamos de este país, que se toma el 95 por ciento de 
un golpe, ó más bien, 125 por ciento, contándolo todo — y 
luego se les ve altaneros como señores de la creación. 

No. 16. Manufactureros de hilados. — -Han cerrado prác- 
ticamente el mercado. 

No. 17. Manufactureros especialmente de diagonales y 
casimires finos. — El efecto ha sido muy ruinoso para nues- 
tros negocios. 

Xo. 18. Mercaderes de géneros de lana, traficando desde 
los medianos hasta la mejor calidad de géneros escoceses — 
también ingleses en casimires de fantasía y lisos para trajes. 
— Muy perjudicial á los negocios. Teniendo un negocio 
separado en Boston, U. S. A., puedo justificar un enorme au- 
mento en el uso y producción de los manufactureros locales. 
Cada año los nuevos dibujos hechos en este país son copia- 
dos tanto en tejidos como en colores, y hemos visto sorpren- 
dentes imitaciones, muy especialmente en casimires cruzados. 

Si no fuese porque la mejor clase de americanos están 
resueltos á ser los únicos y usar géneros importados, el ac- 
tual limitado comercio estaría ya evaporado. Usando la 
mejor clase de géneros ingleses es uno de los medios por el 
cual un americano ostenta su importancia financiera. 

No. 19. Manufactureros de géneros de lana y casimires de 
fantasía. — El efecto ha sido sin duda el de destruir práctica- 
mente el comercio de géneros de fantasía. Un pequeño trá- 
fico todavía se hace, pero en mi opinión los fabricantes se 
encontrarían mejor sin él. Solamente existe, porque las 
fabricaciones inglesas y los estilos todavía guían la moda en 
géneros para hombre, y los comerciantes americanos los 
compran en pequeñas cantidades con objeto de educarse ellos 
mismos á fin de proteger al manufacturero doméstico. 

Xo. 20. Fabricantes de géneros de lana y casimires.— Un 
comercio decreciente. 

Xo. 21. Fabricantes de calcetines. — El comercio extran- 
jero muy pequeño para justificar el dar una opinión. 

No. 22'. Fabricantes de diagonales escoceses. — Jamás he 
hecho ningún comercio con los Estados Unidos. 

Xo. 23. Fabricantes de géneros diagonales. — Decidida- 
mente contra la industria de este distrito. 

Xo. 24. Fabricantes de géneros diagonales. — Muy perju- 
dicial. 



28l 

No. 25. Fabricantes de géneros diagonales. — Desde que la 
actual tarifa ha sido impuesta sobre nuestros géneros ae al- 
godón nuestro comercio es prácticamente nulo. 

No. 26. Fabricantes de clases finas de géneros de lana 
para hombres. — Los géneros de gran consumo que anterior- 
mente se compraban en grandes cantidades para este mercado 
están prácticamente desterrados. Los comerciantes que acos- 
tumbraban ordenar i.ooo yardas de un color, ahora se con- 
tentan con 50 yardas ó menos. 

No, 27. Fabricantes de diagonales escoceses. — Cada subi- 
da en la tarifa ha producido el efecto de reducir la cantidad 
de comercio y hacer difícil de obtener precios remunerativos. 
El efecto directo de la actual alta tarifa es que los nuevos 
dibujos hechos en este país son inmediatamente copiados en 
los géneros americanos, y el manufacturero en este país no 
obtiene una justa remuneración por su ingenuidad en pro- 
ducir nuevos dibujos ó tejidos. 

No. 28. Fabricantes de estambres. — (1) Cuándo la tarifa 
era puramente fiscal, es decir para contribuciones solamente, 
las exportaciones británicas en géneros de lana fueron muy 
extensas. (2) La tarifa llegó á ser protectora, las expor- 
taciones decrecieron. (3) Desde que la tarifa llegó á ser 
prohibitiva, como es ahora, las exportaciones han cesado, 
con excepción de dibujos especiales, urdimbre ó calidades 
que el manufacturero americano no puede todavía producir. 



El Trabajador Americano Debe ser Protegido 
en el Tipo de su Salario. 



Extracto de las consideraciones del Hon. C. H. Grosvenor, de Ohio, 
en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 4 de 1904. 

Extractos de los discursos y papeles públicos de Teodoro 

Roosevelt. 

Bajo este encabezamiento se comprenden los extractos de 
los mensajes de Teodoro Roosevelt cuando fué gobernador 
de New York y como Presidente de los Estados Unidos, 
además párrafos escogidos de sus más importantes discursos. 
Ellos lo designan como hombre de grandes miras, y como 
uno digno de la confianza de todo ciudadano de recto criterio. 



282 



. Bienes alcanzados por medio del trabajo. 

Debe ser siempre un privilegio peculiar para cualquier 
hombre público pensador, el dirigirse á un cuerpo de hombres 
en que predominen los trabajadores, para que la fundación 
de nuestro edificio social descanse sobre el bien moral y ma- 
terial, la inteligencia, la previsión, la sanidad, el sentido del 
deber y el sano patriotismo del trabajador. Este es el caso 
doblemente ahora, porque además de la acción individual de 
cada hombre, habéis aprendido la gran lección de obrar en 
combinación. Sería imposible estimar en demasía las gran- 
des influencias del montante de bienes llevados á cabo por 
medio de vuestra asociaciones .... En nuestras ciudades, ó en 
donde los hombres se congregan en masas, es á menudo ne- 
cesario trabajar en combinación, y en esto es que podemos 
ver los grandes bienes conferidos por las organizaciones del 
trabajo y por las uniones del comercio. (Discurso en Sep- 
tiembre 3 de T900, en la gira en el "labor day" en Chicago.) 

A todo aventurar, y no importa qué otra cosa se busque ó 
se alcance por ¡os cambios de ¡a tarifa, el trabajador ameri- 
cano debe estar protegido en el tipo de sus salarios — es decir, 
en su forma de vivir — y debe asegurársele la oportunidad 
de poderse emplear. Las leyes en ningún caso deberían con- 
ceder ventajas á las industrias extranjeras sobre las ame- 
ricanas. Lo más que deberían hacer sería igualar la dife- 
rencia en las condiciones domésticas y las del exterior. La 
política de la tarifa general, á la cual, sin consideración á 
cambios en detalles, creo que este país está irrevocablemente 
adherido, está basada fundamentalmente sobre el amplio re- 
conocimiento de la diferencia entre el costo del trabajo aquí 
y fuera ; en otras palabras, el reconocimiento de la necesidad 
para el completo desenvolvimiento de la inteligencia, la co- 
modidad y la más alta escala de la vida civilizada, y el genio 
inventivo del trabajador americano, comparado con el tra- 
bajador de cualquier otro país del mundo. (Discurso en 
Logansport, Indiana, el 23 de Septiembre de 1902.) 

L.OS trabajadores americanos se enorgullecen de su 
trabajo. 

Los obreros americanos trabajan con sus cabezas así como 
también con sus manos. Además se enorgullecen de lo que 
hacen, de modo que, independiente de su remuneración, de- 



28 3 

sean entregar un trabajo perfecto. Este es el gran secreto 
de nuestro éxito en competencia con el trabajo de los países 
extranjeros. (Mensaje al Congreso, en Diciembre 3 de 
190-1.) 

Sabia legislación del trabajo ó más beneficio. 

En ninguna materia se necesita tener, como lo más im- 
portante, una sabia y sana legislación, que cuando los in- 
tereses del trabajo están comprometidos. Cuando tal legis- 
lación es buena obtiene probablemente más beneficio positivo 
á la comunidad que el que puede obtenerse por otra clase 
cualquiera de ley; pero una legislación del trabajo precipi- 
tada y mal concebida, ó deja de alcanzar completamente algo, 
habiendo sido de tal manera redactada de resultar ineficaz, ó 
en otro sentido causa daño en lugar de provecho á todo 
pueblo que se supone debe ser beneficiado. (Mensaje á la 
Asamblea de New York, en Abril de 1890.) 

Para amparar los intereses de los trabajadores. 

No es solamente deseable en gran manera, pero necesario, 
que deba haber una legislación que ampare cuidadosamente 
los intereses de los trabajadores, y que sepa distinguir el em- 
pleado honesto y humano, removiendo las desventajas bajo 
las cuales se encuentra cuando se le compara con competi- 
dores poco escrupulosos que no tienen conciencia y se portan 
bien solamente por el temor del castigo. (Discurso sobre 
"Deberes Nacionales," en la Feria del Estado de Minnesota, 
en Minneápoiis, en Septiembre 2 de 1901.) 

El deber de proteger á los trabajadores. 

Durante el pasado año muy valiosas medidas sobre el tra- 
bajo se promulgaron en leyes, y han sido bien cumplidas. 
Llega á ser necesario, indudablemente, que de tiempo en 
tiempo se adicione algo á la legislación sobre el trabajo, aun- 
que muchas leyes vitales necesarias se han puesto ya sobre 
las Recopilaciones de leyes. A medida que la experiencia lo 
demuestre, se remediarán los defectos. Una ley para res- 
tringir el trabajo á ocho horas debe promulgarse, siendo 
esta duración bastante. En nada se hace necesario ejercer 
más sereno juicio que en la legislación del trabajo. Tal le- 



284 

gislación es absolutamente necesaria, lo mismo bajo el punto 
de vista humanitario, como industrial, y es nuestro deber 
proteger de la opresión al trabajador más débil, como librar 
del fraude al desamparado que invierte sus fondos. (Men- 
saje anual á la Legislatura de New York, en Enero 3 de 
1900.) 

Baratura en sacrificio del buen ciudadano. 

Es más importante conseguir contratistas que hagan los 
trabajos del Estado que conseguir los servidores públicos. 
La baratura obtenida por el empleo de cuadrillas de hombres 
bajo el sistema del patrón, es baratura que el Estado paga 
al fin muy caro, porque se obtiene á costa del sacrificio del 
buen ciudadano. Es por tanto justo que el empleado or- 
dinario del Estado y de los contratistas que hagan trabajos 
del Estado deban únicamente trabajar ocho horas y recibir 
un salario no menos que el que se paga por otro trabajo 
de la misma clase, donde el edificio deba erigirse, no inter- 
viniendo esto con la compra de un producto acabado. (Me- 
morándum archivado, en Mayo 12 de 1899, con el bilí de 
asamblea aprobado, reglamentando las horas de trabajo en 
las obras públicas del Estado de New York.) 

Trabajo en las prisiones. 

Una reciente decisión de la Corte de Apelación ha apro- 
bado una ley, contraria á la Constitución, que dispone que 
debe haber una marca sobre los artículos hechos en las pri- 
siones, indicándolos como tales. Esta materia debe merecer 
la atención de la Legislatura, á fin de que se ideen algunos 
medios por los cuales el mecánico libre no sea puesto en com- 
petencia con el trabajo en las prisiones. (Mensaje anual á 
la Legislatura de New York, en Enero 2 de 1899.) 

Discurso de Mr. Cockran. 

Lo que sostiene Bryan. Paralizar las industrias, 
la Prosperidad, la Justicia. 

Extracto de las declaraciones del Hon. John Dalzell, de Pennsyl- 
vania, en el Diario de Sesiones del Congreso, en Abril 30 de 1904. 

Sr. Presidente, deseo ahora llamar la atención de la Cá- 
mara á lo que entendía el caballero por New York (Mr. 
Cochran) de lo que era su deber en la campaña de McKinley. 



Voy á leer una interview publicada en el " New York Jotif- 
nal" en Agosto 3 de 1896 : 

Pregunta. ¿ Cuál es su opinión respecto á la situación po- 
lítica actual ? 

Respuesta. La considero como la más grave en la historia 
de este país, excediendo en importancia á la crisis de 1860. 
El movimiento de separación fué solamente una tentativa 
para dividir este país en dos gobiernos, cada uno de ellos 
designado para proteger la propiedad dentro de los límites 
de su jurisdicción. El movimiento extendido en Chicago es 
una tentativa para paralizar la industria, usando todos los 
poderes del Gobierno para arrancar la propiedad de las ma- 
nos de los que la crearon y colocarla en las de los que 
la codician. Es una cuestión de moral, como asimismo de 
política. Ninguna convención política puede publicar una 
Ucencia válida para cometer ofensas contra la moralidad , y 
me inclino á seguir á Mr. Bryan en una cruzada contra la 
honestidad y ios derechos del trabajo. 

Pregunta. ¿Quiere Ud. decir, que se opondrá activamente 
al partido democrático ó se abstendrá de prestarle su eficaz 
apoyo ? 

Respuesta. En una lucha por la existencia de la civiliza- 
ción ningún hombre puede permanecer neutral. Quienquiera 
que no apoye las fuerzas del orden presta ayuda á las fuerzas 
del desorden. Si puedo hacer algo para contrarestar el éxito 
de lo que consideraría como una irreparable calamidad, 
no solamente para este país sino para la sociedad civilizada 
de cualquiera parte, seguramente- que lo haría. 

Entonces ¿por qué el caballero por New York abandona 
el gran pían de su propósito moral de 1896 y se consagra 
á esta campaña de 1900? Se han dado algunas excusas para 
ello, pero yo no daría la misma de Mr. Cockran. Tomad el 
último Directorio del Congreso y encontraréis lo que dice en 
sü autobiografía. 

En la elección de 1900 apoyó al candidato democrático 
para Presidente por el motivo de que el resultado no podía 
afectar en manera alguna la acuñación de la moneda del 
país, debido á la disposición del Senado; mientras él creía 
que la derrota del partido republicano hubiera sido bastante 
por sí misma para desterrar el imperialismo de nuestro sis- 
tema político. 

En otras palabras, si el partido republicano no hubiese 
estado en el poder, él no hubiera estado en esta Cámara con 



2*6 

vosotros ios demócratas. (Risas y aplausos.) El se dice 
para sí mismo. Pero él favoreció á Mr. Bryan porque está 
opuesto al imperialismo. ¡ Opuesto al imperialismo ! Ahora 
mirad. El estuvo á favor de la depreciación de la moneda 
circulante; á favor de la destrucción de la Corte Suprema; 
á favor de la anulación de los poderes del Presidente ; á favor 
de un desorden en las condiciones fundamentales de la socie- 
dad civilizada, todo porque estaba opuesto al imperialismo. 
Estaba á favor de cualquiera cosa á la que él se oponía en 
la campaña de McKiriley, porque él estaba opuesto á una 
política que jamás hubiera existido si no hubiese sido por la 
influencia del Coronel William J. Bryan, quien solicitó los 
necesarios votos para ratificar el tratado con España en el 
Senado. 

Tengo precisamente aquí algunos extractos de los discur- 
sos de Mr. Cockran, pronunciados en la campaña de Bryan. 

(Extracto del Chicago Inter-0 ce an, de Septiembre 30 de 1900.) 
Discurso de Coekran en Chicago á favor <le Bryan. 

Los caballeros que hablan del partido republicano, hablan 
de prosperidad, como si la prosperidad del país se demos- 
trase por el precio de las valores en Wall Street. Bien, eso 
es una prueba, pero por ningún concepto concluyente. Una 
prueba concluyente de prosperidad, la que nunca puede en- 
gañar ó desviar, es el tipo de los salarios pagados al traba- 
jador. No quiero decir que con cualquiera manifestación 
de especial afecto para el hombre que trabaja con sus brazos, 
sino porque el trabajo debe producir el dinero del cual deben 
pagarse los salarios. Si los salarios son altos, su producción 
debe ser costosa. Cuando la producción es costosa los ar- 
tículos están abundantes, y cuando los artículos están abun- 
dantes la prosperidad debe de ser general, y cuando la pros- 
peridad es general vosotros y yo y todos nosotros participa- 
mos de ella. La prosperidad está obligada á hallar salida 
para sus productos equitativamente distribuidos entre los 
que los producen. Digo que la elección de Mr. Bryan ten- 
derá á conseguir esa forma de prosperidad, y además digo 
que ningún valor real en este país será depreciado por su 
elección. 

(Cockran en su discurso en Prospect Hall al cerrar la 
campaña en Kings County, N. Y. Extractado del Brooklyn 
Daily Eagle, de Noviembre 3 de 1900.) 



287 



Lo que Bryan sostiene. 

Mr. Cockran dice : 

"Mr. Bryan en esta campaña sostiene la paz ; sostiene el 
desarme ; sostiene la ocupación de toda persona en este país 
en el cultivo del suelo ó las cosas que produce el suelo ; sos- 
tiene el empleo de cada dollar de capital en el campo de la 
industria productiva. Debe porlanto sostener la abundancia 
de las mercancías; la prosperidad, el contento, del mismo 
modo que sostiene la justicia." 



El Mercado Doméstico es Igual á Todo el 
Comercio Internacional del Mundo. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso en Abril 23 
de 1934. 

Las Compañías de Transporte. 

Estrechamente ligado con esta gran prosperidad de nues- 
tros agricultores, su solicitud por manufacturas y efectos de 
lujo, y la demanda de los consumidores por los productos de 
la tierra, está el gran volumen de negocios de que disfrutan 
las compañías de tiansporte. Con la baja de ciertas acciones 
industriales durante 1903, contemplamos día tras día las ac- 
ciones de los ferrocarriles descendiendo también ; no obs- 
tante esos mismos ferrocarriles continuaban sus limitados 
negocios solamente por la facilidades de que disponían. 

Mes tras mes las cifras señalaban una alteración favorable 
en la marcha, y la suspensión solamente ocurrió cuando los 
elementos parecían conspirar á entorpecer el montante nor- 
mal de los transportes. 

Esto, sin embargo, fué pasajero; con la limpieza de las 
vías y la primavera que avanza, no dudamos que otra vez 
registraremos los buenos tiempos que prevalecieron año tras 
año desde la promulgación de la ley Dingley. 

Nos parece ser de oportunidad manifestar de paso, cómo 
nuestras graneles compañías de ferrocarriles han resistido, 
bajo una tarifa protectora, las violencias cometidas contra 
las acciones y bonos durante el año 1903. 



28* 

Del Railway Age, periódico de Chicago, tomamos las si- 
guientes cifras : 

Colocado en manos de depositarios. Vendidos en rematé. 

Núm. Acciones Núm. Acciones, 

de y de y 

Años. vías. Millas. bonos. vías. Millas. bonos. 

1893 74 29,340 $1,781,046,000 25 1,613 $79,924,000 

1894 38 7,025 395,791,000 42 5,643 318,999,000 

1895- • • • 31 4.089 369,075,000 52 12,831 761,791,000 

!8o6 34 5,441 275,597,000 58 13,730 1,150,377,000 

1897 18 1,537 92,909,000 42 6,675 517,680,000 

1898 18 2,069 138,701,000 47 6.054 252,910,000 

1899 . . 10 1,019 52,285,000 32 4,294 267,534,000 

1900 16 1,165 78,234,000 24 3,477 190,374,000 

1901 4 73 1,627,000 18 1,139 85,808,000 

1902 5 278 5,835,000 18 693 39,885,000 

1903 9 229 18,823,000 13 555 15,885,000 

Este nuestro mercado doméstico, Sr. Presidente, ha sido 
erigido por medio de las tarifas protectoras, y especialmente 
durante el ejercicio de la ley que se encuentra ahora en nues- 
tros estatutos, que no solamente son el orgullo del ciudadano 
americano, sino la envidia del productor extranjero. Un 
cálculo prudencial demostrando el valor de nuestro comercio 
interior, son ios $22,000,000,000 anuales que representan un 
valor igual al de los mercados combinados del mundo para 
la compra de producciones extranjeras. Si pudiésemos abra- 
zar la venta de todos los géneros que entren en los puertos 
del mundo, solamente igualará á la que ahora suplimos á 
nuestro mercado doméstico, un mercado seguro que está au- 
mentando constantemente. 

Este nuestro gran mercado doméstico no puede sostenerse 
si rompemos nuestra barrera proteccionista y adoptamos ba- 
jas tarifas, ó si entramos en tratados de reciprocidad en ad- 
ticulos de competencia, que es lo mismo que un paso, ó al 
menos un largo paso hacia esta misma noción del libre- 
cambio. 

El valor de nuestro mercado doméstico jamás ha sido tan 
clara y vigorosamente presentado como por el Hon. O. P. 
Austín, jefe de la Oficina de Estadísticas, en el Departa- 
mento de Comercio y Obras Públicas, en el discurso pro- 
nunciado en la ciudad de Rochester, N. Y., el jueves 7 de 
Enero de 1904, del cual tomo el siguiente breve extracto : 

El comercio interior de los Estados Unidos fué en 1870 de 
siete billones de dollars y en 1900 de veinte billones. Con 



289 

esta base definitiva de veinte billones en 1900 y conociendo 
el rápido desenvolvimiento que se había operado en todas 
las líneas durante ese período podemos con seguridad y sin 
ser cálculos exagerados fijar nuestro comercio interior del 
año 1903 en veinte y dos billones de dollars — suma que ac- 
tualmente igualó en ese año el comercio internacional del 
mundo. 

Deteneos á considerar esto; productores, manufactureros, 
comerciantes, banqueros y dueños de transporte, que el co- 
mercio doméstico de nuestro país, en el cual podéis transpor- 
tar vuestros géneros desde la puerta de la fábrica hasta la 
puerta del consumidor y sin romper el bulto una sola vez, 
es igual al comercio internacional del mundo. 

No solamente es verdad de que el comercio doméstico es 
igual al que presenta el comercio internacional del mundo, 
pero es evidente que acrecienta rápidamente más que el co- 
mercio internacional, porque como he manifestado el comer- 
cio interior de los Estados Unidos ha aumentado de siete 
billones en 1870 á veinte billones en 1903 mientras el co- 
mercio internacional se ha elevado de once billones en 1870 
á veinte y dos billones en 1903, ó en otras palabras ; mientras 
que el comercio internacional del mundo es ahora dos veces 
mayor que en 1870, el interior de los Estados Unidos es 
ahora tres veces mayor que en igual año, y se iguala al co- 
mercio total entre todas las naciones. 

Nuestro comercio interior ha sídole dable alcanzar tal gra- 
do de prosperidad, debido á nuestro espléndido sistema de 
salario, que ha producido un método de vida más aceptable, 
y una solicitud por nuestras masas para algo más que las 
sencillas necesidades de la vida. 

Espectros Políticos Democráticos. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Henry R. Gibson, de Tennes- 
see, en el Diario de Sesiones del Congreso en Diciembre 14 de 
1899. 

Los sacerdotes de alguna religión, dudando de su habili- 
dad para gobernar su pueblo apelando á su razón y á sus 
conciencias, se valen de métodos de terror, y fabrican es- 
pantosos ídolos y monstruosas imágenes, y ejecutan varios 
encantamientos y grotescas danzas, ataviados con trajes de 
terror, con cuernos en sus cabezas y las caras pintadas á imi- 
tación de monstruos imaginarios. 



290 

De ese modo los altos sacerdotes del partido democrático 
han estado estos últimos años tratando de aterrorizar el 
pueblo con espectros políticos imaginarios. 

Cuando Lincoln fué por primera vez candidato, los altos 
sacerdotes de la democracia levantaron un espantoso es- 
pectro que llamaron "abolicionismo" y engañaron infinidad 
de miles de personas. 

Cuando Grant fué nuestro candidato para la presidencia, 
manufacturaron espectros gemelos, llamados "la centraliza- 
ción" y "el despotismo militar" y asustaron muchas tímidas 
personas haciéndolas creer que si Grant era electo nuestras 
libertades nos serían arrebatadas. 

Cuando Hayes fué nuestro candidato, sacaron en pro- 
cesión ante el público la caricatura denominada bloated bond- 
holdcr ó sea tenedor de bonos borrados, y trataron de hacer- 
nos creer que era el partido republicano disfrazado, y que si 
Hayes fuese electo, los tenedores de bonos nos arrancarían 
todas nuestras propiedades y nos alimentarían con tusas de 
maíz. 

Cuando Garfield fué nuestro candidato, estos altos sacer- 
dotes de la democracia inventaron el más terrible espectro 
infernal llamado "el bilí de fuerza" y aterrorizaron al pueblo 
del Sur, jurando que si Garfield era eligido un vasto ejército 
sería enviado al Sur para celebrar las elecciones, y que á 
ninguno, sino á los republicanos y á los negros, se les per- 
mitiría votar, y como consecuencia el Sur sería destruido 
y la vida no sería digna de conservarse por un demócrata. 

Cuando Harrison fué la última vez candidato, estos mis- 
mos sacerdotes democráticos se reunieron é inventaron un 
nuevo lote de tipos de horrorosos espectros, que denomina- 
ron "barones ladrones," y los desparramaron por todo el país 
para el terror y desaliento de los millones de inocentes y can- 
didos demócratas, y crearon tal epidemia de depresión y 
temor, que Cleveland fué electo Presidente ; v ahora se nos 
dice por estos mismos altos sacerdotes democráticos que 
Cleveland fué peor demonio que todos los barones ladrones 
combinados. (Risas.) 

Cuando hace tres años McKinlev fué nuestro candidato 
para presidente, los fabricantes del espectro democrático 
sacaron un estupendo monstruo rampante de proporciones 
antediluvianas y lo nombraron un goldbug y juraron que era 
el partido republicano, y que si McKinlev salía electo presi- 
dente, este monstruo Paleozoico devoraría la substancia de 



29í 

nosotros como los gusanos de las palmas devoraban las co- 
sechas de los hijos de Israel en los tiempos antiguos. 

Se nos ha dicho que no se puede confiar en el partido re- 
publicano, que todos los usureros, los tiburones del dinero, 
todos los tenedores de bonos, todos los barones ladrones, to- 
dos los goldbugs, todos los corrupcionistas, todos los ene- 
migos del trabajador y todos los enemigos de los labradores 
estaban en el partido republicano, y que si el partido elegia 
á McKinley como presidente, espantosas serian las calami- 
dades que descenderían sobre el pais y la sal de la libertad 
de tal manera perdería su sabor que nuestra propia libertad 
sería como el brillo de las sedas y joyas en la oscuridad de 
la tumba. 

Prosperidad á pesar de la profecía. 

Pero de estos tejidos de predecidos peligros ha brotado 
la hermosa flor de la seguridad y prosperidad. En lugar del 
dinero estar escaso está más en abundancia ; en lugar de 
descender, los productos agrícolas han aumentado considera- 
blemente en precio; en vez de bajar los salarios del labrador 
á tipos de miseria, han aumentado grandemente ; en lugar 
de no tener nada que hacer los ferrocarriles no tienen bas- 
tantes carros para conducir sus pasajeros y carga; en lugar 
de nuestros hombres de negocios ser convertidos en polvo en 
los tribunales de la bancarota jamás han estado más conten- 
tos y más prósperos ; en lugar de cerrar sus puertas nuestros 
establecimientos manufactureros, todos los antiguos están 
prósperos y otros nuevos están apareciendo en todas partes. 

Exceso de las Exportaciones Sobre las Impor- 
taciones. 
Un tema desgraciado para el partido democrático. 

Extracto de las declaraciones del Hon. Henry Cabot Lodor, de 
Massachusetts, en el Diario de Sesiones del Congreso en Febrero 
4 de 1004. 

Señor Presidente, Ji las un tanto casuales declaraciones que 
ayer hice, se les dio cierta importancia por el senador de 
Maryland, Mr. Gorman. Estaba lejos de sospecharme tal 
cosa, y al hablar, no fué mi mira sino tocar la cuestión de la 
asignación de St. Louis y la economía general que ha sido 
predicada en varios parajes durante este verano. Mas el 



2gi 

senador por Maryland juzgó necesario suponer que yo había 
admitido el fracaso de nuestra política, porque había aludi- 
do al hecho de que se nos había dicho que era probable 
hubiese un déficit en las rentas de este año. 

Sr. Presidente, durante los siete meses que han pasado ya 
del año, no hay, si estoy bien informado, ningún déficit, es- 
tando con cerca de $4,000,000 de entradas adelantadas. 

El senador de Maryland se refirió también al descenso en 
el exceso de importaciones sobre exportaciones. El montan- 
te de este exceso no queda duda que ha fluctuado ; pero ere : 
es un tema desgraciado para someterlo con el propósito de 
hacer comparaciones, y quiero decir desgraciado para el 
partido democrático. 

He extractado, demostrado en millones, el montante de las 
importaciones y de las exportaciones desde 1893, que pido 
se hagan publicar con mis observaciones; y hallo que el ex- 
ceso de importaciones en 1893 era de $35,000,000; el de las 
exportaciones en 1894, $215,000,000: el de 1895 $61,000,000; 
el de las importaciones, es deCir el balance adverso de 1896, 
de $84,000,000. 

Sr. Presidente, creo vale la pena comparar estos cuatro 
años en los que en dos de ellos hubo un balance adverso y 
en los otros dos uno favorable, con los años que se han se- 
guido. El exceso de las exportaciones en 1897 era de $268,- 
000,000; en 1898 de $594,000,000; en 1899 de $606,000,000; 
en 1900 de $521,000,000; en 1901 de $647,000,000; en 1902 
de $452,000,000; en 1903 de $395,000,000. 

Exceso de Exceso de 

Años. Importaciones. Exportaciones, importaciones, exportaciones. 

1893 $866,000,000 $831,000,000 $35,000,000 

1894 654,000,000 869,000,000 .• $215,000,000 

1895 732,000,000 793,000,000 61,000,000 

1896 779,000,000 863,000,000 84,000,000 

1897 764,000,000 1,032,000,000 268,000,000 

1898 616,000,000 1,210,000,000 594,000,000 

1899 697,000,000 1,203,000,000 606,000,000 

1900.... 849,000,000 1,370,000,000 521,000,000 

1901 823,000,000 1,460,000,000 647,000,000 

1902 903,000,000 1,355,000,000 452,000,000 

1903 1,025,000,000 1,420,000,000 395,000,000 

Jamás ha habido un período en la historia de la nación 
de igual número de años, ó de todos juntos, que se hayan 
acercado á los años desde 1897 en el balance favorable del 
comercio de los Estados Unidos. Ha habido una baja en 
los últimos dos años desde los grandes balances de 1901 y 



i B99 ; pero con objeto de hallar una comparación que de 
muestre una baja en el exceso de exportaciones, sobre las 
importaciones en los dos últimos años, el senador de Mary- 
land se ve obligado á compararlos con otros años del au- 
mento republicano. En el último año que indica como tan 
malo, el exceso de las exportaciones sobre las importaciones 
era mucho mayor que los dos favorables años de Mr. Cleve- 
land reunidos. 

Con respecto á las contribuciones aun después de la gran 
reducción que hemos hecho, creo sería bueno que el senador 
recordase que para hacer frente al déñcit ocasionado durante 
el término presidencial de Mr. Cleveland, creyeron necesario 
hacer un empréstito de $250,000,000, agregando este mon- 
tante á la deuda permanente del país. 

Se nos hacen acusaciones por los gastos de la guerra. 
Hicimos frente á la guerra é hicimos frente á los gastos. 
Hicimos frente al empréstito que se hizo necesario, y sin 
embargo tenemos un balance en el Tesoro hoy, más que el 
mismo empréstito, y hemos estado reduciendo constantemente 
desde entonces la deuda permanente. No hemos tenido nin- 
gún déñcit y no hemos emitido ningunos bonos para sufra- 
gar los gastos corrientes. No creo, Sr. Presidente, que sea 
posible hacer una comparación más en favor de la sabiduría 
de la política republicana que lo que esos números demues- 
tran. 

Las Tarifas Protectoras Siempre Desarrollan 
el Comercio Extranjero. 

Extracto del Londnn Daily Telegraph, publicado en el Diario, de Se- 
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904. 

' 'Las tarifas protectoras siempre desarrollan el comercio 
extranjero." Las tarifas de Alemania, Francia y América 
se han seguido, no por el descenso, sino por el rápido de- 
senvolvimiento de su comercio extranjero. Repitamos otra 
vez más, bajo este encabezamiento que hemos previamente 
dado : 

Exportaciones manufacturadas (cuatro países). 

Estados 

Años. Reino Unido. Alemania. Francia. Unidos. 

1882. £217,000,000 £94,000000 £76,000,000 £28,000,000 

1902 235,000,000 155,000.000 95,000,000 84.000.000 

Aumento... £18,000,000 £61,000,000 £19,000,000 £56,000,000 
Tanto por ciento 

de aumento.. 8 65 25 200 



294 

En cada uno de estos casos veréis que las tarifas de vues- 
tros rivales han promovido el comercio extranjero más rá- 
pidamente que lo que lo han hecho las importaciones libres 
en el vuestro. 

La política de Air. Chamberlain desarrollaría nuestro co- 
mercio colonial y vuestra industria doméstica, pero no causa- 
ría el más mínimo daño al comercio extranjero. Este mejo- 
raría también al mejorar vuestra posición comercial. El 
capital puede moverse de un comercio á otro comercio, de 
un país á otro país, aunque no sin sufrir algún daño. Siem 
pre hay algún daño envuelto en la forzosa transferencia de 
esta clase. 

Pero no obstante, el capital puede libertarse del naufragio 
de una industria vencida, como regla, aunque experimenta 
cierta grado de pérdida en el procedimiento, y aun cuando 
pueda hallar inversión. Habéis visto un ejemplo de este 
procedimiento en el hecho de que las tarifas de los Estados 
Unidos y del continente han obligado á muchos bien conoci- 
dos empleados británicos á trasladar sus empresas á suelo 
extranjero, y hallar empleo para los trabajadores extranje- 
ros. Una firma que establece en Francia una fábrica ob- 
tiene en seguida la libertad del mercado doméstico francés, 
y conserva completamente toda la libertad de este mercado. 
Por tanto, el capital puede retirarse de este país, como se ha 
visto ya obligado á hacerlo en considerable extensión. 

Pero para los trabajadores el comercio que se les ha en- 
señado, es su propia vida. Toda su fortuna y la felicidad 
de todos dependen de él y están unidos á su éxito en el oficio 
particular que ha aprendido. Cobden habló de la manera 
más disparatada de su estereotipada pedantería, cuando dice 
que si su oficio muere puede dedicarse á otro. En todos los 
casos, con excepción de uno en mil, no puede hacer tal cosa. 
Si el hábil artesano no puede lograr empleo después que 
llega á la pubertad en el oficio en que ha sido educado, está 
arruinado — á menos que no emigre á un país como América, 
un país con una tarifa, no solamente dispuesto á darle empleo 
sino á darle una absoluta garantía contra el despojo de su 
trabajo por la competencia extranjera. 

Cualquier trabajador que examine el caso debe ver que 
las importaciones libres de las manufacturas r xíranjeras, 
que hacen competencia, son simplemente incompatibles con 
su seguridad y sus medios de buscarse la vida, \ que toda 
la teoría del tradicional Cobdenismo es irreconciliable con los 



2 95 

principios sobre los cuales está fundado todo lo que es mejor 
en el unionismo de los oficios. 



Hogar pobre es el legado del Libre-Cambio. 

El sistema del taller de asilo que hasta hoy existe, repul- 
sivo y odioso para las masas del pueblo, desde un principio, 
fué la creación de los clásicos economistas. Niveló la des- 
gracia con la deshonra y condenó al anciano honrado y á 
la probreza abatida, al mismo lúgubre destino que estaba 
reservado al borracho y al vagabundo. Esta fué la clásica 
idea del libre-cambio de proveer para la ancianidad. Era 
desanimador pero era el sistema, no importa cuan correcta 
y lealmente había Ud. desempeñado sus deberes sociales 
cuando Ud. gozaba de salud y de fuerza ; no importa qué 
golpe de la suerte pudiera haberle inutilizado ; nada sino las 
blancas paredes de la casa-prisión de la sociedad podía pro- 
porcionársele, por temor de que la "robusta independencia 
del pueblo" pudiera ser absorbida. Este fué un ejemplo de 
la tierna nisericordia de los buenos, en la forma que los 
economistas del libre-cambio se esforzaron en hacerla pre- 
valecer en la legislación británica. 

"Comprad en el mercado más barato y vended en el más 
caro" aun cuando el artículo negociable sea carne y sangre, 
y sin las consideraciones que pueden acompañarle. Esta fué 
y es la máxima fundamental de los libres importadores. 
"Credo." Ea cumplimiento de este credo, sus trabajadores 
á quienes no dirigimos, han sido siempre y lo son todavía, 
sacrificados, sin un momento de vacilación por los pedantes 
faltos de inteligencia, á un ideal de miras estrechas y de 
inmediata baratura. Cuando en América ó en cualquier 
país continental, el trabajo doméstico es seriamente depri- 
mido por la competencia extranjera, el Estado se interpone, 
reprime la invasión y da á la industria amenazada tiempo 
para ponerse en cuadro. Ud. puede proteger sus propios 
intereses con sus combinaciones cuando Ud. no tiene otra 
cosa sino la doméstica competencia que afrontar, pero tan 
pronto como una competencia extranjera empieza á desalo- 
jarlo de su empleo y á deprimir sus salarios, el arma de la 
combinación se hace pedazos en sus manos. Si otros venden 
más barato que Ud., conforme, como hubiera dicho Abra- 
ham Lincoln ; otros venden más barato que Ud., y todo ha. 
terminado. 



2$6 



Los Paises Protegidos Prosperan y los Libre- 
Cambistas Decaen. 

Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se- 
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904. 

Por qué debemos cambiar. 

EXPORTACIONES COMPARATIVAS DE 1 872 A ICJ02. 

(Montantes en millones de libras esterlinas.) 

1872 1890 1900 19 2 
Exportaciones británicas : 

(i) Alas posesiones británicas 61 87 94 109 

(2) A países extranjeros 190 176 197 174 

Total 257 263 291 283 

Exportaciones alemanas 116 166 238 241 

Exportaciones francesas Ko 150 164 170 

Exportaciones de los Estados Unidos. 89 176 304 282 

La profecía del Príncipe Bismarck, 1879. 

Tengo mi opinión sobre la práctica experiencia de los tiem- 
pos en que vivimos. Veo que los países protegidos están 
prosperando, y los libre-cambistas decayendo. La omnipo- 
tente Inglaterra, como un poderoso atleta se lanzó en el mer- 
cado libre cuando había robustecido sus fuerzas. "¿ Quién 
osará medir sus fuerzas conmigo? Estoy preparada para 
todos." Pero la misma Inglaterra está volviendo lentamente 
á la tarifa protectora, y de aquí á algunos años la adoptará 
para conservar, al menos, su propio mercado. (Discurso de 
Bismarck al romper con el libre-cambio, en Mayo 2 de 1879.) 

El consejo de la desesperación. 

Hemos ahora examinado en todos sus principales aspectos 
la mayor controversia de nuestros tiempos desde el punto 
de vista de un observador con original prevención á favor 
del libre-cambio, pero obligado por el estudio de los datos 
extranjeros á cambiar sus convicciones insulares. El Cob- 
denismo se presentó y adoptó hace cincuenta años como una 
infalible receta para el éxito. Estaba destinado á ser el 
principio universal de política comercial igualmente aplicable 
á todos las naciones y todos los tiempos. Rechazándola no 



2 9 7 

.podíais prosperar. Abrazándola no podíais fracasar. Si las 
tarifas hostiles hubiesen continuado contra nosotros por al- 
guna porción errónea de la humanidad, estos perversos sis- 
temas solamente perjudicarían á sus autores y nos benefi- 
ciarían. Para la Gran Bretaña al menos, la estimuladora 
presión de una abierta competencia sería segura garantía de 
nuestro perpetuo vigor y adelantamiento. Mientras que sus 
mimados rivales bajo la protección, privados del amparo del 
Estado de los verdaderos incentivos para el esfuerzo per- 
sonal, estarían destinados á convertirse en lánguidos y re- 
misos; los comerciantes de Inglaterra, confiando en ellos 
mismos únicamente poseerían el gran secreto de la eficacia. 
Consideradlo detenidamente y veréis que el todo de la cues- 
tión descansa en ello. 



JLa protección produce la actividad industrial. 

Estas teorías han sido desaprobadas por los hechos ac- 
tuales. El libre-cambio no es garantía de actividad indus- 
trial. La protección no entorpece la actividad industrial. 
Lo mismo en América que en Alemania, las opiniones de los 
pensadores que rechazaban el Cobdenismo desde su comien- 
zo han prevalecido. 

Tanto en América como en Alemania vemos la energía 
comercial, así como inteligencia, trabajando con más alto 
poderío que en este país. Hace dos generaciones, antes que 
el antiguo sistema de tarifa fuese destruido, éramos los pri- 
meros en todas las cosas, los primeros en la invención y en 
la empresa, los primeros en todas las manufacturas y trans- 
portes. 

Antes de* existir las importaciones libres habíamos inven- 
tado el vapor, los ferrocarriles y la maquinaria textil. No 
hemos hecho nada de igual importancia desde entonces. ¿ En 
qué somos ahora los primeros? En el hierro y acero no 
somos ni aun los segundos. En el propio comercio de Cob- 
del — el algodón- — los dueños de los molinos de Lancashire 
han descubierto últimamente que tienen que tomar lecciones 
en punto á progreso técnico de los protegidos dueños de fábri- 
cas de América. Alemania tiene los vapores más rápidos del 
mundo en el Atlántico. Estamos solamente á la cabeza en 
la construcción de buques ; pero se nos dice ya, que depende- 
mos en ese ramo de la importancia barata del hierro y del 
acero alemanes. Si esto es así, el traspaso de nuestra su- 



2 9 S 

premacía en la construcción naval á la nación donde los 
materiales puedan ser obtenidos más baratos, es sólo cues- 
tión de tiempo. Los Estados Unidos tienen actualmente la 
producción doméstica mayor, el mercado doméstico más 
fuerte y el arma mejor — como Mr. Carnegie puede declarar 
— para la conquista de los mercados del exterior. 

En otras palabras, los que producen más, pueden vender 
más, si se les permite conservar el mercado para sí mismos 
y explotar el nuestro también. 

Este debe ser el caso; no importa lo que llegue á ser de 
los trusts en su forma actual exagerada. Cuando la cadena 
á través del Atlántico se quiebre, como todos lo sabemos que 
sucederá, nos convenceremos de lo que significan los medios 
poderosos de América, y no necesitaremos una segunda lec- 
ción. Mientras tanto, como lo demuestran los números á 
la cabeza de este capitulo, las exportaciones alemanas han 
comenzado otra vez á superar á las nuestras. En el comer- 
cio extranjero ya nos ha vencido. A ese paso, y dentro de 
poco más de diez años, nos despojará completamente á pesar 
de nuestra ventaja en comercio colonial, en el cual todavía 
estamos á la cabeza. Se os dice que las exportaciones no lo 
componen todo, y los que. os dicen tal cosa son unos sofistas. 
Conceden mucha importencia al montante de sus inversiones 
en el exterior ; pero éstas representan sus pasadas exporta- 
ciones y nada más. Alemania está ahora adquiriendo ri- 
queza por medio de la exportación, precisamente como hi- 
cisteis anteriormente. Tiene actualmente invertidos en el 
exterior más de $1,000,000,000. 

L<os Estados Unidos acumulando riqueza con más rapidez 
que Gran Bretaña. 

Con otra generación, bajo vuestro actual sistema, Alema- 
nia y América os sobrepujarán aún en acumular riqueza. No 
confundáis la significación de estos hechos. El credo de la 
inmediata baratura es el credo de la final decadencia. 



299 

W. Bourke Cockran. 

El hombre del Greenback, del dinero sano. El hombre 
de la plata libre. 

Extracto del discurso del Hon. John Dalzell, de Pennsylvania, en 
el Diario de Sesiones del Congreso del 30 de Abril de 1904. 

¿ Cuál es la historia del caballero ? Empezó como un tra- 
tante de greenbacks. (Risas y aplausos en los bancos re- 
publicanos.) Viajó todo el Estado de Maine esforzándose 
en persuadir á esos Yankees de que el mejor medio de hacer 
dinero era obteniéndolo del Gobierno por medio de una 
prensa de imprimir. Abogaba por moneda sonante, ó. sea 
cien centavos en el dollar. Sin embargo, en la campaña de 
McKinley no pudo unirse al otro partido. No pudo per- 
manecer con el partido de McKinley porque él estaba por 
dinero sonante. (Risas en los bancos republicanos.) 

Por dinero sonante en 1896, viajando por todo el conti- 
núente apoyando á Bryan en 1900, tratante en "greenback" 
partidario del dinero sonante y el hombre de la plata. Ha 
sido un Bryanista y un anti-Bryanista. 

Pero mi amigo ha sido un Tammanista, y como tal, miem- 
bro del Congreso, Ha sido un anti-T ammanista y como tal 
cesó de ser miembro del Congreso. (Risas y aplausos en los 
bancos republicanos.) El caballero ha vuelto á ser un Ta- 
mamnista otra vez, y es ahora otra vez miembro del Con- 
greso. (Se renuevan las risas.) 

En Octubre 29 de 1903 el New York Tribune publicó un 
artículo titulado "Una negativa aceptada con especificacio- 
nes," y deseo leerlo á Uds. 

Probablemente Mr. Cockran se ha molestado profunda- 
mente por la acusación de que él estaba dispuesto á vender su 
oratoria á la causa de la fusión en esta campaña y que actual- 
mente había sido contratado por Tammany á un alto precio. 
Le damos el completo beneficio de su indigna negativa de 
que ha recibido dinero por sus discursos en favor de Tam- 
many. Pero se debía haber refrenado de hacer manifesta- 
ciones intentadas para crear una impresión de que el Tribune 
inventó esa historia y le dio completa circulación. Lo que 
hicimos en un artículo publicado el último sábado por la 
mañana, al cual se refiere tan molesto, fué publicar un rumor 
corriente, que expresamente describimos como tal, y que, 
como cosa natural, había aparecido en la prensa la tarde 



3©o 

antes, y fué repetida por varios de los periódicos de la ma- 
ñana simultáneamente con la publicación del mismo en el 
Tribune. Era un rumor además, que fué bastante creído en 
general, por razones que Mr. Cockran, en sus momentos de 
más calma, tendrá discernimiento bastante para apreciar. 

Cuando su actual excesivo calor haya pasado, estará muy 
dispuesto á confesarse asimismo que fué muy natural supo- 
ner que él debe haber aceptado una compensación pecuniaria 
por adoptar una conducta tan asombrosa y tan antipática. 
No era ningún procedimiento lógico por el cual suponer de 
su parte una desinteresada devoción este año por Tammany. 
Si por una serie de saltos mortales políticos Mr. Cocieran 
no ha acostumbrado al pueblo á asociarlo con esa clase de 
hombres cuyos servicios en la línea de la campaña se solici- 
tan bajo la base del dinero, las circunstancias de la presente 
campaña son tales, hasta hacer de necesidad indicar la idea 
de que tanto se resiente. 

Los asaltos de Mr. Cockran contra Bryan en 1896 fueron 
desenfrenados y votó por McKinley. En 1900 aleteó de 
nuevo y prestó su apoyo á Bryan. Por muchos años des- 
pués que Tammany lo sacó de la obscuridad ó algo peor, 
él fué su predilecto, pero al fin, debido á causas de las, cuales 
Mr. Jerome parece estar al corriente,, incurrió en el des- 
precio de Croker y se hizo un enemigo de la organización. 
En 1897 votó por el General Tracy, pero dos años después 
retrocedió tanto que apoyó á Mr. Shepard, con quien Tam- 
many estaba tratando de enmascarar sus infamias. 

Por espacio de algunas semanas, como él lo reconoce, de- 
saprobó todo cuanto Murphy estaba haciendo ; pero en obe- 
diencia á su credo, de que ninguna adhesión á un partido 
local de una herejía, abrazó súbitamente á Murphy y á todo 
lo que Murphy sostenía. El fervor con que Mr. Cockran 
trató de hacer aparecer, el martes en la noche, de consis- 
tencia moral á este "record" de harlequín nos justifica al dar 
crédito á su afirmación, de que ahora como siempre, sus 
discursos han sido desinteresados, pero sería una pieza de 
audacia monstruosa para cualquiera, pretender que no. había 
excusa para impresión contraria comúnmente 'mantenida la 
última semana. 

También se encuentra en el periódico de su colega (Mr. 
Hearst), con fecha 26 de Octubre, lo siguiente en líneas de 
un octavo de una pulgada á través de la parte superior de: hi 
página : 



3°*- 

-"Cockran alquilado para lanzar discursos en elogios á 
Tracy. Cockran se constituirá en patrocinador de la candi- 
datura de Tracy. Al fin accede á las fervientes súplicas de 
Wall Street." 

W. BOURKE COCKRAN vá á lanzar discursos apoyan- 
do la candidatura de Tracy ; el Demóstenes, ex-miembro de 
Tammany Hall, al fin convino en ayudar al Senador Platt." 

Mr. Cockran fué visitado en su oficina de Nassau Street, 
No. 31, ayer tarde, y manifestó : 

"Efectivamente voy á hablar en favor del General Tracy. 
Estoy muy ocupado. No; no habrá más que un discurso. 
Será pronunciado el viernes, ó el sábado, en la noche. Nó sé 
dónde ; pero no podré ni antes ni después. Recibí una carta 
del comité. 

"¿ Qué se me pagará ? Ud. tendrá que ver al comité, estoy 
muy ocupado." 

(Risas en los bancos Republicanos.) 

Y por último encuentro en el Philadelphia Press del 25 de 
Abril de este año, bajo la firma de Mr. Walter Wellman, 
distinguido y responsable repórter de periódicos, lo siguiente: 

¿ Quién pagó á Cockran ? 

"La indignada negativa de Bourke Cockran de que se le 
pagaron los discursos que pronunció contra la plata en 1896, 
se entiende que se refiere á cualquier pago que se supone que 
se le ha hecho por el comité nacional republicano. Mr. 
Cockran está en lo correcto. El comité republicano nacional 
no le ha pagado un centavo y no ha tenido tratos con él de 
ninguna especie en esta campaña. Probablemente Mr. Cock- ■ 
ran no negaría de que se le pagaron $15,000 por quince dis- 
cursos, por el comité de la campana Palmer-Buckner." 

Algunos Números que no son Satisfactorios 
para los Libre-Cambistas. 

Extracto del London Daily Telegraph, publicado en el Diario de Se- 
siones del Congreso el 5 de Enero de 1904. 

La competencia de los Estados Unidos es tan peligrosa 
porque está basada en la protección. 

Al fin, traemos la cuestión una vez á un claro debate. 
Cuando se menciona la competencia americana, el "libre im- 
portador'' lanza sus brazos hacía arriba y habla de las leyes 



3°2 

naturales. Dice que desde que los lechos de minerales en el 
lago Superior se descubrieron, la abrumadora supremacia 
de los Estados Unidos en la producción total de hierro y 
acero estaba asegurada. Pero América no tiene supremacia 
natural en textiles, no en seda, no en lino, no en lana, ni 
aun en algodón. Cuesta tanto llevar el algodón en rama á 
una fábrica en Nueva Inglaterra como á una fábrica á la 
vieja Inglaterra. En las mismas fábricas de la zona del al- 
godón el trabajo es menos competente, mientras que la apti- 
tud hereditaria del trabajador de Lancashire no tiene igual 
en el mundo. 

Además, tenemos una ventaja exclusiva en la humedad de 
nuestro clima. 

América tiene que importar la mejor lana, la mejor seda y 
el mejor lino, exactamente lo mismo que nosotros. Pero en 
textiles, así como en todos los otros ramos de la industria, 
sus ventajas descansan en su superior competencia, su espí- 
ritu emprendedor y la inventiva del capital por la tarifa, com- 
parado con el capital bajo el sistema del libre-cambio. Esto 
es lo que ha pasado desde que la tarifa McKinley está ri- 
giendo. 

FABRICAS DE TEXTILES AMERICANAS. 

Personas 
Años. Núms. Capital. empleadas. 

189O 4,276 £l6o,000,000 528,000 

IQOO 4,3 12 217,000,000 678,000 

¿ Qué ha pasado en este país en ese intervalo ? . En los 
cuatro años de 1895 á 1898 únicamente según las últimas 
estadísticas del Departamento de Obras Públicas, el nú- 
mero total de personas empleadas en las fábricas de textiles 
de la Gran Bretaña disminuyó, en realidad, de 1, oyó, 000 
brazos, que empleaban en 1895, & I >°37> 000 en 1898. 

La protecc ion atrae al capital y á las fábricas. 

Como finalización viene el punto más importante de todos. 
Mr. Andrew Carnegie, que es un ferviente favorecedor del 
libre-cambio para todos los países, con excepción de los Es- 
tados Unidos, donde sus negocios están situados, en cierta 
ocasión elevó un himno de alabanza porque la tarifa McKin- 
ley había obligado á muchas de las más grandes firmas en el 
comercio de textiles en Inglaterra, á erigir establecimientos 
en América. "La protección," dice Mr. Carnegie, "ha traído 



3°3 

hacia nosotros muchos manufactureros británicos á establecer 
industrias, y de ese modo desarrollar nuestros recursos; los 
Clarks y los Coats de Paisley ; los Dolans de Yorkshire ; los 
Sandersons de Sheffield, y por último, no ciertamente lo de 
menos importancia, una gran conquista de Halifax. ¿ Quién 
no esperaría de nosotros que alabásemos nuestra idea de pro- 
tección, si capturamos á los Firths? ¿Quién, en verdad? 
Este es el punto. 

Algunos números que no son satisfactorios para los 
Libr*' -Cambistas. 

Veinte años antes del Cobdenismo, es decir, de 1825 á 1845, 
triplicamos nuestra producción de hierro. Es una coinciden- 
cia extraña que los Estados Unidos y Alemania hayan hecho 
exactamente lo mismo en las dos décadas de protección, de 
1890 á 1900. Francia, en el mismo período, después de 
romper con la doctrina del Cobdenismo, aumentó su consu- 
mo de hierro en 60 por ciento. Nosotros aumentamos nues- 
tra fuerza consumidora en 24 por ciento. Es todo el hecho 
importante que representa el relativo progreso del comercio 
doméstico. Durante los últimos doce años las industrias de 
hierro y acero han sido inmensamente protegidas por la re- 
construcción de la flota á un costo mucho mayor que el del 
ferrocarril de Siberia. Muy bien podemos admirarnos de 
cuál hubiera sido el estancamiento del mercado doméstico con 
respecto al hierro y acero, si no hubiera gozado de la excep- 
cional ventaja que le han ofrecido las necesidades del Al- 
mirantazgo. 

Considerad ahora las dos siguientes tablas que demuestran 
el sorprendente cambio que se ha operado en nuestra posición 
con referencia á la industria en la cual, el éxito manufac- 
turero de todos los países, debe á la larga depender. 

Producción comparativa de hierro en lingotes. 

Aumentos presentados en miles de toneladas. 

Gran Estados El resto" 

Años. Bretaña. Alemania. Unidos. del mundo. 

1880 7749 2,685 3,835 17,950 

1890 7,904 4,583 9,203 27,150 

1899 9,302 7,920 13,621 39,752 



3°4 

Producción comparativa de acero, 

Aumentos presentados en miles de toneladas. 

Gran Estados El resto 

Años. Bretaña. Alemania. Unidos. del mundo. 

l880 1,375 728 1,247 4,205 

189O 3,679 . 2,127 4,277 . II,902 

1899 5?ooo 6,189 J o,639 26,685 

1902 4,800 7,800 15,000 30,000 

Estas son cifras mucho más sorprendentes que ningunas 
de las que puedan presentarse de las estadísticas de nuestro 
comercio extranjero. En 1880 producíamos todavía tanto 
hierro y acero como el resto del mundo reunido. La posi- 
ción en el momento presente es ésta : Ocupamos el tercer 
puesto, y sin un cambio de sistema fiscal permaneceremos 
siendo los terceros. La producción de hierro y acero en los 
Estados Unidos es más del doble de la nuestra en la actua- 
lidad. 

Una Infinidad de Nuevas Fábricas. 

Los malarios aumentados grandemente. 

Extracto de las declaraciones del Hox. M, E. Olmsted, de Pennsyl- 
vania, en 20 de Junio de 1904. 

Sr. Presidente, habiendo demostrado cómo expertos bien 
instruidos y adiestrados en varios ramos del comercio 
en otros países consideraban los efectos de la presente ta- 
rifa republicana sobre el trabajo, las industrias y el comercio 
de este país, como también del propio, presento algunas 
cifras de mi propio Estado, demostrando la diferenciaren 
efecto, entre la tarifa democrática de Wilson-Gormán, pro- 
mulgada durante la última administración de Cleveland, y 
la actual tarifa protectora promulgada durante el primer 
año de la administración de McKinley. 

Me propongo comparar la condición de las industrias dei 
hierro y acero en 1896, el primer año completo de la ad- 
ministración del Presidente Roosevelt. Las cifras son para 
estas grandes industrias en el Estado de Pennsylvania úni- 
camente ; pero ellas representan con exactitud las condiciones 
en estas líneas, en todas partes de nuestro país. Los- cál- 
culos completos para 1903 no pueden todavía utilizarse. Por 



3°5 

la siguiente tabla oficial tengo que estar agradecido al Hon. 
Robert C. Blair, el competente jefe de la Oficina de esta- 
dísticas de Pennsylvania : 

EMPLEO, SALARIOS, GANANCIAS DIARIAS Y ANUALES EN LAS MANUFAC- 
TURAS DEL HIERRO EN BARRAS, LATA, LATA EN HOJAS, Y HIERRO 
Y ACERO ENROLLADO EN FORMA ACABADA EN EL ESTADO 
DE PENNSYLVANIA EN L S ANOS 1896 Y I902, 

RESPECTIVAMENTE, DEMOSTRANDO EL Tanto por % 

AUMENTO EN 1902 SOBRE 1896. de aumento 

Aumento 1902 1902 so- 
HIERRO EN BARRAS. 1896 1902 sobre 1896 bre 1903 

Producción — toneladas 
brutas 4,026,350 8,111,642 4,085,292 101.7 

Trabajadores empleados 11,580 17,101 5,521 47.6 

Término medio de días 

de empleo 289 314 25 8.6 

Término medio de jor- 
nales pagados á los 
trabajadores^ $4,589,165 $10,191,759 $5,602,594 124.2 

Término medio de las 
ganancias anuales $396.30 $595-97 $199.67 50.3 

Término medio de los 
salarios diarios $1.37 $1.89 $0.52 37.9 

HIERRO Y ACERO ENROLLADO. 

Hierro y aceró enrollado 
en forma acabada, tone- 
ladas netas 3,757,070 9,429,365 5,671,295 153-3 

Trabajadores empleados 53,573 95,720 42,147 78.6 

Término medio de días 
de empleo... 251 285 34 13.5 

Término medio de sa- 
larios pagados á los 
trabajadores^ $23,832,628 $60,721,858 $36,889,230 * 154.7 

Término medio de los 
salarios anuales ... $444.89 $634 $189.11 42.5 

Término medio de los 
salarios diarios $1-77 $2.23 $0.46 26 

TRABAJOS DE LATA NEGRA EN PLANCHAS. 

Producción total por lata 

libras 158,306,490 428,443,592 270,137,102 170.6 

Cantidad en latas 97,814,762 352,544,992 254,730,230 260.4 

Trabajadores empleados 3,194 8,005 5,711 179 

Término medio de los 

trabajadores pagados. $1,437,226 $4,506,105 $3,068,879 213.5 
Término medio de los 

salarios anuales $456.55 $506.02 $19-47 10.8 

Término medio de los 

salarios diarios $1.80 $2.55 $0.75 41.6 

Número de plantas.... 13 22 9 69.2 

PRODUCTOS DE ACERO. 

Bessemer toneladas 

brutas 2,202,814 4,208,354 2,005,544 00.5 

Open Hearth, toneladas 

brutas 1,009,608 4,220,279 3,210,671 31.8 

Crucible, toneladas brut. 43, 107 82,562 39,455 91.0 



306 

Por los precedentes guarismos se verá que en las indus- 
trias del hierro, acero y hojas de lata solamente, había em- 
pleados en Pennsylvania 53,379 hombres más en 1902, bajo 
el Presidente Roosevelt, que los que hubo en 1896 bajo la 
presidencia^ de Cleveland y que estos empleados recibían en 
salarios en 1902 un total de $75,419,722, contra $29,859,019 
en 1896, una diferencia de $45,560,703 á favor de la ad- 
ministración republicana. Sabemos de la misma fuente que 
una comparación de los resultados en 548 plantas, operando 
en 44 industrias diferentes, demuestran que el número total 
de hombres empleados en estas 548 plantas era en 1896 de 
88,349 y en I 9° 2 de 131,575, un aumento de 43,226. 

El total de los salarios pagados en estas 548 plantas en 
1896 era de $33,150,563, y en 1902 $66,618,463 ; un aumento 
de más de ciento por ciento. Pero en esto no se toma en 
cuenta la veintena de plantas que han surgido desde 1896, 
y no están por tanto comprendidas en la comparación. No 
solamente se dio empleo á miles de hombres más en 1902. 
sino que también cada hombre recibía salarios grandemente 
aumentados. 

Reciprocidad Republicana. 

Un cambio de artículos de no competencia. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 23 de Abril 
de 1904. 

El partido republicano y los leaders republicanos han es- 
tado, y lo están todavía, en favor de la reciprocidad. Ellos 
no hablan de reciprocidad real ó genuina, porque la palabra 
en sí misma indica la completa significación de la política. 
Jamás ha habido en ninguna plataforma republicana una 
alusión á la reciprocidad que no haya significado un cambio 
de artículos que no se hacen la competencia con desventaja 
de ninguna parte ó porción de nuestro pueblo. Jamás ha 
habido una simple manifestación, de algún estadista repu- 
blicano en oposición con esta definición de la palabra reci- 
procidad, que significa igualdad de cambios, 

Si entramos en un tratado de reciprocidad de productos 
que no se hagan la competencia, esto daría una ventaja á 
nuestro país igual á la que damos al otro; entonces el partido 
republicano está pronto á entrar en un tratado semejante. 

Un ejemplo de reciprocidad que dio resultado se encuentra 
en el aumento de nuestro comercio con Cuba bajo la cláusula 
de reciprocidad de la ley de la tarifa McKinley y con Hawaii 
bajo el tratado de 1876. Esos países tienen artículos que 



307 

no podemos producir que cambian por nuestros productos 
que ellos no pueden producir. Esa es la verdadera recipro- 
cidad. El resultado fué que nuestras exportaciones para 
Cuba en 1889 ascendieron á $1,500,000 y en 1893 se elevaron 
á $24,157,000. Nuestras importaciones de Cuba en 1889 
eran de $52,000,000, y en 1893 habían aumentado á $78,- 
706,000. - Nuestras exportaciones á Hawaii en 1876 el año 
en que el tratado de reciprocidad empezó á regir, eran de 
$779,257, y en 1900, el año en que se anexó á los Estados 
Unidos, habían aumentado á $13,509,000. Nuestras impor- 
taciones de Hawaii en 1876 eran de $1,227,000 y en 1900 
habían aumentado á 20,707,000. Se verá, pues, que nues- 
tras importaciones y exportaciones aumentaron casi en la 
misma proporción, y cuando se recuerda que el cambio fué 
en artículos de no competencia la sabiduría de un tratado 
de reciprocidad de esta clase se evidencia por sí misma. Tal 
tratado de relaciones comerciales recíprocas no sería posible 
establecerse entre este país y el Canadá, siendo el producto 
de ambos países iguales. 

A fin de ver el resultado de nuestra anterior experiencia 
bajo la llamada reciprocidad con el Canadá, doy la siguiente 
tabla de nuestro comercio con ese país, incluyendo los dos 
años precedentes y los dos años siguientes al tratado que 
existía desde Septiembre 11 de 1854 á Marzo 17 de 1866. 

Importación en los Exportación de los 

Estados Unidos del Estados Unidos al 

Años fiscales. Canadá. Canadá. 

1852 $5,469,445 $IO,229,6o8 

18 53 6,527,559 12,432,597 

1854 8,784,412 24,073,408 

1855 15,118,289 27,741,808 

^56 21,276,614 29,025,349 

1857 22,108,916 24,138,482 

^58 15,784,836 23,604,522 

1859 19,287,565 28,109,496 

l860 23,572,796 22,695,924 

!86i 23,724,489 22,676,518 

l8 62 18,511,025 20,573,073 

1863 17,484,786 27,619,810 

1864 29,608,736 26,574,624 

1865 33,264,403 28,829,404 

1866a 48,528,628 24,828,880 

x 867 25,044,005 21,020,302 

1868 26,261,379 24,080,777 

a. Nueve meses del año bajo reciprocidad. 



3 o8 

Antes del tratado vendíamos al Canadá dos veces tanto 
como lo que le comprábamos, mientras que mucho antes de 
la terminación del tratado, ellos nos estaban vendiendo mu- 
cho más que lo que les estábamos nosotros vendiendo, y 
durante el último año del tratado sus ventas á nosotros eran 
dobles de las nuestras á ellos. Eso puede ser reciprocidad de 
libre-cambio ó reciprocidad democrática ó "genuina" reci- 
procidad ; pero no es reciprocidad republicana. Ahora bien. 
Observad nuestro comercio con ese país bajo la ley de la 
tarifa Dingley. 

IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES DE MERCANCÍAS DE LOS 

ESTADOS UNIDOS Y A LOS ESTADOS UNIDOS 

Y EL CANADÁ. 

Año fiscal. Importaciones. Exportaciones. 

I897 $40,309,371 $64,928,821 

1898 31,870,486 83,714,086 

1899 31,220,967 87,974,961 

I9OO 39>309,074 95,319,970 

1901 42,482,163 105,789,214 

1902 48,076,124 109,642,993 

1903 ••• 54,660,410 123,472,416 

Me parece que nos encontramos bien con el Canadá á 
pesar de su tarifa de preferencia de un 33 1-3 por ciento á 
favor de géneros del Reino Unido. 

El Consumidor Britano no Está por Ningún 
Concepto tan Bien Como el Americano. 

Extractos del London Daily Telegraph, publicados en el Diario de 
Sesiones del Congreso, el 5 de Enero de 1904. 

Puede generalmente indicarse sin el menor temor de ser 
refutado, que en ningún país, bajo la tarifa la carga general 
sobre el pueblo como consumidor ha sido tan grande como 
el beneficio general ha sido para el pueblo como productor. 

Podemos someter el caso á una sencilla prueba. Todo el 
mundo sabe que el consumidor americano de mediana posi- 
ción paga más que el inglés en iguales condiciones. Sin em- 
bargo, el consumidor inglés, á pesar de esa ventaja, no está 
por ningún concepto tan bien como el americano. Hacemos 



3°9 

pequeñas ganancias sobre nuestros gastos bajo el sistema 
actual, pero perdemos grandes ganancias, que de otra ma- 
nera vendrían á nosotros en la forma de contribuciones. 

El libro azul de informaciones ofrece dos presupuestos 
demostrando los gastos semanales de las familias inglesas y 
americanas de posición relativamente igual. La compara- 
ción se basa sobre los datos de información hechos en 1890 
y 1 891 por el Departamento de Obras de los Estados Unidos. 

Los resultados, sin embargo, dan una comparación per- 
fectamente clara de las condiciones bajo los sistemas de pre- 
cio bajo y alto con la gran comodidad del mismo trabajo, 
vendiendo á un precio más alto bajo la tarifa, y á uno más 
bajo, bajo las importaciones libres. Los salarios semanales 
de un número de familias inglesas ganados dentro de un 
término medio de 32 chelines, corresponden á los salarios en 
América á 48 chelines. No hay una tabla americana para 
esa suma exacta ; pero hay una demostrando los gastos y los 
excedentes de un gran grupo de familias americanas ganan- 
do un término medio de 46 chelines á la semana. Pero aun 
esta sección demostraba un mayor excedente semanal que el 
de las familias inglesas ganando bastante más de un tipo ex- 
trictamente correspondiente. Hé aquí las dos compara- 
ciones : 



PRESUPUESTO COMPARATIVO DE LAS FAMILIAS BRITÁNICAS 

Y AMERICANAS DE GANANCIAS APROXIMADAMENTE 

IGUALES RELATIVAMENTE A LOS TIPOS DE 

SALARIOS EN LOS DOS PAÍSES. 

(Tipo inglés igual á 100; tipo americano igual á 150.) 

Presupuesto Británico. 

s. d. 

Renta semanal, término medio por familia 32 2% 

Término medio de gastos : s. d. 

Alimento 15 3 

Alquiler de casa 3 9 

Combustible, etc 2 of 

Ropa 6 ?i 

Varios otros 5 7J 

Total de gastos 31 if 

Excedente semanal 1 * 1 



3io 

Presupuesto Americano. 

\ s. d. 

Renta semanal, término medio por familia 46 4f 

Término medio de gastos : s. d. 

Alimento 17 8J 

Alquiler de casa 6 6 

Combustible, etc 2 6J 

Ropa 6 y\ 

Varios 9 9¿ 



Total de gastos 43 1 j 



Excedente semanal 3 3 

Pérdidas de Inglaterra por el libre tráfico. 
Exportaciones. 

EXPORTACIONES TOTALES COMPARATIVAS DE LOS PRINCI- 
PALES PAÍSES COMERCIALES (TREINTA AÑOS) 
DE 1872 A 1902. 

(Montante en millones de libras esterlinas.) 

Tanto por ciento de 
aumento ó disminución 
en 1902, comparado 
1872 1890 1900 1902 con 1872. 

Exportaciones británicas : 

A posesiones británicas .. 6l 87 94 109 79% aumento. 
A países extranjeros 196 176 197 174 2.1% disminución. 

Total 257 263 291 283 \o% aumento. 

Exportaciones alemanas 116 166 238 241 1 08 \ aumento. 

Exportaciones de los Esta- 
dos Unidos 89 r76 304 282 217% aumento. 



exportaciones comparativas de manufacturas 
(cuatro países) i 882-1902. 

Estados 
Reino Unido. Alemania. Francia. Unidos. 

1882 ^21 7,000,000 ^94,000,000 ^76,000,000 ^28,000,000 

1902 235,000,000 155,000,000 95,009,000 84,000,000 

Aumento... 18,000,000 61,000,000 19,000,000 56,000,000 

Aumento, por 
tanto por ciento. 8 64 25 200 



3u 



La Diferencia Entre el Libre -Cambio y la 
Contribución Proteccionista. 



Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 25 de Abril 
de 1904. 

Cifras instructivas. 

Primero, deseo presentar algunas cifras demostrando 
nuestras condiciones financieras y comerciales hasta donde 
tales cifras pueden obtenerse, deseando después esforzarme 
en refutar la acusación hecha por nuestros amigos sobre 
los puntos que he mencionado, y también expondré las ra- 
zones por qué el porvenir es tan propicio, y por qué la pros- 
peridad no sólo continuará dominando, sino que dominará 
con creciente vigor en los años venideros, si seguimos mante- 
niendo los principios de nuestra actual tarifa, y no nos de- 
jamos convertir á las doctrinas desastrosas y destructivas 
de nuestros opositores. 

A nuestros amigos democráticos les gusta hablar de una 
tarifa de contribuciones. 

La siguiente tabla es instructiva sobre ese punto, demos- 
trando la diferencia entre el libre comercio y la contribución 
proteccionista. . 

Terminación del año Entradas de Total de 

en 30 de Junio. Aduana. Entradas. 

1895 $152,158,617 $313,390,075 

1896 l60,02I,752 326,976,200 

1897 176,554,127 347,721,705 

Término medio. . . .$162,911,499 $329,362,660 

1898 $149,577,062 $405,321,335 

1899 206,128,482 515,960,620 

1900 233,164,871 567,240,852 

1901 238,585,456 587,685,338 

1902 254,444,708 562,478,233 

1903 284,479,582 560,396,674 

Término medio $227,729,694 $533,180,509 



312 

Débese recordar que las entradas de contribuciones inter- 
nas están afectadas por la ley de tarifa como también las 
entradas de Aduana, porque en prósperos tiempos como los 
que disfrutamos bajo una tarifa protectora, las entradas por 
contribuciones internas han excedido grandemente á las du- 
rante el período de una tarifa baja. El resultado fué que 
durante los años de baja tarifa, 1895-1897, tuvimos un dé- 
ficit de más de $76,000,000, que agregados á un déficit de 
$70,000,000 en 1894 (que fué realmente un año de libre- 
cambio) montan á $140,000,000 en los cuatros años, mientras 
que durante los cuatro años que terminaron en 1903 hubo 
un excedente de más de $300,000,000. Hemos abolido con- 
tribuciones de guerra por más de $100,000,000 y todavía 
nuestras entradas exceden á nuestros gastos. 

Esto, señor Presidente, patentiza la diferencia entre las 
contribuciones cobradas con tarifa baja y las con tarifa pro- 
tectora. Esta es la razón por qué estamos en condiciones 
de emprender la construcción del gran canal interoceánico, 
envolviendo, como envuelve, un gasto de $100,000,000 á 
$200,000,000 y quizás mayor montante todavía del indicado. 

Tanto más en favor del exceso del Tesoro. Ahora 
bien, ¿cómo se presenta el balance con respecto á nuestro 
comercio extranjero, acerca del cual nuestros amigos demo- 
cráticos se muestran siempre tan solícitos? 

IMPORTACIONES Y EXPORTACIONES DE MERCANCÍAS DE 
1895-I9O3. 

Año finalizado Exportaciones Total 

en de Total exportado Exceso 

Junio 30. Importaciones, manufacturas, exportado. é importado. exportado. 

1895 $731,969,965 $183,595,743 $807,538165 $1,539,508,130 $75,568,200 

1896 779,724,674 228,571,178 882,606,938 1,662,331,612 102,882,264 

1897 764,730,412 227,285,391 1,050,993,556 1,815,722,968 286,263,144 

1898 616,049,654 290,697,354 1,231,482,330 1.847,531,984 615,432,676 

1899 697,148,489 339,592,146 1,227,023,302 1,924,171,791 529,874,813 

1900 849,941,184 433,851,756 1,394,483,082 2,244,424,266 544,541,898 

1901 823,172,165 410,932,524 1,487,764,991 2,310,937,156 664,592,826 

1902 903,320,948 403641,401 1,381,719,401 2,285,040,349 478,398,453 

1903 1,025,719,237 407,526,159 1,420,141,679 2,445,860,916 394,422,442 

Líos Estados Unidos á la Cabeza de las 
Naciones Exportadoras. 

Extracto de las consideraciones ^ del Hon. Henry S. Boutell, 
de Illinois, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 26 de Enero 
de 1904. 

* Vuestros profetas dijeron al pueblo que si la tarifa repu- 
blicana se adoptaba terribles cosas sucederían. Vosotros 



3*3 

dijisteis que con la tarifa protectora republicana nuestras 
exportaciones decaerían. En lugar de eso, nuestras exporta- 
ciones comenzaron á aumentar inmediatamente después de 
haberse aprobado el acta de la actual tarifa Dingley. Tengo 
en mis manos una exposición de la Oficina de Estadísticas 
demostrando el aumento de las exportaciones que inser- 
taré en esta relación. 

Es únicamente en estos recientes años que los Estados 
Unidos ha tomado su puesto á la cabeza de la lista de los 
grandes exportadores del mundo, en productos domésticos. 
En 1875 las exportaciones de productos domésticos por las 
grandes naciones exportadoras del mundo fueron como 
sigue : 

Reino Unido $1,097,497,000 

Francia 747,400,000 

Alemania 593,052,000 

Estados Unidos 497*263,737 

En 1885 las exportaciones domésticas de estos cuatro 
países eran en este orden : 

Reino Unido... $1,037,124,000 

Alemania 680, 551 ,00o 

Estados Unidos 673,593,596 

Francia 596,000,000 

En 1895 las exportaciones domésticas de los mismos países 
aparecían en este orden: 

Reino Unido $1,100,452,000 

Estados Unidos 807,742,415 

Alemania 789,660,000 

Francia 651,1 00,000 

En 1903 la relativa posición de las cuatro naciones en la 
exportación de productos domésticos, observaban esta re- 
lación : 

Estados Unidos $> l A$7>$6$,7%3 

Reino Unido 1,415,617,552 

Alemania a 1,200,000,000 

Francia^ .... 812,000,000 

a. Cifras de nueve meses y un cálculo del último trimestre 
del año. 

b. Cifras de once meses y un cálculo del último mes del 
año. 



3*4 

La tabla siguiente demuestra las exportaciones de pro- 
ductos domésticos de los Estados Unidos, Reino Unido y 
Alemania en cada año, desde 1875 hasta 1903, las cifras es- 
tando en todos los casos por el año calendario: 

Años. Estados Unidos. Reino Unido. Alemania. 

1875 $497,263,737 $1,087,497,000 $593,052,000 

1876 575, 735, 804 976,410,000 605,886,000 

1877 607,566,495 967,913,000 656,982,000 

1878 723,286,821 938,500,000 686,671,000 

1879 754,656,755 932,090,000 660,352,000 

1880 875,564,075 1,085,521,000 688,500,000 

1881 814,162,951 1,138,873,000 707,978,000 

1882 749,9 II ,3°9 i>i75>099,ooo 758,817,000 

1883 777,523,71% 1,166,982,000 778,257,000 

1884 733,768,764 1,134,016,000 762,432,000 

1885 673,593,596 1,037,124,000 680,551,000 

1886 699,519,430 1,035,226,000 710,186,000 

1887 703,3 19*692 1,079,944,000 745,896,000 

1888 679,597,477 1,141,363,000 762,444,000 

1889 814,154,864 1,214,442,000 753,222,000 

1890 845,999,603 1,282,474,000 791,717,000 

1891 957,333,551 1,203,169,000 755,771,000 

1892 9 2 3,237,3i5 1,105,747,000 703,078,000 

1893 854,729,454 1,062,162,000 735,886,000 

1894 807,312,116 1,051,193,000 704,826,000 

1895 807,742,415 1,100,452,000 789,660,000 

1896 986,830,080 1,168,671,000 838,981,000 

1897 1,079,834,296 1,139,832,000 865,124,000 

1898 1,233,558,140 1,135,642,000 894,063,000 

1899 1,252,932,344 1,287,150,000 1,001,278,000 

1900 1,453,010,112 1,417,086,000 1,097,509,000 

1901 1,438,078,651 1,362,727,000 1,054,685,000 

1902 1,333,288,491 1,379,282,000 1,113,313,000 

1903 1,457,565,783 1,415,617,000 a 1,200,000,000 

Las exportaciones el año que acaba de terminar mon- 
taron á $1,457,000,000, el año que se registra de mayor ex- 
portación de los Estados Unidos para países extranjeros, 
casi duplicando todas las exportaciones del año 1895. Otra 
cosa que es muy satisfactoria para todos, señores, dejando 
á un lado la cuestión de partido; satisfactoria para cada 
americano de esta Cámara, es que durante los pocos años 
pasados nuestra gran República ha cambiado su puesto, del 
cuarto que ocupaba en la lista de las naciones exportadoras 
al primero, marchando delante de la Gran Bretaña, Alemania 
y Francia, al presente. 

Otra vez se predijo que el volumen de dinero en este país 



3*5 

disminuiría; pero no ha sido así y es ahora mayor que jamás 
lo ha sido. Se predijo que el oro en la Tesorería disminui- 
ría, pero no ha sucedido así; tenemos más oro en la Tesorería 
ahora que el que alguna ves pudo haber en la Tesorería de 
los Estados Unidos y tenemos más oro acuñado y en barras 
en el Tesoro de los Estados Unidos que el que se haya 
podido colectar alguna vez antes en cualquier paraje del 
mundo ; casi setecientos millones de dollars. Se predijo que 
los salarios en todo el país bajarían; todo lo contrario, desde 
la inauguración de McKinley hasta el año que cierra, el tér- 
mino medio de los salarios en todo el país ha subido. 

No solamente el término medio del salario en dinero, pero 
el actual salario comparado con el costo de la subsistencia. 



La Idea Americana. 
La protección significa absoluta prueba contra el pánico. 

Extracto de las declaraciones del Hon. J. H. Gallinger, de New 
Hampshire, en el Diario de Sesiones del Congreso, el 23 de Abril 
de 1904. 

El acrecentamiento del mercado doméstico es posible. 

Refiriéndome brevemente á esta pregunta de nuestros 
amigos demócratas, relativa á los mercados extranjeros, de- 
seria llamar la atención al hecho de que tenemos á nuestras 
mismas puertas, sin cruzar los mares, sin el acompañamiento 
de gastos de flete y otras desventajas más que causan las 
exportaciones extranjeras, un mercado digno de ser con- 
siderado y que se cultive; pero el que algunas veces es 
desatendido aparentemente por los reformadores de la ta- 
rifa. 

Importamos ahora, anualmente, más de $1,000,000,000 en 
mercancías, de las que una mitad de ellas pueden producirse 
en este país. Estamos importando por valor de $50,000,000 
en manufacturas de algodón, cerca de $20,000,000 en géne- 
ros de lana y algunos $50,000,000 en artículos de hierro y 
acero. En azúcar importamos por valor de $75,000,000, en 
tejidos de seda como 35,000,000 y otros muchos millones en 
artículos de metal, madera etc., que podían muy bien fa- 
bricarse aquí, y dar á nuestros trabajadores las ventajas del 
empleo en esas manufacturas. No es necesario quebrantar 
nuestras tarifas rebajándolas, ó por medio de tratados para 



3i6 

obtener un aumento de mercado de cientos de millones de 
dollars de productos fabricados en nuestro país. El mer- 
cado lo tenemos aquí, en los mismos Estados Unidos, y aun- 
que es una porción pequeña del valor total de nuestro mer- 
cado doméstico, que actualmente tenemos, es digno cierta- 
mente de tomarse en consideración. 

El progreso de treinta años. 

La siguiente tabla da de una ojeada una idea del progreso 
de nuestro país en sus industrias materiales durante los 
últimos veinte años, á pesar de los desastrosos resultados 
que experimentamos bajo el período de la tarifa baja du- 
rante la administración democrática. Estos guarismos ha- 
blan tan elocuentemente por sí mismos, que no necesito más 
que llamar hacia ellos la atención. 

Renglones. 1883 1893 1903 

Depósitos en Cajas de Ahorros $1,024,856,787 $1,785,150,957 $2,935,204,845 

Depositantes en Cajas de Ahorros 2,876 438 4,830,599 7,305,228 

Total de depósitos en bancos «$2,755>93 8 >°53 $4586,213,170 $9,673,385,603 

Oro en circulación $344)653,495 $408,535,663 $627,025,092 

Certificados de oro en circulación $59,807,370 $92,642,189 $404,070,929 

Total de moneda en circulación $1,230,305,696 $1,596,701,245 $2,449,168,418 

Moneda en circulación por cabeza $22.91 $24.06 $30.29 

Liquidaciones de bancos ¿$52,126,704,488 $58,880,682,465 $114,068,8,37,561 

Lata importada 484,038,688 628,425,902 109,913,293 

Lata manufacturada. Ninguna 99,819,202 819,840,000 

Producción de oro $30,000,000 $35,955,ooo $80,000,000 

Producción de plata $46,200,000 $77,575.757 $7*>757,775 

Producción de carbón 102,867,969 162,814,977 269,081,000 

Producción de hierro en barras 4,595,510 7,124,502 18,009,752 

Producción de acero 1,673,535 4,019,995 14,947,230 

Producción de cobre 5i,574 i47.<>43 294,423 

Seda en rama, importada 4,209,015 8,310,548 15, 270,353 

Goma elástica id 21,646,320 41,547,680 55,010,571 

Materiales importados para fabricantes. $237,778,910 $312,915,815 $480,828,386 

Exportación de manufacturas $134,228,083 $158,023,118 $407,526,159 

Total de importaciones $723,180,914 $866,400,922 $1,025,719,237 

Total de exportaciones $823,839,402 $847,665194 $1,420,141,679 

Exceso de exportaciones sobre impor- 

taciones $100,658,488 C$18,735,728 $394,422,442 

a 1882 b 1887 c Exceso de importaciones. 

La verdadera política. 

Y ahora, Sr. Presidente, solamente deseo agregar que to- 
dos nosotros estamos informados de la idea de Iowa, de 
Massachusetts, y tal vez de algún rincón, ó de algún ciu- 
dadano de algún otro Estado ó Territorio que pueda tener 
alguna otra idea ; pero Sr. Presidente, tales ideas no pueden 
vivir mucho. Hay solamente una idea, y ésta es la de que 
debemos cultivar, alimentar y mantener. Esa es la idea 



3 I 7 

americana ; una política no beneficiosa á una localidad ó á 
una sola industria, sino una política fiscal que proteja á to- 
dos por igual en todas partes de nuestro grande y creciente 
país, que proteja al labrador y á los empleados en las fá- 
bricas, al manufacturero y á sus artesanos, al hombre de 
profesión, al trabajador y al que vive de sus rentas, y á todos 
en las distintas esferas de la vida. Tal política está plena- 
mente evidenciada en el éxito de nuestra actual ley de la 
tarifa, una tarifa que fué el factor esencial en restaurar 
nuestra prosperidad, el factor salvador en mantenerla y la 
mejor de todas las tarifas; que cuando existen condiciones 
adversas, cuando la locura y la situación financiera se dan las 
manos, cuando aún los elementos conspiran contra nosotros 
garantiza la conservación de la prosperidad, porque la pro- 
tección significa absoluta prueba contra el pánico. 



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